BLOG DE JOSÉ ANTONIO DONCEL DOMÍNGUEZ (I.E.S. LUIS CHAMIZO, DON BENITO, BADAJOZ)

viernes, 29 de marzo de 2019

El Sexenio Democrático o Revolucionario en España (1868-1874)


El titulo hace referencia a la famosa opera Roberto el diablo, considerada la primera del subgénero de la Grand Ópera francesa, estrenada en 1831 en París. En esta viñeta de La Flaca podemos observar el debate que existía en España entre la República y la Monarquía. Además refleja a la perfección la ideología de la revista, representando la parte de la Monarquía con guerra y represión, mientras que la parte republicana se nos muestra en un contexto idealizado. Fuente: Taringa.es










Durante seis años, desde 1868, España entra en un periodo revolucionario de fuertes cambios que suponen, por un lado, la democratización del sistema (se introduce la soberanía nacional, el sufragio universal y amplias libertades) y por otro, el cambio de dinastía (expulsada Isabel II, se busca un nuevo rey en Amadeo de Saboya).
Pero los cambios se ven acompañados de una gran conflictividad. El mantenimiento de la monarquía provocó el conflicto con los republicanos, mientras surgía una elevada conflictividad social debido a que los grupos obreros y campesinos vieron frustradas sus aspiraciones: pensaban que la revolución iría más allá y cambiaría las bases sociales y económicas del país, pero no fue así. Por último, una doble guerra, con los carlistas en el norte de España y con los independentistas en las colonias americanas de Cuba y Puerto Rico.

CAUSAS DE LA REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICA DE 1868

La revolución de 1868 y la caída de Isabel II fue posible porque en los últimos años (1866-68) el país estaba viviendo una fuerte crisis económica y política, que había afectado a casi toda la sociedad y que habían enfrentado a buena parte de los grupos sociales y políticos con el gobierno moderado y la reina Isabel II.
Entre 1866 y 1868, España sufrirá una crisis económica global que va a afectar a la mayoría de los sectores sociales (burguesía, terratenientes, clases medias y especialmente sectores populares, campesinos y obreros). Se produce una triple crisis:
Crisis financiera: una vez terminada la construcción del ferrocarril, éste no resultó rentable. El valor de las acciones ferroviarias cayó y la bolsa se hundió, muchos inversores se arruinaron. La burguesía financiera y muchos bancos se vieron afectados.
Crisis industrial: afecta a la industria textil algodonera catalana. Ésta se enfrenta a la competencia del textil británico, a la falta de materia prima (la guerra civil americana redujo la producción de algodón y lo encareció) y la falta de demanda por la crisis económica general. Se ve afectada la burguesía industrial (pierde beneficios) y la clase obrera (paro).
Crisis agrícola y de subsistencia: desde 1866 se suceden las malas cosechas, lo que produjo la escasez de productos básicos como el trigo. Esto provocó el alza de los precios. La situación condujo a la crisis de subsistencia y la hambruna, creando un clima de violencia social, atizado además por el rechazo general a los consumos y las quintas (“contribución de la sangre”).
A nivel político, desde 1866, la situación de los gobiernos moderados y de Isabel II se había vuelto insostenible, cada vez más aislados y rechazados por los otros grupos políticos. A la corrupción reinante y el autoritarismo creciente del gobierno, se unió la reciente represión, como se evidenció en la revuelta de los sargentos progresistas del cuartel de San Gil en 1866: 66 personas son fusiladas tras la insurrección, la mayoría sargentos del arma de artillería.
Fusilamientos del 25 de Junio de 1866 tras la sublevación de San Gil (Biblioteca de la Facultad de Derecho y Ciencias del Trabajo Universidad de Sevilla). Fuente: collcenter.es

Esta situación radicaliza a los progresistas (dirigidos ahora por Prim) que se acercan a los demócratas. La monarquía apoya siempre a los moderados y los progresistas ven imposible el acceso al poder de forma pacífica. Se alejan del sistema, optando por la rebelión armada y la conspiración contra la reina.
Finalmente, en 1866, los progresistas y los demócratas firman el Pacto de Ostende (1866), que sentaba las bases de la revolución del Sexenio: los progresistas aceptan el sufragio universal y la expulsión de Isabel II. Un año después se unen al pacto amplios sectores de la Unión Liberal del general Serrano, algo determinante para el triunfo de la revolución, pues a dicho partido pertenecían muchos altos militares, Isabel II perdía así el apoyo del ejército.
El Pacto de Ostende. Las tres figuras centrales son Prim, Serrano y el almirante Topete. Fuente: nuevatribuna.es

















LA REVOLUCIÓN DE 1868 (“LA GLORIOSA”)

El punto de partida del Sexenio será el pronunciamiento militar del brigadier Topete que subleva a la marina en Cádiz en septiembre de 1868. Tras el manifiesto “España con honra”, la revolución se extiende y es apoyada por los partidos del Pacto de Ostende. Surgen Juntas revolucionarias por todas las provincias que llaman al pueblo a la insurrección. Las tropas fieles a gobierno fueron derrotadas en Alcolea y el gobierno moderado dimitió. Isabel II, sin apoyos, abdicó y tomó el camino del exilio.
Cartel propagandístico con los protagonistas de la Gloriosa. Fuente: laveudelliria.com
Se crea un Gobierno Provisional presidido por el general Serrano (unionista) y con Prim como ministro de la Guerra (progresista). Se disuelven las juntas y se restablece el orden, optándose por la monarquía como forma de gobierno. Es el triunfo de aquellos cuyo objetivo era derrocar al gobierno y no querían ir más allá, no estaban dispuestos a cuestionar la propiedad privada o proclamar la República. Se frustran así las aspiraciones de los republicanos (una parte importante de los demócratas oscilan hacia el republicanismo y crean el Partido Republicano Federal) que apostaban por un nuevo modelo político no monárquico, y sobre todo, se frustra la revolución de las clases populares, que ansiaban un cambio social que repartiera mejor la riqueza y mejorara las condiciones de vida. Tal frustración desembocará a lo largo del periodo en una conflictividad constante que conducirá a una continua inestabilidad. 
El nuevo gobierno provisional inició una política de reformas que implicó el reconocimiento del derecho de reunión y asociación, la libertad de imprenta o el sufragio universal, la democratizaron los ayuntamientos y diputaciones. Se convocarán elecciones a Cortes constituyentes, elegidas por sufragio universal para formar unas Cortes que hicieran una nueva constitución. Por primera vez en España se elegía un parlamento por sufragio universal masculino de los varones de más de 25 años  En ellas vence la coalición de los progresistas y unionistas, con el apoyo de los demócratas que habían aceptado la monarquía, obteniendo 236 diputados del total de 352 (la mayoría de ellos progresistas, 159). Defendían la monarquía subordinada a la soberanía nacional y amplias libertades públicas y contaban con el apoyo de la burguesía, las clases medias urbanas y amplios sectores del ejército y la intelectualidad. Con estos apoyos, se crea la Constitución de 1869, monárquica, liberal y democrática. El nuevo marco jurídico sancionaba la soberanía nacional, en manos de las Cortes, y establecía una clara división de poderes: ejecutivo en manos del Rey, legislativo en las Cortes y judicial en manos de tribunales independientes (se establecía el juicio por jurado y la oposición como procedimiento de acceso a la judicatura). Se establecía el sufragio universal directo y masculino, así como una amplia declaración de derechos y libertades que junto a los ya tradicionales (libertad de expresión, asociación, reunión, etc.) incluía otros nuevos (inviolabilidad del correo o libertad de residencia). Se establecía la aconfesionalidad del Estado y libertad de religión y enseñanza (aunque el Estado se comprometía a sostener el culto católico). Hasta encontrar un nuevo rey se nombró como regente a Serrano y jefe de gobierno a Prim
Solemne apertura de las Cortes Constituyentes el día 11 de febrero de 1869. Grabado de Enrique Alba y Rodríguez.
Fuente: Wikipedia


