BLOG DE JOSÉ ANTONIO DONCEL DOMÍNGUEZ (I.E.S. TORRENTE BALLESTER, MIAJADAS, CÁCERES)

lunes, 31 de marzo de 2014

plagas australianas, especies invasoras en australia


Australia es un continente marcado por el aislamiento y la pervivencia de una gran cantidad de endemismos.


¿QUÉ ES UNA ESPECIE INVASORA?

Es frecuente en la naturaleza la extensión de determinadas especies animales y vegetales por lugares y zonas que no eran las originarias y en las que no estaban presentes de forma natural hasta entonces, a esas especies se las llama invasoras. Algunas de ellas proliferan tan agresivamente en lugares ajenos que dañan irreversiblemente los nuevos ecosistemas, destruyendo los hábitat y provocando la desaparición o reducción de las especies originarias, todo lo cual conlleva una violenta pérdida de la biodiversidad.
Esto ocurre porque, en ocasiones, una especie que se desarrolla con normalidad en su ecosistema, puede convertirse en el nuevo hábitat colonizado en una plaga, bien por la existencia de mejores condiciones climáticas o edafológicas, bien por la ausencia de depredadores. Este es el caso de muchas de las especies introducidas por el hombre blanco en el continentes australiano en los últimos tres siglos. 
A lo largo de la historia, el número de especies exóticas introducidas por el hombre ha sido enorme, a veces de forma premeditada, otras de forma accidental. Sin embargo, en los últimos siglos este proceso se ha acentuado con el crecimiento de la población humana y con el proceso de globalización emprendido, ligado al desarrollo tecnológico y de los transportes, que ha permitido al hombre blanco descubrir y colonizar hasta el rincón más aislado del planeta. Y con el trasiego de personas a lo largo de los mares y continentes, el tránsito de todo tipo de especies animales y vegetales. Hoy las principales vías de penetración de las especies invasoras son el lastre de los barcos, los materiales de embalaje de las mercancías, el comercio de plantas de horticultura o la venta de especies exóticas como mascotas.
Esas nuevas especies, al impactar sobre determinadas zonas, pueden no solo desplazar a las especies autóctonas, sino que con frecuencia, repercuten directamente sobre la propia realidad humana, influyendo tanto en la salud de los hombres como en su economía. A nivel económico su impacto es enorme: afecta al normal desarrollo de la agricultura, la ganadería, el sector pesquero y el forestal, así como a las infraestructuras hidráulicas, además de los enormes gastos que implican los procesos que se ponen en marcha para su erradicación. De todo ello encontramos ejemplos en la propia España: el caracol manzana en los últimos años está devastando los arrozales del delta del Ebro, al nutrirse de los brotes iniciales de la planta, el mosquito tigre está provocando también en Cataluña graves problemas de salud desde el 2004, el cangrejo americano ha desplazado al autóctono en muchos ríos españoles, mientras el mejillón cebra prolifera dañando las instalaciones hidráulicas, como ya ha hecho en otras partes de Europa y Estados Unidos.

El cangrejo rojo americano, oriundo de Estados Unidos, se introdujo en
 España en los años 70, desplazando al cangrejo de río autóctono.


LA FAUNA Y LA FLORA AUSTRALIANA. 
LA APARICIÓN DEL SER HUMANO.

La flora y  fauna australiana es muy diversa, pues aunque la mayoría del territorio es árido o semiárido, incluye también áreas de clima templado, zonas de alta montaña, bosques tropicales lluviosos y extensas sabanas. A su enorme diversidad hay que añadir también su especificidad, al estar compuesta de una gran variedad de especies endémicas, no existentes en otras latitudes y continentes. Ese es el caso de una parte importante de las especies vegetales -entre las que destacan las múltiples variedades de eucaliptos o acacias, muchas solo existentes en Australia- y también de buena parte de los animales: el 80% de los mamíferos y reptiles y más del 90% de los peces, anfibios e insectos son específicos del continente. A ello ha contribuido su enorme aislamiento geográfico, que la mantuvo al margen de la colonización humana hasta hace más de 40.000 años, en que llegaron los actuales aborígenes australianos desde Indonesia y Nueva Guinea. El rasgo más significativo de la flora es la adaptación a un medio físico por lo general bastante seco, marcado por la escasez de agua y los recurrentes incendios. La fauna viene determinada por la escasez de mamíferos placentados y el predominio de marsupiales -algunos convertidos en auténticos símbolos del país como el koala, el wombat, el canguro o el demonio de Tasmania- así como la pervivencia de especies de monotremas, como el ornitorrinco o el equidna,  mamíferos muy raros con rasgos de reptiles -son ovíparos y mantienen cloaca-. Otro de los aspectos más característicos de la fauna australiana es la existencia de gran cantidad de especies venenosas, desde arañas y serpientes hasta escorpiones o medusas.


Equidna
Canguro
Koala

Wombat
La irrupción del hombre en el continente australiano tuvo enormes repercusiones sobre la fauna y flora australiana. La colonización de Australia por los llamados aborígenes, sus primeros pobladores humanos, se remonta a hace más de 40.000 años e influyó en la desaparición de muchas especies de grandes herbívoros así como de especies como el león marsupial, animales todos ellos afectados por el cambio climático y una desertización a la que también colaboró el aborigen. Un ejemplo más temprano de extinción fue el de otro de los grandes símbolos de la fauna australiana, el llamado lobo marsupial o tigre de Tasmania, que desapareció del continente hace dos mil años, posiblemente por la presión de los cazadores aborígenes y la competencia del dingo, introducido desde Asia hace 4.000 años.

