BLOG DE JOSÉ ANTONIO DONCEL DOMÍNGUEZ (I.E.S. LUIS CHAMIZO, DON BENITO, BADAJOZ)

lunes, 7 de octubre de 2019

kursk: la mayor batalla de tanques de la II Guerra Mundial

Un Panzer III avanza por la estepa cercana a kursk dejando a un lado a un T-34 ruso fuera de combate. F.: Pinterest

En el verano de 1943, en un llamativo saliente del frente del este, próximo a la ciudad de kursk, se desarrollaría la mayor batalla de tanques de la historia. Kursk se encontraba en el occidente de Rusia, al norte de la frontera con la Ucrania ocupada y a más de 600 kilómetros de la capital, Moscú. La ambiciosa operación sería conocida con el nombre en clave de Zitadelle (Ciudadela) y la batalla resultante se tornaría determinante en el devenir de una guerra tan colosal como despiadada: la que enfrentaba desde 1941 a la Wehrmacht alemana y al Ejército Rojo soviético en el llamado frente oriental. En 1943, los soviéticos poco tenían que ver con el ejército que dos años atrás, en junio de 1941, se había visto desbordado por el avance vertiginoso de las tropas alemanas tras la puesta en marcha de la operación Barbarroja, la invasión de la Unión Soviética. El Ejército Rojo de entonces, que poco antes había sufrido la brutal purga de buena parte de su oficialidad y la mayoría de sus generales, carecía de capacidad estratégica y militar y estaba marcado por la desorganización y la indisciplina. Sin embargo, aunque los avances alemanes fueron enormes en los primeros meses de la campaña de Rusia y las derrotas soviéticas continuas y demoledoras, el estado soviético se mantuvo en pie dirigido con mano dura por el dictador J. Stalin. La Werhmacht no pudo tomar ninguna de las grandes ciudades de la URSS: caída Minsk o kiev, ni Leningrado, sometida a un brutal cerco, ni Moscú, ni después Stalingrado, cayeron en manos germanas. Tras un verano de rápidos avances, en el que no se habían cumplido los objetivos establecidos, llegaba el otoño y después el terrible invierno, para el que los alemanes, confiados en una rápida victoria, no habían previsto preparativo alguno. Como consecuencia, la guerra se prolongó a lo largo de 1942, y aunque los alemanes habían fracasado en la consecución de sus grandes objetivos estratégicos, mantuvieron en ese año siempre la iniciativa militar como ejército dominante en los campos de batalla.

Retroceso alemán durante la Segunda Guerra Mundial. Fuente: guerrayhistoria.files.wordpress.com

El momento trascendental de la contienda había de llegar con el año 1943, primero en el invierno, con la cruenta batalla de Stalingrado; después en verano, con la batalla de Kurks. Si la destrucción total del VI Ejército alemán en Stalingrado había demostrado a los ojos de todo el mundo que los alemanes no eran invencibles y la derrota había supuesto un duro golpe a la moral de combate victoriosa de los alemanes, la batalla de Kursk, desarrollada unos meses después, sentenció definitivamente las posibilidades de victoria alemana en aquella guerra. Kursk fue la última vez que los alemanes pudieron tomar la iniciativa en el frente ruso. A partir de entonces la guerra expansiva de la Werhmarcht se tornó en una durísima guerra defensiva y los soviéticos iniciaron el lento y tortuoso camino hacia Berlín. En este sentido, la batalla de kursk se convirtió en un marcado punto de inflexión en aquella encarnizada guerra sin cuartel en la que se había convertido el frente ruso.
En el verano de 1943. los soviéticos habían crecido como ejército: disponían de ingentes recursos humanos y gran cantidad de material bélico, que resultaban inagotables a los ojos de sus enemigos alemanes; habían mejorado también su capacidad estratégica, su organización, logística y disciplina, y lo que no era menos importante, su fe en la victoria final y la confianza en sus posibilidades. En Kursk, los ejércitos alemanes habían elegido el terreno y el momento para el combate, los más propicios para sus tácticas, y sin embargo, habían sido primero detenidos y más tarde rechazados por el tamaño y la capacidad de las fuerzas del Ejército Rojo.

Los Panzer alemanes del II SS Cuerpo Panzer avanzan por la estepa rusa en formación de combate, dejando sus huellas marcadas sobre los pastizales y cultivos. Fuente: Ullstein bild/Getty Images

Dos ejércitos frente a frente

La batalla de Kurks implicó a cerca de dos millones de soldados, en torno a unos 800.000 alemanes y una cifra cercana al 1,5 millón de soldados soviéticos. Pero es, sobre todo, conocida por la ingente acumulación de fuerzas acorazadas y mecanizadas, especialmente por la participación masiva de carros de combate. Las cifras bailan, pero podemos afirmar que participaron en la contienda unos 2.000 tanques por el lado alemán, que alcanzaría los 2.500 si incluimos otros vehículos blindados, y una cifra ligeramente superior a los 3.000 tanques soviéticos, que algunas fuentes rusas elevan hasta los 5.000, aunque un tercio de ellos serían tanques ligeros. En total, en la batalla de kursk se emplearon un mínimo de 5.600 blindados y un máximo de 7.500. Se trata de unas fuerzas formidables que solo se podían alcanzar en el frente del este y que superan las cifras de cualquier batalla u operación registrada en los otros frentes de la Europa en guerra.
El ejército alemán o Werhmacht había convertido al carro de combate en la base de su capacidad militar terrestre, en el arma clave de su Blitzkrieg o guerra relámpago, aquella que le llevó a la toma de casi toda Europa occidental, que le condujo a las puertas de Egipto y que le permitió conquistar una parte importante de la Unión Soviética europea. Esto suponía un cambio radical respecto a la Primera Guerra Mundial, donde el tanque apenas había sido utilizado, era en general lento y pesado, y estaba en todo momento subordinado a la infantería, desconociéndose buena parte de sus posibilidades estratégicas. Sin embargo, durante la II Guerra Mundial, los carros de combate se convirtieron, especialmente en el ejército alemán, en grandes peones estratégicos, la base de una nueva táctica que permitía a un ejército golpear con contundencia y rapidez en una zona concreta y desbordar el frente de combate. Unos carros de combate cuyo papel protagonista los llevaba a conformar unidades blindadas y mecanizadas específicas de las que eran el eje principal, las llamadas Panzerdivision o divisiones Panzer alemanas. En dichas divisiones el protagonismo indiscutible era para los carros de combate, incorporando además otras unidades que le servían de apoyo, como el caso de la infantería motorizada (camiones, vehículos semiorugas y otros vehículos), la artillería autopropulsada, así como unidades de reconocimiento, anticarro, antiaéreas o de zapadores. Se trataba pues de formaciones combinadas, como lo eran también las divisiones Panzergrenadier, unidades en teoría inferiores, que tenían un batallón menos de tanques aunque contaban con más infantería, incorporando también artillería y otras unidades de apoyo. Estas divisiones podían a su vez conformar grandes formaciones acorazadas llamadas Panzerarmee.


Panzer III y IV. Fuente: weaponsandwarfare.files.wordpress.com


Columna de Panzer III alemanes atravesando una aldea rusa en su avance por el saliente de kursk. F: dziennikpolski24.pl


La mayoría de los carros de combate alemanes que participaron en la batalla de kursk eran Panzer III y Panzer IV. El Panzer III o Pzkpfw III era un tanque mediano que llegó a artillar cañones de 50 mm, mientras el Panzer IV o Pzkpfw IV era un tanque más pesado y con mayor tamaño que el anterior, que estaba armado con un cañón de mayor calibre, 75 mm. Sin embargo, la gran baza de la Wehrmacht en aquel momento eran los nuevos carros de combate Panther (Panzer V) y Tiger I (Panzer VI), con los que confiaban en anular la inicial ventaja numérica del ejército soviético. De hecho, la operación Zitadelle fue pospuesta en el tiempo hasta que estuvieron disponibles un numero apreciable de estos carros. En total los alemanes consiguieron reunir casi 260 Panther y más de 200 Tiger. El Tiger I era un carro pesado imponente, que montaba un cañón de 88 mm y fue construido para hacer frente al magnífico T-34 soviético. Tenía un blindaje muy superior al Panzer IV (100 mm frente a los 80 mm) en la parte frontal, donde recibía la mayoría de los impacto de la artillería antitanque, aunque por los laterales era más vulnerable, por su menor blindaje. Su complejidad técnica y el elevado coste de sus componentes y materiales ralentizó su producción y no se llegaron a construir más de 1.350 unidades. El Panther era también un gran carro de combate, montaba un cañón de 75 mm y disponía de un buen blindaje frontal, aunque también vulnerable por los flancos. Era más ligero y por tanto más veloz, lo que le permitía una mayor maniobrabilidad que la del pesado Tiger.

