BLOG DE JOSÉ ANTONIO DONCEL DOMÍNGUEZ (I.E.S. LUIS CHAMIZO, DON BENITO, BADAJOZ)

sábado, 30 de mayo de 2015

La taiga: presentación PREZI sobre el bosque boreal.


Iniciamos esta entrada con MI PRESENTACIÓN PREZI sobre la TAIGA, que nos permite visualizar de manera dinámica la realidad actual de los bosques boreales del hemisferio norte, una de las grandes reservas forestales del planeta.



Situación y clima

La taiga es un término ruso que hace referencia a la espesura del bosque deshabitado y hoy es utilizado para denominar a los inmensos bosques boreales que se extienden, en el hemisferio norte, por debajo de las zonas frías más próximas al polo. Estos bosques forman un formidable cinturón verde que se extiende por regiones de latitud norte, entre los 50º y los 60º o 65º, según las zonas. Así. en Alaska o Escandinavia y determinadas zonas de Rusia, la taiga alcanza el círculo polar ártico, en otras como la bahía de Hudson de Canadá se halla muy por debajo de éste. Se trata de la zona boscosa más extensa del planeta que cubre enormes áreas de Canadá y Alaska en América, de Escandinavia y el norte de la Rusia europea en Europa, así como de buena parte de Siberia en Asia, alcanzando finalmente el Pacífico.

Extensión territorial de la taiga.


Los bosques boreales se extienden a lo largo de la franja más fría y elevada en latitud de la zona templada, una franja terrestre casi inexistente en el hemisferio sur, donde correspondería con áreas oceánicas. El clima es templado porque hay meses con medias superiores a 10º y existe el verano como tal, pero las temperaturas pueden ser especialmente gélidas durante el largo invierno, más bajas incluso que en latitudes más elevadas. Al norte, la taiga daría paso a la tundra, según entremos en áreas dominadas por el clima frío subpolar y nos aproximemos a los polos. Al sur, el espacio de la taiga se extiende por zonas más cálidas y con veranos más largos, lo que conlleva un clima más suave. En las zonas más continentales y secas, con menos precipitaciones, el paisaje da lugar a estepas y praderas y más al sur a desiertos. Es el caso de las estepas de kazakistán o Mongolia, al sur de Siberia, o de las praderas canadienses. En las zonas costeras, con una influencia oceánica mayor, las temperaturas son más suaves, la oscilación térmica menor y la humedad creciente, lo que daría paso a bosques mixtos y más tarde a bosques caducifolios templados. Un ejemplo son las costas canadienses, las orientales y atlánticas de Quebec o las occidentales y pacíficas de la Columbia Británica. Este es el caso, también, de las costas noruegas en Escandinavia o las montañas de Sijote Alín en la costa oriental de Siberia.

Bosque mixto de New Brunswick (oeste de Canadá) en otoño.
Bosque mixto en las montañas de Sijote Alin, Siberia oriental.

El clima de taiga es un clima templado continental, marcado especialmente por la existencia de inviernos largos y extremadamente fríos, lo que provoca una elevada amplitud térmica. Existen más de seis meses con temperaturas medias por debajo de 0ºC y la temperatura media del invierno ronda los -30ºC. Las mínimas absolutas pueden llegar a ser increíbles, alcanzando valores solo superados por la Antártida. Así ocurre en algunas zonas de Norteamérica como Yukón o el interior de Alaska, cuyas temperaturas han rozado en alguna ocasión los -60ºC, pero sobre todo en el corazón de Siberia, en la República rusa de Sajá, donde las temperaturas han alcanzando el récord de los casi -70ºC (Verjoiansk) o incluso los han superado en alguna ocasión (Oimiakon).