Fuente: Vicens Vives
En frente del nuevo gobierno, como grupos de oposición, existían tres tendencias. Por un lado, a la derecha se ubicaban los carlistas, entre los que un grupo había aceptado presentarse por primera vez a las elecciones, y que defendían la monarquía tradicional y el catolicismo a ultranza frente a la libertad de religión. Su influencia seguía muy concentrada en zonas concretas, especialmente en la zona vasco-navarra. En un ámbito ideológico muy conservador se situaban también los moderados, fieles a la monarquía de los borbones, entre cuyos líderes destacaba Cánovas del Castillo. Contaban con el apoyo de la oligarquía terrateniente y exigían el regreso de la dinastía borbónica al trono. En tercer lugar, y situados a la izquierda, se encontraban los republicanos del Partido Republicano Federal, que contaba con 69 diputados, convirtiéndose en la mayor fuerza opositora. Liderados por Pi y Margall, Castelar o Figueras, defendían la República y eran partidarios de amplias reformas a nivel social y político, en un sentido más próximo a las clases populares.
A nivel económico el nuevo gobierno reorientó la política económica en un sentido liberalizador, que facilitara el desarrollo de un capitalismo moderno basado en la libre iniciativa y el desarrollo industrial y comercial del país. Se optó por una política librecambista que se plasmó en la Ley de Bases Arancelarias de julio de 1869, más conocida como Arancel Figuerola por el ministro de Hacienda que la puso en marcha, que acababa con la tradición proteccionista de la economía española del siglo XIX. Se optó por la apertura de la economía española a la entrada del capital extranjero, lo que se evidenció en la Ley de Bases de Minas de 1868, que por otra parte, trataba de hacer frente al gravísimo problema de la Hacienda debido a la elevada Deuda Pública, que impedía la acción de gobierno por la inexistencia de los recursos necesarios. La Ley suponía en realidad la desamortización de las minas, hasta entonces de dominio público, a la vez que se simplificaban los trámites para las concesiones mineras, las cuáles ganaban además en seguridad y estabilidad. Tal situación atrajo al capital extranjero (inglés, francés o belga), especialmente en una época en la que las economía europeas demandaban de forma creciente ingentes cantidades de minerales. Se abría así el camino a una auténtica fiebre minera durante las últimas décadas del siglo XIX.
Gracias a la Ley minera de 1868, las minas de Río Tinto fueron compradas en 1873 por un consorcio británico. A finales del siglo XIX y principios del XX se convertirían en las mayores minas de cobre del mundo. Fuente: www.elpais.com
A pesar de que se abolió el impuesto de consumos, una de las grandes demandas de los sectores populares, el modelo socioeconómico no se vio apenas modificado, de forma que las clases trabajadoras y campesinas no vieron mejoradas sus condiciones de vida. Esto supuso una fuerte conflictividad social: a las revueltas generales contra el alza de precios, las condiciones de vida y trabajo y el rechazo a las quintas y consumos, se añadían las revueltas campesinas, especialmente en el sur latifundista (jornaleros en demanda de tierra). Aunque los republicanos canalizaron en gran parte el descontento social, durante el sexenio llegaron a España las ideas anarquistas y socialistas, de la mano de la Primera Internacional, que crecerían al abrigo de las amplias libertades públicas del nuevo régimen. En octubre de 1868 llegan las ideas anarquistas de la mano de Giuseppe Fanelli y en 1870 se celebra el Congreso de Barcelona, donde se funda la Federación Regional Española. Las ideas marxistas llegaría en 1871 con Paul Lafargue, yerno de Marx, que impulsaría los primeros núcleos marxistas en Madrid.
Congreso obrero de Barcelona en 1870 en el Teatro Circo. Fuente: Wikipedia.



Manuel Céspedes. F: www.juventudrebelde.cu
La inestabilidad crónica y la debilidad del Estado favoreció el estallido de la sublevación independentista en Cuba y Puerto Rico. Ambos movimientos insurreccionales estaban relacionados con la falta de libertades y la incomprensión de los gobiernos isabelinos hacia las demandas de autonomía de las colonias. El 23 de septiembre de 1868 estallaba la revuelta y se proclamaba la República de Puerto Rico con el llamado Grito de Lares, mientras en octubre de ese mismo año daba comienzo la insurrección cubana cuando Manuel Céspedes lanzó el Grito de Yara con pretensiones independentistas, antiesclavista y anticolonialista, iniciando así la llamada Guerra de los Diez Años. Los gobiernos del Sexenio buscaron la conciliación y ofrecieron reformas, pero la alta burguesía con intereses en Cuba se oponía a cualquier concesión a los insurgentes. Hubo que esperar a 1878, en plena Restauración, para que se firmara la Paz de Zanjón, y con ella la pacificación temporal del Caribe español hasta el inicio de la Guerra de Independencia de Cuba en 1895. 
Batallón de caballería de las Tropas mambisas cubanas en la Guerra de los Diez Años. Fuente: www.ecured.cu