Tiger I avanzando en kursk. Fuente: vince58.cgsociety.org

El Tiger I desde varias perspectivas. Composición realizada a partir de material de la Fuente: espunto3dexport




















Columna de tanques Tiger I de la  Panzergranadier SS Das Reich avanzando hacia Projorova, al sur del saliente de Kursk.
Carro de combate pesado alemán Panzer V o Panther. Fuente: legendsofwar.fandom.com
























   
Panther de la división de Panzergranadier Grossdeutschland. Fuente: www.worldwarphotos.info


Aún más imponente que estos carros sería el Tiger II, que sin embargo no entró en servicio hasta el verano de 1944, por lo que no participó en la batalla de Kursk. El ejército alemán si pudo contar con unos 90 Panzerjäger Elefant (Ferdinand), enormes cazacarros pesados que montaban un cañón de 88 mm. Su punto débil era la falta de ametralladora defensiva, que incorporaría solo más tarde, además de su lentitud y pesadez. Los cazacarros eran vehículos blindados destructores de tanques que contaban con un cañón anticarro y se disponían como apoyo defensivo para las unidades mecanizadas y blindadas.

El Panzerjäger Ferdinand, después denominado Elefant, era un cazacarros pesado alemán. F.: Pinterest


En general, blindados como los Tigers, Panther o los Elefants (Ferdinand) mejoraron la capacidad militar de los alemanes, pero generaron también grandes problemas de mantenimiento y a nivel mecánico, además de que parte de las tropas no habían recibido la formación necesaria para sacar provecho de sus evidentes posibilidades. Por estas razones algunos generales alemanes dudaban del momento y lugar elegidos para la ofensiva.
El hecho de que se pospusiesen las operaciones alemanas durante meses, así como el conocimiento que los soviéticos tenían de las intenciones alemanas, gracias al espionaje, permitió a éstos fortificar al extremo el saliente de Kurks y concentrar en la zona una formidable fuerza de combate blindada. Los soviéticos construyeron en la zona unas imponentes defensas estructuradas a partir de sucesivas líneas defensivas, con trincheras, casamatas, alambradas, campos de minas, etc.
El ejército soviético había alcanzado un indudable nivel organizativo y había multiplicado su capacidad militar, contando con una enorme superioridad material y humana. El ejército alemán lo sabía, por eso confiaba en el efecto sorpresa y el impacto causado por un ataque inesperado, lo que finalmente no se produjo. Los soviéticos esperaban la ofensiva y está se vio pronto atascada en una cruenta batalla de desgaste que eliminó toda posibilidad de victoria alemana y favoreció al ejército más grande y con mayores reservas, el Ejército Rojo.
Ni siquiera a nivel técnico los soviéticos eran inferiores a esas alturas. Como prueba de ello, el T-34 , para muchos el más completo de los carros de combate utilizados durante la Segunda Guerra Mundial, con un excepcional equilibrio entre potencia de fuego, maniobrabilidad y blindaje. El T-34 reemplazó al T-26 y el BT a partir de 1940, mejorando ampliamente las capacidades y el blindaje de éstos. Era un tanque medio que tenía un cañón de 76,2 mm y un buen blindaje de 45 mm de acero. Era ágil y veloz, y las anchas orugas lo convertían en un todo terreno de gran estabilidad, pudiendo alcanzar la velocidad de 50 km por hora y gozar de una gran autonomía. Era un tanque barato de producir, sencillo y con un mantenimiento fácil. Inicialmente se vio lastrado por las carencias militares y tácticas de los soviéticos, así como por sus deficiencias en el sistema de comunicaciones y en el compartimento de la tripulación. Sin embargo, tenía un buen blindaje inclinado y podía llevar tropas encima debido al gran espacio trasero tras la torreta dotado con guardamanos (esto último lo hacía menos vulnerable al ataque de la infantería). Su cañón no era muy efectivo frente al Tiger, este podía lanzar contundentes disparos de precisión a largo alcance y no sufrir ante los impactos enemigos, por lo que los T-34 hacían uso de su maniobrabilidad y atacaban en grandes grupos por los laterales. Aún así, en Kurks los soviéticos pudieron comprobar la clara inferioridad del T-34 frente a los nuevos carros pesados alemanes, lo que los llevó a crear un nuevo tanque más pesado que no entró en funcionamiento hasta 1944, el nuevo T-34/85, una versión mejorada, con cañones de más calibre y mejor blindaje. Tenía un cañón de 85 mm, que le permitía enfrentarse en plan de igualdad a los Tiger y Panther.

El T-34 ruso fue probablemente el mejor carro de combate de la Segunda Guerra Mundial. Fuente: Pinterest

Interior de un T-34 soviético con sus tripulantes.






















Soldados alemanes ante un T-34 soviético fuera de combate. Fuente: www.worldwarphotos.info



En kursk si estuvieron más de 200 carros pesados KV-1, con más calibre y blindaje que el T-34, aunque más lentos y poco maniobrables, y un número elevado de carros ligeros del tipo T-60 o T-70. Junto a los carros de combate, los soviéticos desplegaron más de 250 cañones autopropulsados, que no deben confundirse con carros de combate, sino que son piezas de artillería montadas sobre chasis que se mueven con orugas, lo que permite al cañón maniobrar por sus propios medios y no ser remolcado por otro vehículo. Hablamos del SU-76, el SU-122 y sobre todo el el SU-152, el más potente de los empleados en la batalla de Kurks, que como su nombre indica montaba un cañón de 152 mm. Tanto éste último, como el SU-122 eran capaces de acabar con los Tiger alemanes cuando se aproximaban.

Carro de combate pesado soviético KV-1. Fuente: Wikipedia.


Cañones autopropulsados soviéticos SU 122 y SU 85. Fuente: weaponsandwarfare.files.wordpress.com 

Cañón autopropulsado soviético pesado SU-152. Fuente: tank-encyclopedia.com
Cañón autopropulsado U-152 expuesto en el museo de kubinka de Moscú. Fuente: tankmuseum.ru

