BLOG DE JOSÉ ANTONIO DONCEL DOMÍNGUEZ (I.E.S. LUIS CHAMIZO, DON BENITO, BADAJOZ)

jueves, 15 de noviembre de 2012

La propaganda nazi y los medios de comunicación de masas


Adolf Hitler con su ministro de propaganda, Joseph Goebbels.

LA PROPAGANDA NAZI Y EL CONTROL SOCIAL

El desarrollo de la propaganda de guerra surge con la Primera Guerra Mundial, de la mano especialmente de los británicos, que se mostraron como maestros en el uso de los medios de comunicación para mantener la fe en el triunfo final. La propaganda política nace como arma ideológica con la Revolución Rusa, el nuevo estado comunista recurrió a ésta de forma sistemática con la intención de controlar y guiar a las masas. Los nazis trataron de aunar las aportaciones de uno y otro y convirtieron la propaganda en una "nueva arma" para convencer al pueblo, para llegar a él, para imponer su visión del mundo y el Estado. Supieron utilizarla para alcanzar el poder, para aprovecharse de la crisis y las frustraciones existentes, mostrándose como salvadores de la nación en quiebra, y una vez en el gobierno, pusieron todos los medios de comunicación bajo su control y los utilizaron para dominar el Estado y controlar a las masas. Sin la propaganda sistemática y el control de los medios no se explica el crecimiento de nacionalsocialismo a lo largo de los años 20 y 30. Buscaron un enemigo y lo encontraron en los judíos y los comunistas, y sobre ellos lanzaron todo el descrédito, a la vez construyeron todo su mensaje sobre la exaltación del líder y su papel como guía o caudillo: sus discursos se transmitían por la radio, su imagen estaba omnipresente en los carteles que empapelaban las calles, en los periódicos o emisiones de cine, donde se exaltaba su carisma y los logros y conquistas conseguidos. Y en todos los medios se reproducían de forma masiva desfiles solemnes, símbolos, banderas y estandartes, que asedian al pueblo alemán casi como una obsesión. Alemania se convirtió de esa manera en una "sociedad hipnotizada". El padre de todo este mecanismo propagandístico fue Joseph Goebbels, al frente del recién creado Ministerio de Propaganda y Educación Popular. Su enorme capacidad como manipulador de la información lo convirtió en uno de los personajes fundamentales del nazismo, artífice de una incansable labor de propaganda basada en los siguientes principios:
1.  Principio de simplificación del enemigo único. Adoptar una única idea, un único símbolo. Individualizar al adversario en un único enemigo.
2. Principio del método de contagio. Reunir diversos adversarios en una sola categoría o individuo. Los adversarios han de constituirse en suma individualizada.
3. Principio de la transposición. Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. “Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan.”
4. Principio de la exageración y desfiguración. Convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave.
5. Principio de la vulgarización. “Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión, escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar.”
6. Principio de orquestación. “La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentarlas una y otra vez desde diferentes perspectivas, pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas.” De aquí viene también la famosa frase: “Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad”.
7. Principio de renovación. Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que, cuando el adversario responda, el público estará ya interesado en otra cosa. Las respuestas del adversario nunca han de poder contrarrestar el nivel creciente de acusaciones.
8. Principio de la verosimilitud. Construir argumentos a partir de fuentes diversas, a través de los llamados globos sondas o de informaciones fragmentarias.
9. Principio de la silenciación. Acallar las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen al adversario, también contraprogramando con la ayuda de medios de comunicación afines.
10. Principio de la transfusión. Por regla general, la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales. Se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas.
11. Principio de la unanimidad. Llegar a convencer a mucha gente que piensa “como todo el mundo”, creando una falsa impresión de unanimidad.


LA CARTELERÍA NAZI

Hasta la Primera Guerra Mundial, el cartelismo tuvo básicamente fines publicitarios y comerciales. Los carteles de guerra surgieron durante la Gran Guerra, mientras la cartelería política encontraba su momento poco después, en la nueva Unión soviética surgida de la revolución bolchevique. A lo largo del siglo XX la evolución técnica de las artes gráficas dio a la cartelería una gran relevancia y en el periodo entreguerra la propaganda política y bélica a través del cartel alcanzaría su cénit, así lo evidenció el desarrollo de la Guerra Civil española y el surgimiento de los estados fascistas. El nazismo mostró gran maestría en el uso del cartel como medio de propaganda, éste permitía llegar a gran cantidad de público sin necesidad de invertir grandes recursos. Además, correctamente situado y desarrollando el mensaje con habilidad estética y técnica, su capacidad para influir y movilizar en las masas era evidente. Así lo comprendió Goebbels, ministro de propaganda alemán, plenamente consciente del poder de la imagen. Ésta resultaba mucho más sugestiva y se grababa por mucho tiempo en la mente del espectador, especialmente en una sociedad donde el acceso a ella era muy limitado, porque la televisión no se había convertido en un medio de masas. El cartel nazi tiene un mensaje claro y un lenguaje directo, lleno de frases cortas y sencillas, pero punzantes y llamativas, que resumen la ideología nacionalsocialista o exigen del espectador un tipo de conducta comprometida. Se acompañan de una estética muy cuidada en el marco de una composición atractiva. Son carteles impactantes, rotundos en su intento de convencer, repletos de consignas que apelaban al instinto y las pasiones más que a la razón. Auténticos "gritos en la pared" que clamaban por la maldad de los judíos, la grandeza del líder, el bienestar económico generado por el nuevo régimen o el valor del trabajo en la retaguardia durante la guerra mundial. A continuación expongo una breve selección de carteles y un VIDEO con una completa selección de carteles propagandísticos del nazismo, todos ellos traducidos.