EL REINADO DE AMADEO DE SABOYA (1870-73)
Tras el triunfo electoral de la opción monárquica y la promulgación de la Constitución de 1869, los partidos que sustentaban el gobierno convirtieron en su objetivo principal el encontrar la figura de un nuevo rey que fuera compatible con los principios modernizadores y democráticos del nuevo régimen. Tras descartar a otros candidatos, en noviembre de 1870 se encontró rey en la figura de Amadeo de Saboya, hombre abierto a la concepción democrática de la monarquía. Amadeo de Saboya, duque de Aosta, era el segundo hijo de Víctor Manuel II, rey de Italia desde 1861, tras la unificación italiana. Era un hombre progresista y católico, que encajaba bien. Se convertía en el primer rey de España elegido en un Parlamento, lo que era una gran afrenta para los monárquicos de siempre.
Topete, Prim y Serrano subastan la corona de España. Publicado en La Flaca en abril de 1869. Fuente: elindependiente.com
Amadeo I. Retrato de Carlos L. de Ribera y Fieve.
Fuente: Wikipedia.
Su reinado no fue fácil. La aristocracia borbónica sentía un claro desdén por un rey extranjero y advenedizo, mientras el pueblo mostraba su clara indiferencia por el nuevo monarca, que nunca supo aproximarse a las masas populares, le faltaba don de gentes, cercanía y carisma, y desconocía el idioma. En diciembre de 1870 el nuevo rey acepta su elección, pero justo mientras viajaba a Madrid desde Italia, el 30 de diciembre, moría en un atentado su gran valedor, Juan Prim, líder de los progresistas. De esta forma, su situación se volvía especialmente difícil. El 2 de enero fue proclamado rey de España en Madrid.
Esta situación llevó a una gran inestabilidad política marcada por la fuerte oposición que se manifestó hacia el nuevo rey por amplios sectores. Los moderados, fieles a los Borbones, rechazaban de plano la nueva monarquía. Conscientes de la dificultad que entrañaba la vuelta de Isabel II, comenzaron ya en esta época a defender la opción del príncipe Alfonso como rey y como garantía de estabilidad social y política, captando a muchos unionistas y progresistas a la causa. La Iglesia recelaba de una monarquía constitucional  y progresista, mientras algunos sectores carlistas, ante el nuevo rey, volvían a la insurrección armada en 1872, Tercera Guerra Carlista, con las expectativas de colocar en el trono a su candidato, Carlos VII. La rebelión surgió en el País Vasco y se extendió a Navarra y áreas de Cataluña, adquiriendo fuerza y creando graves problemas de inestabilidad. A esto hay que añadir el recrudecimiento de la Guerra de los Diez Años en Cuba. La inestabilidad se veía acrecentada por la hostilidad manifiesta de los sectores republicanos y las revueltas sociales, que no hacían sino crecer. En 1872 se produjeron insurrecciones federalistas en las que las ideas republicanas se mezclaban con las ideas internacionalistas obreras de carácter anarquistas. En julio de 1872 el propio rey sufrió un atentado contra su persona.
A esta situación habría que añadir la división interna en la coalición de gobierno (unionistas, progresistas y demócratas). Una parte de la Unión Liberal osciló hacia la causa borbónica, mientras los progresistas se escindían entre radicales, dirigidos por Ruiz Zorrilla, y constitucionalistas, bajo el liderazgo de Sagasta. Se suceden 6 gobiernos y hubo que convocar elecciones tres veces. Al empezar 1873, la coalición gubernamental, debido a las fricciones constantes, se separó definitivamente, presentándose por separado a las elecciones. Privado de todo apoyo, el 10 de febrero de 1873, Amadeo I renunciaba al trono de España.


LA I REPÚBLICA
Tras la abdicación de Amadeo I, el 11 de febrero de 1873, era proclamada la I República de la mano del Congreso y el Senado, reunidos ambos en Asamblea Nacional. Estanislao Figueras, republicano federal de gran prestigio, será elegido como primer presidente del Poder Ejecutivo de la República. La nueva realidad resultaba, sin embargo, muy engañosa y la República nacía con falta de apoyos reales. Se llegaba a ella porque sencillamente no había otra cosa a mano, y porque los monárquicos, realmente mayoritarios, pretendían acelerar el proceso de deterioro y caos político, mientras preparaban el retorno de los borbones. A esta realidad habría que añadir el aislamiento internacional del nuevo régimen, que no fue reconocido por ninguna de las grandes potencias europeas, al ser concebido por éstas como un régimen revolucionario que ponía en riesgo la estabilidad de una Europa predominantemente conservadora y burguesa.
Esta compleja realidad otorgaba pocas posibilidades de éxito a una República que nacía demasiado débil, que debía desarrollarse como régimen en un país en el que apenas había cambiado el equilibrio de fuerzas sociales desde la caída de Isabel II: el ejército era monárquico, la economía continuaba en crisis y el aparato administrativo seguía siendo conservador.
Artilleros carlistas en Vizcaya. Fuente:juantxoegana.blogspot

Con la I República, los conflictos armados existentes se acentúan. Prosigue la guerra en Cuba, favorecida ahora por la hostilidad de las autoridades y funcionarios coloniales españoles respecto al nuevo régimen republicano. Por otro lado, se agrava la Tercera Guerra Carlista y extensas zonas rurales del norte de España (especialmente en el País Vasco, Navarra, Aragón y Cataluña) caen bajo control carlista, llegándose a crear un gobierno paralelo con la entrada del pretendiente al trono, Carlos VII, que llega a Navarra desde Francia e instala su corte en Estella. Las victorias carlistas se suceden durante el año el 1873 y el gobierno republicano será incapaz de revertir la situación, de forma que en el País Vasco y Navarra, tan solo las capitales quedaron bajo su control.

Escuadrón de Gerona durante la Tercera Guerra Carlista, obra de Augusto Ferrer Dalmau

La conflictividad social alcanzó cotas elevadísimas: la República fue vista desde el principio por las masas populares como el momento de hacer realidad sus aspiraciones. Además, las ideas anarquistas y socialistas estaban penetrando con rapidez. En el campo latifundista del sur del país, los jornaleros protagonizaron insurrecciones y revueltas, empujados por el tradicional "hambre de tierras" y los obreros catalanes exigieron mejores salarios y condiciones de trabajo. 
La situación de inestabilidad se vio acrecentada por la división interna de los propios republicanos. Los republicanos federales, liderados por Pi y Margall, defendían una República federal, cimentada en un pacto entre las distintas regiones o pueblos de España, que gozarían de una gran autonomía. Eran anticlericales y laicistas, defendían reformas para mejorar las condiciones de vida y los derechos laborales de las clases populares. Dentro de ellos, los más radicales, los llamados intransigentes, creían que el proceso se conseguiría a través de la insurrección (de abajo hacia arriba), frente a los defensores de la legalidad y el orden. Por otro lado, los republicanos unitarios, liderados por Castelar, defendían una República unitaria, con un gobierno centralizado. Eran más conservadores a nivel social y político.
Caricatura de la República Española entre la República Federal, representada por José María de Orense, y la Unitaria,  representada por Emilio Castelar. Revista La Flaca. Fuente: Wikipedia
Francisco Pi y Maragall. Fuente: dbe.rah.es


Todos estos factores influyeron en una evolución política marcada por la inestabilidad. En junio se celebraron elecciones, con una aplastante victoria de los republicanos federales, lo que resultaba muy engañoso, porque la mayoría de la oposición no participó y la abstención fue del 60%. Se crea un gobierno presidido por Pi y Margall, que trató de poner en marcha reformas progresistas a la vez que mantenía el orden (amnistía, abolición de la esclavitud en las colonias, supresión de las quintas, mejoras laborales) y proponía la aprobación de un proyecto de constitución federal que no llegaría a término. La nueva constitución creaba una República Federal, utilizando como modelo la Constitución de Estados Unidos de 1787 a la hora de diseñar la organización territorial, las instituciones y las relaciones entre el Estado y los poderes autónomos. En la nueva República el poder debía repartirse entre regiones y ayuntamientos, a los que se concedía plena autonomía. Se creaban 15 estados federados, más las colonias de Cuba y Puerto Rico. Por lo demás, era un texto democrático que tomó como referencia la Constitución de 1869: soberanía nacional, sufragio universal, división de poderes, amplias libertades, aconfesionalidad del Estado (aunque más anticlerical).
La constitución no satisfacía las exigencias de los republicanos intransigentes, que estaban descontentos con la evolución política de República y abandonaron las Cortes, llamando a la creación de cantones independientes. El movimiento cantonalista se extendió por las zonas de más fuerte implantación republicana, sobre todo por el sur y este peninsular. En estas zonas, muchas comarcas y poblaciones se proclamaron "cantón" independiente del poder central, cuestionando además la propia existencia del Estado. En julio de 1873 se proclamban el cantón de Cartagena, Sevilla, Cádiz, Torrevieja, Almansa, Granada, Castellón, Málaga, Salamanca, Valencia, Bailén, Andújar, Tarifa, Alicante y Algeciras. Los cantonalistas eran una masa popular radicalizada de artesanos, tenderos y trabajadores en los que se mezclaban las ideas republicanas federalistas y las ideas anarquistas (rechazo al Estado y revolución social) que habían entrado en España con los primeros núcleos de la I Internacional. 
Fuente: Wikipedia