La batalla

Con la llegada de la primavera y el deshielo de las nieves invernales, la célebre rasputitsa, las operaciones militares en el frente del este entraban en un periodo de descanso. Sin embargo, cada uno de los dos contendientes se dedicó a planificar sus siguientes movimientos y tratar de prever los movimientos del enemigo. El OKW (Oberkommmando der Wehrmacht o estado mayor de las fuerzas armadas, a cargo de las operaciones excepto en el frente de Rusia) defendía que las fuerzas alemanas debían pasar a una posición de defensa estratégica, permitiendo así liberar tropas para las zonas ocupadas en Occidente, donde se esperaba una intervención aliada. El OKH (Oberkommando des Heeres o estado mayor del ejército) a cargo de la guerra en la URSS, bajo la supervisión general de Hitler, estaba más o menos de acuerdo, pero con matices. El OKH creía necesario lanzar una ofensiva en verano para desbaratar las intenciones ofensivas soviéticas. Hitler estaba de acuerdo, porque veía la necesidad de una victoria contundente contra los soviéticos, con el fin de reavivar la fe en la victoria de su ejército y de sus aliados, cada vez más escépticos al respecto.
Walter Model, a la izquierda, junto al SS brigadeführer
 Heinz Harmel. F.: warhistoryonline.com 
Decidida la opción de una gran ofensiva, el OKH optó por elegir el gran saliente cercano a la ciudad rusa de Kursk, sobre el que se lanzarían los ejércitos alemanes siguiendo la clásica estrategia de las pinzas. El plan era sencillo: desde el norte avanzaría sobre Kursk el IX Ejército del mariscal de campo Walther Model (integrado en el grupo de ejércitos Centro del mariscal de campo Günther von Kluge), desde el sur lo haría a su vez el IV Panzerarmee, del teniente general Hermann Hoth, y el destacamento armado Kempf, del general Wilhem Kempf, (parte del grupo de ejércitos Sur del mariscal de campo Erich von Manstein). Cuando convergieran ambas pinzas, quedarían atrapados los frentes Central y Voronezh del Ejército Rojo, que serían después destruidos. Concluida la operación con éxito, parte de las fuerzas alemanas empleadas en él podrían  ser liberadas para nuevos objetivos en el oeste.
El problema principal es que el lugar resultaba obvio para cualquier ofensiva o contrataque (ver mapa) y que los servicios de inteligencia soviéticos, al contrario que los alemanes, tenían acceso a muchos de los planes del enemigo, lo que evitó el factor sorpresa, determinante para el éxito de la operación alemana, que contaba con una clara inferioridad humana y material.
En principio, el OKH quería que la ofensiva se iniciara en abril, cuando el lodazal en el que se convertía Rusia con el fin del invierno se había secado, lo que permitía la movilidad de los vehículos acorazados. Sin embargo, el plan fue pospuesto, en principio por falta de tropas y material bélico, después por las dudas que mostraron algunos de los generales y que también tenía el propio Hitler. Era evidente que el ejército alemán necesitaba tiempo para recomponer sobre todo sus unidades acorazadas, que necesitaba refuerzos importantes y que debían incorporar un volumen importante de nuevos carros de combate Tiger y Panther para aumentar su capacidad ofensiva. Sin embargo, las nuevas unidades y pertrechos llegaban con lentitud por la debilidad de la industria alemana, que no podía fabricar más rápido. En este sentido, el tiempo jugaba en contra de los alemanes, pues cada día que se perdía en la operación, corría a favor de los soviéticos, que podían reforzar y fortificar sus posiciones. Muchos altos oficiales alemanes eran conscientes de la necesidad de tiempo para preparar adecuadamente la ofensiva, pero a la vez, de la falta de éste para que el golpe fuera realmente eficaz. Por ello, rechazaban la operación más o menos abiertamente.
Heinz Guderian. Fuente: Pinterest
El caso del teniente general Heinz Guderian era el más paradigmático al respecto. Guderian se había convertido desde el inicio de la guerra, en Polonia y luego en Francia, en uno de los grandes estrategas de la bligtkrieg. Se trataba de un magnífico comandante de unidades acorazadas que, sin embargo, por su carácter díscolo se había enfrentado con frecuencia a sus superiores. Tras el fracaso en la batalla de Moscú, había sido cesado, pero las creciente necesidad de mandos con sus cualidades, debido al mal discurrir de la guerra, obligaron a la Werhmacht a reincorporarlo como inspector general de las fuerzas acorazadas. Para Guderian las fuerzas acorazadas no estaban preparadas, los recursos se iban a desgastar en unas posiciones no muy relevantes, recursos que además iban a ser necesarios para la previsible defensa de Europa occidental, y los nuevos blindados Panther, Tiger y Elefpaht serían desaprovechados por la falta de preparación y entrenamiento apropiado de las tropas. Conforme pasaba el tiempo, las dudas de Guderian y otros generales se iban haciendo mayores, el factor sorpresa se iba debilitando y los preparativos defensivos soviéticos se hacían cada vez más ostensibles.

Hermann Hoth y Heinz Guderian charlan animádamente un día antes de la ofensiva de kursk. F.: weaponsandwarfare.com

Al margen de las dudas y tardanzas alemanas, resultó determinante la capacidad de la inteligencia soviética para estar bien informada de lo que planeaban los alemanes. Los detalles de la ofensiva alemana eran conocidos previamente por los soviéticos gracias su red de espías Lucy en Suiza y de su espía en Gran Bretaña, John Cairncross. Stalin estaba, pues, informado y su estado mayor también. Zhukov, Comandante Supremo Adjunto, percibió las posibilidades de la situación. Los soviéticos tenían previsto fuertes ofensivas en la zona y Zhukov creía que había que cancelarlas y pasar a una estrategia defensiva de desgaste, esperar al enemigo bien fortificado para destruir sus fuerzas ofensivas en dicha defensa. El enemigo se agotaría contra las potentes defensas soviéticas, perdiendo así buena parte de sus fuerzas acorazadas, después las mayores reservas del Ejército Rojo le permitirían pasar a la ofensiva. De esta forma, kursk se convertiría en una trampa donde el poder blindado alemán sería destruido, un poder que sería difícilmente reconstruible debido a las manifiestas limitaciones de la industria alemana. Siguiendo esta estrategia, en abril los soviéticos iniciaron la construcción de potentes posiciones defensivas y fortificaciones. Estas no dejaron de consolidarse hasta principios de julio, por lo que los alemanes jugaban con el tiempo en contra, lo que terminaría por convertir la ofensiva en una ratonera. El Ejército Rojo tuvo todo el tiempo del mundo para preparar a conciencia la defensa de sus posiciones, una defensa en profundidad a base de sucesivos cinturones defensivos, con campos de minas, fortificaciones, grandes zanjas antitanques, concentración artillera, etc., todo ello dispuesto en decenas de kilómetros de profundidad para evitar el avance de los tanques alemanes y desgastar sus fuerzas. Semejante despliegue se mostró muy eficaz y de hecho los alemanes no profundizaron más de 12 km. en el frente norte y 35 km. en el sur.
Los soviéticos contaban con una enorme ventaja de material y soldados (en una relación de 2'5 a 1) y la única posibilidad del ejército alemán era su capacidad de sorprender y el impacto de su fuerza acorazada sobre las fuerzas soviéticas, estratégica típica de la Werhmacht desde sus campañas victoriosas en Occidente. Sin embargo, por las razones ya esgrimidas, la situación prevista por los alemanes no se dio, desembocando en una guerra de desgaste que evidentemente favorecía al ejército más dotado y con mayores reservas.

Fuente: elaboración propia.

Fuente: elaboración propia.
Carros de Combate en la estepa de Kursk al inicio de la ofensiva. Fuente: Wikipedia (Bundesarchiv)



Por lo demás, el saliente de Kursk era un lugar inmejorable para la guerra acorazada, los vehículos se podían mover con facilidad en una tierra poco poblada, sin grandes bosques ni relieve escarpado. Por el contrario, abundaban los campos de cereal y girasol en un paisaje agrario, ondulado y compuesto de suaves colinas. En la zona, los alemanes reunieron una formidable fuerza, que contaba con lo mejor de los ejércitos situados al sur y al norte del saliente. El IX Ejército del mariscal Model contaba con seis divisiones Panzer y una Panzergrenadier, además de 15 divisiones de infantería, de las que no todas se utilizarían en la ofensiva. En conjunto disponía de 920 carros de combate y cañones de asalto, la mayoría Panzer III y Panzer IV, muchos obsoletos y no todos operativos cuando comenzó la batalla. En el aire estaba apoyado por unos 730 aviones de la Sexta Flota Aérea, aunque limitada por la falta de combustible, que dificultó seriamente las operaciones de apoyo aéreo cercano. A esta fuerza militar habría que añadir el apoyo artillero de 6.000 cañones y morteros.
En el sur, von Manstein contaba con fuerzas militares mejor preparadas y equipadas: dos Panzergrenadier, nueve divisiones Panzer y once de infantería, aunque sólo siete de ellas entraron en combate. Contaba además con 1.000 tanques y 150 cañones de asalto, entre los que se contaban 200 nuevos Panther y 94 Tiger I. El apoyo aéreo lo proporcionaba la Cuarta Flota Aérea, con 1.100 aviones y la cobertura artillera contaba con 4.000 cañones y morteros. Entre estas fuerzas se encontraban algunas de las mejores unidades del ejército alemán. El IV Panzerarmee de Hermann Hoth tenía bajo su control al II Cuerpo Panzer de las SS, con tres divisiones de Panzergrenadier de las SS (Leibstandarte, Das Reich y Totenkopf) y al XXXXVIII Cuerpo Panzer, con la célebre División de Panzergrenadier Grossdeutschland. Las tres divisiones de las SS acumulaban 364 carros de combate, entre los que se encontraban 42 carros Tiger I y 130 cañones de asalto, y la Grossdeutschland disponía de 329 carros de combate y 35 cañones de asalto, entre los que se encontraban casi todos los carros Panther, unos 200.

