BLOG DE JOSÉ ANTONIO DONCEL DOMÍNGUEZ (I.E.S. LUIS CHAMIZO, DON BENITO, BADAJOZ)

domingo, 15 de enero de 2023

La Ucrania soviética en las décadas de 1920 y 1930: de Lenin a Stalin. Historia de Ucrania y Rusia (Parte IV)

Trabajadores de una granja colectiva en la Ucrania soviética en la década de 1930. F.: ukrainer.net


Contra todo pronóstico, los bolcheviques habían salido victoriosos de la terrible guerra civil que asoló el viejo Imperio ruso entre 1918 y 1922. Los bolcheviques se habían enfrentado con éxito a las potencias extranjeras, a los ejércitos blancos zaristas de Denikin y Kolchak, a la resistencia de anarquistas, mencheviques y socialrevolucionarios, así como a las fuerzas de los nacionalismos centrífugos que pretendían aprovechar la situación propiciada por la revolución y la Primera Guerra Mundial para crear su propio estado. Como hemos podido comprobar en la entrada de este blog "La independencia de Ucrania entre 1917 y 1921", en ningún otro lugar como en Ucrania tales fuerzas convergieron con tanta intensidad y en ningún lugar como en Ucrania la devastación se volvió tan intensa. Por un lado, estaban los bolcheviques ucranianos y su determinación en hacerse con el control del país, por otro lado, las fuerzas anarquistas del Ejército Negro de Majnó, especialmente fuertes en el sureste. En tercer lugar, los ejércitos blancos de Denikin, que llegaron a conquistar buena parte del centro y el este de Ucrania en 1919, y más tarde, las tropas del general blanco Piotr Wrangel, que se harían fuertes en Crimea al final de la guerra civil. Un cuarto actor serían las fuerzas de los nacionalismos ucraniano y polaco, omnipresentes en el oeste de Ucrania, un nacionalismo ucraniano que consiguió durante algunos años crear un nuevo estado independiente con el apoyo y protección de las potencias centrales, la República Popular de Ucrania. En relación con ello, nos encontraríamos con el último gran ingrediente de la Guerra Civil Rusa en Ucrania, la intervención militar extranjera, particularmente la del ejército alemán, que llegó a ocupar buena parte del territorio ucraniano durante la Primer Guerra Mundial. Finalmente, y contra todo pronóstico, el Ejército Rojo terminará imponiéndose a todos sus enemigos, haciéndose con el control de buena parte de la actual Ucrania para lanzarse sobre Polonia. Solo su derrota en Varsovia frente al ejército polaco le hizo retroceder, permitiendo a Polonia hacerse con el control de Volinia y Galitzia, las regiones más occidentales de Ucrania, de mayoría ucraniana pero con amplias minorías polacas. La Paz de Riga de marzo de 1921, sancionaba el final de la breve experiencia de una Ucrania independiente y su reparto final entre la naciente Segunda República Polaca, que controlaría durante todo el período de entreguerras los territorios ucranianos antes mencionados, y el nuevo régimen bolchevique, que tendría soberanía sobre el resto de Ucrania. En diciembre de 1922, con el Tratado de Creación de la URSS, nacía un nuevo y gigantesco estado, concebido como una federación de repúblicas socialistas articuladas a partir de la Rusia soviética, pero que englobó inicialmente también a Ucrania, Bielorrusia y Transcaucasia.

Soldados de la 1ª División del ejército de la República Popular de Ucrania haciendo ejercicios militares en 1918. Fuente: nationalgeographic.com.es

El régimen soviético en los años 20 y el proceso de ucranización

Niños rusos desnutridos durante la hambruna rusa, 1922.
Fuente: Fototeca del CICR (DR).
El nuevo estado soviético nacía en condiciones durísimas, sometido a un intenso aislamiento internacional, pero también a una situación de profunda crisis económica, consecuencia de la sucesión de los efectos devastadores de la Primera Guerra Mundial, la Revolución Rusa y la Guerra Civil. La sucesión de los tres procesos, que se terminaron solapando, supuso la interrupción prolongada de la actividad agrícola, a lo que hubo que añadir la ruptura de los flujos comerciales y la política de requisas y represión realizada por los ejércitos en liza sobre el campesinado. El nuevo régimen intervino la economía en lo que se conoció como comunismo de guerra, ejerciendo una fuerte presión sobre el campesinado a través de una drástica política de requisas con la que mantener a los millones de hombres en armas y a la población obrera urbana. Esta situación crítica se volvió particularmente dramática en regiones como Ucrania, con un gran producción agrícola, pero que habían sufrido intensamente los embates de la guerra, a lo que habría que añadir los efectos de una pertinaz sequía. Todo ello generó una situación catastrófica que derivó en una brutal hambruna que se extendió por los territorios del antiguo Imperio ruso entre 1921 y 1922. Cientos de miles de ucranianos murieron de hambre, especialmente en sus regiones orientales, pero no fue Ucrania el territorio donde tuvo más intensidad. Millones de rusos murieron, siendo las regiones más afectadas las tierras del Volga, desde Baskhiria y Kazán hasta Astrakhan, pasando por Samara o Tsaritsin.

Niños famélicos durante la gran hambruna rusa en 1921. Fuente: Getty Images.

Las zonas del Volga fueron las más afectadas por la hambruna rusa de 1921-22. F: themaparchive.com

Bandera y escudo de la República Soviética de Ucrania.
Esta situación obligó al nuevo gobierno soviético a mover ficha y en marzo de 1921 se aprobaba en el X Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética la N.E.P., una nueva política económica que el mismo Lenin bautizó como capitalismo de Estado. El Estado seguía monopolizando el control político y los resortes esenciales de la economía pero introducía el mercado libre y se aceptaba la propiedad privada, se reformaba el sistema monetario y se atraían capitales extranjeros, poniéndose fin a las requisas. Todo ello reactivó la producción y la actividad comercial de inmediato, lo que fue especialmente evidente en lugares como Ucrania, cuyo potencial económico era enorme por su producción agrícola y minera. En paralelo a las transformaciones económicas, los aires de libertad también crecieron en el ámbito cultural y nacional, lo que contrastaba abiertamente con la actitud al respecto del antiguo Imperio ruso, cimentado sobre el predominio cultural y político de los rusos sobre el resto de los pueblos del Imperio. El nuevo estado soviético nacía como una federación de repúblicas socialistas, que aunque con un fuerte control político desde Moscú, no pretendía emular las viejas aspiraciones imperiales de la Rusia de los zares, y Ucrania había de formar parte de él como la República Socialista Soviética de Ucrania. Al contrario de lo que algunos sectores poco ilustrados apuntan con ligereza, la postura de los bolcheviques de entonces era muy diferente, cuando no contraria, a la del estalinismo posterior, ya que el nuevo régimen soviético de Lenin no empleó en ningún caso la rusificación como un arma de construcción nacional, no desplazó a pueblos enteros ni aplastó su cultura, no hizo en modo alguno del nacionalismo ruso su bandera. La integración de las culturas no rusas en el nuevo estado soviético se estructuró sobre bases diferentes a como lo había hecho el Imperio ruso: las minorías culturales habían de tener su espacio y se fomentaba el desarrollo nacional y cultural de los distintos pueblos de la Unión Soviética, de forma que así pudieran prosperar y converger en el nuevo estado: los idiomas nativos y las élites indígenas debían incorporarse al aparato del partido y del gobierno en cada república. 