Aborigen australiano.
El lobo marsupial o tilacino, también llamado tigre de Tasmania.
Sin embargo, el tigre de Tasmania resistiría hasta 1930 en la isla de Tasmania, cuando un nuevo invasor humano, el hombre blanco europeo acabó con él: los granjeros le achacaban ataques al ganado y fue cazado hasta su extinción total. La irrupción del hombre blanco a partir de 1788, con su enorme capacidad tecnológica y su mayor población, fue mucho más determinante que la de los aborígenes para los ecosistemas australianos. Se produjeron gran número de extinciones, provocadas por la caza, la introducción de especies alóctonas, la modificación de los usos del suelo y la consiguiente destrucción de hábitats. Este proceso sigue en la actualidad, amenazando la supervivencia de muchas especies, hoy en peligro o en claro retroceso. El gobierno australiano ha respondido con la creación de una amplia red de áreas protegidas y parques nacionales, que a pesar de todo no está siendo suficiente para frenar la amenaza. De hecho, ya se han extinguido 17 especies de marsupiales y otras 29 están en peligro.
Hasta la llegada del europeo, los suelos de Australia no había sido arados, ni las pezuñas del ganado había aplastado la tierra. Marcada por un aislamiento casi total, no había ganado ni existían cultivos, tampoco existían muchos de los insectos que atacaban las cosechas de los campesinos de otros continentes. Pero los nuevos colonos, cuyo número crecía sin cesar, generaron grandes necesidades de alimentos y vestido, y la metrópoli también requería materias primas en este sentido, por ello transformaron grandes territorios naturales en agrícolas y extensas zonas del sur y suroeste del país se convirtieron en enormes trigales, mientras en el noreste subtropical (Queensland) surgían enormes plantaciones de caza de azúcar. A la vez, millones de cabezas de ganado empezaron a pastar en sus enormes ranchos, especialmente ovejas merinas traídas de España, cuyo número ha crecido hasta alcanzar más de 100 millones de cabezas, cinco veces el de habitantes hoy en día y que la convierten en la mayor cabaña ovina del mundo .

Inmensos trigales ocupan el oeste y sur del continente australiano.
Australia tiene la mayor cabaña ovina del mundo. En sus ranchos
 pastan 100 millones de ovejas, la mayoría merinas de origen español.
El estado nororiental de Queensland, con un clima subtropical,
 posee enormes plantaciones de caña de azúcar.

Los desiertos del interior del continente, marcados por la aridez y las grandes distancias, exigían animales de carga y transporte adaptados, por lo que se introdujeron dromedarios de la India. Además de los cultivos se llevaron especies ornamentales y otras como las chumberas, que se adaptaron bien al clima semiárido de muchas de sus zonas. Se introdujeron también animales para la caza, ciervos, zorros y conejos, muchos de los cuales encontraron buenas condiciones para su desarrollo, libres del acoso de depredadores. Se multiplicaron también las ratas y ratones que viajaban en las bodegas de los barcos. La presión sobre la cubierta vegetal fue excesiva, la erosión aumentó y con ello la desertización. Las especies autóctonas se vieron asediadas, los granjeros utilizaron sus armas de fuego y sus trampas y las expulsaron de las nuevas tierras agrícolas y ganaderas, viéndose además expuestas a predadores hasta entonces desconocidos como las ratas, gatos o zorros. Criadas en la soledad, no acostumbradas a competir por el espacio, muchas se recluyeron en lugares remotos.
Sin embargo, y aunque menos conocido, el flujo de especies también se ha producido en sentido inverso y algunos animales y plantas han cruzado las aguas para llegar desde Australia a otros continentes, donde en algún caso se han extendido en forma de plaga. Es el caso de una colonia de walabíes convertida en Hawai en un auténtico azote o de especies vegetales como la acacia mimosa o dealbata, muy valorada por su valor ornamental y la belleza y cantidad de sus flores, que en las últimas décadas ha sido plantada masivamente en jardínes y parques de todo el mundo. Esta especie se ha extendido también en zonas naturales gracias a su resistencia al fuego, lo que la favorece frente a otras especies autóctonas, a las que puede llegar a desplazar. Sin embargo, el gran invasor australiano ha sido y es el eucalipto. De las casi 700 variedades existentes en el mundo, la mayoría son propias de Australia, aunque también se extiende por algunas islas cercanas de Indonesia y Nueva Guinea. Se trata de un árbol muy demandado por la industria papelera, maderera y química, debido a su rápido crecimiento. Es muy habitual en zonas altas de América del Sur y África y también en zonas de Europa, especialmente en España, donde ha sido plantado masivamente en la costa cantábrica y la provincia de Huelva. Su aparición daña los ecosistemas gravemente, pues consume mucha agua y por tanto rivaliza con otras plantas herbáceas o de sotobosque, desplazando a las especies autóctonas vegetales, pero también a las animales, que encuentran poca agua y alimento en sus bosques. Los riachuelos y lagunas se secan y el suelo sufre además un acentuado proceso de acidificación que los deteriora. Hay que añadir la alta combustibilidad de su madera que arde con facilidad y rapidez, por lo que favorece el desarrollo de los incendios forestales.
Para ver las repercusiones que sobre los ecosistemas españoles tienen las plantaciones de eucaliptos podemos consultar esta página: http://bosquihermanos.blogspot.com.es/2008/04/daos-del-eucalipto.html


