BLOG DE JOSÉ ANTONIO DONCEL DOMÍNGUEZ (I.E.S. LUIS CHAMIZO, DON BENITO, BADAJOZ)

sábado, 18 de febrero de 2017

Comentario de un paisaje rural o agrario







¿Qué es un paisaje rural?

Un PAISAJE RURAL es un espacio natural  que se ha visto modificado por la actividad del ser humano. El ser humano se ha asentado y ha poblado el territorio, a la vez que ha explotado los recursos que este le ofrecía, transformándolo en mayor o menor medida.

Pasos a seguir para comentar un paisaje rural

1. Localización
Indicar si se trata de un paisaje de interior o de costa, si es de llanura o de montaña. Si es posible, se intentará señalar la región o comarca concreta, e incluso el lugar específico.

2. El medio natural

- Valorar el grado de humanización del paisaje (si predominan los aspectos naturales o los derivados de la acción del hombre, si es o no un espacio profundamente humanizado y transformado).
- Valorar el relieve, el roquedo y los suelos, teniendo en cuenta si es un paisaje de llanura o de montaña. Si existen grandes elevaciones con pendiente pronunciada, colinas, valles, si se trata de un paisaje de campiña o vega. Hay que tener en cuenta el modelado: si encontramos páramos o cerros testigos típicos de la zonas arcillosas, relieves cársticos (dolinas, cañones, etc.) o relieves de zonas silíceas (afloraciones de pizarra, berrocales graníticos). Los suelos arcillosos nos muestran un tono rojizo y las tierras calizas tienen un tono blanquecino. En Canarias los suelos son volcánicos.
- En relación con el relieve, comentar las aguas (ríos, lagunas, acuíferos) y como determinan el paisaje. Señalar, por ejemplo por donde discurren los ríos y, si podemos, hablar de sus características y régimen, observando la vegetación de ribera. A veces la inexistencia de agua en la zona, a la vez que la existencia de una potente agricultura de regadío con invernaderos, nos deriva hacia la existencia de acuíferos.
- Analizar la vegetación natural existente. Señalar si ocupa mucho o poco espacio, especificando las zonas por las que se extiende (zonas elevadas, valles o márgenes de ríos, etc.), distinguir si predomina el bosque o el matorral y señalar las especies que predominan (robles o hayas oceánicos, encinas o alcornoques mediterráneos o bosques de repoblación con pinos o eucaliptos).
- El clima (temperaturas, precipitaciones, grado de aridez) se deduce a partir de la vegetación natural existente y del tipo de cultivo, aunque también nos dan información las aguas y las construcciones humanas. Por ejemplo, si observo matorral mediterráneo y bosques de encina o pinos, con un ambiente seco debido al estiaje y la escasez de lluvias, y donde predominan el olivo o el cereal, está claro que estamos ante un paisaje mediterráneo, que casi seguro es de interior si no aparece la huerta costera.

3. El  hábitat rural y el poblamiento

- Distinguir el núcleo o núcleos de poblamiento existentes y localizarlos en el paisaje.
- Señalar  el tipo de hábitat: disperso, cuando las viviendas están diseminadas y aisladas en el campo, disperso intercalar (intermedio) cuando la distribución es mixta, con uno o varios pequeños núcleos y cierta cantidad de población dispersa por el territorio cercano. Puede ser un hábitat concentrado, cuando las viviendas se concentran en un único núcleo. Si es concentrado, señalar el tamaño, si se trata de grandes poblaciones (más típicas del sur de España) o pequeñas (más típicas de Castilla y León), algo que no podemos deducir solo por la extensión de la localidad, sino también por la altura de los edificios. Señalar también si es concentrado lineal (dispuesto en torno a una vía central) o concentrado apiñado (agrupado en torno a un núcleo central), y  en este último caso si es regular o irregular.
- Marcar la posible evolución de dichos núcleos, si se les ve decadentes y con tendencia al abandono, o si resultan dinámicos (el estado de las edificaciones y su antigüedad suelen dar pistas al respecto). En el caso de los núcleos dinámicos, habría que señalar la aparición de nuevas formas de poblamiento como urbanizaciones o segundas residencias, ligadas a la población del mundo urbano, ya sea por las necesidades de ocio o por la expansión urbana de ciudades cercanas).
- Hay que señalar las características de la casa rural que nos encontramos:
- Definir si predomina la casa tradicional o moderna. El  material de construcción es difícil de ver a través de las fotos, por lo que no resulta especialmente definitorio en el análisis del hábitat. Por otro lado, en la mayoría de las localidades los hogares han sufrido frecuentemente muchas reformas y además en muchos casos predominan los de reciente construcción, sin que se haya tenido en cuenta la arquitectura tradicional. Pero en todo caso, en muchos pueblos pervive la casa rural típica, que puede ser de barro con paja (tapial o adobe), típica de los pueblos de buena parte de Castilla, Extremadura o Andalucía, aunque en una foto es difícilmente distinguible de las nuevas construcciones de ladrillo, ya que ambas están lucidas. Las casas de madera entramada (troncos de madera combinados con tapial) eran frecuentes en zonas de Castilla y León, en el País Vasco (caserío vasco) o en zonas de montaña, y las casas de piedra existe en algunas zonas de Castilla y León o en Cataluña (masía catalana).
- Hay que diferenciar el tipo de casa por el plano: hay una casa bloque (todas las dependencias bajo el mismo techo: almacén, granero, establo, vivienda) generalmente con varios pisos, por ejemplo el caserío vasco o la casona cántabra o asturiana. La casa compuesta tiene varios edificios, (vivienda, almacén, establos, hórreos, pajares), con un patio interior o cerrado. Un ejemplo es la masía catalana o el cortijo  andaluz.
- Hay detalles en las casas que también ayudan a identificar el paisaje.
·         En el norte, los tejados son a dos aguas bastante pronunciadas y con frecuencia con voladizo (un ejemplo el caserío vasco), mientras en las mesetas, Andalucía o Cataluña son a dos aguas pero menos pronunciadas que en el norte. En las zonas con menor pluviosidad, como algunas zonas de la costa sureste español o Canarias, podemos encontrar a veces un techo plano y en terraza.
·         Los tonos y colores dominantes en la arquitectura varían con la geografía. Conforme avanzamos hacia el sur desde la Meseta Norte, los pueblos van siendo más blancos, algo especialmente evidente en Andalucía. En Castilla y León los pueblos tienen tonos más ocres.
- Analizar las infraestructuras, carreteras, la red de caminos existentes, obras hidráulicas como canales o acequias, las naves o almacenes.