Tiger I de la división SS Das Reich. Fuente: albumwar2.com



Soldados de la SS Leibstandarte durante la ofensiva de kursk. Fuente: stabsaswache-de-euros.blogspot.com


Blindados de la división SS Totenkopf avanzando hacia Kursk. Fuente: dziennikpolski24.pl



Soldados de la división Panzergranadier Grossdeutschland sobre un carro de combate. Fuente: histomil.com 



Las fuerzas alemanas acumuladas en la zona eran enormes, pero tenían importantes limitaciones. Muchas unidades habían sido reorganizadas después de la derrota germana en Stalingrado y en el frente Sur, era el caso de la 3 y 11º divisiones del XXXXVIII Cuerpo Panzer, y no tenían todavía su máximo potencial de combate, además faltaban reemplazos y las reservas de material y hombres eran insuficientes. Por otro lado, los nuevos vehículos acorazados (tanques Tiger o Panther), en los que se habían depositado grandes esperanzas, eran escasos y generaban grandes problemas de mantenimiento y mecánica, lo que reducía sus posibilidades, a lo que habían que añadir la insuficiente formación y experiencia de las tripulaciones en su uso.
En frente, los alemanes tenían a enormes fuerzas soviéticas, que se dispusieron siguiendo el plan general configurado por el mariscal G. Zhukov, que coordinaba las labores de la Stavka o estado mayor del Ejército Rojo. Su plan no pretendía solo contener la ofensiva alemana en la zona, sino que una vez encallados los alemanes en las defensas soviéticas, se lanzarían ofensivas contra las líneas alemanas al norte y sur de Kursk, en Orel y Jarkov. Como hemos comentado, Zhukov gozó de un contexto bastante favorable, al tener cuatro meses para preparar una serie de fabulosas defensas y fortificaciones. La primera línea, de unos cinco kilómetros de anchura, la constituían cinco filas de trincheras reforzadas con gran cantidad de puestos antitanques. En esta zona, se distribuyó una enorme cantidad de minas antitanques y antipersonas, (en torno a 2.500 minas de cada tipo por milla cuadrada). Once kilómetros detrás se situaba una segunda línea de las mismas características. Treinta y dos kilómetros más allá de la segunda había una tercera línea muy poderosa. Tras ella, estaban las reservas del frente atrincheradas en potentes defensas. Al final del todo, se disponían las últimas reservas, el frente de la Estepa o de Reserva al mando del general Konev, que protegía el cuello del saliente. Su función era evidente, podía ser la base para formar una última línea defensiva en caso de  que los alemanes hubieran avanzando hasta tal profundidad, evitando la fractura del saliente en dos como pretendían los alemanes, a la vez que servía para reforzar en cualquier momento a cualquiera de los dos frentes, tanto el del norte, como el del sur.

Posiciones soviéticas defendidas con morteros de 82 mm. Fuente: lasegundaguerra.com


Principales generales soviéticos involucrados en la batalla de Kursk.


En el saliente se encontraban las fuerzas del frente Central dirigido por el general Rokossovsky, dispuesto ante las tropas de Model, y el frente Voronezh del general Vatutin, ante las fuerzas de von Manstein. Teniendo en cuenta que un ejército ruso equivale a un cuerpo de ejército alemán y un cuerpo ruso a una división reforzada alemana, el frente Central tenía un ejército de tanques y cinco de infantería y dos cuerpos de tanques; el frente Voronezh contaba con cinco ejércitos de infantería y uno de tanques, junto a un cuerpo de infantería y dos de tanques, mientras el frente de la Estepa de Konev estaba formado por cuatro ejércitos de infantería y uno de tanques, con el apoyo de un ejército más de tanques, otro mecanizado y tres cuerpos de caballería. En total, un enorme ejército que tenía 13.000 cañones, 6.000 cañones antitanques y 1.000 obuses para los dos frentes avanzados, unos 2.500 aviones del II y XVI Ejércitos del aire y al menos 3.000 vehículos blindados, aunque como ya hemos comentado, pudieron ser un número muy superior, en torno a 5.000.

Carros de combate soviéticos del frente de Voronezh. Fuente: sputniknews.com 

Los soviéticos tenían mucha información de los planes alemanes, pero ese no era el caso de éstos, que desconocían la profundidad de las defensas soviéticas, entre otras razones porque el control del aire que desde 1941 había ejercido la aviación alemana, se había visto reducido y sus aviones de reconocimiento no habían conseguido la suficiente información sobre los preparativos soviéticos en el saliente. En los cielos de Kursk los excelentes Ilyushin-2 Shturmovik se mostraron muy capaces, dotados como estaban de un blindaje que no tenía ningún otro avión de su época. Se trataba de un avión especializado en ataque a objetivos de tierra, dentro de la idea dominante en el Ejército Rojo, que priorizaba el uso de la aviación como herramienta de apoyo a las fuerzas de tierra.

Aviones de combate soviéticos Il-2 en pleno ataque. Fuente: lasegundaguerra.com 


El 5 de julio se inició la ofensiva. Tras dos horas de intenso bombardeo de las posiciones soviéticas, el IX Ejército pasó al ataque, pero las defensas soviéticas permanecieron sólidas y pronto las unidades del mariscal Model encontraron una importante resistencia. Seis días después, el 11 de julio, Model habían enviado a luchar a todas las tropas de que disponía, sin conseguir avanzar más allá de los 20 kilómetros de profundidad, en torno a los pueblos de Ponyri y Oljovatia. Allí el II Ejército blindado soviético opuso una dura resistencia y se produjeron fuertes enfrentamientos. Los alemanes hacían valer la enorme capacidad de sus tanques nuevos, muy eficaces a larga distancia, mientras los soviéticos recurrían a la mayor movilidad y rapidez de sus carros de combate para buscar la corta distancia, donde su inferior armamento tenía más posibilidades En una zona relativamente pequeña lucharon dos mil tanques y cañones autropropulsados y las bajas en ambos ejércitos fueron terribles. El IX Ejército, exhausto, se frenó finalmente y se detuvo ante la pequeña cordillera tras la cual se bajaba directamente hasta Kursk. Las fuerzas de Rokossovsky habían roto así la parte norte de la pinza alemana y Model había perdido 25.000 soldados, más de 200 tanques y una cifra similar de aviones de la 6º Flota.

Panzerjäger Ferdinand o Elefant. Fuente: worldwarphotos.info

Un carro de combate ligero soviético pasa junto a un Tiger alemán destruido. Fuente: learning-history.com 



Infantería soviética en la zona industrial de Ponyri, el llamado "Stalingrado de kursk". F.: lasegundaguerra.com






En el sur, los resultados fueron mejores. Von Manstein optó por una estrategia diferente a la de Model, éste había utilizado a la infantería, zapadores y artilleros para abrir el camino a los tanques en lo que era una estrategia más convencional, sin embargo, von Manstein, no disponía de la suficiente infantería, por lo que optó por que sus blindados hicieran de punta de lanza y abrieran el camino para el resto del ejército. Recurrió para ello a la táctica de la cuña blindada o Panzerkeil, que inicialmente tenía a la cabeza a los Panther o los Tiger, desplegando más atrás y en los laterales a los más débiles y anticuados Panzer III y Panzer IV. Pronto von Manstein, un hombre muy solvente y gran estratega, percibió la debilidad de dicha táctica, que desaprovechaba el alcance y potencia de los Panther y Tiger: al acercarse los tanques rusos a dicha cabeza se desaprovechaba el potencial de fuego de los carros pesados alemanes, especialmente eficaces a larga distancia. Como consecuencia, se cambió la estructura de la cuña blindada y los tanques más antiguos, con menos calibre, fueron desplazados a la parte delantera para enfrentarse de cerca a los blindados y cañones autopropulsados soviéticos, mientras los Panther y Tiger, alejados del choque frontal, podían utilizar sus grandes cañones para alcanzar blanco a gran distancia y destruir los blindados enemigos con facilidad.

Soldados soviéticos disparando con una ametralladora maxim M1910. Fuente: Wikipedia

 Un grupo de Panzer IV de la 12 División Panzer cruza un improvisado puente construido por los ingenieros durante la Batalla de Kursk. Fuente: mejoresfotos2gm.blogspot.com

El IV Panzerarmee, que debía atacar Kursk en la zona de Oboyan, avanzó inicialmente con fuerza frente al VI Ejército de guardias ruso, pero más tarde chocó con el I Ejército blindado y redujo su avance. Mientras, el destacamento Kempf lanzaba su ataque por el noreste desde el sur de Belgorod para proteger el flanco derecho del IV Panzerarmee de los refuerzos soviéticos que estaban acercándose desde el este. Para el 6 de julio, tanto el IV Ejército blindado como el destacamento Kempf habían penetrado con fuerza en las líneas soviéticas, sin embargo, la llegada de importantes reservas del Ejército Rojo, entre ellas el V Ejército blindado soviético, una unidad de élite, complicó la situación para ellas. Lentamente las fuerzas alemanas fueron venciendo la resistencia y para el 11 de julio el ala izquierda de Hoth, con el XLVIII cuerpo Panzer como su fuerza de vanguardia, había penetrado casi 25 km, haciendo retroceder a los XI y VI Ejércitos de guardias y el I Ejército blindado. En el ala derecha de Hoth, el II Cuerpo SS Panzer, dirigido por el general Paul Hausser, avanzaba todavía más rápido y llegaba a Projorova, a 50 km dentro de las líneas soviéticas. El destacamento Kempf avanzaba también con fuerza y alcanzaba Rzhavets, en el alto Donetz. El 12 de julio, la cabecera del V Ejército blindado de guardias llegó a Projorova y se topaba con los blindados del cuerpo SS Panzer, dando comienzo a una batalla cruenta y durísima, marcada por una enorme concentración de blindados. El desgaste sufrido por los alemanes permitió a los soviéticos detener su avance y la situación del II Cuerpo SS Panzer se tornó delicada. La llegada desde el Donetz del III Cuerpo Panzer, convertido en punta de lanza del destacamento Kempf, resultó provervial, al lanzarse sobre el flanco del V Ejército blindado de guardias soviético. Se desarrollaron entonces intensísimos combates a la desesperada y para el 13 de julio la situación, muy confusa, parecía decantarse a favor de la Werhmacht.