Fuente: finea.wordpress.com

Miembros del grupo literario ucraniano VAPLITE en 1926. El segundo
sentado a la izquiera es M. Jvyloivyi. Fuente: wikipedia.
Tal política supuso en Ucrania un renacer de la identidad nacional y del idioma ucraniano, que pasaron a ocupar un lugar preeminente en el espacio público y la administración de la República socialista y del Partido Comunista ucraniano. Dicha identidad nacional incluso pudo expandirse hacia el este y el sur, donde la población era mixta entre ucranianos y rusos, como era el caso del Donbass y sus ciudades mineras e industriales. Las restricciones impuestas por el zarismo en lo respectivo a los libros y publicaciones en lengua ucraniana desaparecieron y éstas se multiplicaron con rapidez, mientras el idioma ucraniano empezó a generalizarse en el sistema educativo y la alfabetización de las masas rurales se empezó a desarrollar en lengua ucraniana, el idioma que la inmensa mayoría de los campesinos utilizaban de forma cotidiana en las regiones del oeste y el centro del país. Cuando el desarrollo urbano e industrial se produjo, especialmente a finales de los años 20, estas masas emigraron a las ciudades, y contribuyeron al desarrollo de la cultura ucraniana en las zonas urbanas, donde el ruso estaba mucho más presente. Se rompía, de esta forma, con las políticas asimilacionistas del zarismo, con el objetivo último de atraer a las masas de los distintos pueblos no rusos, incluido el ucraniano, hacia el nuevo proyecto revolucionario. Este proceso de indigenización en los territorios periféricos de la Unión Soviética se vio acompañado del desarrollo de una intensa actividad cultural, con una explosión de las vanguardias artísticas y una legislación tendente a transformar los valores tradicionales, cuyo paradigma fueron las leyes respecto a la familia y la mujer. En el aspecto literario y en el caso concreto de Ucrania en los años 20, se produjo una eclosión de escritores realmente impresionante, en lo que se ha dado en llamar el "Renacimiento rojo". Fueron años de creatividad desenfrenada en la que desarrollaron su actividad miles de autores, entre los que había prosistas como Mykola Jvyloivyi, poetas como Pavló Tychyna, dramaturgos como Mykola Kulish o el gran experimentador teatral Les Kurbas. Una generación de escritores que apostaron por la discusión literaria y la innovación, que en general aceptaban el comunismo o eran comunistas, pero se abrían a la influencia occidental, creando organizaciones literarias como HART, VAPLITE, MARS, PLUH, etc. 

Mykola Kulish, en el centro, leyendo su obra The People's Malathii al personal creativo del teatro. A su derecha el director teatral Les Kurbas. Fuente: openkurbas.org



Mykola Skrýpnyk. Fuente: commons.com.ua
Si una personalidad simbolizó el proceso de ucranización de los años 20 fue Mykola Skrýpnyk, comisario de justicia de Ucrania entre 1922 y 1927, año en que fue nombrado comisario de educación del gobierno de la República Socialista Soviética de Ucrania. El estalinismo lo puso después en el punto de mira y fue purgado y juzgado: en 1933 se suicidaba. Como buen bolchevique, rechazaba los postulados del nacionalismo ucraniano, pero a la vez, luchó siempre con todas sus fuerzas en defensa de la identidad cultural y nacional de Ucrania. Sus esfuerzos como comisario de educación permitieron a finales de los años 20 que el idioma ucraniano se asentara en el sistema educativo y alcanzara un importante desarrollo literario, teniendo un papel determinante en el proceso de normalización y estandarización de la lengua ucraniana, fundamental para que dicha lengua se convirtiera en un vehículo adecuado y generalizado de comunicación. En este sentido, Skrýpnyk patrocinó la Conferencia Ortográfica de Járkov, que en 1927 posibilitó la creación de una ortografía y alfabeto ucraniano estandarizado. 

Politburó en el XIV Congreso del Partido Comunista de toda la Unión en 1925. El cuarto por la derecha sería Stalin, junto a él, el tercero por la derecha, se situaría Mykola Skrýpnyk. F.: newcriterion.com













El estalinismo: colectivización y Holomodor

Todos estos cambios se verían trastocados progresivamente desde la llegada de Stalin al poder, especialmente a lo largo de los años 30, momento en que se haría evidente una profunda involución. Y sería en Ucrania donde el cambio en la dinámica revolucionaria terminaría mostrando su cara más brutal. Stalin concentró todo el poder en sus manos, iniciando una época de fuertes purgas en el Partido Comunista e instalando una política de terror sobre todo aquel que no fuera fiel al nuevo líder y pudiera contestar o resistirse a sus designios, pero también sobre aquellos que le obedecían y ejecutaban sus directrices, que serían reemplazados y depurados una y otra vez en una especie de ciclo constante de purga y terror. La represión política afectaría a los bolcheviques y a los no bolcheviques y se vería acompañada de un espectacular proceso de crecimiento económico e industrial que transformaría radicalmente una sociedad esencialmente agraria como la del viejo Imperio ruso, imponiéndose un nuevo modelo de economía fuertemente intervenida por el estado, que planificaba ésta de forma rígida a partir de planes quinquenales, el primero de los cuales fue aprobado en 1928 y puesto en marcha para el quinquenio 1929-33. Este proceso de industrialización fue muy intenso en Ucrania, una sociedad hasta entonces marcadamente agraria, donde la producción industrial se multiplicó por tres y la población emigró masivamente hacia los nuevos núcleos industriales. Este proceso se hizo especialmente evidente en la cuenca minera del Donbass, hacia cuyas ciudades emigraron muchos rusos, emigración que se intensificó tras la debacle demográfica del Holomodor a principios de los años 30, cuando las urbes de la región, como las del resto de Ucrania, se habían visto duramente afectadas por la hambruna.

Miembro de la granja colectiva Komintern, en la región
 ucraniana de Vinnytsia, en 1939. Fuente: ukrainer.net

Desfile antikulak bajo consignas como "liquidaremos a los kulaks
 como clase" o "Todos a la lucha contra los saboteadores de la
 agricultura". F: wikipedia.
Parejo al intenso proceso de industrialización se iniciaba un brutal proceso de colectivización agraria cuyas consecuencias resultaron especialmente dramáticas en amplias regiones agrícolas del sur de la Rusia soviética y en Ucrania, los grandes graneros del país. El ganado y la tierra fue concentrado en grandes granjas colectivas, destruyéndose la propiedad privada campesina. La resistencia del campesinado fue intensa en muchas zonas. A pesar de que en la época de Lenin se habían repartido las tierras de los grandes terratenientes entre millones de campesinos, los bolcheviques nunca habían conseguido penetrar de forma real entre el campesinado -menos aún en Ucrania-, que era sobre todo afín al Partido Social-Revolucionario. El recelo y la falta de comunicación entre el campesinado y los comunistas, que se había manifestado de forma dramática en el rechazo a las políticas de requisas del Ejército Rojo durante la Guerra Civil y en las revueltas campesinas que se produjeron al finalizar la contienda, se convirtió con Stalin en todo un programa de exterminio del campesino propietario acomodado, denominado por el régimen Kulak. Concebidos como una clase a exterminar, como enemigos del Estado, éste procedió desde 1929 a la eliminación de los Kulaks, para lo que se recurrió al ejército y la policía secreta del régimen, la OGPU y más tarde la NKVD, con ejecuciones masivas y deportaciones sistemáticas hacia Siberia y Asia Central.