El largo y duro invierno condiciona el normal desarrollo de la
 vegetación y la fauna en la taiga.
La población siberiana de Oimiakon es el lugar habitado más frío de
 la Tierra. En ella se han alcanzado los -71ºC.
El periodo favorable al desarrollo y crecimiento de las plantas es bastante reducido y está en cuatro meses o menos. El período cálido es corto y tibio, superándose los 10º de temperatura media varios meses, lo que permite que se hable de un auténtico verano, reduciéndose el permasfrost y permitiendo el desarrollo de los bosques. Conforme descendemos en latitud, el verano cobra más fuerza y en muchas zonas se pueden sobrepasar los 25ºC grados o incluso los 30ºC,  con medias mensuales en torno a 19ºC o 20ºC. Es precisamente en verano cuando se concentra el mayor porcentaje de precipitaciones, lo que suele traducirse en veranos húmedos. De todos modos, las precipitaciones totales son generalmente moderadas y no suelen superar los 450 mm, aunque aumentan en las zonas más próximas al litoral. Sin embargo, son suficientes porque la evaporación es escasa la mayor´parte del año y cuando ésta aumenta es también cuando más llueve, lo que mitiga sus efectos y nos da un balance positivo. En invierno las precipitaciones son escasas y siempre en forma de nieve, una nieve que por lo general cubre el bosque como un manto durante buena parte del año.

En verano el ambiente de la taiga resulta húmedo. Es en esa época
 donde se concentran la mayoría de las precipitaciones.
Climograma de la ciudad siberiana de Novosibirsk.

La taiga es uno de los lugares donde más se está evidenciando el cambio climático, lo que puede terminar rompiendo el delicado equilibrio ecológico de la zona. Las crecientes sequías y los veranos cada vez más calurosos y prolongados, están cambiando las condiciones de vida y poniendo en peligro el ecosistema. Los fuegos se multiplican durante el estío y resultan difíciles de dominar, teniendo en cuenta la escasa población y la inmensidad de los bosques. Los veranos excesivamente calurosos están además detrás del aumento de las plagas por la proliferación excesiva de los insectos y la interrupción del normal desarrollo de los árboles. 

Foto satélite. Incendios forestales en Siberia durante el verano de 2012.

Vegetación y fauna

La taiga ocupa por lo general suelos pobres en los que el frío impide la correcta humificación y descomposición de los restos vegetales, que resulta muy lenta. A ello habría que añadir la pervivencia, aunque reducida, del permafrost, que limita el desarrollo de las plantas.
Por otro lado, las hojas aciculadas de las coníferas, la principal vegetación, se descomponen con dificultad y cuando lo hacen acidifican el suelo, pues liberan ácidos. A su vez, esta acidez del suelo favorece el desarrollo de las propias coníferas, que son árboles resistentes que se adaptan con facilidad a tales suelos y que son las absolutas dominadoras del paisaje de la taiga. En este sentido, es evidente la limitada biodiversidad del bosque de la taiga, que contrasta con la gran diversidad de especies vegetales o animales del otro gran ecosistema boscoso del planeta, la selva ecuatorial. Abundan sobre todo las coníferas de la familia Pinaceae, en la que se incluyen géneros como el pinus, larix, abies o picea. La mayoría de los árboles de la taiga se encuadran en alguno de estos cuatro géneros.
Las coníferas se denominan así porque la mayoría lleva las semillas en estructuras especializadas llamadas conos o piñas. Los conos protegen a los óvulos y después a las semillas, facilitando la polinización y la dispersión. Sus hojas son aciculares, en forma de aguja, tratándose en general de árboles de hoja perenne, salvo la excepción del genero larix, que siendo conífera, es caducifolio. Se trata de árboles de tronco recto y alto.
En la taiga europea predomina claramente el abeto rojo (picea abies), realmente una picea a la que también se le llama falso abeto, y el pino silvestre. Cuando se avanza hacia el este y nos adentramos en Siberia aparecen los alerces y los pinos siberianos. En América se desarrollan diversas especies de pinos y abetos que conviven con grandes bosques de piceas como la picea negra (picea mariana) que se extiende desde Alaska a Terranova. 
En general, se trata de árboles con estructura piramidal que les permite repartir el peso de la nieve en invierno, impidiendo su acumulación excesiva, y a la vez captar la radiación solar en verano. Sus acículas les permiten, por lo general, aprovechar la luz existente y acelerar su actividad vegetativa en el breve periodo que va desde la primavera hasta el otoño. En invierno los árboles entran en una etapa de parón vegetativo en la que se reduce su actividad al mínimo y sus acículas se endurecen y pierden su color verde para resistir las bajas temperaturas. En primavera reverdecen y se vuelven tiernas de nuevo. La pobreza de los suelos, la falta de luz y la existencia en las coníferas de un sistema de raíces superficial y potente que absorbe el agua disponible, dificulta el desarrollo de un sotobosque importante.
Conforme avanzamos hacia latitudes más al sur, la taiga se mezcla con especies caducifolias, algunas de las cuales son frecuentes en el bosque boreal, es el caso del abedul. Es además, en dichas latitudes, donde las coníferas alcanzan su mayor densidad y tamaño, debido a la existencia de mejores condiciones para su crecimiento.