LAS PRINCIPALES ESPECIES INVASORAS EN AUSTRALIA



Búfalo de agua (Bubalus bubalis)

El búfalo de agua es una especie oriunda de Asia, allí vive más del 90% de la población total, superior a 140 millones de ejemplares. Se extiende también por América del sur y Egipto, y en Europa  lo encontramos en Bulgaria e Italia, donde fue introducido hace siglos. Su llegada a Australia se produjo en el siglo XIX, adaptándose con facilidad a las regiones tropicales del norte, donde ha proliferado, especialmente en las zonas húmedas. Es una especie de bóvido de gran tamaño, con 1,8 metros de altura a la cruz, superando en el caso de los machos los 1.000 kg de peso. La mayoría están domesticados, siendo utilizados como productores de leche y animales de tiro para labores agrícolas en los arrozales y tierras de regadío, desde Pakistán hasta Indonesia. Mientras en el sureste asiático su población en libertad se reduce día a día, afectada por la reducción de los bosques y zonas húmedas salvajes, en Australia se ha asilvestrado y ha desarrollado algunas diferencias físicas, creciendo enormemente su número favorecido por la escasa presencia humana y los enormes despoblados del norte australiano.
Su expansión ha afectado a las orillas de las zonas húmedas y lacustres, convirtiéndolas en lodo y destrozando la exuberante vegetación. Su presencia excesiva altera el equilibrio de la ecología forestal, aniquilando árboles y erosionando el suelo. Bebe demasiada agua, lo que pone en peligro la supervivencia de otras especies, y además es un caldo de cultivo de la tuberculosis bovina, pudiendo afectar a los ranchos ganaderos cercanos a las zonas naturales.
La contrapartida la encontramos en la caza del búfalo, que se ha convertido en Australia en una fuente importante de ingresos, ligado al desarrollo de un potente turismo cinegético. Pero en este caso la actividad está ligada también al control de poblaciones. Se ha convertido, además de una actividad deportiva, en una necesidad ecológica, al evitar la proliferación excesiva de la especie.

El búfalo de agua se ha adaptado al clima tropical del norte australiano.
Un creciente turismo cinegético ha crecido en torno al búfalo australiano.

Mimosa pigra

La Mimosa pigra es un arbusto espinoso tropical procedente de América Central, que se ha extendido por otros continentes y que está incluida en la lista de las cien especies exóticas invasoras más dañinas del mundo por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. La encontramos en el sureste asiático y en muchos puntos del África subsahariana, desde el Golfo de Guinea hasta Sudáfrica. En Australia se ha extendido por el norte tropical, en el Territorio del Norte, donde ocupa ya una superficie cercana a las 100.000 hectáreas. Fue introducida en el Jardín Botánico de Darwin a finales del siglo XIX y después se extendió por los cauces de los ríos cercanos como el Adelaida. En la segunda mitad del siglo XX había colonizado varios ríos y áreas costeras en las proximidades de la ciudad de Darwin. Crece con profusión en lugares abiertos y húmedos, como planicies costeras, llanuras aluviales o márgenes de los ríos, allí llega a formar densos matorrales, a veces realmente impenetrables, que se convierten en auténticas barreras naturales, que con sus espinas limitan los desplazamientos y el acceso de muchos animales a las fuentes de agua. Aunque permite que algunas especies en peligro encuentren refugio en su frondosidad, en general resulta negativa para la fauna australiana, pues la dieta de ésta sigue basándose en plantas autóctonas, que se ven desplazadas.

La Mimosa pigra se extiende creando auténticas barreras naturales.
Vainas características de la Mimosa pigra, planta leguminosa arbustiva.

Sapo de caña (Rhinella marina)

En Australia había ranas pero no sapos, hasta que en 1935 se introdujeron deliberadamente en el país 102 sapos de caña. Los escarabajos estaban haciendo estragos en las prósperas plantaciones de caña de azúcar del estado de Queensland, así que se pensó en un depredador como el sapo de caña para acabar con la plaga. Se trajeron de las islas Hawai, donde se habian introducido con el mismo objetivo desde su lugar de origen, América Central y del Sur. Lanzados a los campos agrícolas, pronto se comprobó su incapacidad para controlar la plaga del escarabajo -ironías de la vida, en 1945 se descubrió un pesticida que acababa con la larva del escarabajo-, pero se convirtió en una plaga mucho peor aún. Su gran adaptabilidad y su capacidad de reproducción -pone entre 8000 y 25000 huevos dos veces al año- permitió su proliferación, hasta llegar en la actualidad a los 200 millones de ejemplares. Se trata de un sapo corpulento y de gran tamaño, con una piel seca y verrugosa, un animal muy voraz que tras su introducción empezó a devorar todo lo que hallaba a su paso, pájaros, reptiles, anfibios y mamíferos de pequeño tamaño, contribuyendo más que ningún otro invasor a alterar el ecosistema del noreste australiano y los proceso normales de selección natural. Su carácter venenoso puede afectar a sus posibles depredadores, resultando también un serio competidor para animales y aves insectívoros, pues reduce su disponibilidad de alimentos.