Soldados soviéticos tras un tanque soviético KV-1. Fuente: russkiymir.ru





Ataque soviético en la zona de Projorova, tras los tanques T-34 avanza la infantería. Fuente: prokhorovka.gehm.es 




Sin embargo, Hitler decidió ese mismo día cancelar la operación Zitadelle, la situación del ejército alemán en occidente había cambiado drásticamente con el desembarco aliado en Sicilia unos días antes, mientras los soviéticos acababan de lanzar una brutal ofensiva al norte del saliente de kursk contra las tropas de von Kluge, que para el día 18 había hecho retroceder a los alemanes en la zona de Orel, perdiendo todos los territorios conquistados por Model desde el inicio de la ofensiva. Von Kluge aprobó la decisión del Führer, no en vano su situación al norte se había vuelto muy complicada, pero von Manstein, que precisamente se habían opuesto tenazmente a la operación en sus inicios, defendió proseguir con ella, convencido como estaba de que podía destruir una parte importante del poderío blindado ruso cerca de Projorova. Von Manstein pidió a Hitler que reconsiderara su decisión y el Führer aceptó aunque con muchas reservas. Hausser se lanzó entonces contra el V Ejército blindado de guardias. Pero Hitler decidió finalmente el 17 de julio cancelar definitivamente la ofensiva y trasladar parte de los cuerpos SS Panzer hasta Italia. Terminaba así la batalla de Kursk, los alemanas fracasaban en su objetivo inicial de conquistar el saliente y finalmente también en el objetivo de destruir el poder blindado soviético. En todo caso, es más que discutible la percepción que Manstein tenía de la situación militar, él creía poder acabar con el grueso del poder blindado soviético, minimizando sus grandes reservas y su enorme potencial de retaguardia, un poder que se evidenció en las ofensivas posteriores. Los soviéticos disponían de unas fuerzas blindadas muy superiores a las que el ejército alemán podía destruir en aquel momento.

Infantería rusa junto a un tanque T-34. Fuente: mundo.sputniknews.com








 Un Panzer IV y un blindado Sdkfz 251 halftrack. Fuente: warhistoryonlinepuntocom
Tiger I alemán maniobrando al sur del saliente de Kursk. Fuente: Pinterest
En todo caso, terminada la batalla, los soviéticos se lanzaron al ataque y el 3 de agosto los frentes de la Estepa, Voronezh y del Suroeste iniciaron una fuerte acometida que permitió el 23 de agosto conquistar el saliente de Jarkov. Una ofensiva general se inició a lo largo de todo el frente desde el oeste de Moscú hasta el Mar Negro, lo que a finales de diciembre permitiría a los soviéticos hacer retroceder a los ejércitos alemanes del Centro, Sur y A hasta la línea del río Dniéper. El XVIII Ejército fue aislado en Crimea y los rusos también se aseguraron cabezas de puente a lo largo del Dniéper, desde Gomel en el norte hasta kiev en el sur (ambas cayeron el 6 de noviembre) y entre Kremenchg y Zaporozhye.
El acontecimiento más importante del año había sido el intento alemán de eliminar el saliente de Kursk. Fue la última vez que los alemanes tuvieron la iniciativa en Rusia; a partir de entonces, lo único que les importó fue tratar de mantener sus posiciones. Tercamente, Hitler se negó a ordenar la retirada, pero el peso y volumen de las fuerzas rusas hicieron retroceder gradualmente a los alemanes hasta sus propias fronteras.

Los soviéticos inspeccionan un Panther alemán destruido por la artillería en Projorova. Fuente: lasegundaguerra.com


Conclusión

Durante la batalla de Kursk, la ofensiva alemana contó con una posición de clara desventaja: como ya hemos comentado, los soviéticos conocían los planes con bastante precisión, y por otro lado, el Ejército Rojo había mejorado a esas alturas mucho respecto al que había combatido a los alemanes a principios de la operación Barbarroja. Los soviéticos habían alcanzado un alto grado de organización, sus mandos habían ganado en experiencia y preparación, y sobre todo, tenían una enorme poderío militar, muy superior en hombres y material al de la Werhmacht. Contaba con enormes reservas humanas y tenía detrás una poderosísima industria militar que superaba con mucho las mermadas posibilidades de la industria alemana. La única opción de triunfo para los alemanes era el impacto y la sorpresa que pudieran producir su fuerzas acorazadas en los primeros momentos, lo que finalmente no ocurrió, porque los soviéticos estaban bien dispuestos y habían fortificado fuertemente la zona. La batalla desembocó en una ardua guerra de desgaste, algo para lo que los alemanes estaban menos preparados y que, debido a su mayor "debilidad" militar, jugaba claramente en su contra.
Con frecuencia se habla de la batalla de Kursk como un embate determinante que marcó un antes y un después en la guerra, suponiendo la hecatombe final de los ejércitos alemanes en el frente del Este. Sin embargo, esto hay que matizarlo. Resulta evidente su importancia, como también que con frecuencia ha sido sobredimensionada. El ejército alemán no se desangró a niveles insoportables, tampoco fue humillado en el transcurso de la batalla. Tuvo 54.000 bajas y perdió más de 750 tanques y cañones de asalto, lo que no resultaba irreparable, aunque sí eran pérdidas elevadas para una Alemania con serias dificultades para reponer sus mermas. Los soviéticos perdieron mucho más, entorno a 180.000 hombres y más de 1.500 tanques y cañones autopropulsados, pero sus reservas eran inagotables. Las ofensivas posteriores que siguieron a kursk multiplicarían estas pérdidas en ambos bandos.
A pesar de todo, Kursk si tuvo un papel real como punto de inflexión, supuso el inicio de la hegemonía militar soviética y, después de kursk, Alemania ni siquiera pudo aspirar a mantener la iniciativa estratégica en el Este. Las ofensivas posteriores rusas llevaron además a la conquista de enormes territorios de la Rusia Soviética y Ucrania, y la moral de los alemanes quedó muy deteriorada. Aún más allá, también la confianza de sus aliados se tambaleó: Stalingrado le costó a la Alemania el apoyo de algunos de sus estados satélites y tras kursk la situación se agudizó, sus fieles Finlandia y Rumanía comenzaron a buscarse la vida y velar por su propio futuro.
A partir de kursk, la Werhmacht se introdujo en una situación difícilmente sostenible que le llevó a la derrota final. La industria alemana no podía, a pesar de la mano de obra esclava, producir en las cantidades necesarias los nuevos blindados y aviones que podían aportar a su ejército una ventaja técnica. Pero, sobre todo, con kursk comenzó a generarse un pernicioso círculo vicioso. Cada nuevo revés obligaba a los alemanes a lanzarse al combate con mayor premura y con menor entrenamiento a sus tropas de reemplazo recién reclutadas y a sus divisiones Panzer recién equipadas. Esas tropas, apenas entrenadas, sufrían unas tasas de bajas anormalmente altas antes de que pudieran asimilar la dureza del combate. Bajas que hacían, a su vez, que los comandantes tuvieran que recurrir a los siguientes reemplazos en una fase aún más temprana de su entrenamiento. Mientras tanto, la columna vertebral de la Werhmacht, formada por los veteranos que había protagonizado las grandes victorias entre 1939 y 1941, iba sufriendo un fuerte desgaste producto de las múltiples bajas y la crudeza de la lucha.