10 reales cantonales. El Cantón de Cartagena llegó a acuñar su propia moneda.. Fuente: www.numisbids.com

Cartagena fue bombardeada duramente hasta la rendición de las fuerzas cantonalistas. Daños en la calle de las Beatas, 1874. Fuente: www.elpais.com 

Incapaz de enfrentarse a la revuelta cantonalista y sofocarla por las armas, Pi y Margall dimitió y fue sustituido por Nicolás Salmerón, que aplicó una política de dureza, optando por la intervención militar, lo que permitió sofocar el movimiento cantonalista en todos los lugares salvo en Cartagena, que aún resistiría algunos meses, hasta enero de 1874. Salmerón, con el lema "El imperio de la Ley", recurrió a sectores militares ajenos al republicanismo federalista, el general Pavía aplastó el movimiento cantonal en Andalucía, mientras Martínez Campos lo hacía en Valencia y Murcia. El estamento militar encabezaba así una dura represión, adquiriendo un enorme protagonismo como garante del orden. En dicho contexto, Salmerón dimite al negarse a firmar algunas condenas de muerte y accede al poder Castelar, máximo representante de los republicanos unitarios, con el que se produce un giro claramente conservador y autoritario, restableciéndose el orden público y el respeto a la propiedad.
Imagen satírica del golpe de estado del general Pavía. Publicada en 1874 en la revista La Madeja Política. F.: cadenaser.com



Ante las presiones de los federales sobre Castelar, el ejército intervino y en enero de 1874 el general Pavía dio un golpe de estado, entrando en las Cortes y disolviéndolas. Se crea entonces una República autoritaria y conservadora, presidida por el general Serrano, sustentada por unionistas y progresistas. Pero tal opción no tenía futuro alguno, las posibles bases sociales acomodadas y conservadoras, que la podían sustentar, ya habían optado por la opción alfonsina como alternativa de gobierno, es decir, por la vuelta del hijo de Isabel II, Alfonso XII. Desde el 25 de junio de 1873, momento en que la reina Isabel II había abdicado sus derechos dinásticos en favor de su hijo Alfonso, éste se había convertido para los monárquicos en el legítimo rey de España. La causa alfonsina tenía además un gran valedor en las Cortes, Antonio Cánovas del Castillo, político clave que llevaba tiempo trabajando en la restauración borbónica. El 1 de diciembre de 1874 Alfonso XII firmaba el Manifiesto de Sandhurst, desde la academia británica del mismo nombre en la que estudiaba, en el que se defendía el regreso a una monarquía constitucional, defensora del orden, pero que garantizaba la puesta en marcha de un sistema político liberal. El 29 de diciembre de 1874, el pronunciamiento del general Martínez Campos acababa con la República y proclamaba rey a Alfonso XII.
Se iniciaba un nuevo período histórico marcado por el nuevo sistema político de la Restauración, diseñado por Cánovas del Castillo, que se prolongaría hasta la II República, durante el reinado de Alfonso XII, la regencia de María Cristina y el reinado de Alfonso XIII, y que estaría marcado por la estabilidad política y la confección de un sistema político oligárquico y conservador que se estructuraría sobre la base del bipartidismo, el turno de partidos y el caciquismo.
Arsenio Martínez Campos. Fuente: Wikipedia
Alfonso_XII. Retrato de Alejandro Ferrant y Fischermans
 (1875). Fuente: Wikipedia

domingo, 13 de enero de 2019

La Guerra de Secesión Americana y el problema de la esclavitud

John Pelham y su artillería ligera móvil en acción en Frederickburg, pintura de Don Troiani. Convertido en héroe de la Confederación, Pelham unió sabiamente caballería y artillería, como prueba de la modernidad de guerra civil americana.

TENSIÓN CRECIENTE: EL CAMINO HACIA LA GUERRA 

Desde sus orígenes, los Estados Unidos de América nacían marcados por fuertes contradicciones. Por un lado, las tendencias centrífugas que concebían el nuevo país como una unión de estados, por otro lado, aquellas que defendían un poder central fuerte y creían en un estado descentralizado pero único. Hay que tener en cuenta, además, la existencia de diferentes modelos socioeconómicos que marcaban grandes diferencias entre los estados del Sur y del Norte. Tras la independencia, la expansión territorial permitió la consolidación de la nueva nación y su desarrollo económico, pero a la vez contribuyó a formar un país cada vez más heterogéneo, amplificando los contrastes y contradicciones existentes, lo que terminó desembocando en la Guerra Civil.
No cabe duda, el momento clave en la conformación y consolidación de Estados Unidos como nación fue la Guerra de Secesión, en la que se enfrentaron los estados del Norte y el Sur. La posición de ambos ante el problema de la esclavitud era radicalmente opuesta, sin embargo, el conflicto iba mucho más allá y reflejaba un complejo enfrentamiento entre dos modelos productivos y socioeconómicos contrapuestos.
En los estados del Sur, la economía se basaba en la producción agrícola de plantación, especialmente de productos como el algodón y en menor medida el tabaco, el arroz o la caña de azúcar, que utilizaba como mano de obra esencial a los esclavos negros. La demanda creciente de algodón de la industria textil mundial permitió que se duplicara la producción algodonera cada diez años a lo largo de la primera mitad del siglo XIX, alcanzando en 1860 los 2/3 de las exportaciones globales de los Estados Unidos. La expansión del cultivo del algodón supuso, a la vez, el aumento imparable del número de esclavos. Con una economía agraria de claro carácter exportador, el Sur se oponía a la política proteccionista que demandaban los industriales del Norte.
El mapa muestra la población esclava en el sur de EE.UU. He traducido el mapa y su
 leyenda, siendo fiel al original en inglés. Fuente: www.bowdoin.edu 

El mapa muestra la población esclava y los cultivos de plantación en el sur de EE.UU. He traducido el mapa y sus leyendas manteniéndome fiel en todo momento al original en inglés. Fuente: www.bowdoin.edu 

Esclavos en una plantación de algodón de Georgia en 1860. Fuente: www.reddit.com 
La obra de Stowe vendió 300.000
ejemplares en el primer año y fue
clave en el debate sobre la esclavitud.
En los estados del Norte, sin embargo, existía una economía urbana e industrial, más parecida a la del norte de Europa, con importantes ciudades industriales donde un proletariado creciente trabajaba en las fábricas metalúrgicas y textiles. Se trataba de una economía mucho más diversificada, con un alto nivel tecnológico e innovador y con mucho menor peso de la agricultura que la existente en los estados del Sur. Las infraestructuras de comunicaciones y transporte tejían una tupida red que conectaba los núcleos urbanos, especialmente a través del rápido desarrollo de la red ferroviaria. Con un sector industrial emergente, los estados del Norte buscaron siempre una política arancelaria proteccionista que les permitiera crecer, lo que terminó generando conflictos con los intereses del Sur.
En los estados del Norte la población negra era muy reducida, menos del 5% de la población afroamericana del país. La inmensa mayoría se encontraba en el Sur (95%). Por otro lado, en el Norte estaban en vigor leyes discriminatorias para los negros, que no tenían derechos políticos, aunque existía un creciente movimiento abolicionista, que rechazaba la esclavitud y cuya propaganda era cada vez más intensa. Tal situación culminó con la publicación en 1852 de La Cabaña del Tío Tom, novela de Harriet Beecher-Stowe, que contribuyó de forma determinante a generar un clima hostil a la esclavitud en el conjunto de la opinión pública.