4. La estructura agraria

- Establecer el tamaño de las explotaciones (latifundio o gran propiedad, minifundio o pequeña propiedad, mediana propiedad) y el grado de concentración parcelaria (algo no visible, aunque cuando el minifundismo sea muy marcado suele ir acompañado de dispersión parcelaria). En todo caso, hay que concluir que cuando las parcelas son muy pequeñas es evidente la existencia de minifundio y de dispersión parcelaria.
- Definir la forma de las parcelas, bien regulares o irregulares.
- Señalar los límites entre las distintas parcelas, distinguiendo entre openfield o campos abiertos (no existe separación física entre las parcelas), y bocage o campos cerrados (existe una separación física entre las parcelas), indicando el tipo de separación existente (setos, muros de piedra o vallas).

5. Los usos agrarios

- Identificar los cultivos existentes (cereales, vid, olivar, frutales, productos hortofrutícolas, etc.),  reseñando si los cultivos son o no arbóreos (frutales, olivo, etc.).
- Indicar si predominan o no los usos ganaderos (prados o pastizales) o también explotaciones forestales (observar las posibles repoblaciones de pino y eucalipto).
- Señalar si son de secano o de regadío (observar las infraestructuras de canales, acequias, etc.), y en este último caso, si hay invernaderos.
- Señalar la combinación de cultivos (monocultivo o policultivo). En virtud de esto, señalar la tendencia al autoconsumo o la vinculación al mercado.
- Indicar el sistema de explotación: si se trata de explotaciones extensivas o intensivas y en función de ello, deducir si hay buenos rendimientos e inversiones en tecnología, mecanización, fertilizantes, abonos, etc. En el caso de la ganadería si es a diente o está estabulada.

6. Otros usos del suelo

Indicar otros usos del suelo relacionados con los ámbitos residenciales, turísticos o industriales (urbanizaciones residenciales o turísticas, naves y polígonos industriales).

7.  Problemática del espacio

- Valorar la rentabilidad de la agricultura descrita, teniendo en cuenta algunos factores:
·         Por la estructura de la propiedad, así el minifundismo y la dispersión parcelaria no son rentables. Aunque la pequeña parcela en regadío intensivo si puede serlo.
·         El tipo de cultivo influye en la rentabilidad. Son especialmente rentables los cultivos de regadío intensivos (hortofrutícolas), mientras el cereal de secano, la ganadería extensiva del sur o la ganadería vacuna y láctea del norte tienen cada vez más problemas. En este sentido, hay que tener en cuenta la influencia de la PAC.
- Valorar el grado de aislamiento y la escasez o no de equipamientos del medio rural descrito. En relación a ello, el éxodo rural y el envejecimiento de la población, algo visible a través del hábitat rural.
- Señalar problemas medioambientales: la desforestación con pendiente excesiva produce mucha erosión, aridez, problemas derivados del exceso de urbanización, de la abusiva explotación de acuíferos, la excesiva contaminación de aguas por el uso de fertilizantes o curas (ligado a los invernaderos y regadío).
- Posibilidades para el futuro: nuevas posibilidades para el desarrollo del espacio rural (mejora de infraestructuras, fomento de otros sectores como la industria o los servicios, fomento del turismo rural o turismo verde, algo directamente relacionado con la belleza y el grado de conservación o destrucción del paisaje).

Ejemplos comentados

Paisaje de la cornisa cantábrica (Cantabria).
Fuente: www.areavan.com

Nos encontramos ante un paisaje rural, un espacio natural que se ha visto modificado por la actividad del ser humano. El ser humano se ha asentado y ha poblado el territorio, a la vez que ha explotado los recursos que este le ofrece.

1. Localización:

Se trata de un paisaje de interior situado en un área montañosa que con toda seguridad podemos ubicar en las montañas de Galicia o de la cornisa cantábrica (Asturias o Cantabria). Dentro de estas zonas nos decantamos, sin embargo, por Cantabria.

2. El medio natural:

El paisaje ha sufrido un grado humanización importante, aunque perviven extensas zonas en estado natural, visibles por la existencia de zonas de bosque y matorral, especialmente en las áreas más elevadas de las montañas.
Como ya hemos comentado, es un paisaje de montaña situada a apreciable altura, con laderas pronunciadas y valles que nacen en las zonas altas y surcan las laderas. Por la forma y los tonos blanquecinos de la roca de la parte alta de las montañas, deducimos que estamos ante un roquedo calizo, lo que nos conduce a la parte occidental de la cornisa cantábrica (Cantabria).
Aunque no se ven los ríos, se deduce su existencia por las hendiduras que crean sus valles. Estamos ante ríos con régimen pluvio-nival por su carácter de montaña. Son ríos con corrientes rápidas derivadas de la pendiente, que se hallan cerca de su nacimiento, por la altitud a la que nos encontramos. El paisaje húmedo y de montaña nos conduce a una elevada precipitación, por lo que nos encontramos ante ríos caudalosos cuyo régimen no sufre en la sequía estival.
El clima es oceánico, con temperaturas suaves todo el año, aunque en este caso, por su carácter montañoso, debe de tener un invierno frío y con importantes nevadas. Las precipitaciones deben ser muy abundantes y regulares, sin estiaje en verano.
Una abundante vegetación natural pervive entre los prados. Es una vegetación de bosque caducifolio atlántico, con hayas, robles, castaños o avellanos, que en las zonas altas se ve sustituida (lo vemos en la foto) por un sotobosque de landas (brezos).