Prisioneros alemanes durante la batalla de Kursk. Fuente: lasegundaguerra.com



viernes, 29 de marzo de 2019

El Sexenio Democrático o Revolucionario en España (1868-1874)


El titulo hace referencia a la famosa opera Roberto el diablo, considerada la primera del subgénero de la Grand Ópera francesa, estrenada en 1831 en París. En esta viñeta de La Flaca podemos observar el debate que existía en España entre la República y la Monarquía. Además refleja a la perfección la ideología de la revista, representando la parte de la Monarquía con guerra y represión, mientras que la parte republicana se nos muestra en un contexto idealizado. Fuente: Taringa.es










Durante seis años, desde 1868, España entra en un periodo revolucionario de fuertes cambios que suponen, por un lado, la democratización del sistema (se introduce la soberanía nacional, el sufragio universal y amplias libertades) y por otro, el cambio de dinastía (expulsada Isabel II, se busca un nuevo rey en Amadeo de Saboya).
Pero los cambios se ven acompañados de una gran conflictividad. El mantenimiento de la monarquía provocó el conflicto con los republicanos, mientras surgía una elevada conflictividad social debido a que los grupos obreros y campesinos vieron frustradas sus aspiraciones: pensaban que la revolución iría más allá y cambiaría las bases sociales y económicas del país, pero no fue así. Por último, una doble guerra, con los carlistas en el norte de España y con los independentistas en las colonias americanas de Cuba y Puerto Rico.

CAUSAS DE LA REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICA DE 1868

La revolución de 1868 y la caída de Isabel II fue posible porque en los últimos años (1866-68) el país estaba viviendo una fuerte crisis económica y política, que había afectado a casi toda la sociedad y que habían enfrentado a buena parte de los grupos sociales y políticos con el gobierno moderado y la reina Isabel II.
Entre 1866 y 1868, España sufrirá una crisis económica global que va a afectar a la mayoría de los sectores sociales (burguesía, terratenientes, clases medias y especialmente sectores populares, campesinos y obreros). Se produce una triple crisis:
Crisis financiera: una vez terminada la construcción del ferrocarril, éste no resultó rentable. El valor de las acciones ferroviarias cayó y la bolsa se hundió, muchos inversores se arruinaron. La burguesía financiera y muchos bancos se vieron afectados.
Crisis industrial: afecta a la industria textil algodonera catalana. Ésta se enfrenta a la competencia del textil británico, a la falta de materia prima (la guerra civil americana redujo la producción de algodón y lo encareció) y la falta de demanda por la crisis económica general. Se ve afectada la burguesía industrial (pierde beneficios) y la clase obrera (paro).
Crisis agrícola y de subsistencia: desde 1866 se suceden las malas cosechas, lo que produjo la escasez de productos básicos como el trigo. Esto provocó el alza de los precios. La situación condujo a la crisis de subsistencia y la hambruna, creando un clima de violencia social, atizado además por el rechazo general a los consumos y las quintas (“contribución de la sangre”).
A nivel político, desde 1866, la situación de los gobiernos moderados y de Isabel II se había vuelto insostenible, cada vez más aislados y rechazados por los otros grupos políticos. A la corrupción reinante y el autoritarismo creciente del gobierno, se unió la reciente represión, como se evidenció en la revuelta de los sargentos progresistas del cuartel de San Gil en 1866: 66 personas son fusiladas tras la insurrección, la mayoría sargentos del arma de artillería.
Fusilamientos del 25 de Junio de 1866 tras la sublevación de San Gil (Biblioteca de la Facultad de Derecho y Ciencias del Trabajo Universidad de Sevilla). Fuente: collcenter.es

Esta situación radicaliza a los progresistas (dirigidos ahora por Prim) que se acercan a los demócratas. La monarquía apoya siempre a los moderados y los progresistas ven imposible el acceso al poder de forma pacífica. Se alejan del sistema, optando por la rebelión armada y la conspiración contra la reina.
Finalmente, en 1866, los progresistas y los demócratas firman el Pacto de Ostende (1866), que sentaba las bases de la revolución del Sexenio: los progresistas aceptan el sufragio universal y la expulsión de Isabel II. Un año después se unen al pacto amplios sectores de la Unión Liberal del general Serrano, algo determinante para el triunfo de la revolución, pues a dicho partido pertenecían muchos altos militares, Isabel II perdía así el apoyo del ejército.
El Pacto de Ostende. Las tres figuras centrales son Prim, Serrano y el almirante Topete. Fuente: nuevatribuna.es

















LA REVOLUCIÓN DE 1868 (“LA GLORIOSA”)

El punto de partida del Sexenio será el pronunciamiento militar del brigadier Topete que subleva a la marina en Cádiz en septiembre de 1868. Tras el manifiesto “España con honra”, la revolución se extiende y es apoyada por los partidos del Pacto de Ostende. Surgen Juntas revolucionarias por todas las provincias que llaman al pueblo a la insurrección. Las tropas fieles a gobierno fueron derrotadas en Alcolea y el gobierno moderado dimitió. Isabel II, sin apoyos, abdicó y tomó el camino del exilio.
Cartel propagandístico con los protagonistas de la Gloriosa. Fuente: laveudelliria.com
Se crea un Gobierno Provisional presidido por el general Serrano (unionista) y con Prim como ministro de la Guerra (progresista). Se disuelven las juntas y se restablece el orden, optándose por la monarquía como forma de gobierno. Es el triunfo de aquellos cuyo objetivo era derrocar al gobierno y no querían ir más allá, no estaban dispuestos a cuestionar la propiedad privada o proclamar la República. Se frustran así las aspiraciones de los republicanos (una parte importante de los demócratas oscilan hacia el republicanismo y crean el Partido Republicano Federal) que apostaban por un nuevo modelo político no monárquico, y sobre todo, se frustra la revolución de las clases populares, que ansiaban un cambio social que repartiera mejor la riqueza y mejorara las condiciones de vida. Tal frustración desembocará a lo largo del periodo en una conflictividad constante que conducirá a una continua inestabilidad. 
El nuevo gobierno provisional inició una política de reformas que implicó el reconocimiento del derecho de reunión y asociación, la libertad de imprenta o el sufragio universal, la democratizaron los ayuntamientos y diputaciones. Se convocarán elecciones a Cortes constituyentes, elegidas por sufragio universal para formar unas Cortes que hicieran una nueva constitución. Por primera vez en España se elegía un parlamento por sufragio universal masculino de los varones de más de 25 años  En ellas vence la coalición de los progresistas y unionistas, con el apoyo de los demócratas que habían aceptado la monarquía, obteniendo 236 diputados del total de 352 (la mayoría de ellos progresistas, 159). Defendían la monarquía subordinada a la soberanía nacional y amplias libertades públicas y contaban con el apoyo de la burguesía, las clases medias urbanas y amplios sectores del ejército y la intelectualidad. Con estos apoyos, se crea la Constitución de 1869, monárquica, liberal y democrática. El nuevo marco jurídico sancionaba la soberanía nacional, en manos de las Cortes, y establecía una clara división de poderes: ejecutivo en manos del Rey, legislativo en las Cortes y judicial en manos de tribunales independientes (se establecía el juicio por jurado y la oposición como procedimiento de acceso a la judicatura). Se establecía el sufragio universal directo y masculino, así como una amplia declaración de derechos y libertades que junto a los ya tradicionales (libertad de expresión, asociación, reunión, etc.) incluía otros nuevos (inviolabilidad del correo o libertad de residencia). Se establecía la aconfesionalidad del Estado y libertad de religión y enseñanza (aunque el Estado se comprometía a sostener el culto católico). Hasta encontrar un nuevo rey se nombró como regente a Serrano y jefe de gobierno a Prim
Solemne apertura de las Cortes Constituyentes el día 11 de febrero de 1869. Grabado de Enrique Alba y Rodríguez.
Fuente: Wikipedia