En el norte de EE.UU. se concentraban la mayoría de las ciudades industriales. New York en 1850. F.: fineartamerica.com



Esta situación de división se complicó a nivel político cuando el país inició la expansión hacia el oeste. Existía desde antes de la independencia una línea separadora entre los estados esclavistas situados al sur y los no esclavistas ubicados al norte, la llamada línea Mason-Nixon. Esa línea separaba los estados de Delaware y Pennsylvania de los estados de Virginia y Maryland. Con la expansión hacia el oeste la línea se estableció en el río Ohio. Los problemas surgieron, más tarde, cuando con la expansión territorial hacia el oeste se inició una carrera entre abolicionistas y esclavistas por incorporar los nuevos estados a su "bando", lo que estalló con la pretensión de un nuevo estado esclavista de unirse al país en 1819, Missouri. Se desequilibraría, así, la relación de estados a favor de los esclavistas, lo que le daría más peso en la Cámara de representantes (en ella había dos representantes por estado, con independencia de su población), provocando el recelo de los estados no esclavistas. En un intento de solucionar los problemas, en 1820 se firmaba el compromiso de Missouri: se aceptaba la incorporación de Missouri, estado esclavista, a la vez que la de Maine, abolicionista, lo que mantenía el equilibrio preexistente. Se establecía, desde ese momento, el paralelo 36º 30º hacia el oeste como línea Mason-Nixon, es decir,  como límite entre los estados esclavista y los abolicionistas. 
Las tensiones, sin embargo, no remitieron y volvieron con fuerza en la segunda mitad de la década de 1840, cuando tras la intervención militar estadounidense contra México, EE.UU. pasó a controlar amplios territorios hacia el suroeste (Utah, Nuevo México y California). Surgió rápidamente la controversia sobre el estatus de tales territorios y su relación con la esclavitud, agudizándose con el problema suscitado en esos años respecto a los esclavos fugitivos que huyendo del Sur se refugiaban en los estados del Norte. Según la Ley de Esclavos Fugitivos de 1793, los esclavos fugados debían ser devueltos a sus legítimos dueños, pero en la práctica algunos estados del Norte no cumplían lo establecido. El aumento de la tensión terminó con la puesta en marcha del Compromiso de 1850, que supuso la publicación de una ley más restrictiva para los esclavos fugitivos, así como la incorporación a la Unión de California como estado libre no esclavista (a pesar de tener parte del territorio por debajo de la línea Mason-Nixon) y la asunción de los territorios de Utah y Nuevo México como territorios donde la esclavitud sería posible por decisión de soberanía popular.
Fuente: elaboración propia.



Abraham Lincoln. Fuente: wikipedia.org


  El compromiso de 1850 no evitó que continuara la carrera entre esclavistas y abolicionistas por incorporar los nuevos estados a su “bando". Ese fue el caso paradigmático de Kansas, donde ambos sectores entraron en abierto conflicto. Finalmente la victoria electoral en 1855 de los sectores contrarios a la esclavitud llevó al territorio a ponerse del lado de Unión durante la guerra, convertido ya en el 34º estado. 
Esta situación, de por sí ya muy tensa, estalló en 1860 con la victoria electoral del republicano Abraham Lincoln, defensor de la abolición de la esclavitud. Antes de que Lincoln se convirtiera en presidente del país se produce la separación de la Unión de siete estados esclavistas del Sur, que veían en peligro las bases de su sociedad y formaron la Confederación: Alabama, Texas, Mississipi, Louisiana, Carolina del Sur, Georgia y Florida. El gobierno de Estados Unidos ("La Unión") se negó a aceptar una secesión que tildó de ilegal. En abril de 1861 el gobierno confederado, dirigido por Jefferson Davis, dio la orden de tomar Fort Sumter, fortificación en manos federales situada en la bahía de Charleston (Carolina del Sur). Lincoln llamó entonces a filas a 75.000 soldados y se inició la guerra. Es entonces cuando 4 nuevos estados se incorporaron a la Confederación: Tennessee, Arkansas, Virginia y Carolina del Norte.
En los estados del Norte la mayoría de la población vivió los acontecimientos de Fort Sumter como una intolerable agresión contra el gobierno legítimo y legal y la guerra surgía como necesaria para defender la Constitución, el gobierno y la unidad del país, así como para preservar la herencia de sus antecesores que lograron la independencia de Gran Bretaña. Los confederados vieron en Lincoln un tirano (había sido elegido con los votos del Norte y tenía nulos apoyos entre los blancos sureños), que creaba un ejército enemigo del Sur y amenazaba con invadirlo para destruir sus libertades y modo de vida. Para ellos, el Sur se encontraba ante una nueva guerra de independencia en defensa de sus derechos. En este escenario que describimos, el problema de la esclavitud, al contrario de lo que se suele afirmar, se encontraba situado en un segundo plano y no resultó, en modo alguno, el más determinante.
Fuente: elaboración propia.

LA GUERRA CIVIL AMERICANA
Los 19 estados del Norte tenían más población, 19 millones de habitantes, y mucha más capacidad industrial, lo que les permitió resistir mejor un conflicto prolongado en el tiempo. La superioridad técnica y militar del Norte se vio reflejada en el enorme poderío de su flota, que permitió ejercer sobre el Sur un potente bloqueo naval durante buena parte del conflicto. Los 11 estados del Sur solo tenían 5,6 millones de blancos, además de 3,5 millones de negros. Cuatro estados esclavistas (Missouri, Kentucky, Delaware y Maryland), habitados por 2,5 millones de blancos, permanecieron fieles a la Unión, lo que debilitó a la Confederación. Sin embargo, la guerra se prolongó en el tiempo, entre otras razones por la indiferencia de los negros hacia el conflicto, lo que impidió una insurrección generalizada de éstos, que hubiera hundido al Sur.