3. El hábitat rural y el poblamiento:

Estamos ante un tipo de hábitat totalmente disperso, típico de la montaña cantábrica,  formado por viviendas diseminadas y aisladas en el campo. Posiblemente formen parte de un municipio, cuyo núcleo principal no esté muy lejos, quizás a cotas de altitud un poco más bajas. Apenas quedan casas tradicionales (la casona cántabra era una casa bloque con dos pisos y de piedra) y la mayoría de las viviendas son de nueva construcción, lo que demuestra la enorme transformación sufrida por el medio rural español con el desarrollo de las últimas décadas. A pesar del buen estado de muchas edificaciones y su carácter moderno, suponemos que estamos ante un espacio rural poco dinámico (aunque no en situación de abandono) algo que se deduce de su difícil situación geográfica y del tipo de usos del suelo (la ganadería del norte está en decadencia).
Existen caminos que comunican las viviendas dispersas, siendo perceptibles que dichos caminos están en su mayoría asfaltados, lo que permite un mejor acceso. A pesar de todo, se deduce por la topografía del relieve un cierto aislamiento del territorio, limitado solo en parte por las infraestructuras que hemos comentado.

4. La estructura agraria:

Observando el tamaño de las explotaciones, existe un claro minifundismo formado por pequeñas explotaciones que suelen estar formadas por varias parcelas (dispersión parcelaria). Se trata de parcelas irregulares. Existe en general una separación física entre las parcelas, a veces con muros, otras con vegetación, por lo que estamos ante campos cerrados o bocage.

5. Los usos agrarios:

Los usos son esencialmente ganaderos, con el predominio absoluto de prados típicos del clima océanico, donde se desarrolla una tradicional ganadería vacuna de carne y leche, hoy claramente vinculada al mercado. Es un tipo de ganadería a diente, que pasta en el ambiente natural. En las tierras más ricas de los valles cercanos es muy posible que haya cultivos típicos de la zona como maíz, patata o plantas forrajeras, en los que hasta no hace mucho era frecuente el policultivo para autoconsumo, algo que todavía pervive. Es una agricultura poco productiva y con escaso desarrollo de la mecanización, limitada por el relieve montañoso y lo reducido de las parcelas.
La explotación forestal se deduce de las plantaciones de eucaliptos visibles entre el bosque atlántico y que tanto han proliferado en las últimas décadas en el norte de España. Son especies no autóctonas y que empobrecen el suelo, pero que por su rápido crecimiento permiten un óptimo aprovechamiento forestal.

6. Otros usos del suelo: No existen otros usos más allá de los agroganaderos, debido al hecho de ser una zona montañosa y de cierto aislamiento.

7.  Problemática del espacio:

- Se trata de una zona cuya economía depende demasiado de una agricultura poco competitiva: por un lado, por la existencia de una estructura de la propiedad minifundista no rentable que además impide la mecanización. Por otro lado, la ganadería bovina de leche y carne se haya en clara crisis, debido a la influencia de la PAC, ya que sus productos son excedentarios en Europa y los cupos limitan mucho la producción. Se promocionan las granjas intensivas estabuladas y la reducción de la producción, lo que hace mucho daño a la ganadería tradicional de la cornisa cantábrica.
- Este hecho y el indudable aislamiento que crea el marco físico montañoso, nos hacen pensar en una zona con crecientes problemas de envejecimiento y despoblación.
- Sin embargo, la zona goza de una buena situación medioambiental: la vegetación natural pervive en muchas zonas y protege los suelos de la erosión, la aridez no existe por la existencia de un clima húmedo y la existencia de una agricultura tradicional que apenas usa pesticidas o fertilizantes evita los riesgos de contaminación.
- El futuro de esta zona pasaría por la mejora de las infraestructuras de comunicación y transporte y por la explotación de su riqueza natural (medioambiental y paisajística) a través del turismo natural y rural (casas rurales, agroturismo, turismo deportivo, senderismo, etc.) o el desarrollo de talleres artesanales ligados a los productos locales (trabajo de la madera o derivados lácteos como el queso). En este sentido, cualquier iniciativa tendría un apoyo importante por parte de la Unión Europea y sus políticas de desarrollo rural.

Paisaje de La Mancha (Belmonte, Cuenca).
Fuente: www,belmonte.es
Nos encontramos ante un paisaje rural, un espacio natural que se ha visto modificado por la actividad del ser humano. El ser humano se ha asentado y ha poblado el territorio, a la vez que ha explotado los recursos que este le ofrece.

1. Localización:

Se trata de un paisaje de llanura situado en el interior de España, que podría estar localizado en cualquiera de las dos mesetas o en las depresiones del Ebro o del Guadalquivir. Dentro de estas zonas nos decantamos por la submeseta Sur y en concreto por La Mancha.

2. El medio natural:

El paisaje ha sufrido un grado humanización muy importante: prácticamente todo el suelo está sometido a los usos humanos y apenas se ven espacios naturales, que hubiéramos identificado por la existencia de zonas de bosque y matorral.
Como ya hemos comentado, es un clásico paisaje de llanura del interior de la meseta española. Observamos una campiña que se desarrolla en una cuenca sedimentaria con suelos predominantemente arcillosos (color rojizo) y también calizos (más blancos), con típicos páramos visibles (zona planas más altas) a lo lejos.
No son observables corrientes de agua, ni se ven bosques de ribera que las delaten. En todo caso, los ríos de esta zona están marcados por un régimen pluvial marcado por el estiaje veraniego y un caudal limitado por la falta de lluvias y la lejanía de altas montañas que los nutran de agua.
El clima se deduce fácilmente por el paisaje. Se trata de un clima mediterráneo de interior, que sufre una fuerte continentalidad derivada de una fuerte amplitud térmica (veranos calurosos e inviernos fríos). Las lluvias son muy escasas, con una sequía estival muy marcada, lo que deriva en un paisaje determinado por la aridez.
La vegetación natural es casi inexistente, pues todo el suelo fértil está ocupado por cultivos. En las zonas no cultivada crece un matorral o sotobosque degradado y poco denso de especies mediterráneas, la garriga. Estamos ante un espacio totalmente desforestado por la acción del hombre donde la erosión es muy fuerte.