La voracidad y capacidad reproductiva del sapo de caña lo
 convierten en una especie invasora muy peligrosa.
En el estado de Queensland se han encontrado
 ejemplares de sapo de más de 20 cm y 1 kg de peso. 
Conejo (Oryctolagus caniculus)

Quizás el más terrible de los invasores que ha asolado Australia en los últimos siglos haya sido el conejo común o europeo, no solo por su proliferación sino también por sus efectos devastadores. Un propietario de Nueva Gales del Sur lo introdujo en sus tierras en 1859 como pieza de caza. Pero el conejo se adaptó muy bien a las condiciones climáticas y naturales de muchas zonas de Australia, donde no había además depredadores naturales. Las condiciones para su proliferación eran las idóneas: abundaban los pastos y los suelos arenosos para sus madrigueras. Su enorme capacidad reproductiva hizo el resto, ya que las conejas podían traer al mundo hasta 25 a 40 retoños al año. Las inmensas praderas australianas se vieron inundadas. La vegetación pronto se vio esquilmada, acelerando el proceso de erosión y desertización de un continente ya de por sí bastante árido. La falta de alimentos golpeó con dureza a los animales autóctonos y también a las enormes ganaderías que se alimentaban en los mermados pastos. 
Para mediados del siglo XX la plaga estaba fuera de control. Habían colonizado dos tercios del territorio, quedando al margen el norte tropical, y alcanzando los 600 millones de ejemplares. Fueron insuficientes todo tipo de medidas desesperadas, trampas, venenos, caza incentivada, se construyeron enormes cercas, miles de kilómetros de alambradas para aislarlos de cultivos y pastos. La introducción de un depredador natural como el zorro rojo resultó un desastre, pues prefirió devorar a aves y marsupiales, más lentos y fáciles.
Solo la introducción del virus de la mixomatosis redujo drásticamente las poblaciones, en un 99 por ciento, aunque pronto los supervivientes se hicieron resistentes al virus y con el tiempo permitieron la recuperación parcial de la población, que a finales del siglo volvía a superar los 300 millones. Posteriormente, a principios del siglo XX la enfermedad hemorrágica del conejo diezmó de nuevo las poblaciones, que hoy se encuentran estabilizadas.

El conejo europeo se ha adaptado muy bien al territorio australiano.
A principios de siglo el conejo se había convertido en una terrible
 plaga en muchas regiones del sur y el centro australiano.
Se hicieron tres barreras de alambradas en el oeste australiano
 para aislar a los conejos de los cultivos. De nada han servido
 frente a ellos, pero si han sido eficaces ante otros animales.
Chumbera (Opuntia)

Perteneciente al género de las Opuntia, la chumbera es un cactus con forma de matorral, cuyas dimensiones varían entre uno y cuatro metros, con ramas carnosas elípticas denominadas palas, marcadas por espinas. Produce unos frutos exquisitos llamados tunos o higos chumbos, que tradicionalmente han formado parte de la dieta de los habitantes del sur de España. Su origen está en el México tropical y seco, pero se ha extendido desde Estados Unidos hasta Argentina. En el siglo XVI llegó a Europa traída por los españoles, que valoraban mucho el colorante intenso rojo que se extraía de un parásito de la planta, la cochinilla, y se extendió pronto por las riberas mediterráneas de Europa y el Magreb. Desde Estados Unidos Llegó a Australia para ser utilizada como seto natural y se naturalizó y extendió con profusión, adaptándose bien al clima de algunas zonas, hacia 1920 ya cubría más de veinte millones de hectáreas y generaba muros naturales espinosos e impenetrables. Si las condiciones son las adecuadas se extiende con facilidad, porque tiene como particularidad que cualquier trocito de planta que cae al suelo desarrolla raíces y crece con enorme rapidez, por lo que en es fácil que se convierta en una plaga. Para acabar con la plaga se utilizaron productos químicos e insectos como la cochinilla algodonosa, o la introducción deliberada de una mariposa cuya oruga devora con fruición los higos chumbos y que ha reducido su número.

Las chumberas han proliferado en muchas zonas de Australia.
Hasta la introducción de algunos insectos que la diezmaron, la
 chumbera se extendió por muchas regiones, especialmente en el
 sureste. En la foto, una zona infestada a principios de siglo XX.

Dromedario (Camelus dromedarius)

El dromedario o camello árábigo se diferencia del camello bactriano porque tiene una y no dos jorobas, siendo su pelaje más corto y su cuerpo más esbelto y menos robusto. Mientras el camello bactriano se asienta en los desiertos continentales de Asia central, el dromedario es propio de latitudes inferiores y zonas áridas más cálidas. El dromedario es oriundo de la Península Arábiga pero se extendió ya en época romana por el norte de África -hoy lo encontramos desde el Sáhara hasta Somalia- y por el sur de Asia hasta la India. Es un animal adaptado al desierto, así lo muestran sus pestañas largas y finas que lo protegen de la arena, la joroba o depósito de grasa del que poder nutrirse y su resistencia a la deshidratación, pudiendo recorrer largas distancias y permanecer mucho tiempo sin beber, siendo capaces cuando las condiciones lo posibilitan de beber gran cantidad de agua, decenas de litros en pocos minutos.
Los camellos fueron introducidos en Australia en el siglo XIX como animales de carga por su habilidad para sobrevivir en el desierto, pero fueron sustituidos por el automóvil y el camión a partir de 1920, resultando entonces prescindibles. Fueron entonces liberados y ahora viven en libertad en el árido interior del continente completamente naturalizados. La menor aridez de los desiertos australianos, con más vegetación, los grandes despoblados y la no existencia de depredadores naturales, ha favorecido la proliferación de unos animales que han demostrado una gran capacidad de adaptación. Hoy Australia es el país con más dromedarios del mundo, unos 1,2 millones de ejemplares. Las cacerías selectivas no han conseguido reducir una población en continua expansión.
Su excesivo número aumenta la presión sobre la escasa vegetación, daña los cultivos y las granjas, destruyendo cercados, depósitos de agua y otras infraestructuras. Compite con el ganado por el alimento y el agua y puede ensuciar manantiales usados por los propios aborígenes.