Principales núcleos de población de EE.UU. en 1850. Resulta evidente que la mayoría de las principales ciudades están situadas en los estados del norte. Fuente: elordenmundial.com

El conflicto se desarrolló en dos escenarios: por un lado, la costa este, donde estaba la capital de la Unión, Washington, y la de la Confederación, Richmond; por otro lado, al oeste de los Apalaches, en la cuenca de los ríos Mississippi y Ohio. En los dos primeros años, la iniciativa fue de los ejércitos sureños, que obtuvieron algunas victorias significativas (Bull Run, Seven Days o Chancellorville entre otras), pero posteriormente el Norte supo dar un vuelco a la situación y pasó a la ofensiva. Pronto el Sur sufrió un duro bloqueo marítimo que mermó sus posibilidades, mientras los generales del Norte, Sheridan, Sherman y Grant se iban imponiendo gracias a la superioridad material de sus ejércitos. En frente, el general sureño Lee, un militar con gran capacidad estratégica, pero que contaba con un ejército menor y peor preparado.

Banderas de la Confederación y la Unión durante la Guerra Civil Americana.
     Robert. E. Lee. Fuente: Wikipedia.                                           Ulysses S. Grant. Fuente: blog.nyhistory.org

La prolongación de la guerra y el paso del tiempo no jugó a favor del Sur. Mientras en 1863, el Norte se encontraba en una situación de prosperidad económica (exportaba grano a Europa y sus fábricas producían al máximo rendimiento), el Sur padecía todos los sufrimientos derivados de la guerra y su economía, basada en el monocultivo de algodón, estaba en quiebra: no se vendía ni se recogía algodón, existía una fuerte carestía de alimentos básicos y una peligrosa escasez de hierro. En esta situación se produjo la gran batalla que marcaría un punto de inflexión en el conflicto cuando el general confederado Robert E. Lee, aprovechando que una parte importante del ejército unionista se hallaba involucrado en el sitio de la ciudad confederada de Vicksburg, en el río Mississippi, penetró en el territorio de la Unión y se adentró en Pennsylvania, entrando en contacto con el ejército enemigo en el pueblo de Gettysburg. La batalla resultó ser la mayor carnicería de la guerra y en ella llegaron a participar más de 150.000 soldados de ambos bandos. Aquella batalla, que se prolongó durante varios días, se convirtió en el paradigma de la Guerra de Secesión, con sus encuentros de caballería, intensos duelos de artillería y cargas frontales de infantería absolutamente brutales, como la llamada "Carga de Barksdale", progatonizada por el general confederado del mismo nombre, o la archiconocida "Carga de Pickett", donde el general confederado George Pickett lanzó a sus hombres de forma temeraria contra el enemigo, siendo diezmados por el intenso fuego de artillería y fusilería hasta la casi extinción de sus fuerzas. En Gettysburg el general confederado Robert E. Lee perdió su aureola de invencibilidad y sufrió una durísima derrota. 


Recreación de la batalla de Gettysburg. Fuente: www.destinationgettysburg.com



La carga del general Barksdale en Gettysburg: “Barksdale’s Charge”, obra de Don Troiani.


"On they came with flags flying", obra de Mort kunstler, recrea la carga del general Pickett en Gettysburg.


























El fotógrafo T.H. O`sullivan consiguió esta imagen en los campos de batalla de Gettysburg. La tituló "A harvest or death" (Una cosecha de muerte) y actualmente se conserva en la Biblioteca del Congreso. Fuente: www.getty.edu 

Poco después de la batalla de Gettysburg, en julio de 1863, terminaba el sitio de la gran fortaleza confederada del Mississippi, Vicksburg, que se prolongó durante varios meses. La ciudad de Vicksburg, situada en un meandro en el río Mississipi, a medio camino entre Nueva Orleans y Memphis, resultaba clave para ambos bandos en el frente del oeste. La Unión había conquistado los dos puertos citados y pretendía el control definitivo de todo el río Mississippi, lo que le permitiría dividir en dos el territorio confederado. El general de la Unión Ulysses S. Grant cruzó el gran río y obligó al ejército confederado de John C. Pemberton a replegarse hacia la ciudad fortificada de Vicksburg. Las posiciones defensivas confederadas fueron asaltadas en varias ocasiones, pero unas defensas bien organizadas repelieron los ataques y provocaron severas pérdidas a la Unión, obligando a Grant a iniciar un duro asedio a la ciudad que terminó el 4 de julio de 1863 con la rendición confederada. Para la Confederación esta pérdida resultó un golpe definitivo, pues permitió al ejército federal controlar en su totalidad el río Mississippi.

Asedio de Vicksburg. En azul las fuerzas de la Unión, dirigidas por el general Grant, en rojo
 las confederadas, bajo el mando de Pemberton. Fuente www.thoughtco.com

Fuerzas de la Unión durante el sitio de Vicksburg. Cromolitografía de finales del XIX. Fuente: www. history.com

Octavo Regimiento de Infantería de Wisconsin, apodado como el Regimiento del Águila por su mascota.
Participó en el sitio de Vicksburg. Pintura de Don Troiani. 


Desde el invierno de 1864, el Sur vivió una auténtica agonía y sus ejércitos acusaron la alarmante falta de medios y suministros de todo tipo, viéndose gravemente afectados por las deserciones. Se produjo entonces la llamada Marcha de Sherman hacia el Mar, una cruenta campaña dirigida por el general Sherman, que le llevó a internarse en el corazón de la Confederación, a través de Tennessee y hasta Georgia, donde conquistó Atlanta, avanzando después hacia la costa atlántica para conquistar Savannah. Sherman derrotó a las tropas confederadas que se le enfrentaron y aplicó una política de tierra quemada, basada en el saqueo, que supuso la destrucción de industrias, infraestructuras, ganado, cultivos, talleres, almacenes y todo aquello que sirviera para sostener la economía sudista, mermando así seriamente su capacidad de mantener el esfuerzo de la guerra. Conseguía también, a nivel estratégico, desviar los esfuerzos militares de la Confederación y evitar que los ejércitos confederados ayudaran al general Lee, que se había hecho fuerte en Virginia en la defensa de Petersburg y Richmond. 

Grabado contemporáneo que muestra La Marcha de Sherman hacia el Mar a través de Georgia en 1864.
Fuente:. www.wsj.com. 
Soldado confederado muerto dentro de Fort Mahone, Petersburg (Virginia). Fotografía de Thomas Roche (1865).
Fuente: Wikipedia.


Fuente: elaboración propia.

Finalmente, tras la batalla de Five Forks, el 1 de abril de 1865, Lee evacuaba Petersburg y la capital, Richmond, que era abandonada por el gobierno confederado de Jefferson Davis y ocupada por el XXV Cuerpo de la Unión, compuesto por afroamericanos. No debemos olvidar que cerca de 200.000 negros combatieron en el ejército de la Unión, eso sí, en unidades segregadas y bajo normas de discriminación, en regimientos designados como "tropas de color": 138 regimientos de infantería de color, 6 de caballería de color y 14 de artillería de color. Poco después, el general Lee comprendía su derrota y firmaba la rendición frente al general Grant en Appomattox, el 9 de abril. Los estados confederados volvieron a la Unión y aceptaron la abolición de la esclavitud. Cinco días después, el presidente Lincoln era asesinado y Andrew Johnson se convertía en presidente. El resto de los ejércitos confederados se irían rindiendo en los meses siguientes y a finales de junio deponía sus armas el último general sudista.
Soldados del 4º Regimiento de infantería de color de los Estados Unidos. Fuente:. www.dailymail.co.uk




Rendición del general confederado Robert E. Lee en Appomattox. Obra de Robert Wilson.