3. El hábitat rural y el poblamiento:

Observamos un solo núcleo de población, aunque en la lejanía parece entreverse otro más pequeño. Estamos ante un tipo de hábitat concentrado, típico de la meseta interior, con las viviendas concentradas en un único núcleo, que además sería apiñado (agrupado en torno a un núcleo central) e irregular. Al contrario que en otras zonas como la submeseta Norte, las poblaciones de la submeseta Sur son de mayor tamaño, y de hecho estamos ante un pueblo de tamaño apreciable. A pesar de todo, dichos pueblos resultan poco dinámicos y pierden población de forma continua, aunque resisten más la despoblación que los núcleos pequeños gracias a su mayor tamaño.
La casa típica es de adobe o tapial, algo que aquí no podemos llegar a identificar porque todas están lucidas por igual. En todo caso, es evidente que muchas casas son de construcción más moderna (ladrillo). Predominan los tejados a dos aguas de teja roja y las casas en su mayoría están pintadas predominantemente de color blanco (aunque no tanto como en Andalucía), algo que nos remite al sur de la meseta y descarta la submeseta norte.
El marcado carácter llano favorece la accesibilidad del territorio, vemos una carretera y una amplia red de caminos rurales que comunican el pueblo con las zonas de cultivo. No aparecen infraestructuras de gran tamaño.

4. La estructura agraria:

Respecto al tamaño, predominan las medianas explotaciones. En zonas más al sur de La Mancha o en Extremadura estas explotaciones adquirirán mayor tamaño (latifundio). Los procesos de concentración parcelaria acontecidos desde los años 60 hasta la actualidad han afectado sobre todo a Castilla, por lo que podemos afirmar que la propiedad está bastante concentrada. A pesar de todo, algunas de estas propiedades pueden ser consideradas realmente minifundios, debido a su escasa rentabilidad, de forma que, aunque sobrepasen las 10 ha. no permiten el mantenimiento del agricultor y su familia. Se trata de parcelas más o menos irregulares. No existe una separación física entre las parcelas, por lo que estamos ante openfields o campos abiertos.

5. Los usos agrarios:

Existe un predominio absoluto de las actividades agrarias sobre el resto de los usos del suelo (ganadero o forestal). Todo el territorio cultivado se dedica al cereal de secano, básicamente trigo, como parte de la trilogía mediterránea. Sin embargo, no hay rastro de olivos o vides, que sí encontramos en abundancia en otras zonas de La Mancha. Las explotaciones son monocultivos de cereal, de carácter extensivo y con poca productividad y rentabilidad. Favorecido por el relieve de llanura, es muy posible que las labores estén mecanizadas y la producción está vinculada al mercado, sin embargo, todavía es perceptible el mantenimiento de sistemas tradicionales de rotación de cultivo y barbecho.
La actividad ganadera tiene un carácter secundario y se basaría en la ganadería ovina de carácter extensiva, que pasta en los barbechos y rastrojos. La actividad forestal es mínima, ante la falta de masa forestal apreciable.

6. Otros usos del suelo: No existen otros usos más allá de los agroganaderos, debido al hecho de ser una zona alejada de núcleos urbanos y sin especial valor natural y paisajístico.

7.  Problemática del espacio:

- Se trata de una zona cuya economía depende demasiado de una agricultura poco competitiva: el cereal es un producto excedentario en Europa y resulta poco rentable. A pesar de todo, la mediana propiedad, el openfields y el espacio llano ha favorecido la mecanización de la actividad, ayudada por la llegada de subvenciones europeas a los agricultores, lo que de forma artificial está manteniendo la escasa rentabilidad del trigo. La PAC ha destinado una enorme cantidad de subvenciones a mantener la renta de los campesinos productores de cereal, que sin embargo, por su escasa rentabilidad no permite en muchos casos el mantenimiento de la familia, lo que favorece el desarrollo de la agricultura a tiempo parcial, compatible con actividades en el sector servicio o la construcción.
- En estas zonas de secano poco rentable, la población joven tiende a emigrar hacia las ciudades y la despoblación y el envejecimiento de la población es muy rápido. A pesar de tratarse de pueblos más grandes que los de otras zonas como Castilla-León y no hallarse en zonas de difícil acceso, la pérdida de población es intensa y escasean los equipamientos y servicios.
- La inexistencia de una agricultura intensiva de regadío, que si hay en otras zonas de La Mancha, y de zonas industriales cercanas, reduce los problemas ambientales. La contaminación es reducida y no hay sobreexplotación de los recursos acuáticos. Sin embargo, la fuerte desforestación y desprotección de los suelos, roturados y cultivados en su mayoría, y el clima seco, genera graves problemas de aridez, erosión y desertificación.
- El futuro de esta zona resulta complicado y pasaría por la mejora de las infraestructuras de comunicación y transporte y por la diversificación de la actividad económica, promocionando sectores como la artesanía y el turismo rural o la construcción de equipamientos y servicios que puedan mejorar la vida de la población y crear nuevos empleos. Hay que tener en cuenta un factor negativo al respecto, y es la ausencia de un especial valor paisajístico (no hay montañas, bosques, ni espacios naturales destacados). Sin embargo, una opción es la promoción de productos agrícolas tradicionales de alto valor (denominaciones de origen como el queso manchego) o la gastronomía tradicional. En este sentido, cualquier iniciativa tendría un apoyo importante por parte de la Unión Europea y sus políticas de desarrollo rural.

Más ejemplos para comentar en clase

Paisaje de la Sierra de Mágina (La Guardia, Jaén)
Fuente: www.zonasdeescaladadejaen.blogspot.com.es 







Paisaje canario (La Gomera)
Fuente: www.absoluttenerife.com



Paisaje de Almería (Campo de Dalías)
Fuente: www.cakelife.com


Paisaje de la costa gallega (Aios, Pontevedra).
Fuente: www.booking.com


Paisaje de Extremadura (Jaraicejo, Cáceres)
Fuente: www.laposadadelhalcon.com


Paisaje de la huerta murciana
Fuente: www.eldiario.es





Paisaje de Castilla y León (Castrillo Matajudíos, Burgos)
Fuente: www.abc.es



Paisaje de la montaña Navarra (Ziga, Baztán).
Fuente: milugarenelmundo.es


Paisaje de la costa de Granada (Salobreña).
Fuente: www.tugranada.es

Paisaje de Cataluña (El Garraf, Barcelona).
Fuente: www.delracimoalpaladar.blogspot.com.es

Paisaje de la montaña albaceteña (Ayna)
Fuente: www.lacerca.com



Paisaje de Almería (Berja).



domingo, 1 de enero de 2017

De Emérita Augusta a la Mérida musulmana. La época de explendor de la ciudad de Mérida.