Grano confiscado a una familia de Kulaks en Udachoye (Ucrania). F.: history.com 

El caos se apoderó de la economía y la producción agrícola se hundió. Varios factores se combinaron para provocar una tormenta perfecta, por un lado, la sequía del año 1932, por otro lado, la resistencia del campesinado a la colectivización, sobre todo de los kulaks, que se manifestó en la negativa a entregar su ganado y su producción, y por otro lado, su actitud poco productiva en las nuevas granjas estatales. La respuesta del Estado fue la represión y las requisas sistemáticas y violentas. Por otro lado, fue determinante la actitud del régimen de Stalin, que establecía unas cuotas de producción imposibles para las colectividades agrarias, las cuales no recibían del Estado nada de grano para la siembra mientras no las cumplieran. Se iniciaba así una dinámica perversa que hundió la producción agrícola irreversiblemente. El Estado, sin embargo, se mostraba inflexible e insaciable, y no renunciaba a las crecientes cuotas de producción con las que pretendía hacer frente a las necesidades de la industrialización acelerada, los costes de ésta y del tremendo crecimiento urbano, con los problemas de vivienda y alimento asociados, así como solucionar el problema de la deuda externa, para lo que resultaban claves las exportaciones agrícolas. La situación se agravó además por la mala administración del plan y la falta de una gestión adecuada: a veces el grano llegó a no cosecharse y otras veces se perdía parte durante su procesamiento, transporte y almacenamiento. Por último, el ambiente de represión y violencia y la baja productividad provocada por la propia hambruna generada retroalimentó la situación hasta llevarla al límite.

Preparación de grano para el envío a la estación de servicio en la granja colectiva "H. Petrovskii", en la localidad ucraniana de Petrovo-Solonykha, región de Mykolaiv, 1933. F.: ukrainer.net
Los soldados confiscan grano a los campesinos en Novokrasne, Ucrania, en 1932. F: history.org.ua
Carros con trigo confiscado a los campesinos en Ucrania, alrededor de 1932. F.:history.com (Sovfoto/UIG/Getty Image)
Camiones cargados con sacos de grano en una granja colectiva de Kahovka, Óblast de Kherson (Ucrania), 1933."En lugar del pan para los kulaks, que el pan sea socialista", se lee en el letrero del camión. Fuente:juancarlosisla.wordpress.com 
Un hombre armado protege el grano depositado en un almacén durdante la gran hambruna. Inicios de 1930. Fuente: history.com (Sovfotbarra/UIGbarra/Getty images)
 Niños sin hogar duermen en la calle durante la holomodor, 1933.
F: historia.nationalgeographic.com (Foto Cordon Press).
La consecuencia fue la muerte de millones de campesinos, algunos producto de la represión y las ejecuciones como consecuencia de la resistencia al proceso de colectivización, la mayoría de hambre en las zonas rurales donde vivían o en las ciudades a donde emigraron intentando escapar de la hambruna generalizada. A ellos habría que añadir otros muchos campesinos que fueron deportados de forma masiva entre 1930 y 1932 a Siberia y Asia Central, muchos de los cuáles morirían en los traslados o en los lugares en que fueron asentados por las malas condiciones de vida. Es difícil establecer un número real de víctimas de la hambruna, y mientras algunos sectores hacen alusión a 8 o 10 millones de muertos, o incluso más, en toda la Unión Soviética, la mitad o incluso dos tercios de ellos en Ucrania, otros autores rebajan la cifra ostensiblemente. Si tenemos en cuenta los documentos secretos desclasificados tras la caída de la URSS y los aumentos de la mortalidad que reflejan, así como la comparativa entre la población anterior y posterior a la hambruna, las cifras serían significativamente menores. Algunos autores hablarían de un número de muertos que no superaría los 3 millones, de los cuáles entre 1 millón y 1,5 millones pudieron ser ucranianos, otros hablan de cifras mayores: entre 2 y 3 millones de muertos solo en Ucrania. Lo más probable es que la realidad de los hechos se ajuste a estas cifras (de 1 a  3 millones de ucranianos) que aunque claramente menores, siguen siendo absolutamente terribles. Es difícil conocer los hechos reales, muchos muertos no se registraban, los déficit de población provocados por la hambruna pudieron ser cubiertos por la llegada de colonos de otras zonas, tampoco es fácil distinguir el que muere de hambre, por enfermedades o lo hace por la represión o por las condiciones de las deportaciones. El régimen de Stalin no era un régimen cristalino y durante el proceso de desestalinización el régimen soviético reconoció los crímenes del dictador, pero no la hambruna o Holomodor, sobre la que extendió un halo oscuridad y olvido. Sin embargo, tal desconocimiento no da derecho a convertir los datos en propaganda e inventar cifras disparatadas sin bases documentales suficientes. Eso es lo que ha hecho el nacionalismo ucraniano en el pasado y el propio gobierno ucraniano desde la última independencia, al sostener cifras de entre 7 y 10 millones de muertos solo en Ucrania, e incluso más aún. Lo que si es indudable, es que fue Ucrania la región más afectada, de ahí que los hechos reciban allí un nombre concreto, el Holomodor. Sin embargo, al contrario de lo que muchos manifiestan, la hambruna de la época no fue un hecho específico ucraniano, sino que afectó igualmente a otras zonas donde los kulaks tenían una presencia notable, ese fue el caso de la cuenca del Don, la región del Volga, las llanuras del Kuban al norte del Cáucaso, así como en Kazajstán y zonas de Siberia occidental. Para profundizar en el Holomodor, recomiendo al lector entrar en la página dedicada al tema en hmong.es, donde se hace un exhaustivo e interesante registro de las principales aportaciones historiográficas sobre el tema, especialmente en lo que respecta a las cifras totales de la hambruna.
Niños recolectando patatas congeladas en una granja colectiva de Ucrania durante el Holodomor. Fuente: history.com (Sovfoto/UIG/GettyImages)
Pérdidas directas de población por hambruna en Ucrania en 1933. Fuente: hwpi.harvard.edu


Alexander Wienerberger: el fotógrafo del Holomodor
Alexander Wienerberger fue un ingeniero austriaco que trabajó muchos años en la Unión Soviética. Movilizado por el ejército austrohúngaro durante la Primera Guerra Mundial, fue hecho prisionero por los rusos en 1915. Estando en prisión, sus capacidades como químico resultaron de interés para el régimen soviético, que no dudó en utilizar a prisioneros extranjeros para suplir sus deficiencias en personal industrial cualificado. Wienerberger trabajó en el sector de la pintura y más tarde en fábricas de explosivos y después de plásticos, especialmente en Moscú. En 1933 fue destinado como director  técnico a una planta química de Jarkov, en la Ucrania oriental. En esos momentos, la hambruna se cebaba sobre grandes regiones de Ucrania y una de las áreas más afectadas era la zona de Jarkov, y Wienerberger se convirtió en testigo no deseado del drama humanitario. Realizó en torno a un centenar de fotografías de la hambruna en la ciudad utilizando para ello su cámara Leica y siempre al margen de la autoridad, que desconocía su proceder. En la Rusia de Stalin pocos extranjeros podían narrar y presenciar aquellos terribles acontecimientos, pero menos aún fotografiarlos, por ello, sus fotos resultaron un testimonio necesario y fundamental que ha permitido al mundo conocer la tragedia que se vivía en algunas regiones de Rusia y en Ucrania. Se trata de fotografías impactantes, donde se muestra a personas tiradas en las calles, familias y niños enfermos y famélicos o colas de hambrientos a las puertas de las tiendas de alimentos. En 1934, el mismo año en que regresa a Austria, esas fotos, gracias a la embajada austriaca, pudieron llegar por correo diplomático a Austria, donde fueron difundidas, hasta convertirse hoy en el principal testimonio gráfico de la hambruna de los años 30 en la Unión Soviética.