El dromedario fue introducidos desde la India a principios del siglo XIX.
Más de un millón de dromedarios pastan en los desiertos y
 estepas australianos, a veces, en grandes manadas.
Hasta principios del siglo XX el dromedario fue utilizado como animal
 de carga y tiro en el desierto australiano.
Dingo (Canis lupus dingo)

El Dingo es un perro salvaje de tono ocre o arena y pelaje blanco en el pecho, que fue introducido en Australia desde el continente asiático hace más de 4.000 años y que, como hemos comentado anteriormente, influyó probablemente en la extinción de su marsupial equivalente, el lobo australiano o tigre de Tasmania. Se adaptó bien a zonas del norte y centro del país y proliferó en los últimos siglos, gracias al aumento del alimento que supuso la introducción en el continente de conejos y ovejas. Aunque con frecuencia es algo desconocido por el gran público, el dingo salvaje pervive también en los bosques del sudeste asiático. Se alimenta de todo tipos de animales ya que puede cazar en manada o solo, sus presas van desde canguros y walabíes hasta wombats, ratones o conejos. En este sentido la proliferación del dingo aumenta la presión sobre determinadas especies, lo que puede ser negativo para animales autóctonos en peligro, aunque en otros casos puede ayudar a controlar algunas plagas como la del conejo, del que es depredador. También afecta negativamente a la actividad económica del hombre, al incluir el ganado ovino entre sus presas. Hoy la raza pura de dingos está en claro retroceso debido al cruce con perros europeos introducidos por los colonizadores blanco, en la actualidad más de una tercera parte de los ejemplares existentes son cruce. Considerado parte de la fauna australiana, el dingo puro recibe protección en determinadas zonas naturales protegidas, sin embargo, en otras áreas, sobre todo próximas a las regiones pobladas y las haciendas ganaderas, es considerado una plaga. Hace décadas que se intenta controlar su población con los más variados procedimientos: matándolos a tiros, poniéndoles trampas, lanzando cebos envenenados desde el aire y alzando vallas a prueba de dingos de cientos de kilómetros de longitud.


El dingo fue introducido desde Asia en Australia hace 4.000 años.
A principios del siglo XX, dos aborígenes australianos con un dingo. En
 algunos casos fue semidomesticado, utilizado en expediciones de caza.
Las ancestrales pinturas de los aborígenes en las rocas muestran los
 viejos vinculos entre el dingo y los primeros habitantes de Australia.

ZONAS DE IMPLANTACIÓN DE LAS ESPECIES INVASORAS EN AUSTRALIA.








martes, 18 de febrero de 2014

La reforma agraria liberal en la España del siglo XIX

"La siega: la recolección", obra realizada en 1895 de Gonzalo de Bilbao, pintor impresionista sevillano.

LA AGRICULTURA DEL SIGLO XVIII

La agricultura es durante todo el siglo XVIII la principal fuente de riqueza de España, un país eminentemente rural cuya economía giraba entorno a la tierra, de la que vivía más del 85% de la población. El pais permanecía totalmente ajeno al incipiente desarrollo urbano e industrial que se iniciaba en otros los lugares como Inglaterra.
Sin embargo, la agricultura española era pobre, marcada por unos bajos rendimientos y una reducida productividad, a lo que habría que añadir la escasez de buenas tierras y suelos fértiles y una climatología nada alagüeña. Esto lastraba el desarrollo económico y también el crecimiento de la población, marcada por la escasez de alimentos. La estructura de la propiedad tampoco favorecía el desarrollo agrícola, determinada por la dicotomía latifundio-minifundio, los primeros dominantes en el sur -Andalucía, Extremadura y La Mancha-, los segundos en la Cornisa Cantábrica, especialmente en Galicia, aunque había zonas como la Meseta Norte donde abundaban los medianos campesinos.

"La siega", obra realizada por Francisco de Goya en 1786.