Como hoy parece obvio, las posibilidades de la Confederación de ganar la guerra fueron siempre escasas, el mayor desarrollo tecnológico e industrial de la Unión, así como su mayor población, pesó desde el principio, pero especialmente según la guerra se prolongaba: su potente industria y su economía saneada, le permitió mantener un suministro estable de armamento. Por el contrario, el Sur tuvo que lidiar desde el principio con graves problemas de abastecimiento armamentístico, no en vano, antes de la guerra, la mayoría de las fábricas de armas del país se hallaban en las zonas industriales del Norte. Tal situación le llevó a depender básicamente del contrabando de armas. En consecuencia, los soldados de la Confederación a menudo estaban armados con sus propias armas caseras o las que iban recogiendo en el campo de batalla, y con frecuencia, no tenían ni un uniforme decente que ponerse. 
Por otro lado, el desarrollo industrial del Norte le permitió disponer de una densa y eficaz red de transporte basada en el ferrocarril, que hizo posible, en poco tiempo y con pocos costes, el traslado masivo de tropas y todo tipo de suministros, mientras el uso sistemático del telégrafo permitió agilizar las comunicaciones en el frente y con la retaguardia. En el Sur, por el contrario, la débil infraestructura ferroviaria dificultaba el transporte de las tropas y los suministros. A esta situación habría que añadir  el control de los grandes ríos y el bloqueo marítimo ejercido por la flota de guerra del Norte sobre los principales puertos del Sur (Nueva Orleans, Mobile o Savannah), ejerciendo un control absoluto de las aguas del Golfo de México y el Atlántico, e impidiendo a la Confederación seguir exportando sus productos agrícolas, como el algodón, que eran la base de su economía. En este sentido, hay que resaltar el papel que tuvieron en la guerra los buques blindados de vapor, ironclad, barcos protegidos por una armadura de hierro. Surgidos en Francia en 1859, sería durante la Guerra Civil Americana, donde este tipo de buques se utilizaron de manera generalizada por primera vez.

Las cañoneras blindadas de poco calado, diseñadas por el ingeniero James Buchanan, estaban diseñadas para navegar por ríos como el Mississippi. Fuente: teamboattimes.com


El ferrocarril fue determinante en la victoria del Norte en la Guerra Civil Americana.. Fuente: railroadheritage.org

La guerra provocó más muertos que ninguna otra en la historia de Estados Unidos, unos 620.000 muertos, aunque en la última década algunos autores hablan de cifras superiores a los 700.000. Más de la mitad se produjo por enfermedades o por las infecciones producidas por las heridas de guerra. Entre las razones del elevado número de bajas se hallarían las mejoras en la tecnología armamentística, que se evidenciaron en el desarrollo de nueva munición, en el uso creciente a lo largo del conflicto de armas de retrocarga  (no se cargaban por la parte delantera) y en la implementación de las estrías en las bocas de fuego de rifles, pistolas, revólveres o cañones (a diferencia de los mosquetes de la guerra revolucionaria, los rifles de la guerra civil tuvieron ranuras en el interior del cañón que presionaban y centrifugaban la bala) y la aparición incluso de armas de repetición como el rifle Spencer, que sin embargo, nunca se llegaron a generalizar, debido a las dificultades en el suministro de la munición necesaria. En 1861 se había inventado la ametrallada Gatling, considerada la primera de su género, pero su excesivo peso y el miedo a que se produjeran terribles masacres, evitó que ninguno de los dos contendientes la usaran en el conflicto.
Sin embargo, no debemos olvidar que la mayoría de las pistolas y rifles usados en la guerra seguían siendo armas de carga frontal o avancarga, que requerían colocar las balas en la boca del arma. Usaban pólvora negra, que se cargaba por separado a la bala y que producía una gran cantidad de humo, de hecho, y como se nos muestra en muchas ocasiones en el cine, las batallas estaban envueltas en auténticas humaredas provocadas por los disparos de las armas de fuego. Los mosquetes también estaban equipados con bayonetas para el combate cuerpo a cuerpo. El arma principal de la guerra civil fue el rifle Springfield, un arma larga de un sólo tiro, que sin embargo, experimentó un notable incremento de la precisión y el alcance. Un ejemplo, en este sentido, era el  Springfield Modelo 1861, un mosquete de avancarga que mejoraba los modelos anteriores, con más fiabilidad, alcance y precisión, y que fue cada vez más utilizado, aunque en los primeros años predominaron todavía modelos anteriores como el Modelo 155 o incluso el Modelo 1842 y 1816, ambos con algunas modificaciones.

Springfield 1861, mosquete de avancarga muy utilizado en la Guerra Civil Americana. Fuente: wikipedia.










En el caso de la artillería se observa también una evolución, con la introducción del rayado de ánima en los cañones y otras mejoras tecnológicas, que permitieron la aparición de cañones de retrocarga. Hablamos de cañones de larga distancia que se utilizaban esencialmente en los asedios y sitios. Este era el caso también de los morteros, utilizados con frecuencia durante el conflicto.
Existía también una artillería de campaña, más ligera y de menor alcance, con cañones de avancarga entre los que destacaban el "Parrot" de 10 libras o el "Napoleón" de 12 libras, el más usado en la guerra y construido con bronce fundido, conocido así porque su diseño se realizó por encargo de Napoleón III.

Cañón napoleón de 12 libras de 1857. Fuente: civil-war-uniforms.over-blog.com



Asedio de Yorktown (Virginia) en 1862. Morteros de 13 pulgadas del 1º Regimiento de artillería pesada de connecticut.
Fuente: Wikipedia.

El mortero “Dictador”, de 13 pulgadas,  era único porque estaba montado y se desplazaba en ferrocarril.
Foto: grapetersburg foreignpolicy.com

La mejoras introducidas en las armas permitieron minimizar y optimizar el tiempo entre carga, recarga y acción consecutiva, ampliando así el tiempo de exposición de las líneas atacantes al fuego enemigo. Esta realidad se haría mucho más evidente cuando las posiciones defensivas empezaron a ser sistemáticamente fortificadas, como ocurrió a lo largo de la guerra. De esta forma, la capacidad de fuego de los contendientes resultó ser muy superior a la de otros tiempos, lo que convirtió en inapropiadas las tácticas típicas de las épocas napoleónicas que llevaban a las tropas a avanzar en formación, articulándose en largas líneas que avanzan hacia las fuerzas enemigas. Esta táctica, que provocaba grandes bajas en las primeras filas, especialmente según los soldados se aproximaban a las líneas enemigas, había funcionado bien hasta entonces gracias al limitado potencial y alcance de las armas. Sin embargo, con la mejora del armamento la infantería desplegada a la espera del enemigo conseguía mayor cadencia de fuego frente a las líneas de asalto, los soldados podían disparar a distancias mucho mayores y con más potencia de fuego, lo que producía un elevado número de bajas en la tropa atacante, que aún respetaba órdenes de seguir marchando ordenadamente hacia adelante al estilo tradicional. Como reacción ante esta situación y ante el aumento de las bajas en combate, los comandantes fueron poco a poco introduciendo nuevas estrategias de combate, que daban más peso a la defensa frente al ataque, que modificaban las técnicas de retirada, que desarrollaban el ataque por los flancos o que priorizaban la organización del ejército en unidades más manejables (cuerpos de ejército, divisiones y brigadas). En este sentido, se considera a la Guerra de Secesión un conflicto bisagra, la última guerra antigua (pervivencia de las tácticas bélicas de herencia napoleónica o de los fusiles de avancarga) y la primera guerra moderna (con nuevo armamento, cambios en las tácticas, uso masivo de medios técnicos y logísticos como el ferrocarril o el telégrafo, y recurrencia a la guerra total, con la destrucción del adversario y la movilización masiva de millones de ciudadanos).
Los soldados se alinean para la batalla. Fotografía Alexander Gardner. Fuente: www.dailymail.co.uk