El Festival de Teatro de Mérida ha vuelto ha convertir en las últimas décadas al teatro emeritense en un centro cultural de primera magnitud a escala nacional. Fuente: hoyesarte.com




EMERITA AUGUSTA: CIUDAD ROMANA

La actual Mérida, capital de la Comunidad Autónoma de Extremadura, está ubicada en una posición central al norte de la provincia de Badajoz, a orillas del río Guadiana, entre las Vegas Altas y Bajas del río, hoy fértiles tierras de regadío del Plan Badajoz. Mérida es conocida por su extraordinario patrimonio arqueológico y monumental, que le llevó en 1973 a ser declarada Conjunto Histórico Arqueológico, y veinte años después, en 1993, a ser declarado su conjunto arqueológico Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. En dicho patrimonio prima desde luego la impronta romana, pero también la visigoda e islámica, muy presentes en la ciudad moderna, cuyo crecimiento y expansión provoca que salgan a la luz múltiples restos arqueológicos continuamente. En la preservación de dicho patrimonio y su compatibilización con el desarrollo de la ciudad actual, está su gran desafío y a la vez su riqueza.


 Superposición del casco urbano de Emérita Augusta sobre la trama urbana de la Mérida actual.
Fuente: socialesjaranda.wikispace.com

Reproducción de la antigua Emerita Augusta.  Fuente: www.man.es
El origen de la ciudad nos remonta a los tiempos del Imperio Romano y su conquista y dominio de la Península Ibérica. Como núcleo urbano va ligado a la figura del emperador Augusto, bajo cuya autoridad se produce un reordenamiento territorial y administrativo de la Hispania romana, una vez terminadas las guerras en el norte peninsular contra los cántabros y los astures. Las dos provincias hispanas existentes durante la República, junto con los territorios recientemente conquistados, fueron reestructuradas en tres provincias: la Hispania Citerior o Tarraconensis por un lado, por otro, la antigua provincia de Hispania Ulterior, que fue dividida a su vez en otras dos provincias delimitadas más o menos por el río Anas, al sur la Provincia Ulterior Baetica con capital en Corduba, que incluía territorios fuertemente romanizados, al norte del río la denominada Ulterior Lusitania, considerada como provincia imperial, que incluía territorios no pacificados del todo, lo que implicaba el mantenimiento de contingentes de legionarios. Las provincias imperiales no quedaban bajo el control del senado, sino que eran administradas por un legado designado por el emperador. Lusitania era entonces una zona escasamente romanizada que estaba poblada por pueblos vettones y lusitanos, con estructuras protourbanas y tribales y donde se incluyeron inicialmente los nuevos pueblos sometidos, galaicos, cántabros y astures. Estos últimos territorios pasarían luego a la Hispania Citerior, quedando en Lusitania los territorios por debajo del Duero.


Provincias romanas de Hispania durante la época de Augusto. Fuente:es,wiki2.org.

La nueva provincia tendría pronto una nueva capital, fundada a orillas del río Anas en torno al año 25 a.C. y conocida como Iulia Augusta Emerita. Se trataba de una de las cinco colonias catalogadas en Lusitania por Plinio en su Naturalis Historia. El mismo autor habla en Tarraconensis de hasta doce y en Baetica de nueve. Había sido fundada por el legado P. Carisio en el 25 a.C. a partir de contingentes militares correspondientes a las legiones V Alaudae y X Gemina, recurriendo a soldados veteranos o "emeriti" que habían participado en la guerra contra astures y galaicos. Se le adscribió desde un principio un territorio muy amplio, que se extendía por buena parte de lo que hoy es la provincia de Badajoz, por lo que parece evidente que fue proyectada desde un principio con vocación de capital de provincia.
Desde un principio, Emerita resultó ser un baluarte fundamental en el programa urbanizador iniciado por el emperador Augusto, concebido como base del ordenamiento global de la Península Ibérica una vez conquistada, y que incluía además la creación de ejes viarios o calzadas que debían articular el territorio y permitir su control y cohesión. En este sentido la fundación de colonias como Emerita tenían un claro sentido estratégico, algo que también resultaba evidente en el caso de Caesaraugusta (Zaragoza), situada en el valle del Ebro y que permitía la penetración desde el levante hacia el norte peninsular. Emérita, por el otro lado, resultó clave en el proceso de control del oeste peninsular, pues se ubicaba en la que después sería la Vía de la Plata, calzada fundamental que facilitaba la comunicación entre el sur y el norte peninsular a través del puente sobre el río Anas. Además, la creación de la nueva ciudad se produjo sobre un lugar sin población previa, e implicó una reestructuración organizativa de la zona, que en su caso supuso la postergación de la ciudad cercana de Metellium.
Teatro romano de Medellín. El castillo medieval situado al fondo. Fuente: www.virtimeplace.com

De esta manera, Emérita se convertía en un ejemplo paradigmático del valor que el Imperio Romano daba a la ciudad como elemento supremo de todo el sistema administrativo, asumiendo funciones tan importantes como la recaudación de impuestos o el reclutamiento de soldados. La ciudad poseía una amplia autonomía en el orden interno y se erigía en la base desde la que llevar a cabo la explotación agrícola del entorno cercano. Emerita era además una de esas colonias, que situada en provincias, poseían el ius Italicum: además de la exención de impuestos directos, gozaban de derechos de propiedad que solo tenían los ciudadanos romanos de Italia. 
Aunque estuvieran en territorios periféricos, en general las nuevas ciudades se conformaban según el esquema urbanístico romano estructurado sobre una planta ortogonal articulada sobre dos grandes ejes: el Cardus maximus con dirección norte-sur y el Decumanus maximus, con orientación este-oeste. Este fue el caso de Emerita, pero en su caso, marcada además por la existencia de un puente que, como en tantas otras ocasiones, aprovechaba la existencia de una isla en el río. Se trataría de la clásica ciudad-puente del imperio romano, al estilo de Roma, Toulouse, Lutetia (París) o la misma Corduba. Para algunos autores el puente sobre el Guadiana fue el "genitor urbis" o constructor de la ciudad,  determinando el desarrollo urbano de la ciudad, pues su prolongación se produjo a través del Decumanus maximus. En los últimos tiempos, algunas excavaciones matizan tal información, pues parecen indicar que tal vez la orientación de ambos no coincidía exactamente.