Colas ante un centro de distribución de leche. Jarkov, 1933. Fuente: rferl.org

Niña víctima del hambre en Jarkov. 1933. Fuente: holodomormuseum.org.ua

Indiferencia frente al hambre, Jarkov, 1933. Fuente: wikipedia

Víctima del hambre, Jarkov, 1933. Fuente: holodomormuseum.org.ua

Miembros de una familia víctima del hambre. Fuente: wikipedia

Víctima del hambre, Jarkov, 1933. Fuente: holodomormuseum.org.ua

Muertos y moribundos yacen en la calle ante la indiferencia de los transeuntes. F.: rferl.org

Niño muerto en las calles de Jarkov, 1933. Fuente: wikipedia

Los transeuntes observan el cadáver de una víctima del hambre en Jarkov, 1933. Fuente: wikipedia


Holomodor: rusificación y purgas

El nacionalismo ucraniano, antes y ahora, se ha referido al Holomodor como a un genocidio contra el pueblo ucraniano, al considerarlo como un plan urdido para el exterminio y sometimiento de éste, lo que se vería constatado por el hecho de que la hambruna afectó especialmente a las tierras de la actual Ucrania y las del Kuban, entonces pobladas sobre todo por ucranianos. Sin embargo, son muchos, entre los que se cuenta el autor de este blog, los que consideramos tal apreciación no ajustada a la realidad. La hambruna y la represión a ella asociada están ligadas sobre todo a una guerra cruenta emprendida por el régimen de Stalin contra los kulaks, contra los campesinos acomodados, y en general, contra el campesinado propietario, no solo de Ucrania, sino de toda Rusia; fue una batalla cruel y despiadada contra un grupo social y no contra un pueblo en específico. Eso no quiere decir que el proceso de colectivización, y la represión y hambruna asociada a él, no estuviera también imbricado con la política estalinista de rusificación de muchos territorios de la U.R.S.S., con la clara intención del régimen de someter a determinados pueblos a nivel cultural y nacional, algo que resultó evidente en el caso concreto del pueblo ucraniano, pero que afectó también a otros pueblos como los cosacos, los kazakos, los calmucos o los alemanes del Volga. La hambruna ayudó a descabezar el nacionalismo y la identidad de dichos pueblos, favoreciendo además el intenso proceso de rusificación paralelamente emprendido: por un lado, la rusificación cultural ejercida sobre los supervivientes, favorecida por el hecho de que la hambruna estimulara el proceso de urbanización y la huida de población de las zonas rurales, donde las culturas y lenguas nacionales eran más fuertes; por otro lado, permitió la emigración de rusos para ocupar el lugar y las ocupaciones que antes disfrutaban los muertos. El proceso, pues, contribuyó a doblegar a dichos pueblos a nivel nacional, aunque no fue su objetivo esencial, y desde luego no fue un proceso focalizado exclusivamente en Ucrania.

En consonancia con lo que hemos comentado, en los años 30, amplias zonas del este de Ucrania, que se habían visto desbastadas por la hambruna y las deportaciones, y donde las pérdidas demográficas habían sido significativas, fueron repobladas con la llegada de colonos rusos, generalmente de zonas como Belgorod o Voronezh. Así ocurrió en las regiones de Dnipro, Zaporiyia o Jarkov, así como en las ciudades mineras e industriales del Donbass, regiones donde ya de por sí la población rusófona era importante. Esto explicaría en parte, la existencia en la actualidad en dichas regiones de importantes contingentes de población rusófona o que se identifica con Rusia como nación. Sin embargo, solo lo explicaría en parte, porque hay que reseñar que buena parte de los reasentamientos de la época se hicieron con población procedente de otras regiones de Ucrania, zonas más occidentales, como Polesia, que habían sufrido menos la hambruna. El proceso de asentamiento de población rusa fue, sin embargo, mucho más intenso entre la población ucraniana de la región del Kuban, donde tras las deportaciones y la hambruna, a finales de los años 30, solo quedaba uno de cada ocho habitantes de origen ucraniano. En todo caso, y como ya hemos comentado, tal proceso de rusificación  y asentamiento de población rusa no se puede desligar de la política general de Stalin, es un proceso que vivieron muchos otros pueblos como los kazakos, los calmucos, los pueblos del Cáucaso norte, los cosacos, los alemanes del Volga, los pueblos bálticos o los tártaros de Crimea, unos antes, otros  después, a lo largo de los años 30 y 40. Y a este respecto, el historiador ucraniano Stanislav Kulchitsky es categórico: los asentamientos de población rusa en la época de Stalin como arma de rusificación fueron mucho más intensos en Crimea (tras la deportación de los tártaros) o en las repúblicas bálticas (sobre todo Estonia y Letonia), que en el caso de Ucrania oriental y el Donbass, donde generalmente se recurrió a población de otras zonas de Ucrania.

Casi 200.000 tártaros fueron deportados dese Crimea hacia Asia Central en 1944. F.: ukrainer.net


Crimea fue un ejemplo paradigmático de la deportación masiva de un pueblo por el régimen de Stalin y el asentamiento posterior de colonos rusos. Se trataba de un territorio que fue incorporado a Ucrania en 1954, durante la época Soviética, y que ha formado parte del estado ucraniano actual hasta 2014. En 1944, tras la expulsión de los nazis, casi 200.000 tártaros, pueblo turco musulmán, fueron deportados a Asia Central por el régimen de Stalin, en su mayoría a Uzbekistán, mientras se propiciaba el asentamiento de población rusa en las zonas donde hasta entonces habitaban. En el caso de Ucrania, sin embargo, el mayor agente de rusificación en los años 30 no fue la instalación masiva de colonos rusos, como muchas veces se ha dado a entender, sino la reversión de la política de ucranización anterior, que se produjo en un momento en que la colectivización del campo y la hambruna desarticularon el mundo rural y campesino ucraniano, al abrigo del cual la cultura ucraniana había resistido la presión rusificadora del zarismo. En consonancia, con la colectivización se produjo una migración masiva a las ciudades, donde la lengua y cultura rusa era fuertes y ahora lo serían más bajo el estímulo y patrocinio del régimen estalinista. En ellas y bajo la represión de la cultura ucraniana, millones de campesinos ucranianos se convirtieron en obreros de habla rusa. Se producía así un proceso de rusificación muy intenso que sería especialmente evidente en las zonas más industriales como el Donbass, cuyas ciudades crecían con mucha fuerza, especialmente la antigua ciudad industrial de Yuzovka, fundada por un empresario galés en el s.XIX y que en 1932 se había convertido en el gran centro industrial de la región del Donbass, aunque rebautizada como Stalino. Desde 1960 recibe el nombre actual, Donetsk, y se ha convertido hoy en el principal enclave prorruso de la actual Ucrania.

Yuzovka en 1912. La ciudad se convirtió en un gran centro industrial desde principios de siglo XX. En los años 30 se conocería como Stalino y desde los años 60 recibiría el nombre actual de Donetsk. F.:  historyhit.com

La ciudad de Stalino (hoy Donetsk) en 1930. Fuente: jenikirbyhistory.getarchive.net

Les Kurbas, director de cine y teatro ucraniano,
fue ejecutado en el campo de Sandarmoj. Foto
realizada tras su detención por el NKVD.
Fuente: wikipedia