El abedul es un árbol caducifolio bien adaptado a los rigores de la taiga.
Bosque de alerces en Siberia. Se trata de una conífera caducifolia.
Picea negra o Picea mariana.
Abeto rojo o falso abeto (Picea abies).




















Respecto a la tundra, la fauna de la taiga es más rica, al existir más recursos alimenticios disponibles. En los densos bosques encuentran su hábitat multitud de hervíboros entre los que destacan los cérvidos como el alce o el reno. Estos últimos han sido domesticados en Escandinavia y Rusia, donde se convirtieron en la base vital de pueblos de cultura nómada, como los lapones, los evenki o los nenets.  Abundan igualmente los roedores como liebres, ratones (lemmings) o ardillas como la ardilla roja, que se extiende desde el oriente de Siberia hasta Escandinavia. La profusión de insectos y mosquitos es enorme en el corto verano, lo que atrae a una gran cantidad de aves que los tienen como principal alimento. La mayoría de los pájaros se trasladan y migran a la taiga en el estío, para abandonarla con la llegada del duro y prolongado invierno. Son importantes las especies de aves nocturnas, de búhos y lechuzas, algunas de gran tamaño. Sin embargo, escasean los reptiles y anfibios, para los que el bosque boreal resulta un medio díficil debido al prolongado y duro invierno y el corto verano, lo que supone un obstáculo para unos animales que necesitan condiciones ambientales muy específicas para regular su temperatura corporal. Entre los depredadores destacan linces, zorros y por supuesto, osos: el oso negro americano y el asiático, y el oso pardo, que incluye al monumental Grizzly, una subespecie de oso pardo de gran tamaño que se halla en el oeste de Canadá y Alaska. Sin embargo, el gran depredador de la taiga es el lobo, que en sus bosques escasamente habitados encuentra uno de sus últimos grandes reductos. Apenas queda rastro del otro gran depredador de la taiga, el tigre siberiano. En peligro de extinción, se trata de la subespecie de tigre que alcanza mayor tamaño, y que antaño se extendió hasta el norte de Manchuria y el lago Baikal, Los últimos de su especie sobreviven en las bellísimas montañas de Sijote Alín, en el confín oriental de Rusia.  
El oso pardo Grizzly habita en el noroeste de América del Norte.
El tigre siberiano está adaptado a la dureza del invierno en la taiga.
 Hoy en vías de extinción, subsiste en los bosques de Sijote Alín.
El alce es el mayor cérvido del planeta.
Los lobos tienen en los bosques de la taiga su último gran reducto.
La increíble belleza del lince canadiense.