Vista del puente romano de Mérida sobre las aguas del río Guadiana. Fuente: ABC.es

Maqueta de la ciudad romana de Emerita Augusta (Museo Nacional de Arte Romano de Mérida). Hemos señalado las principales edificaciones y el trazado de las vías principales: decumanus maximus y cardus maximus, este último coincidente con el trazado del puente sobre el río Anas.


En la nueva colonia no faltaban tampoco el resto de las edificaciones monumentales propias de una urbe romana, la muralla que protegía la ciudad, el foro que albergaba los templos y edificios públicos, así como las construcciones destinadas al ocio, como teatros y anfiteatros, esenciales en cualquier ciudad romana y que hoy se han convertido en el mayor reclamo turístico de la ciudad. El teatro fue inaugurado en el 15 a.C. y el anfiteatro en el 8 a.C., aunque su fisionomía actual es producto de la reforma acontecida a mediados del siglo I d.C. Es muy posible que ambas construcciones se encontraran inicialmente fuera del recinto amurallado y que se ampliara la muralla para acogerlos a posteriori. 


Vista áerea del teatro y anfiteatro romano de Mérida. Fuente: revistadehistoria.es

En los siglos sucesivos la ciudad se consolidaría como una importante urbe dentro del imperio gracias a su localización estratégica en la confluencia de vías importantes. Además de la Vía de la Plata, de la que hemos hablado, la vía del centro que iba de Emerita a Caesaraugusta (Zaragoza) pasando por Toletum. Por otro lado, la que partía desde Corduba y llegaba a Emerita desde el sureste, pasando por Metellinum (Medellín). Otra vía coincidía en esta última ciudad viniendo desde la costa meditérránea y entrando desde Sisapo (Almadén). Por el oeste, una calzada conectaba la ciudad con Olisipo (Lisboa). Desde Norba Caesarina (Cáceres) partía la Vía da Estrela que cruzaba el Tajo a través del puente de Alcántara y la unía a Conimbriga (Coimbra), prolongándose después hasta Bracaram (Braga). Mientras, un poco más al norte, arrancaba desde la Vía de la Plata la Vía Dalmacia que se dirigía hacia el norte y atravesaba la Sierra de Gata.

Red de calzadas romanas en la Hispania romana. F.: Wikipedia.org





              


El desarrollo monumental sería intenso a lo largo de toda la dinastía Julio-Claudia (27 a.C.-68 d.C.) lo que le fue confiriendo un indudable explendor a la ciudad. Más tarde, durante la dinastía Flavia (69 d.C.-96 d.C.) y Antonina (96.-192 d.C.), épocas de marcado auge para toda la Hispania Altoimperial, se vio reforzado su papel político, económico y cultural, convirtiéndose en un punto de referencia para el conjunto del Imperio. Durante los emperadores flavios se acometieron obras como la ampliación de los foros municipal y provincial, la finalización de las obras del anfiteatro y la muralla, la remodelación de templos como el de Diana o Marte y la mejora de la red de saneamiento. Sin embargo, sería durante la segunda centuria cuando la ciudad alcanzaría uno de sus momentos culminantes, durante la época de emperadores hispanos como Trajano o Adriano, momento en que se remodela el teatro, erigiéndose la escena, sin duda la cara hoy más conocida de la ciudad. La bonanza económica y el auge constructivo terminarían atrayendo a una fuerte emigración procedente de los más diversos lugares del Imperio. Con ella llegará el culto a las deidades orientales (Mitra) o el judaísmo.


Escena del teatro romano de Mérida actualmente. Fuente: www.españaescultura.es



Recreación de la escena del teatro romano en su época de esplendor, durante la dinastía Antonina. Fuente: Periódico Extremadura. Recreación de Javier Martínez y Rafael Mesa.

Recreación virtual del teatro romano de Mérida, con la escena y la cavea. Fuente: Hoy.es
Recreación virtual del Teatro romano de Mérida mostrando la totalidad de su estructura. Fuente: Hoy.es














              


De esta forma, la ciudad creció desde los 5.0000 o 6.000 habitantes que debía tener en la época de su conversión en capital de Lusitania (15 a.C.) hasta los 25.000 o 30.000 habitantes en época de Trajano o Adriano. Autores latinos como Decimo Magno Ausonio (320-395 d. de C.) la situaban en el décimo primer lugar de las ciudades más importantes de Roma. No hay lugar a dudas de que estabamos ante la ciudad más grande de la Hispania romana, llegando a ocupar dimensiones superiores a las 100 hectáreas, aunque la media de las ciudades hispanorromanas estuviera en 16-18 hectáerea, por encima de otras grandes ciudades como Hispalis, Corduba, Tarraco o Clunia.
A la ciudad desarrollada en el interior del recinto amurallado habría que añadir dos barrios periféricos, uno ubicado en la zona del anfiteatro y del actual Museo Nacional de Arte Romano y otro en la actual zona del ferrocarril y la Casa del Mitreo. Se disponían a partir de las calzadas que partían de la urbe y en ellos se situaban viviendas, talleres, hornos y espacios de enterramiento. Ya en zona de intramuros, la ciudad se disponía en espacios cuadriculados regularizados que formaban las manzanas o insulae, que en el caso de Emerita solían tener una longitud de 100 metros de largo por 50 o 60 metros de ancho, aunque algunas eran de menor tamaño. 
Este vídeos nos resume visualmente y en pocos minutos todo los rasgos básicos del urbanismo emeritense :

            

Este video recrea brevemente la historia de la ciudad de Emerita Augusta en época romana: 
            


El paso del tiempo no mermó la pujanza de Emerita Augusta y durante la época del Bajo Imperio la ciudad continuó siendo una urbe importante y poderosa. De hecho, las reformas realizadas por el emperador Diocleciano la fortalecieron en su papel de centro administrativo y provincial. Diocleciano aumentó el número de provincias y las agrupó en diócesis, Hispania se convertía en una de ellas, de la que Emerita sería capital, algo que hoy parece fuera de toda duda después de algún tiempo de controversia. La trama urbana de la ciudad no se vería alterada, a la vez que sufría una fuerte actividad constructiva, como corresponde a una ciudad de relevancia. Se reforma el teatro y el circo, se construyen grandes mansiones en intramuros y se produce un crecimiento importante de su rico entorno agrícola, con la proliferación de villas lujosas y ricas en sus proximidades.