El mencionado proceso de rusificación y lucha contra la identidad nacional de los ucranianos fue además parejo al de la purga sistemática del Partido Comunista y sus cuadros dirigentes en Ucrania. Por cierto, también este proceso de purga fue general a toda la Unión Soviética. En este sentido, entre 1929 y 1934 se inicia el proceso de purga del partido en Ucrania que acabó con los más férreos defensores de la política bolchevique de indigenización y ucranización, típica de la época de Lenin. Son purgados los defensores de la cultura y la lengua ucraniana, y sustituidos por cuadros rusos o defensores de una política de rusificación. Entre los depurados, uno de los grandes defensores de la política de indigenización en Ucrania y uno de los grandes líderes bolcheviques ucranianos, patrocinador del autonomismo y la cultura ucraniana, Mykola Skrypnyk. Comisario de educación de Ucrania desde 1927, se suicida en 1933, tras un juicio farsa típico del estalinismo. Las purgas continuaron en Ucrania como en el resto de la URSS, y entre 1936 y 1938 , los años más terribles, fueron purgados muchos de los miembros del partido que habían sobrevivido a las primeras purgas, más aquellos que habían reemplazados a los cuadros iniciales, en lo que fueron terroríficas rotaciones que se sucedieron en el tiempo. 
La intensa represión afectó igualmente a amplios sectores de la intelectualidad ucraniana que habían protagonizado el esplendoroso renacer cultural de la década de 1920, y muchos escritores y profesores ucranianos fueron arrestados, procesados y asesinados, quedando eliminada buena parte de la élite cultural del país.
Monumento a los intelectuales ucranianos ejecutados
en el campo de Sandarmoj. Fuente: wikipedia.
Todos ellos formaron parte del que se conoció como el Renacimiento fusilado: muchos de ellos fueron ejecutados, ese fue el caso de Les Kurbas, Mykola Kulísh o Mijailo Yalovi; otros sufrieron prisión y destierro en el gulag, aunque después sobrevivieron, como Boris Antonenko-Davidovich; hubo quien ante el drama y el hostigamiento que vivían él y sus amigos y conocidos, optaron por el suicidio, así ocurrió con Mykola Jvyloivyi; algunos optaron por la emigración y huyeron al extranjero como V. Vinnichenko; no faltaron tampoco los que sobrevivieron convirtiéndose al nuevo realismo socialista ucraniano y poniéndose al servicio del régimen de Stalin, nos referimos por ejemplo a Ostáp Vyshna o Pavló Tychyna. De funesto recuerdo fue el terrible campo de concentración de Sandarmoj, en el norte de la Rusia europea, en la remota región de Karelia, donde fue recluida buena parte de la intelectualidad ucraniana y donde murieron asesinados cientos de escritores ucranianos.


El periodo entreguerras en la Ucrania occidental 

Sin llegar al dramatismo de lo que ocurrió en la Ucrania soviética, en la Ucrania occidental el periodo entreguerras también resultó muy tumultuoso. Tras la victoria de las tropas polacas en la Guerra Civil Rusa ante el Ejército Rojo, Polonia y la Rusia bolchevique establecen unas nuevas fronteras en el Tratado de Riga de 1921 y la Ucrania independiente que había surgido al abrigo de la Primera Guerra Mundial desaparece troceada entre polacos y bolcheviques. La naciente Segunda República polaca había conseguido grandes concesiones territoriales, lo que le permitió extender su soberanía sobre amplios territorios orientales que implicaban la parte occidental de Bielorrusia y los territorios de Volinia y Galitzia en Ucrania. Allí habitaban importantes contingentes de población polaca, además de muchos judíos, pero la mayoría de la población era ucraniana. En el caso de la Ucrania occidental, que se extendía por los territorios de Volinia y Galitzia, la situación se volvió con el tiempo muy tensa. La Segunda República polaca se había estructurado como un régimen político autoritario, conservador y ultranacionalista cuya figura clave era el mariscal Józef Pilsudski, el héroe de la guerra contra los bolcheviques. El nacionalismo polaco era la clave de bóveda de una dictadura personalista que apostó por la polonización del país, instaurando el idioma polaco como lengua del sistema educativo, en un intento de cohesionar la heterogénea realidad étnica del nuevo estado. 

Fuente: reddit.com (original en inglés modificado por el autor al castellano).
Fuente: elaboración propia.

Yevhen Konovalets. Fuente: wikipedia
La resistencia de los pueblos no polacos no se hizo esperar, especialmente la de los ucranianos, lo que se tradujo en el nacimiento de organizaciones políticas de carácter nacionalistas que se oponían a la soberanía del gobierno polaco sobre las regiones de mayoría ucraniana. Ese fue el caso de la fundación en 1925 de la Alianza Democrática Nacional de Ucrania (UNDO), fundada por Dmytro Levytsky, que se convirtió en los años de entreguerras en el partido político dominante en la Ucrania bajo control polaco, siendo disuelta por los soviéticos tras anexionarse Ucrania occidental en 1939. Se oponía al dominio polaco y buscaba la independencia de Ucrania occidental, defendía la democracia política y la cultura ucraniana desde posturas de tolerancia, participando en las instituciones representativas polacas, no tuvo el antisemitismo abierto de otras organizaciones ucranianas y rechazó siempre el terrorismo y la violencia. Este no fue el caso de la Organización de Nacionalistas Ucranianos (OUN), fundada por Yevhen Konovalets en 1929. La OUN se configuró como un grupo de inspiración fascista, con una ideología de ultraderecha que rechazaba toda colaboración con el estado polaco. Su apuesta por la violencia le llevó en verano de 1930 a iniciar, sobre todo en Galitzia, acciones de sabotaje y terrorismo: quema de viviendas, almacenes y propiedades de polacos, voladura de puentes y ataques a instituciones del estado, líneas ferroviarias y conexiones telefónicas. El objetivo era boicotear la decisión de algunos partidos ucranianos, como la Alianza Democrática Nacional, de participar en el sistema político polaco, buscando
Stephan Bandera. Fuente: wikipedia
estimular la represión del estado polaco sobre los ucranianos, para así favorecer la radicalización de éstos. Y lo consiguieron. El gobierno polaco inició entonces una política de pacificación, con arrestos masivos y registros violentos en viviendas y propiedades que muchos campesinos ucranianos vieron como un castigo colectivo inaceptable. La consecuencia fue la radicalización de muchos ucranianos moderados que fueron acercándose a las posturas más violentas e intransigentes de la OUN, que creció vertiginosamente, especialmente entre los más jóvenes, y aumentó sus actividades violentas con el asesinato de importantes personalidades en la primera mitad de la década de los 30, entre ellas el Ministro de Interior polaco, Bronislaw Pieracki. En 1940, la OUN se dividía en dos facciones, por un lado, la OUN-m, dirigida por Andriy Melnyk, con posturas más moderadas, por otro la OUN-b, que agrupaba a los jóvenes más radicales, dirigido por Stephan Bandera, la cual iría ganando cada vez más fuerza durante la II Guerra Mundial. La OUN-b defendía un ultranacionialismo radical e intransigente basado en una Ucrania monoétnica, lo que le llevó a participar activamente en el exterminio de la población judía (progroms y colaboracionismo con los nazis) y las matanzas de polacos que se produjeron en la Ucrania en guerra, especialmente en la región de Volinia (cerca de 100.000 campesinos polacos muertos y millones de desplazados).


Durante el período entreguerras, mientras Volinia y Galitzia quedaban enmarcadas dentro de la Segunda República polaca, la pequeña región de Transcarpatia lo hacía formando parte de Checoslovaquia, convertida en una de las 5 entidades administrativas que formaban parte del país y conocida entonces como Rutenia subcarpática. El territorio era la única región de mayoría ucraniana que había al oeste de los Cárpatos, y donde junto a los ucranianos, convivían minorías de rusinos, rusos y una importante comunidad húngara. En 1938 se independizó con el nombre de Ucrania de los Cárpatos, pero meses después fue ocupada parcialmente por el ejército húngaro en un ambiente de gran represión sobre la mayoría ucraniana. El territorio fue definitivamente anexionado por Hungría en la primavera de 1939, quedando bajo su control hasta la ocupación por las tropas soviéticas y su anexión a la URSS en 1945.

Fuente: elaboración propia.