En esta recreación actual se evidencia la táctica arcaica de avanzar en formación de forma ordenada hacia las líneas enemigas. Fuente: enemigasdiscerninghistory.com


Recreación de la "Carga de Pickett" en Gettysburg. Las líneas sudistas avanzaron de forma temeraria hacia las tropas
 de la Unión, que emplearon un intenso fuego de fusilería y artillería para diezmarlas casi por completo. 

Recreación de la batalla de Chancellorsville. El uso de pólvora negra producía enormes humaredas durante las batallas. Fuente: Wikipedia

El aumento de la potencia de disparo de los defensores se tradujo en un creciente número de bajas entre los atacantes. Fuente: www.diakonseniorliving.org


La Guerra Civil americana supuso igualmente un punto de inflexión en otros muchos ámbitos como el de la fotografía. Fue el primer conflicto que fue cubierto de forma masiva por los medios de comunicación, abriéndose al mundo a través de las imágenes fotográficas: fotos de campamentos, de campos de batalla, de prisioneros, etc. mostraron las diversas facetas del conflicto sin reparos, que de esta forma llegó a todos, desmitificado y desprovisto de su aureola heroica, para mostrarse en su brutalidad. El fotoperiodismo nace en esta guerra a través de fotógrafos como Matthew B Brady, Alexander Gardner o Timothy O'Sullivan.

El presidente A. Lincoln junto al Major General John A. McClernand durante la batalla de Antietam (Maryland). Fotografía de Alexander Gardner. Fuente: www.mcmahanphoto.com


La Guerra de Secesión supuso un punto de inflexión en la historia del país. El conflicto resultó ser algo mucho más complejo que una batalla decisiva entre el abolicionismo y el esclavismo, enfrentó a dos modelos socioeconómicos y marcó el cenit de la tensión, surgida desde la independencia, entre las tendencias más descentralizadoras, que defendían el poder de los estados, y las posturas más proclives al fortalecimiento del poder federal. En este sentido, el conflicto resultó clave, al consolidar definitivamente la unidad política de la nación, permitiendo el establecimiento de un gobierno federal con autoridad y sentando las bases para que los Estados Unidos emergiera como una potencia mundial en el siglo XX.
Tras el fin de la esclavitud, el linchamiento se convirtió
en una forma de control social y terror sobre la población
negra del sur de EE.UU. Fuente: joseangelgonzalez.com
A pesar de todo, el legado más inmediato de la Guerra Civil fue la abolición de la esclavitud en los Estados Unidos a través de la Decimotercera Enmienda a la Constitución. Después del conflicto, cerca de 4 millones de esclavos confirmaron su estatus de libertad, aunque no de igualdad. Una vez terminada la guerra, se inició el llamado periodo de "Reconstrucción" (1865-1877), en el que se abordó la reintegración en la Unión de los estados sureños secesionistas, que terminó en 1877, cuando los tres últimos estados (Luisiana, Carolina del Sur y Florida) se reincorporaron a los Estados Unidos de forma definitiva tras el Compromiso de 1877. Las tropas de la Unión salieron de los estados del Sur y la antigua élite blanca sureña, que había perdido sus privilegios con la derrota en la guerra, recuperó el protagonismo político y social, haciéndose con el control de los gobiernos estatales a través del Partido Demócrata. La población de raza negra, recién liberada de la esclavitud, perdió la protección de las autoridades establecidas por el gobierno federal, mientras el fortalecimiento de las posiciones de los blancos racistas del sur (en 1866 surge el Ku-klux-kan como sociedad secreta racista), permitió reinstaurar la "supremacía blanca" mediante el terror y la represión, pero sobre todo con el establecimiento de leyes que restringieron en la práctica severamente los derechos civiles de los negros, sometiéndolos a una fuerte segregación y discriminación racial. Nos referimos a las llamadas Leyes de Jim Crow, que se prolongaron casi un siglo, desde 1877 hasta 1965, cuando la lucha por los derechos civiles, liderada por Martin Luther King, acabó definitivamente con ellas. Se trataba de una legislación de lo más variada, que iba desde la limitación de los derechos electorales (votar o ser candidato), hasta la segregación en las instalaciones públicas bajo el lema "separados pero iguales": segregación educativa (escuelas y universidades para blancos), segregación en baños públicos o en restaurantes y lugares de ocio, segregación en el transporte, etc. Se sistematizaba así un mundo de desventajas sociales, económicas y educativas para la población negra. La segregación de iure se aplicó sobre todo en los estados sureños, pero no fue ajena a los estados del Norte, donde se estableció una segregación de facto sobre una población negra asentada en los guetos de las grandes zonas urbanas. La segregación escolar fue declarada inconstitucional por la Corte Suprema de Estados Unidos en 1954, mientras el resto de las leyes de Jim Crow fueron anuladas por la Ley de Derechos Civiles de 1964 y la Ley de derecho de voto de 1965.

Las siguientes imágenes nos remiten a las décadas que siguieron a la Guerra Civil, nos muestran la realidad del Sur en las últimas décadas del siglo XIX y principios del siglo XX. Si algo podemos deducir de ellas, es que la vida de la población negra en las tierras sureñas apenas se había transformado desde la abolición de la esclavitud: duras condiciones de trabajo en las plantaciones, supremacía racial de los blancos,  miseria y segregación.
Escena de una plantación en 1895. El capataz blanco a caballo y los jornaleros negros recogiendo algodón. El tiempo no parecía haber pasado y la imagen podría ser de la primera mitad de siglo, con la esclavitud aún vigente. F: www.gwu.edu
















Tarjeta postal que muestra una plantación de algodón en West Point (Mississippi) en 1908. Fotografía de H. Tees en la que aparece escrito: "El plantador de algodón y sus recolectores". La imagen no puede ser más explícita: habían pasado más de cuarenta años desde la abolición de la esclavitud, pero la supremacía blanca queda bien reflejada en la figura del propietario, armado y con postura dominante, rodeado de los jornaleros negros que trabajaban sus tierras. Fuente: newsela.com.






Niños negros trabajando en una plantación de Mississippi en las décadas siguientes a la guerra. Fuente; werehistory.org. Avery Research Center in the college of Charleston.




Este vídeo nos muestra de manera sencilla y didáctica las bases y desarrollo de la Guerra de Secesión