El hombre y la taiga

La taiga ha sido siempre una zona poco poblada, con bajas densidades de población, que sin embargo, ha estado habitada desde hace miles de años por pueblos adaptados al frío extremo y a la vida en el bosque, comunidades humanas que en ocasiones también se han extendido por los espacios de la tundra. En Europa nos referimos a pueblos como los komi, asentados en el extremo nororiental de la Rusia europea, o los lapones, asentados en el norte de Escandinavia y Finlandia. Estos últimos domesticaron al reno, que se convirtió en su principal sustento y medio de transporte. En Siberia encontramos otros pueblos que también basaron su supervivencia en los rebaños de renos, es el caso de los nenets, pueblo nómada asentado a un lado y otro de los Urales, al noreste de Rusia y al oeste de Siberia, y los evenki, llamados tunguses por los rusos, que ocupan un enorme territorio siberiano de más 2,5 millones de km2 que va desde la tundra hasta Mongolia. En el corazón de Siberia, en la zona más fría, viven los sajá, denominados por los rusos yakutos. En las proximidades de Mongolia, en el extremo sur de la taiga siberiana, existen pueblos emparentados con los mongoles y también budistas como ellos, como los Buriatos, la más numerosa de las minorías indígenas siberiana. Entre los pueblos siberianos predominan las lenguas altaicas, ya sean de raíz turca como la de los sajá, del grupo tungús-manchú como la de los evenki, o mongólica como la de los buriatos.
Algunos de estos pueblos se han visto fuertemente impregnados por la modernidad, algo evidente en el caso de los lapones que habitan los países escandinavos, pero otros han conservado mejor su cultura, como ocurre con pueblos siberianos como los nenets. Estos se han visto influenciados por el cristianismo, aunque han mantenido en muchos casos sus prácticas chamánicas y amnimistas, así como sus formas de vida nómadas y fuertemente vinculadas a los ritmos de la naturaleza. La época soviética, aunque se respetó la lengua de estas comunidades y se les dio autonomía con la creación de repúblicas autónomas, supuso un duro golpe para sus formas de vida tradicionales, viviéndose un intenso proceso de rusificación. El nacimiento de ciudades en sus territorios y la explotación de sus recursos mineros y energéticos terminó afectando a sus comunidades ancestrales.
En América, la taiga esta poblada por pueblos de cultura y lengua algonquina en la parte oriental de Canadá, (ojibwa, cree, etc.), mientras el noroeste de Canadá y el centro-sur de Alaska se haya habitado por pueblos atabascanos como los slave o los dogrib. En territorio canadiense cuentan con reservas territoriales y ayudas estatales, favorecidas por el alto nivel de desarrollo del país. Aún así, su retroceso poblacional y su decadencia cultural resultan imparables, ante el avance implacable de las nuevas formas de vida.
Los nenets han convertido al reno en su principal medio de vida.
Familia evenki en la primera mitad del siglo XX.
Danza cree durante un festival folklórico. Canadá.
En los últimos siglos, son muchos los cambios que se han producido en la población de la taiga. Hoy la mayoría de sus habitantes, tanto en Rusia como en Norteamérica, son blancos de origen europeo y viven en asentamientos urbanos, mientras las antiguos pobladores se han convertido en minoría en su propia tierra. Y ha sido el hombre blanco el que realmente ha transformado el paisaje de la taiga, hasta incluso poner en peligro su equilibrio. Los rusos penetraron en Siberia a partir del siglo XVI y XVII  y la exploraron y colonizaron a lo largo de los siglos XVIII y XIX. Sin embargo, sería a partir del inicio del siglo XX, con la construcción del tren transiberiano, cuando se dio inicio a la explotación sistemática de sus recursos naturales. Los ingleses y franceses, en el siglo XVII y sobre todo en el XVIII y XIX, penetraron hacia el interior de la taiga canadiense. La punta de lanza de tal expansión fue la explotación de sus recursos naturales, que atrajo primero a tramperos, comerciantes de pieles y madereros, y después, en el siglo XIX, a buscadores de oro que llegaron en oleadas a Alaska o a los territorios canadienses de Yukón o el río Fraser.
A pesar de ello, la dureza del clima ha mantenido hasta hace muy poco a la taiga como una zona poco poblada, permaneciendo en su mayoría casi virgen y sus recursos casi inalterados. En los últimos setenta años eso ha cambiado dramáticamente, y el hombre blanco ha saqueado los bosques boreales, poniendo en peligro su delicado equilibrio ecológico. La sobrecaza ha afectado a algunas especies, lo que resulta dramático en el caso del tigre siberiano, en peligro de extinción. Más importante es la sobreexplotación de sus bosques. Son éstos la  fuente principal de madera del mundo, poblados como están por especies de especial importancia para la industria maderera. Las coníferas dominantes, de la familia de las Pinaceae, son usadas en la construcción, en la producción de papel, en la creación de postes de cerco y teléfono, en la elaboración de muebles o instrumentos musicales.