Composición étnica de Checoslovaquia en el periodo de entreguerras. Es observable la mayoría ucraniana en Transcarpatia, aunque al suroeste de la región es dominante la población húngara. F.: wikipedia.



miércoles, 5 de octubre de 2022

El mito del Che Guevara

El fotográfo suizo René Burri realizaba esta foto en 1963, durante una entrevista en el despacho del Che en el Ministerio de Industria cubano. La imagen se convirtió en un icono. Fuente: latinta.com.ar 












Indiscutiblemente, uno de los elementos que explica la enorme dimensión de la revolución cubana y su perdurabilidad en el tiempo es la fuerza y el carisma de sus líderes. El incontestable liderazgo de Fidel Castro fue clave para dar viabilidad y cohesión a la revolución. Su inmensa retórica, su imponente imagen, su carisma incontestable, son los signos distintivos de un personaje que bordeó el mesianismo, convertido en el "salvador" del pueblo, liderando un propósito histórico de redención a través de la revolución. Más allá del líder incontestable que fue Fidel, la revolución cubana se alimentó de un personaje todavía más fascinante, Ernesto Guevara, "el Che". Su personalidad aventurera e idealista sedujo al mundo entero mientras permaneció con vida, pero fue tras su prematura muerte, cuando se produjo su ascenso definitivo a los altares de la mitología revolucionaria mundial. Y el mito ha trascendido a la revolución. Aún hoy, cuando la revolución cubana languidece entre la pobreza y el aislamiento, convertida por el implacable discurrir histórico en un vestigio anacrónico de tiempos pasados, el mito del Che permanece, reconvertido en parte en un fetiche comercial, pero vivo en los sentimientos de gentes de todas las culturas y razas, que lo sienten como el gran revolucionario, capaz de dar la vida por su causa y por los demás. Al contrario que la figura de Fidel Castro, la suya no se vio erosionada por el discurrir de los acontecimientos, por la crisis brutal del modelo económico y político revolucionario a raíz de la caída del muro de Berlín. Por entonces, y aún hoy, el Che yacía plácidamente en el limbo de los mitos, pulcro y limpio, mientras los hermanos Castro se embarraban al enfrascarse en una resistencia numantina frente al "enemigo capitalista", desgastados por un autoritarismo con tintes cada vez más narcisistas, con la imperdonable terquedad de quien no sabe reconocer la derrota.

Maradona muestra el tatuaje del Che en su
brazo. Fuente: marca.com
Todavía hoy el Che pervive como el prototipo del libertador, como el adalid de las causas justas, de la lucha contra la opresión, y lo hace a pesar del descrédito y crisis del principio de revolución, parejo al retroceso del marxismo en los medios intelectuales y no intelectuales, y a pesar de la profunda desideologización de la sociedad, pareja al avance del conservadurismo, el neoliberalismo y la ultraderecha. Y lo hace porque su figura encarna mucho más que la revolución cubana, mucho más que una revolución comunista o proletaria, encarna esa vaga idea de liberación, así, a secas. Por eso la figura del Che es reverenciada por los más ortodoxos, pero también por los más heterodoxos, por eso caló en la iconografía del Mayo de 1968, que sembró con su imagen todo París, y por la misma razón, pervive todavía hoy en día, cuando parece que han transcurrido siglos desde el triunfo de la revolución en Cuba. Aunque son cada vez más los sectores que se atreven a tildarlo con el apelativo de "terrorista" (lo que ya era para algunos de sus coetáneos), los llaveros, chapas, banderas, carteles con sus efigies los han llevado, y aún los llevan, desde los últimos comunistas, hasta jóvenes demócratas vagamente de izquierdas, desde palestinos en lucha contra el estado sionista de Israel a jóvenes protagonistas de las primaveras árabes del siglo XXI; su imagen la puedes encontrar en un suburbio de Filipinas o de Sudáfrica y se niega a desaparecer de los campos de fútbol y las luchas sociales de la Europa actual, aunque ya no pueda competir con la extraordinaria pujanza de los iconos neofascistas. Pero si hay un lugar donde su imagen sigue viva es Latinoamérica. La izquierda latinoamericana, en toda su amplitud, no puede ni quiere renunciar al icono del Che, ese es el caso de Lula da Silva en Brasil, López Obrador en México, Chaves y Maduro en Venezuela o Evo Morales en Bolivia. Maradona, un gran icono, en este caso del fútbol, se tatuó la imagen del Che en su brazo (después también la de Fidel Castro en la pierna) como símbolo de su compromiso a nivel político. No pocos, en el mundo del deporte, han llegado a denominar a Maradona como el "Che" del fútbol. 

Manifestante palestino durante la Intifada. Fuente: latinta.com.ar


Conocido relieve con la imagen del Che en un edificio de la simbólica Plaza de la Revolución. Fuente:


Poster con la imagen del Che.














El día en que fue asesinado, el 9 de octubre de 1967, nacía uno de los grandes mitos del siglo XX. Pero ya en vida, el mito se estaba construyendo. Y a ello contribuyó su imagen, porque el Che entraba primero por su atrayente presencia, después por lo impetuoso de sus acciones y el contenido de su pensamiento: su rostro atractivo, su tez blanca, sus facciones finas, los arcos prominentes de sus cejas que le otorgaban una profundidad sombría a su mirada, su barba espaciada y leve, y su inconfundible estética marcada por la inseparable gorra y el uniforme militar. Una imagen que se mostró en todo su esplendor en la célebre foto que todos conocemos, en la que se inmortalizó a un Che marcado por la solemnidad de los héroes. Conocida como "Guerrillero Heroico", la foto fue realizada por el fotógrafo cubano Alberto Díaz, más conocido como Korda, el 5 de marzo de 1960. El gesto especialmente solemne y trascendente del Che tenía una razón de ser, la foto fue realizada cuando el comandante guerrillero asistía compungido al entierro de las víctimas de la explosión del La Coubre, un barco francés cargado de armamento que había llegado a La Habana y había explotado un día antes. Se produjo entonces una terrible tragedia, con más de setenta muertos y doscientos heridos. La indignación recorrió toda Cuba, el gobierno acusó a la CIA y a los EE.UU. de sabotaje, aunque éste lo negó. Todavía hoy se discute si fue un atentado terrorista, clásico en el proceder de la CIA, o un error en el traslado y descarga del armamento y la munición. La foto pasó inadvertida en un principio, y solo años después, especialmente tras el asesinato del Che, empezó a divulgarse y a ser conocida, hasta convertirse en una de las fotografías más reproducidas y conocidas de todo el siglo XX.

Esta es la más famosa foto del Che, realizada por el fotógrafo cubano Alberto Díaz, "Korda", en el entierro de las víctimas de la explosión del navío La Coubre en marzo de 1960. Fuente: wikipedia.org


"Korda" ante su legendaria fotografía del Che. Fuente: todocuba.org

Ya desde los tiempos de Sierra Maestra se presentía el mito del Che. Sus hombres le respetaban, le querían y le temían a la vez, le admiraban por su estoicismo y su capacidad de sacrificio: compartía con la tropa las privaciones, soportaba las duras caminatas en la selva, a pesar de su asma, y siempre marchaba por delante de sus hombres, no aceptaba ningún privilegio, su cargo y jerarquía no suponía ninguna distinción, comía lo mismo que sus hombres y cuando los campesinos les daban alimentos o materiales, los repartía equitativamente. Era severo e intransigente, duro en los castigos y amante de la disciplina, pero él era el primero en acatarla, y en este sentido, su comportamiento era siempre ejemplar. 

Fidel Castro, junto a su hermano Raúl, en el centro, y el Che Guevara en 1961. Fuente: www.opendemocracy.net 

El Che en un poblado al este del Congo.
Foto: AFP elmundo.es
Cuando los "barbudos" entran en Santiago de Cuba el 1 de enero de 1959 y triunfa la revolución, hacía ya meses que se hablaba del Che en toda Cuba. Eran pocos los que lo habían visto en persona, pero muchos los que lo admiraban. Durante los años 1961 y 1962 ocupó cargos importantes, primero en el Instituto de Reforma Agraria (INRA), después como ministro de Industria y presidente del Banco Nacional, convirtiéndose así en uno de los hombres más influyentes de Cuba. Sin embargo, el Che no tardó en dejar todo ese poder y se fue. En 1965 abandonó todos sus cargos y se dirigió al Congo, donde la CIA, con el apoyo de las democracias occidentales, había propiciado el asesinato del indomesticable presidente Patrice Lumumba. El fracaso del proyecto no le hizo renunciar a su internacionalismo revolucionario y buscó crear un nuevo foco revolucionario en un territorio más próximo, Bolivia. Sin la preparación adecuada, sin el conocimiento del terreno y la realidad del país, la misión terminó costándole la vida.