Fuente: Vicens Vives
En frente del nuevo gobierno, como grupos de oposición, existían tres tendencias. Por un lado, a la derecha se ubicaban los carlistas, entre los que un grupo había aceptado presentarse por primera vez a las elecciones, y que defendían la monarquía tradicional y el catolicismo a ultranza frente a la libertad de religión. Su influencia seguía muy concentrada en zonas concretas, especialmente en la zona vasco-navarra. En un ámbito ideológico muy conservador se situaban también los moderados, fieles a la monarquía de los borbones, entre cuyos líderes destacaba Cánovas del Castillo. Contaban con el apoyo de la oligarquía terrateniente y exigían el regreso de la dinastía borbónica al trono. En tercer lugar, y situados a la izquierda, se encontraban los republicanos del Partido Republicano Federal, que contaba con 69 diputados, convirtiéndose en la mayor fuerza opositora. Liderados por Pi y Margall, Castelar o Figueras, defendían la República y eran partidarios de amplias reformas a nivel social y político, en un sentido más próximo a las clases populares.
A nivel económico el nuevo gobierno reorientó la política económica en un sentido liberalizador, que facilitara el desarrollo de un capitalismo moderno basado en la libre iniciativa y el desarrollo industrial y comercial del país. Se optó por una política librecambista que se plasmó en la Ley de Bases Arancelarias de julio de 1869, más conocida como Arancel Figuerola por el ministro de Hacienda que la puso en marcha, que acababa con la tradición proteccionista de la economía española del siglo XIX. Se optó por la apertura de la economía española a la entrada del capital extranjero, lo que se evidenció en la Ley de Bases de Minas de 1868, que por otra parte, trataba de hacer frente al gravísimo problema de la Hacienda debido a la elevada Deuda Pública, que impedía la acción de gobierno por la inexistencia de los recursos necesarios. La Ley suponía en realidad la desamortización de las minas, hasta entonces de dominio público, a la vez que se simplificaban los trámites para las concesiones mineras, las cuáles ganaban además en seguridad y estabilidad. Tal situación atrajo al capital extranjero (inglés, francés o belga), especialmente en una época en la que las economía europeas demandaban de forma creciente ingentes cantidades de minerales. Se abría así el camino a una auténtica fiebre minera durante las últimas décadas del siglo XIX.
Gracias a la Ley minera de 1868, las minas de Río Tinto fueron compradas en 1873 por un consorcio británico. A finales del siglo XIX y principios del XX se convertirían en las mayores minas de cobre del mundo. Fuente: www.elpais.com
A pesar de que se abolió el impuesto de consumos, una de las grandes demandas de los sectores populares, el modelo socioeconómico no se vio apenas modificado, de forma que las clases trabajadoras y campesinas no vieron mejoradas sus condiciones de vida. Esto supuso una fuerte conflictividad social: a las revueltas generales contra el alza de precios, las condiciones de vida y trabajo y el rechazo a las quintas y consumos, se añadían las revueltas campesinas, especialmente en el sur latifundista (jornaleros en demanda de tierra). Aunque los republicanos canalizaron en gran parte el descontento social, durante el sexenio llegaron a España las ideas anarquistas y socialistas, de la mano de la Primera Internacional, que crecerían al abrigo de las amplias libertades públicas del nuevo régimen. En octubre de 1868 llegan las ideas anarquistas de la mano de Giuseppe Fanelli y en 1870 se celebra el Congreso de Barcelona, donde se funda la Federación Regional Española. Las ideas marxistas llegaría en 1871 con Paul Lafargue, yerno de Marx, que impulsaría los primeros núcleos marxistas en Madrid.
Congreso obrero de Barcelona en 1870 en el Teatro Circo. Fuente: Wikipedia.



Manuel Céspedes. F: www.juventudrebelde.cu
La inestabilidad crónica y la debilidad del Estado favoreció el estallido de la sublevación independentista en Cuba y Puerto Rico. Ambos movimientos insurreccionales estaban relacionados con la falta de libertades y la incomprensión de los gobiernos isabelinos hacia las demandas de autonomía de las colonias. El 23 de septiembre de 1868 estallaba la revuelta y se proclamaba la República de Puerto Rico con el llamado Grito de Lares, mientras en octubre de ese mismo año daba comienzo la insurrección cubana cuando Manuel Céspedes lanzó el Grito de Yara con pretensiones independentistas, antiesclavista y anticolonialista, iniciando así la llamada Guerra de los Diez Años. Los gobiernos del Sexenio buscaron la conciliación y ofrecieron reformas, pero la alta burguesía con intereses en Cuba se oponía a cualquier concesión a los insurgentes. Hubo que esperar a 1878, en plena Restauración, para que se firmara la Paz de Zanjón, y con ella la pacificación temporal del Caribe español hasta el inicio de la Guerra de Independencia de Cuba en 1895. 
Batallón de caballería de las Tropas mambisas cubanas en la Guerra de los Diez Años. Fuente: www.ecured.cu












EL REINADO DE AMADEO DE SABOYA (1870-73)
Tras el triunfo electoral de la opción monárquica y la promulgación de la Constitución de 1869, los partidos que sustentaban el gobierno convirtieron en su objetivo principal el encontrar la figura de un nuevo rey que fuera compatible con los principios modernizadores y democráticos del nuevo régimen. Tras descartar a otros candidatos, en noviembre de 1870 se encontró rey en la figura de Amadeo de Saboya, hombre abierto a la concepción democrática de la monarquía. Amadeo de Saboya, duque de Aosta, era el segundo hijo de Víctor Manuel II, rey de Italia desde 1861, tras la unificación italiana. Era un hombre progresista y católico, que encajaba bien. Se convertía en el primer rey de España elegido en un Parlamento, lo que era una gran afrenta para los monárquicos de siempre.
Topete, Prim y Serrano subastan la corona de España. Publicado en La Flaca en abril de 1869. Fuente: elindependiente.com
Amadeo I. Retrato de Carlos L. de Ribera y Fieve.
Fuente: Wikipedia.
Su reinado no fue fácil. La aristocracia borbónica sentía un claro desdén por un rey extranjero y advenedizo, mientras el pueblo mostraba su clara indiferencia por el nuevo monarca, que nunca supo aproximarse a las masas populares, le faltaba don de gentes, cercanía y carisma, y desconocía el idioma. En diciembre de 1870 el nuevo rey acepta su elección, pero justo mientras viajaba a Madrid desde Italia, el 30 de diciembre, moría en un atentado su gran valedor, Juan Prim, líder de los progresistas. De esta forma, su situación se volvía especialmente difícil. El 2 de enero fue proclamado rey de España en Madrid.
Esta situación llevó a una gran inestabilidad política marcada por la fuerte oposición que se manifestó hacia el nuevo rey por amplios sectores. Los moderados, fieles a los Borbones, rechazaban de plano la nueva monarquía. Conscientes de la dificultad que entrañaba la vuelta de Isabel II, comenzaron ya en esta época a defender la opción del príncipe Alfonso como rey y como garantía de estabilidad social y política, captando a muchos unionistas y progresistas a la causa. La Iglesia recelaba de una monarquía constitucional  y progresista, mientras algunos sectores carlistas, ante el nuevo rey, volvían a la insurrección armada en 1872, Tercera Guerra Carlista, con las expectativas de colocar en el trono a su candidato, Carlos VII. La rebelión surgió en el País Vasco y se extendió a Navarra y áreas de Cataluña, adquiriendo fuerza y creando graves problemas de inestabilidad. A esto hay que añadir el recrudecimiento de la Guerra de los Diez Años en Cuba. La inestabilidad se veía acrecentada por la hostilidad manifiesta de los sectores republicanos y las revueltas sociales, que no hacían sino crecer. En 1872 se produjeron insurrecciones federalistas en las que las ideas republicanas se mezclaban con las ideas internacionalistas obreras de carácter anarquistas. En julio de 1872 el propio rey sufrió un atentado contra su persona.
A esta situación habría que añadir la división interna en la coalición de gobierno (unionistas, progresistas y demócratas). Una parte de la Unión Liberal osciló hacia la causa borbónica, mientras los progresistas se escindían entre radicales, dirigidos por Ruiz Zorrilla, y constitucionalistas, bajo el liderazgo de Sagasta. Se suceden 6 gobiernos y hubo que convocar elecciones tres veces. Al empezar 1873, la coalición gubernamental, debido a las fricciones constantes, se separó definitivamente, presentándose por separado a las elecciones. Privado de todo apoyo, el 10 de febrero de 1873, Amadeo I renunciaba al trono de España.