Diócesis del Imperio Romano durante la época de Diocleciano. Fuente: Wikipedia.org

En todo caso, en dicha época, el cristianismo ya había llegado a Hispania, en la que prendió en el siglo III, y se extendía con fuerza por el Imperio. Aunque en Hispania las principales comunidades cristianas estaban radicadas en las provincias de Baetica y Carthaginensis, parece fuera de toda duda que uno de los centros donde antes cuajaron las nuevas creencias fue la propia Emerita, como lo demuestran los testimonios. De hecho uno de los primeros documentos que nos refiere la existencia de comunidades cristianas bien desarrolladas es una carta que hace referencia al obispo Marcial de Emérita y su herejía. En ella el obispo de Cartago y otros obispos africanos que participaban en un sínodo se dirigen al presbitero Félix y a las comunidades de León y Astorga, así como al diácono Elio y la comunidad de Mérida. Al parecer, la carta era una respuesta a una misiva previa entregada al obispo cartaginés por Sabino y Félix en la que exponían que los obispos de ambas sedes, Basílides y Marcial, habían sido "sacrificati" (habían sacrificado a los dioses romanos) durante la persecución de Decio, lo que les permitió obtener el correspondiente libelo (certificado que les libraba de la persecución).                                                
Desde finales del siglo IV, se constata la existencia de martiryas, pequeñas capillas martiriales como la de Eulalia. Durante las persecuciones contra los cristianos de la época, en Emerita se produjo el martirio de Eulalia. La importancia de su figura queda fuera de toda duda y permitió consolidar y desarrollar el cristianismo en la ciudad. La figura de Eulalia, convertida en patrona y protectora de la urbe, pasaría pronto a convertirse en un icono religioso y motivo de peregrinaje a nivel de toda Hispania. A su abrigo, Emerita paso a ser un centro de culto y peregrinación que la convertiría en los siglos siguientes en una de las ciudades más influyentes y con más proyección de toda la Península, algo especialmente evidente durante los siglos V y VI.

El martirio de Santa Eulalia. Obra del maestro de Villamediana (s. XV). Fuente: domuspucelae.blogspot.com.es


EMERITA VISIGODA

En el siglo V Emerita sufrirá, como el resto de Hispania, las incursiones de los pueblos bárbaros del norte: alanos, suevos y vándalos pasarán frente a sus murallas, de hecho el rey alano Atax la conquistó y convirtió durante algunos años en su capital. Pero serán los visigodos, ya en el siglo VI, los que se asentarán definitivamente en ella. En el 507 d.C. el pueblo visigodo, procedente de Aquitania, se asentaba en Hispania, convirtiéndose la Iglesia en la visagra que permitiría el hundimiento del Imperio y a la vez el surgimiento de un nuevo orden: el nuevo reino visigodo se articuló pronto a partir del cristianismo católico. Los nuevos invasores se vieron inicialmente envueltos en frecuentes luchas intestinas que condujeron a la inestabilidad crónica. En medio de dichas batallas por el poder, Emerita mantendrá intacto su protagonismo, siendo la capital del nuevo reino durante el breve reinado de Agila, a mediados del siglo VI. Sin embargo, la capitalidad de la monarquía visigoda iba a terminar trasladándose a Toletum en la segunda mitad del siglo VI. Con Leovigildo se unificó y consolidó definitivamente el reino (584 d.C.), una vez que fueron ocupados los territorios del reino suevo del noroeste. Su hijo Recaredo se convirtió definitivamente al catolicismo.


En la nueva España visigoda el peso de la Iglesia será importantísimo y las provincias administrativas coincidirán en gran medida con las eclesiásticas. En este sentido, Emerita seguirá teniendo un gran peso, será sede metropolitana y obispal de la provincia religiosa de Lusitania y capital de la provincia administrativa, al frente de la cual se hallaba un dux provinciae. A ambos niveles su importancia solo fue superada por Toletum. Por entonces, la ciudad había reforzado su situación como centro religioso, convertida en el principal centro de peregrinación de Hispania, lo que se mantuvo todavía algún tiempo en época islámica, aunque luego decayó frente al auge de Santiago de Compostela.
Además de las actas de los concilios de la época, el Vitae Sanctorum Patrum Emeretensium sería la principal fuente y el texto que hace una mención más expresa a la ciudad de Emerita en la segunda mitad del VI y principios del VII. Se trata de un texto hagiográfico en el que aparecen las figuras de importantes personalidades de la época como el obispo Masona, enfrentado a Leovigildo en su intento de optar por el arrianismo como religión, o de otros obispos posteriores como Fidel o Paulo, todos ellos exponentes del enorme peso de la Iglesia emeritense de la época. Sin un poder político fuerte, los obispos de la metrópoli emeritense llenaron el vacío de poder y se erigieron en la principal autoridad real.
En esta idea ahondan otras fuentes del periodo como las actas del Concilio provincial celebrado por la Iglesia metropolitana en el año 666 o la Crónica Mozárabe del 754, fuente esta última muy importante para el conocimiento de los primeros años de ocupación musulmana.
Así pues, la Iglesia y sus obispos modelan la nueva ciudad, una urbe rica y poderosa desde el punto de vista cultural, económico y político. El libro de las Vitae nos sitúa en una ciudad urbanísticamente cristianizada donde los edificios oficiales, palacios y templos romanos estaban en desuso, abandonados o bajo el signo de la Cruz.
Así pues la ciudad vería en esta época tamizada su impronta urbanística con la construcción y restauración de edificios vinculados al cristianismo. Más allá de la basílica de la mártir Santa Eulalia, construida en la segunda mitad del siglo V (aunque el martiryum fuera levantado a principios del siglo IV), proliferan basílicas, monasterios, albergues de peregrinos, hospitales, etc. Algunos de estos edificios se situaban fuera de las murallas, como era el caso del monasterio de Cubillana o la Basílica de Casa Herrera.