Explotación forestal en el río Bikin, afluente del Ussuri, Siberia oriental.
Sin embargo, el gran peligro de la taiga es el desarrollo de una potente minería extractiva de petróleo y gas, recursos muy abundantes, y sobre todo de minerales pesados como el plomo o el niquel, La industria pesada, metalúrgica y química, asociada a esos minerales, sería un gran foco de contaminación, a las que habría que añadir los vertidos incontrolados por el mal mantenimiento de oleoductos y tuberías en los centros de extracción de hidrocarburos. Esto es especialmente evidente en amplias zonas de la Rusia europea como la República de komi o la península de Kola, o en extensas áreas de Siberia, donde el desastre ecológico es la norma, afectando gravemente a las aguas, la tierra y el aire, y en consecuencia a las formas de vida de los pueblos indígenas. Un caso paradigmático es la región de Janti.Mansi, en el occidente siberiano, productora de la mayoría del petróleo ruso. En las cercanías de la ciudad de Nizhnevartvosk se haya el campo petrolífero de Somotlor, el mayor de toda Rusia, que ha permitido la pujanza y desarrollo de la zona. Sin embargo, los niveles de contaminación se han disparado en la zona, proliferando los escapes de petróleo que contaminan los bosques cercanos. Nizhnevartvosk no es una excepción: algunas de las ciudades más contaminadas de Rusia se hallan en la taiga, es el caso de Dzherzinsk, Angarsk, Cherepovets, Asbest o Novokuznetsk.


  • Torre de extracción petrolífera. Salym (Siberia occidental).

  • Vertido de petróleo en el yacimiento de Somotlor, cerca de la ciudad
     de Nizhnevartvosk (Siberia occidental).
    Diferente, solo en parte, es el caso de Canadá y Alaska (EE.UU). Son países muy desarrollados, con altos niveles de vida y de concienciación medioambiental. La explotación de los recursos naturales y mineros es clave en la economía canadiense o de Alaska, pero se hace con muchos más reparos hacia el medio ambiente, que implican también fuertes inversiones para paliar el impacto medioambiental. Un ejemplo es el oleoducto Trans-alaska, que recorre de norte a sur el territorio estadounidense, conduciendo el petróleo desde los yacimientos de la costa norte, en la bahía Prudhoe, hasta el puerto de Valdez, en el sur. Aún así, también en Norteamérica la taiga sufre grandes desastres ecológicos. En agosto de 2014 se registró el mayor desastre minero de la historia de Canadá, cuando colapsó el dique de la mina Mount Polley, situada en la Columbia Británica, y de la que se extrae cobre, oro y plata. La rotura de la presa derramó 15 millones de metros cúbicos de aguas residuales, lodos y metales pesados (plomo arsénico y mercurio), que se vertieron al arroyo Hazeltine, que desemboca en el lago Quesnel. El desastre afectó seriamente a aguas superficiales y subterráneas, prohibiéndose su consumo por los pobladores locales, y dañando seriamente la producción de salmón en la zona.


  • El oleoducto Trans-alaska recorre de norte a sur Alaska. desde
     la bahía de Prudhoe hasta el puerto de Valdez.

  • La rotura en 2014 de la balsa de la mina de Mount Polley, en Canadá,
     provocó el vertido de gran cantidad de lodos y metales pesados.