La tierra se encontraba desigualmente repartida, en su mayoría en manos de los estamentos privilegiados, que encontraban en sus propiedades agrarias la base de su riqueza y poder. Con el objetivo de que los grupos privilegiados no perdieran el control de la propiedad, en el Antiguo Régimen ésta estaba amortizada, es decir no se podía comprar, vender o cercar. El señor era propietario de la tierra pero no podía disponer de ella a su antojo. A estas tierras se las llamaba de "manos muertas", e incluía las propiedades de la Iglesia, la nobleza y los ayuntamientos -tierras comunales y de propio-.  En este sentido habría que señalar la pervivencia de la institución del Mayorazgo, por la que el conjunto de las propiedades y bienes se vinculaban al titulo nobiliario, de tal forma que no se podían dividir, pasando a manos del heredero primogénito.
Debido a esta situación, buena parte de la tierra estaba fuera del mercado y la mayoría de la población, aunque pudiera, no podía acceder a la propiedad. Todo ello impedía la movilidad económica, pues la principal fuente de riqueza estaba inmovilizada en manos de los grupos privilegiados. La incipiente burguesía o el abundante campesinado con hambre de tierra quedaba, pues, al margen.
Por otra parte, las tierras de la nobleza y clero se estructuraban como señoríos. En ellas, los señores, a parte de cobrar las rentas de la tierra al campesinado -una parte de la cosecha como pago por el arrendamiento y cultivo de la tierra del señor-, podían ejercer jurisdicción y hacer justicia -señoríos jurisdiccionales-, y cobraban otras rentas como monopolios -por el uso del molino, horno, etc.- o derechos de paso y aduanas -por atravesar un puente o por entrada y salida de productos comerciales-.
En el campo español, a parte de los grandes señores propietarios existían tres tipos de campesinos:
- El pequeño agricultor, propietario de sus tierras, abundante en el norte de España y que no estaba sometido al régimen señorial.
- El arrendatario, que trabajaba en las tierras del señor y que tenía que pagar unas rentas. Su situación variaba, mientras en el norte de España, especialmente en zonas como Cataluña, los contratos eran fijos o enfitéuticos, lo que favorecía al campesino, en el sur los arriendos son a corto plazo y móviles, con lo que los señores podían subir las rentas a su voluntad, poniendo al campesino al límite de la supervivencia.
- El jornalero trabajaba para señores y propietarios como simple trabajador asalariado a cambio de sueldos miserables, estando sometido a una fuerte estacionalidad -trabajan solo en las temporadas de recolección y siembra-. Abundaban en los latifundios del sur de España -Extremadura, Andalucía y la Mancha-.
Según lo dicho las condiciones de vida y trabajo del campesinado del sur de España eran especialmente duras, con arrendamientos a corto plazo y masas de jornaleros sin acceso a las tierra. Además, en estas regiones la competencia de la ganadería ovina extensiva era muy fuerte, los grandes propietarios organizados desde la época medieval en la poderosa organizacion del Honrado Concejo de la Mesta, poseían enormes rebaños que les proporcionaban grandes beneficios y en muchos casos primaban la tierra para pastoreo,frente a su uso para el cultivo.

Las grandes propiedades del suroeste español fueron siempre el gran
 reducto histórico del latifundismo. En la foto, una dehesa extremeña.

EL REFORMISMO ILUSTRADO DEL SIGLO XVIII

Carlos III, el déspota ilustrado español.
En 1759 accedía al trono carlos III, que asumirá la necesidad de reformar el país según las nuevas ideas ilustradas que se expandían por la Europa de entonces. El absolutismo reformista del nuevo rey seguía los principios de lo que se dio en llamar Despotismo Ilustrado, que pretendía alcanzar el progreso y la modernización del país mediante reformas prudentes, fortaleciendo el estado borbónico pero sin cuestionar la monarquía absoluta. Su reformas alcanzaron los más diversos ámbitos, la hacienda, la cultura y educación, la Iglesia, el comercio y, por supuesto, la agricultura.
A lo largo de la segunda mitad del siglo XVIII los ilustrados plantearon los principales problemas agrarios en varios informes, cuyo material fue recogido por el Consejo de Castilla en su "Expediente General". Floridablanca incidirá en la necesidad de explotar numerosas tierras incultas, Campomanes se preocupó por la desigual distribución de la propiedad agraria y el gran número de campesinos sin tierra, Jovellanos se centró en la existencia de grandes extensiones de tierra no vendibles (mayorazgos y manos muertas) y reflexionó sobre los males de la agricultura española en su "Informe sobre la Ley Agraria". En su análisis los ilustrados estuvieron influidos por las ideas del francés Quesnay, que había desarrollado la teoría económica de la Fisiocracia, en la que planteaba la importancia de la agricultura en el desarrollo de la economía nacional, para Quesnay sin su desarrollo los otros sectores económicos no despegarían.

Jovellanos, el gran ilustrado español, mostró siempre una enorme
 preocupación por los problemas de la agricultura.

Este afán por cambiar las cosas se plasmó en una serie de medidas concretas claramente insuficientes, medidas que por su carácter limitado contrastaban con los graves problemas de la agricultura española, dejando en evidencia la necesidad de cambios mucho más profundos. Se puso en marcha una política de repoblación con la instalación de colonos en zonas alejadas y poco explotadas como Sierra Morena, destacando el proyecto del Intendente Pablo de Olavide en Córdoba y Jaén. Se suprimieron algunos privilegios de la Mesta y se autorizó el cercamiento de fincas rústicas, se favoreció el arrendamiento de las tierras de propio de los ayuntamientos a los vecinos más pobres del municipio -yunteros y jornaleros- y se desarrolló una política de arrendamientos agrarios que pretendió prohibir su aumento, así como la expulsión de los arrendatarios de las tierras que trabajaban.

Nuevas Poblaciones fundadas en Andalucía en el siglo XVIII (Atlas de la Historia del Territorio de Andalucía)


 Aldeahermosa (municipio de Montizon , Jaén). Un ejemplo de las
 Nuevas Poblaciones de Sierra Morena, fundadas por Carlos III
 y su intendente Pablo de Olavide. Obsérvese su plano ortogonal.

Tras su ascenso al trono, Carlos IV mantuvo inicialmente la política reformista e ilustrada de su antecesor, intentando limitar los mayorazgos y las manos muertas. Sin embargo, el triunfo de la revolución en Francia, especialmente tras su radicalización con el asesinato del rey, condujo a un giro brusco conservador, abandonándose la política de reformas. A pesar de todo, la mentalidad reformista del valido real, Manuel de Godoy, se proyectó en medidas como la protección de las Sociedades Económícas de Amigos del País y sobre todo la puesta en marcha de la llamada "Desamortización de Godoy", que afectó a una sexta parte de los bienes de la Iglesia, aquellos pertenecientes a hospitales, casas de misericordia y hospicios regentados por comunidades religiosas. Se trataba de los primeros intentos desamortizadores de las tierras del clero, ligados desde un principio a la pretensión de salvar las dificultades de la Hacienda.