Esa manera tan suya de renunciar a unas cotas de poder por las que otros matarían, el profundo desprecio que sentía por la burocracia y los burócratas, seducía a unas masas que veían en él a un hombre intrépido y valiente, dispuesto con abnegación a combatir y dar la vida por aquello en lo que creía, un idealista a la par que un hombre de acción. Todo estos rasgos lo convirtieron en "carne de mito". Es conocida la impactante frase con la que se dirigía a los que se entrenaban en Cuba como guerrilleros: "Hagan de cuenta que están muertos y que lo que viven de ahora en más es prestado". Médico de profesión, nació en el seno de una familia acomodada argentina, mostrando desde muy joven su espíritu aventurero. Se convirtió en un viajero incansable que realizó varios viajes por América, entrando en contacto con los sectores sociales más desfavorecidos. En dichos viajes se configuró el Guevara posterior, aquel que concebía América Latina como un solo pueblo, sometido al dominio del imperialismo estadounidense, el mismo que había desarrollado una aguda consciencia de las terribles desigualdades sociales que azotaban el continente. El primer viaje panamericano, que tanto lo transformó a todos los niveles, realizado en 1952 con su amigo Alberto Granado, ha sido reflejado por el director de cine Walter Salles en la película Diario de motocicleta. Tras volver y terminar sus estudios de medicina, inició en 1953 un segundo viaje, que le llevaría hasta Centroamérica, donde pudo vivir en primera persona el golpe de estado que, bajo los auspicios de la CIA estadounidense, acabó con el régimen reformista de Jacobo Arbenz en Guatemala. Reafirma entonces sus ya sólidas convicciones antiimperialistas y se aproxima al comunismo, que antes había rechazado. En 1954 abandona Guatemala y se desplaza a México, donde entraría en contacto con los hermanos Castro.

Walter Salles dirigió Diario de una motocicleta

El Che aspiraba a un cambio radical, pero realizado a gran escala, con una dimensión continental o incluso planetaria. Para él América Latina era una realidad común, solo desgajada artificialmente por medios políticos y debido a intereses artificiales. Se incorporó a la corriente de pensamiento marxista paulatinamente, pero siempre con ciertas connotaciones de heterodoxia, marcadas por el pragmatismo revolucionario y por un cierto e innegable voluntarismo. Creyó siempre en la lucha armada como medio de acabar con la tiranía. Fue un teórico de la revolución y de la lucha guerrillera, llegando a escribir un manual al respecto, La guerra de guerrillas, publicado en 1960 y que se tradujo a muchos idiomas. La obra estaba dedicada a su compañero inseparable en Sierra Maestra, Camilo Cienfuegos, muerto en un accidente de aviación. Para Guevara, el guerrillero es un reformador social, que empuña las armas respondiendo a la protesta airada del pueblo contra sus opresores y que lucha por cambiar el régimen social que mantiene a las masas en la miseria. En el libro se desarrolla la teoría del foquismo: extender la revolución creando nuevos focos revolucionarios en un contexto de lucha internacional contra el imperialismo. Él no creía que fuera necesario esperar a que se dieran todas las condiciones para la revolución, el foco insurreccional podía crearlas. Y desde su percepción, en la América subdesarrollada el terreno de la lucha armada debía ser fundamentalmente el mundo rural.

El Che fue un teórico de la lucha guerrillera.
En la carta que escribió a sus padres desde la selva boliviana el 1 de abril de 1965, Ernesto les dice: "Nada ha cambiado en esencia, salvo que soy mucho más consciente, mi marxismo está más enraizado y depurado. Creo en la lucha armada, como única solución para los pueblos que luchan por liberarse y soy consecuente con mis creencias. Muchos me dirán aventurero, y lo soy, solo que de un tipo muy diferente y de los ponen el pellejo para demostrar sus verdades". Este fragmento deja al descubierto a todas luces su personalidad, mostrando algunos de los rasgos que hacían de él un hombre tan querido por los suyos, rasgos que contribuyeron a la confección del mito: era un hombre valiente, consecuente con sus ideas, honesto y honrado, de esos líderes capaces de abanderar una causa poniéndose al frente y asumiendo todos los riesgos, que dan la cara y no ponen la de los demás. Pero también un hombre directo y sincero. Sin tapujos admitía las críticas y reconocía sus errores. Un día declaró a un interlocutor que le preguntaba por los errores cometidos por la revolución cubana en materia económica: "Tienen que ser solamente algunos, si cuento todos los errores, tenemos para 10 días".

Sus aspiraciones no quedaban limitadas a un cambio en las condiciones actuales, a la transformación de la realidad, sino que pretendía lo que en sus palabras definió como el hombre del siglo XXI. Esa entrega política y combatiente, que tanto le caracterizó, derivaba de una fe inquebrantable en las posibilidades para la aparición de un "hombre nuevo", sobre el que una y otra vez vuelve en obras como El socialismo y el hombre en Cuba o El socialismo y el hombre nuevo, y que contribuyen, al origen de la mitología guevarista. A ojos de la actualidad, tales tesis puede resultar cuando menos ingenuas, pero sirven para entender su elevado nivel de entrega y compromiso.

Si la imagen y personalidad del Che son determinantes para el desarrollo del mito, también lo fue el contexto de la época que le toco vivir. En EE.UU. los años sesenta eran los del movimiento por los derechos civiles o la movilización masiva contra la guerra de Vietnam, en Europa era una época marcada por la proliferación de los movimientos sociales y el surgimiento del mayo francés en 1968. Un terremoto aún mayor sacudía África y Asia: se desarrollaban los procesos de descolonización y surgían activos movimientos antiimperialistas, protagonistas a la vez de procesos revolucionarios de distinto sesgo y naturaleza. El capitalismo global y el imperialismo, dominantes hasta entonces, parecían atravesar una fuerte crisis. EL orden colonial se había resquebrajado y las colonias accedían a la independencia, alterándose gravemente el "status quo" internacional. Mientras, en Extremo Oriente la guerra del Vietnam iba camino de convertirse en la primera y única derrota de la historia de los EE.UU., hiriendo su orgullo de superpotencia y destapando su profunda hipocresía, desprestigiándolo como adalid de los derechos humanos a escala mundial. La guerra de Vietnam marca un antes y un después para aquellos pueblos que luchaban por su independencia y para todos aquellos que creían en la revolución, al demostrar que era posible que el más débil venciera al más poderoso, que era posible resistir. Eran muchas cosas también las que se movían en Latinoamérica, donde la crispación era intensa: la crisis social, producto de las relaciones de dependencia y del carácter injusto de la estructura social, originó profundas tensiones, en las que nació, se consolidó y quiso expandirse la revolución cubana. Muchos sectores, especialmente jóvenes entendieron el cambio como el gran objetivo anhelado, y la revolución que debería ser a escala continental, se convirtió en el vehículo apropiado para alcanzar la meta. 