LA I REPÚBLICA
Tras la abdicación de Amadeo I, el 11 de febrero de 1873, era proclamada la I República de la mano del Congreso y el Senado, reunidos ambos en Asamblea Nacional. Estanislao Figueras, republicano federal de gran prestigio, será elegido como primer presidente del Poder Ejecutivo de la República. La nueva realidad resultaba, sin embargo, muy engañosa y la República nacía con falta de apoyos reales. Se llegaba a ella porque sencillamente no había otra cosa a mano, y porque los monárquicos, realmente mayoritarios, pretendían acelerar el proceso de deterioro y caos político, mientras preparaban el retorno de los borbones. A esta realidad habría que añadir el aislamiento internacional del nuevo régimen, que no fue reconocido por ninguna de las grandes potencias europeas, al ser concebido por éstas como un régimen revolucionario que ponía en riesgo la estabilidad de una Europa predominantemente conservadora y burguesa.
Esta compleja realidad otorgaba pocas posibilidades de éxito a una República que nacía demasiado débil, que debía desarrollarse como régimen en un país en el que apenas había cambiado el equilibrio de fuerzas sociales desde la caída de Isabel II: el ejército era monárquico, la economía continuaba en crisis y el aparato administrativo seguía siendo conservador.
Artilleros carlistas en Vizcaya. Fuente:juantxoegana.blogspot

Con la I República, los conflictos armados existentes se acentúan. Prosigue la guerra en Cuba, favorecida ahora por la hostilidad de las autoridades y funcionarios coloniales españoles respecto al nuevo régimen republicano. Por otro lado, se agrava la Tercera Guerra Carlista y extensas zonas rurales del norte de España (especialmente en el País Vasco, Navarra, Aragón y Cataluña) caen bajo control carlista, llegándose a crear un gobierno paralelo con la entrada del pretendiente al trono, Carlos VII, que llega a Navarra desde Francia e instala su corte en Estella. Las victorias carlistas se suceden durante el año el 1873 y el gobierno republicano será incapaz de revertir la situación, de forma que en el País Vasco y Navarra, tan solo las capitales quedaron bajo su control.

Escuadrón de Gerona durante la Tercera Guerra Carlista, obra de Augusto Ferrer Dalmau

La conflictividad social alcanzó cotas elevadísimas: la República fue vista desde el principio por las masas populares como el momento de hacer realidad sus aspiraciones. Además, las ideas anarquistas y socialistas estaban penetrando con rapidez. En el campo latifundista del sur del país, los jornaleros protagonizaron insurrecciones y revueltas, empujados por el tradicional "hambre de tierras" y los obreros catalanes exigieron mejores salarios y condiciones de trabajo. 
La situación de inestabilidad se vio acrecentada por la división interna de los propios republicanos. Los republicanos federales, liderados por Pi y Margall, defendían una República federal, cimentada en un pacto entre las distintas regiones o pueblos de España, que gozarían de una gran autonomía. Eran anticlericales y laicistas, defendían reformas para mejorar las condiciones de vida y los derechos laborales de las clases populares. Dentro de ellos, los más radicales, los llamados intransigentes, creían que el proceso se conseguiría a través de la insurrección (de abajo hacia arriba), frente a los defensores de la legalidad y el orden. Por otro lado, los republicanos unitarios, liderados por Castelar, defendían una República unitaria, con un gobierno centralizado. Eran más conservadores a nivel social y político.
Caricatura de la República Española entre la República Federal, representada por José María de Orense, y la Unitaria,  representada por Emilio Castelar. Revista La Flaca. Fuente: Wikipedia
Francisco Pi y Maragall. Fuente: dbe.rah.es


Todos estos factores influyeron en una evolución política marcada por la inestabilidad. En junio se celebraron elecciones, con una aplastante victoria de los republicanos federales, lo que resultaba muy engañoso, porque la mayoría de la oposición no participó y la abstención fue del 60%. Se crea un gobierno presidido por Pi y Margall, que trató de poner en marcha reformas progresistas a la vez que mantenía el orden (amnistía, abolición de la esclavitud en las colonias, supresión de las quintas, mejoras laborales) y proponía la aprobación de un proyecto de constitución federal que no llegaría a término. La nueva constitución creaba una República Federal, utilizando como modelo la Constitución de Estados Unidos de 1787 a la hora de diseñar la organización territorial, las instituciones y las relaciones entre el Estado y los poderes autónomos. En la nueva República el poder debía repartirse entre regiones y ayuntamientos, a los que se concedía plena autonomía. Se creaban 15 estados federados, más las colonias de Cuba y Puerto Rico. Por lo demás, era un texto democrático que tomó como referencia la Constitución de 1869: soberanía nacional, sufragio universal, división de poderes, amplias libertades, aconfesionalidad del Estado (aunque más anticlerical).
La constitución no satisfacía las exigencias de los republicanos intransigentes, que estaban descontentos con la evolución política de República y abandonaron las Cortes, llamando a la creación de cantones independientes. El movimiento cantonalista se extendió por las zonas de más fuerte implantación republicana, sobre todo por el sur y este peninsular. En estas zonas, muchas comarcas y poblaciones se proclamaron "cantón" independiente del poder central, cuestionando además la propia existencia del Estado. En julio de 1873 se proclamban el cantón de Cartagena, Sevilla, Cádiz, Torrevieja, Almansa, Granada, Castellón, Málaga, Salamanca, Valencia, Bailén, Andújar, Tarifa, Alicante y Algeciras. Los cantonalistas eran una masa popular radicalizada de artesanos, tenderos y trabajadores en los que se mezclaban las ideas republicanas federalistas y las ideas anarquistas (rechazo al Estado y revolución social) que habían entrado en España con los primeros núcleos de la I Internacional. 
Fuente: Wikipedia

10 reales cantonales. El Cantón de Cartagena llegó a acuñar su propia moneda.. Fuente: www.numisbids.com

Cartagena fue bombardeada duramente hasta la rendición de las fuerzas cantonalistas. Daños en la calle de las Beatas, 1874. Fuente: www.elpais.com 

Incapaz de enfrentarse a la revuelta cantonalista y sofocarla por las armas, Pi y Margall dimitió y fue sustituido por Nicolás Salmerón, que aplicó una política de dureza, optando por la intervención militar, lo que permitió sofocar el movimiento cantonalista en todos los lugares salvo en Cartagena, que aún resistiría algunos meses, hasta enero de 1874. Salmerón, con el lema "El imperio de la Ley", recurrió a sectores militares ajenos al republicanismo federalista, el general Pavía aplastó el movimiento cantonal en Andalucía, mientras Martínez Campos lo hacía en Valencia y Murcia. El estamento militar encabezaba así una dura represión, adquiriendo un enorme protagonismo como garante del orden. En dicho contexto, Salmerón dimite al negarse a firmar algunas condenas de muerte y accede al poder Castelar, máximo representante de los republicanos unitarios, con el que se produce un giro claramente conservador y autoritario, restableciéndose el orden público y el respeto a la propiedad.
Imagen satírica del golpe de estado del general Pavía. Publicada en 1874 en la revista La Madeja Política. F.: cadenaser.com



Ante las presiones de los federales sobre Castelar, el ejército intervino y en enero de 1874 el general Pavía dio un golpe de estado, entrando en las Cortes y disolviéndolas. Se crea entonces una República autoritaria y conservadora, presidida por el general Serrano, sustentada por unionistas y progresistas. Pero tal opción no tenía futuro alguno, las posibles bases sociales acomodadas y conservadoras, que la podían sustentar, ya habían optado por la opción alfonsina como alternativa de gobierno, es decir, por la vuelta del hijo de Isabel II, Alfonso XII. Desde el 25 de junio de 1873, momento en que la reina Isabel II había abdicado sus derechos dinásticos en favor de su hijo Alfonso, éste se había convertido para los monárquicos en el legítimo rey de España. La causa alfonsina tenía además un gran valedor en las Cortes, Antonio Cánovas del Castillo, político clave que llevaba tiempo trabajando en la restauración borbónica. El 1 de diciembre de 1874 Alfonso XII firmaba el Manifiesto de Sandhurst, desde la academia británica del mismo nombre en la que estudiaba, en el que se defendía el regreso a una monarquía constitucional, defensora del orden, pero que garantizaba la puesta en marcha de un sistema político liberal. El 29 de diciembre de 1874, el pronunciamiento del general Martínez Campos acababa con la República y proclamaba rey a Alfonso XII.
Se iniciaba un nuevo período histórico marcado por el nuevo sistema político de la Restauración, diseñado por Cánovas del Castillo, que se prolongaría hasta la II República, durante el reinado de Alfonso XII, la regencia de María Cristina y el reinado de Alfonso XIII, y que estaría marcado por la estabilidad política y la confección de un sistema político oligárquico y conservador que se estructuraría sobre la base del bipartidismo, el turno de partidos y el caciquismo.
Arsenio Martínez Campos. Fuente: Wikipedia
Alfonso_XII. Retrato de Alejandro Ferrant y Fischermans
 (1875). Fuente: Wikipedia