LA REFORMA AGRARIA LIBERAL

La revolución agraria liberal fue el proceso por el cual los gobiernos liberales del siglo XIX modificaron el sistema de propiedad y explotación de la tierra. Estas transformaciones, que no supusieron la redistribución de la propiedad y se prolongaron entre 1836 y 1867, enlazaban directamente con el programa de reforma agraria pensado ya por los ilustrados españoles del siglo XVIII y que apenas fue aplicado.
OBJETIVOS

El objetivo principal de la reforma agraria liberal era poner las tierras en manos de propietarios únicos e individuales, redefiniendo el derecho a la propiedad al convertir en propiedad moderna y privada la "propiedad imperfecta" (mayorazgos, manos muertas, tierras de propios y comunales). Esto implicaba la plena libertad  por parte del propietario para poder disponer de su tierra: comprar, vender, arrendar, cercar y explotar. La intención final es poner en el mercado grandes cantidades de tierra antes amortizada y favorecer así una explotación mucho más racional de ésta, lo que permitiría cultivar de forma más moderna, mejorando los cultivos y técnicas y logrando mayor productividad. Esto supondría el aumento de la riqueza de la nación y la acumulación de capitales, aumentaría la producción de alimentos para una población en crecimiento y crearía un excedente de mano de obra que podría trabajar en la industria. En casi toda Europa, el desarrollo urbano e industrial solo habia sido posible sobre la base de los previos cambios en la agricultura.

"Estudio para la siega" de Gonzalo de Bilbao, pintor impresionista del siglo XIX y XX.


¿CUÁNDO SE DESARROLLAN LAS REFORMAS?

Las primeras leyes reformistas surgen con las Cortes de Cádiz, que recogen el afán reformista de los ilustrados españoles del siglo XVIII, plasmado en las reformas puestas en marcha por carlos III y Godoy. Después sufrieron los vaivenes de la construcción del estado liberal -eliminación con el regreso de Fernando VII, reimplantación durante el corto periodo del Trienio LIberal y eliminación posterior con la Década Ominosa-, hasta que quedaron definitivamente establecidas a partir de 1836, durante el gobierno de Mendizábal -Regencia de María Cristina-. El proceso culminaría durante el Bienio Progresista (1854-56) con la desamortización de las ultimas tierras amortizadas.

 ASPECTOS EN LOS QUE SE CONCRETÓ LA LEGISLACIÓN LIBERAL

Libertad de explotación
En 1836 se confirman las leyes de las Cortes de Cádiz que consagran el pleno derecho del propietario sobre sus tierras: libertad de cercamiento, explotación, arrendamiento y comercialización.
Desvinculación de los mayorazgos
Proceso iniciado también por las Cortes de Cádiz, se desarrolló finalmente en 1837, durante la Regencia de Maria Cristina, cuando se suprimen las antiguas limitaciones jurídicas que las familias de la nobleza tenían sobre sus "tierras vinculadas", de las que eran propietarios y de las que cobraban rentas agrarias, pero de las que no podían disponer libremente, no podían venderlas ni fragmentarlas entre sus herederos -la tierra estaba vinculada al titulo y era el primogénito el que las heredaba-. Se desvinculan en dos fases, en una primera el dueño dispondría libremente de la mitad de la tierra, en una segunda su sucesor dispondría del resto.
Disolución del régimen señorial 
La ley de agosto de 1837 tomó como referencia los esfuerzos legislativos realizados en 1812 y 1823. Los señoríos cuestionaban en un doble sentido los principios liberales: por un lado el ejercicio por parte del señor de la justicia en sus tierras suponía una negación del principio de soberanía nacional, por otro lado, la existencia de unos monopolios y derechos de paso (pagos de los campesinos por el uso de puentes, molinos, etc.) suponian la negación de la libertad económica, de comercio e industria.
Las medidas que se tomaron son las siguientes: por un lado, la supresión de los señoríos jurisdiccionales, que pasaron a la Nación, a la vez que se eliminaban los monopolios, por otro lado, la conversión de los señoríos territoriales en simple propiedad privada individual, permaneciendo en manos de los antiguos señores.
Como consecuencia de la abolición de los señoríos los grandes nobles mantendrán sus propiedades, siendo además indemnizados por la pérdida de las rentas señoriales y jurisdiccionales.
Desamortización eclesiástica y civil
Ya iniciada en el siglo XVIII, en el reinado de Carlos IV, los liberales la pusieron en marcha durante el periodo de las Cortes de Cádiz primero, y en el Trienio Liberal después, aunque apenas tuvieron tiempo de desarrollar la legislación desamortizadora. La desamortización se hacía siempre según el sistema de venta en subasta y pretendía resolver los problemas financieros del Estado y hacer frente a la deuda pública. Podemos destacar dos grandes proceso desamortizadores:
La Desamortización de Mendizábal (1936-37) supuso la desamortización de los bienes del clero con el objetivo de reducir la deuda y hacer frente a los gastos de Primera Guerra Carlista, buscando además el aumento del apoyo social a la causa liberal frente al carlismo. Se suprimian las órdenes religiosas -clero regular- y se vendían sus bienes. La ley de desamortización posterior de Espartero (1841) trató a la vez de poner a la venta los bienes del clero secular, que sin embargo, continuaba a cargo de las parroquias.