Actual basílica de Santa Eulalia en Mérida. El templo es de construcción medieval, pero se conservan en la cabecera restos de la basílica paleocristiana y visigoda. En primer término el "hornito", una capilla votiva erigida para que los peregrinos pudieran rezar ante la santa y que está construido con restos del templo romano de Marte. Fuente: Wikipedia.
Cripta de la basílica paleocristiana de Santa Eulalia de Mérida. Fuente: Wikipedia.











MÉRIDA ISLÁMICA

Cuando los musulmanes, a principios del siglo VIII, penetraron en la Península Ibérica, el reino visigodo mostraba una decadencia política y económica muy evidente, aunque la ciudad de Emerita conservaba intacta su importancia como centro politico y religioso. Tras la batalla de Guadalete, el avance islámico fue imparable y las ciudades visigodas se rindieron sin apenas ofrecer resistencia, a veces porque los seguidores de Witiza eran sus aliados, en otras ocasiones porque los de Don Rodrigo se retiraban hacia el norte. Era el año 713 d.C. cuando el ejército arabo-bereber se plantaba ante las murallas de la ciudad de Emerita y tras un largo cerco de varios meses ésta se rendía mediante un tratado de capitulación. 



Tras la conquista islámica, Mérida mantendría intactas sus defensas, así como su alto valor estratégico, que ligado al puente había llegado inalterado hasta la época. La capitulación por pactos posibilitó a Mérida, como a otras ciudades, no ver alterada en exceso su vida cotidiana, lo que permitió la pervivencia del cristianismo y sus instituciones, con su sede arzobispal. En estas décadas, los walis o gobernadores de al-Andalus, que gobernaban en nombre del Califa de Damasco, garantizaron una cierta autonomía y respeto a las comunidades no musulmanas, y los cristianos se mantuvieron como dimmies o gentes del libro, que debían pagar un impuesto especial a las nuevas autoridades. Inicialmente, las mayores tensiones vendrán derivadas de la presencia importante de tribus bereberes, llegadas con la ocupación, protagonistas de continuas revueltas hasta mediados del siglo VIII, lo que de forma recurrente pervivirá en siglos posteriores.
En el año 750 los abasíes derrocaron a los omeyas del Califato de Damasco y los exterminaron. Unos años después, en el 756, un omeya que había escapado de la fatal persecución llegaba a la Península Ibérica, era Abderramán I, que tras conquistar Córdoba se proclamaba emir. Unos años después, Abderramán I dominaba toda al-Andalus al poner bajo su control las tierras del valle del Ebro. La importancia de Mérida en la nueva realidad política no disminuyó apenas, y durante siglos aún seguirá siendo la ciudad más importante del occidente andalusí, como capital de la Marca Interior (al-Tagr al-Adnà) y capital de su provincia o kura.
Las disputas entre árabes y bereberes no cesaron tras la proclamación del emirato, lo que permitió la reorganización de los reinos cristianos del norte, dando lugar al inicio de la "Reconquista". Al elemento bereber habría que añadir además el peso creciente de los muladíes, cristianos conversos al Islam. Unos y otros se mostraron remisos a aceptar la autoridad de los emires, rechazando su creciente centralismo y el aumento de la presión fiscal. La inestabilidad iría aumentando durante la segunda mitad del emirato, proliferando las revueltas en las que el papel de Mérida sería muy destacado. Mientras se reducía la presencia mozárabe en la ciudad, crecía con fuerza la comunidad muladí, convertida en un factor de rebelión. También lo era, el hecho de que los bereberes, sin apenas mezclarse, levantiscos y subversivos, se asentaran en la zona en mucho mayor número que los árabes. 
En este contexto de continuas revueltas, aún más persistentes desde el año 800, el emir Abderramán II construirá en el año 835 la alcazaba de la ciudad, proyectada como un bastión desde el que ejercer un control real sobre una urbe tan levantisca. Hoy incluida en el Patrimonio de la Humanidad, es considerada la fortificación musulmana más antigua conservada en la Península Ibérica. Se trata de un recinto de forma cuadrada de 130 metros de lado que permitía albergar un gran número de tropas y que contaba con un aljibe de agua filtrada desde el cercano Guadiana. Fue construida a partir de sillares de piedra reaprovechados y extraídos de las edificaciones romanas de la ciudad. 

Vista aérea de la alcazaba islámica de Mérida. Junto a ella surge el puente de origen romano. Fuente: www.elloboazul.com

En la construcción de la alcazaba de Mérida se enplearon los sillares de las antiguas edificaciones romanas. Fuente: Hoy.es

La culminación de toda esta sucesión de revueltas llegaría con el estallido en la ciudad de la rebelión del muladí Ibn Marwan al-Yilliqi en el 868 frente al emir Muhammad I. A la postre supondría la sentencia de muerte para la ciudad, que perdería su histórico papel como centro político y administrativo e iniciaría una lenta pero inexorable decadencia. Ibn Marwan procedía de una importante familia muladí y su abuelo ya se había levantado contra el poder central con anterioridad. Una expedición omeya sometió la ciudad y mandó al caudillo revoltoso residir en Córdoba. Las murallas romanas fueron destruidas, quedando solo la alcazaba como fortificación, lo que sería fatal para el futuro de la urbe. Las humillaciones llevaron a Ibn Marwan a huir de Córdoba y refugiarse de nuevo en el valle del Guadiana, donde se hizo fuerte y fundó una nueva ciudad, Batalius (Badajoz). El propio emir reconoció su autoridad sobre la zona y la población creció con fuerza con la llegada de muladíes, terminando en las décadas siguientes por desplazar a Mérida como centro político de la zona, una Mérida que desde el reinado de Muhammad había pasado a ser controlada por el clan bereber de los Banu Tayit


Monumento-homenaje a Ibn Marwan en la ciudad  de Badajoz. Fuente: maravillasdeespana.blogspot.com.es
En el año 929 Abderraman III proclamará el Califato de al-Andalus, imponiendo de nuevo el orden sobre los territorios de la mayoría de al-Andalus. Los bereberes que dominaban sobre Mérida se sometieron a su poder. El territorio fue dividido en coras o provincias, una de las cuales era Mérida. Pero a pesar de todo, el protagonismo político del occidente de al-Andalus iba a ser cada vez más para Batalius (Badajoz), que en la época final del Califato habría desbancado definitivamente a Mérida, lo que se consolidará durante el periodo Taifa y los imperios norteafricanos de almohades y almorávides.