Manifestación en Berlín en febrero de 1968 contra la guerra del Vietnam. Fuente: passagejfv.eklablog.com  



El último ingrediente que terminó de configurar el mito del Che, fue su propia muerte. Como ya hemos comentando, después de arriesgar su vida en Sierra Maestra y en la sabana del Congo, el 9 de octubre de 1967 Ernesto Guevara moría en la selva boliviana. Había llegado a Bolivia en noviembre de 1966 con 47 combatientes, más de la mitad bolivianos, 16 de ellos cubanos, algunos de su círculo de confianza más estrecho. Se asientan en el sudeste del país, en esos límites montañosos y selváticos donde las montañas de los Andes desembocan en el Gran chaco. El grupo se autodenomina Movimiento de Liberación Nacional de Bolivia. Desde un principio se sucedieron los problemas, no consiguieron el apoyo campesino, tampoco tuvieron el respaldo del Partido Comunista, cuya logística era fundamental para la supervivencia del grupo, desconocían la realidad sociopolítica boliviana e incluso las condiciones del terreno. En este sentido, el proyecto y desarrollo del grupo y su actividad insurgente contradecía las tesis sostenidas por el propio Che respecto al desarrollo de los focos guerrilleros. Pronto comenzaron las escaramuzas con el ejército, que los fue aislando y cercando, y enseguida entraría en acción la CIA, que mandó algunos de sus agentes para sumarse a la caza de tan preciada "presa". El desgaste continuo, con goteo de bajas incluido, llegó hasta octubre de 1967. El 9 de octubre, el Che hacía su última anotación en su Diario de Bolivia y al día siguiente, cuando se quedaba rezagado con algunos hombres para proteger la huida de los enfermos, es herido en combate, mientras la mayoría de los que le acompañaban caen abatidos. Ejecutado más tarde, su cuerpo fue trasladado a Vallegrande, donde se expuso en el lavadero del hospital Nuestro Señor de Malta, donde fue exhibido públicamente durante más de un día. Allí fue donde se le hicieron las conocidas fotografías que impresionaron al mundo. Fue enterrado en una fosa común con otros seis guerrilleros, siendo encontrada su tumba en 1997. Sus restos fueron trasladados a Cuba poco después y recibidos en olor de multitudes. Hoy yace, junto a sus compañeros, en el Memorial de Ernesto Guevara en Santa Clara. 

El agente de la CIA, Félix Ismael Rodríguez, a la izquierda, junto al Che, en la última imagen del guerrillero antes de morir. Fuente: abc.es

Militares bolivianos junto al cadáver del Che. Fuente: diariodecuba.com
























Su muerte, tan joven, lo catapultó hacia el mito. Nadie ha conocido a un Che anciano y con canas, poco activo o apegado a sillones. El Che murió como y cuando debe morir un mito, joven y como un héroe. Y así quedó inmortalizado. Fue herido luchando con arrojo, no huyó dejando a los suyos, sino todo lo contrario, cubrió con la ayuda de algunos de sus hombres la retirada de aquellos que por sus heridas y condición física iban más lentos y corrían el riesgo de ser capturados. Una vez apresado, lo asesinan y exponen en público como si de una pieza de caza se tratara. La humillación del adversario que pretendían los militares bolivianos se volvió contra ellos: la bajeza de los enemigos del Che contrastaba con la nobleza y heroísmo demostrada por el guerrillero, contribuyendo así al nacimiento y desarrollo del mito. 

La muerte del Che la lloraron públicamente medio millón de cubanos reunidos en la plaza de la revolución durante la velada solemne celebrada en su honor el 17 de octubre de 1967. Desde entonces, el Che comenzó a vivir en la memoria popular de los cubanos, con o sin la ayuda de la propaganda oficial. En Cuba, el Che es algo más que el mito que representa para el resto del mundo, es el líder de la ética revolucionaria. El Che Guevara, para la gente de la calle en Cuba, es el modelo de la autoridad moral. Si la revolución cubana fue la gran conmoción que llenó de esperanza a los pueblos explotados de América Latina, mostrando que era posible rebelarse y vencer al "Imperio del Norte", el Che simbolizó, dentro de esta revolución, lo más puro, lo más digno, lo más arriesgado, lo más austero, imaginativo y solidario.

Mausoleo del Che Guevara en Santa Clara (Cuba). Incluye una gran estatua del guerrillero y alberga su cadáver y el de 29 de sus hombres. Fuente: wikipedia.









A modo de conclusión. Reflexión final

Son cada vez más los periodistas y tertulianos de pro que se atreven, desde el mundo progresista, ha criticar la figura del Che. No hace mucho que uno de ellos, en TVE, al criticar con acierto la deriva autoritaria de la Nicaragua de Ortega, afirmaba con desparpajo la necesidad de que algunos sectores de la izquierda se desprendieran de sus lastres y perjuicios, que renegaran de la ligazón que aún tenían con dictaduras y dictadores (se refería a la Nicaragua de Ortega, pero especialmente a la revolución de Cuba, y como no, al chavismo venezolano, convertido en los últimos tiempos en la quintaesencia del mal). El tertuliano afirmaba no entender como había gente autodenominada de izquierdas que todavía pudiera respetar a determinados personajes, y con un insolente reduccionismo nombraba dos ejemplos a repudiar: Stalin y el Che, y a este último lo denominó, sin reparo alguno, "terrorista". Más allá de la marcada superficialidad de tal afirmación, confundir al Che con Stalin es una muestra de total ignorancia. Ninguno de los dos creía en la democracia como la entendemos hoy en día, pero ambos tenían ideas muy diferentes de lo que debía sustituirla. Ni su comportamiento en vida, ni su legado tras su muerte tienen nada que ver. El Che no era un santo, pero era un hombre honesto y coherente, no era el tirano despótico y caprichoso que fue Stalin, era un guerrillero y quizás un aventurero, pero no un asesino de masas, era un hombre de acción, idealista y entregado a su causa, un hombre al que es justo juzgar ubicándolo en su época y en el contexto geográfico e ideológico que le tocó vivir. Si se define al Che como un "terrorista", lo que ha hecho la derecha política latinoamericana y europea toda la vida, y hoy hacen cada vez más sectores progresistas, primero habría que definir el término "terrorista", que yo siempre he considerado complejísimo, aunque algunos lo simplifican y tergiversan con intenciones ideológicas muy definidas. No me voy a embarcar en algo tan peliagudo como definir un término tan ambiguo y cambiante como el de "terrorismo", pero si puedo dejar claro que los mismos que llamaban "terrorista" al Che durante la época de la Guerra Fría, lo hacían también con Mandela (por lo visto, hoy considerado un símbolo de la paz a nivel mundial) y su Congreso Nacional Africano, que usaba la violencia como un instrumento de lucha contra la terrible injusticia que se vivía en Sudáfrica. Y por cierto, Mandela encontró siempre en la revolución cubana a su gran aliado, casi el único, cuando estaba abandonado por las democracias occidentales, convertidas en el gran sostén internacional del régimen del apartheid durante la Guerra Fría (por lo visto el apartheid sudafricano nunca fue terrorismo para algunos). 

Acercarnos al Che con los ojos de un europeo del siglo XXI no lleva a dimensionar adecuadamente al personaje. El Che justificaba el uso de la violencia y rechazaba el concepto liberal de democracia, entre otras razones porque el liberalismo parlamentario tenía una proyección muy diferente en Latinoamérica a la que tenía y tiene en Europa. Las sociedades latinoamericanas están dominadas por una desigualdad tan profunda a nivel social, económico y cultural, incluso racial, que el desarrollo de regímenes democráticos resulta un proceso tan arduo como frustrante. La democracia liberal en América Latina se cimentaba, y aún lo hace hoy, sobre la exclusión de parte de la sociedad del sistema económico y por tanto del político. No es de extrañar que hombres como el Che la despreciaran, como tampoco que recurrieran a la violencia en sociedades de por sí muy violentas, donde proliferaban dictaduras y regímenes políticos pseudodemocráticos, amparados por los Estados Unidos y sostenidos sobre oligarquías económicas que incluso tenían y tienen tintes raciales. No es de extrañar que cualquier intento de cambio en sociedades donde la injusticia iba tan ligada a la represión, pudiera estructurarse únicamente a partir del uso de la violencia.

El Che junto a Fidel Castro en Sierra Maestra. Fuente: fotosdelcheguevara.blogspot.com