Juan Álvarez Mendizábal. Ministro de Hacienda
entre 1835 y 1836.

La Desamortización de Madoz (1855) afectó aún a más tierras que la de Mendizábal. Con la Ley General de Desamortización de 1855 el gobierno del Bienio Progresista pretendió líquidar los últimos bienes del clero secular, de cofradías y órdenes militares, así como poner a la venta los bienes comunales y de propio de los municipios. Los bienes de propios eran fincas, prados, dehesas y montes arrendados por los ayuntamientos, de los que obtenían rentas e ingresos económicos, mientras que las tierras comunales no se arrendaban y eran aprovechadas directamente por los vecinos del municipio. También en este caso, un objetivo era obtener recursos para la hacienda, además de desarrollar la economía a través de las obras públicas y la construcción del ferrocarril, a cuyo fin se destinaron parte de los ingresos obtenidos. Sin embargo, el efecto social fue brutal, sobre todo en el sur de España, ya que las tierras comunales de los municipios podían ser utilizadas por todos los vecinos, lo que daba un medio de vida a los campesinos sin tierras suficientes. Este "colchón" resultaba aún más importante al haber sido expulsados muchos campesinos de las tierras de la Iglesia, una vez desamortizadas por Mendizábal.

Pascual Madoz, ministro de Hacienda en 1855, durante
 el Bienio Progresista, puso en marcha la desamortización. 

En estos videos se nos narra de forma amena y concisa el doble proceso de desamortización. En el primero se hace referencia a la desamortización de Mendizábal, en el segundo se analiza también la desamortización de Madoz:


                                           


CONSECUENCIAS DE LA REFORMA AGRARIA LIBERAL

Gracias al proceso de desamortización y la venta masiva de tierras, el Estado obtuvo enormes ingresos con los que pudo afrontar su enorme deuda y la recaudación fiscal insuficiente, a la vez que se enfrentaba a necesidades importantes a nivel económico como las suscitadas por la Primera Guerra Carlista o la construcción del ferrocarril.
La principal consecuencia, sin embargo, fue la consolidación total de la propiedad privada y la transformación de la tierra en un bien que podía ser vendido y comprado  libremente. En este sentido fue un éxito, el problema es que salvo excepciones, compraron tierras quienes ya las tenían y aquellos con recursos suficientes para adquirirlas, que en muchas zonas y en general, no fueron los cultivadores directos. De esta forma, se creó una nueva clase dirigente muy fortalecida, que fundía a la antigua nobleza y a la alta burguesía: los primeros no perdieron sus tierras, fueron indemnizados por la pérdida de parte de sus rentas y pudieron incrementar su patrimonio gracias a la desamortización. Los segundos invirtieron sistemáticamente en la compra de tierras desamortizadas, convirtiéndose también en grandes terratenientes.
Por el contrario, la gran perjudicada por el proceso fue la Iglesia, que perdió gran parte de su riqueza, al ser puesta a la venta una parte importante de sus propiedades. A partir de entonces nos encontraríamos una Iglesia más debil pero también menos autónoma y más controlada, ya que dependía de las subvenciones del Estado-(Concordato de 1851-.
Los pequeños campesinos no obtuvieron apenas ningún beneficio de las reformas, no pudiendo acceder en la mayoría de los casos a la tierra subastada en las desamortizaciones por falta de recursos. Esto explica su escasa adhesión a los postulados liberales. Peor aún les fue a los sectores sociales más empobrecidos, sobre todo a los campesinos no propietarios, especialmente abundantes en la mitad sur del país, que vieron empeorar drásticamente su situación: por un lado, los arrendatarios vieron como sus contratos de arriendo eran rescindidos -se les expulsaba de las tierra, que a partir de entonces serían trabajadas con jornaleros- o reformados -se hacían contratos a corto plazo y se pagaban en moneda-, por otro lado, la desamortización de las tierras de los ayuntamientos, con frecuencia explotadas por jornaleros y yunteros, supuso un empeoramiento grave de las condiciones de vida de éstos.

Jornaleros durante la siega. Los sectores más pobres del campo
 se vieron negativamente afectados por la reforma agraria liberal.
Es evidente que se perdió una oportunidad para cambiar la estructura de la propiedad vigente, lo que habría permitido la redistribución más justa de la tierra, aumentando la equidad y justicia en el campo, lo que seguro hubiera fomentado la expansión de la producción agraria. Por el contrario, la estructura de la propiedad no solo no se vio modificada, sino que se afianzó, especialmente en el sur latifundista, y la pretendida modernización de la agricultura no llegó.
A pesar de todo, no fue un fracaso absoluto: además de paliar los problemas de la Hacienda Pública, puso una considerable cantidad de tierra en manos de gente con mayor interés en obtener beneficios y en la permanencia del régimen liberal. Se estimuló aunque moderadamente la producción y la venta en el mercado, aunque la expansión de la producción se consiguió principalmente sin alterar las técnicas utilizadas.
A nivel general, hasta fines del siglo XIX aumentó la superficie agraria cultivada, la producción y las exportaciones, pero la agricultura continuó siendo extensiva, atrasada y poco productiva, mientras una estructura de la propiedad viciada, marcada por el minifundismo en el norte y el latifundismo en el sur, seguía lastrando el despegue del sector agrícola.

Estructura de la propiedad en la España del siglo XIX.