"El judío, el instigador de la guerra,
el prolongador de la guerra".
"¡Alemania es libre!"

Exaltación de los valores de la familia alemana
 y la raza aria.

Ante la ruina  y  la crisis económica de Alemania:
 "Nuestra última esperanza: Hitler"

                                     
Exaltación de la moral de guerra:
"La victoria será nuestra".
El  valor del trabajo en la retaguardia:
"Tú eres el frente"



"LA RADIO DEL PUEBLO" 

Tras su llegada al poder, el ministro de la propaganda, Joseph Goebbels, se propuso llegar con el mensaje del gobierno nazi a todos los hogares y percibió la importancia de la radio como vehículo para comunicarse con las masas, sobre todo, teniendo en cuenta que la televisión apenas existía. Tal proyecto implicaba la popularización de la radio -cada alemán debía tener un aparato- para lo que se necesitaban receptores más baratos. Y en agosto de 1933 se presentaba la Volksempfänger o Radio del Pueblo de la que se vendieron hasta el inicio de la guerra, siete millones de unidades. Durante la guerra se venderían a mitad de precio otras 1.800.000 de una versión más barata, la DKE38. Ambas estaban marcadas con un águila y una svástica.
En esta expansión de la radio influyó no solo el precio, sino también la publicidad masiva que se dió en periódicos, salas de cine y a través de carteles en las calles. Anuncios como éstos se extendieron por toda Alemania:

"Toda alemania escucha al Führer con
 la Radio del Pueblo".
"¡La radio para todas las clases!"




La Volksempfänger o Radio del Pueblo.

La primera preocupación del régimen nazi fue que todo hogar alemán tuviera una radio, la segunda que a través de ella le llegara la ideología nazi, impidiendo la extensión de postulados diferentes. Las emisoras estaban todas bajo control del régimen y además los nuevos aparatos estaban muy limitados a la hora de interceptar emisoras no alemanas -precisaban antenas especiales-. Una vez empezada la guerra se prohibió expresamente escuchar las emisiones extranjeras, lo que se castigaba con prisión. Los contenidos radiofónicos eran de una uniformidad absoluta, sometidos a los principios de la doctrina oficial. Todos los discursos del Führer fueron transmitidos por radio en un intento de llevar su palabra a todos los hogares. Se sucedian las charlas sobre el Nacionalsocialismo y se imponía la música alemana, ya fuera popular o clásica. Los compositores judíos fueron vetados y la música extranjera fue desapareciendo poco a poco de las ondas. Durante la guerra los mensajes políticos y la exaltación triunfalista del ejército alemán acrecentó el carácter propagandístico de la radio, aunque el creciente hastío de la población obligó a Goebbels a aumentar el porcentaje de la programación destinado a la música ligera y comercial.

Reparto entre la población de la  Volksempfänger o Radio del Pueblo.
Hitler escucha en la radio los resultados de las elecciones parlamentarias
 alemanas. Siempre fue consciente del poder comunicativo de este medio.

El régimen nazi también percibió las posibilidades de la TELEVISIÓN. Se hizo un esfuerzo técnico importante y se puso en marcha el primer servicio de televisión que emitía algunos días de la semana. Pero la televisión no estaba suficientemente desarrollada, los aparatos eran muy caros y solo se encontraban en sitios públicos. Por otro lado la irrupción de la guerra frenó en seco la producción de estos aparatos, aunque las emisiones continuaron hasta casi el final del conflicto.


LA PRENSA NACIONALSOCIALISTA

La prensa se convirtió desde un principio en un ingrediente más en la estructura propagandística nazi, a pesar de todo, siempre estuvo en un segundo plano respecto a medios hablados como la radio. Como ocurrió con los medios en general, la prensa cayó pronto y en su mayoría bajo el control de régimen. Muchos periódicos fueron cerrados, muchos periodistas y editores perseguidos. Aunque siempre permanecieron periódicos con cierto tono liberal como el Frankfurter Zeitung que daban cierta apariencia de pluralidad, todos ellos estaban, sin embargo, sometidos a las directrices que el Ministerio de Propaganda enviaba diariamente a sus redacciones. Con el tiempo la editora del partido nazi fue haciéndose con la propiedad de la mayoría de la prensa germana. El artífice de tal proceso fue Max Amann, que creó un enorme imperio periodístico con cientos de publicaciones y miles de empleados. Era el presidente de la Cámara de Prensa -órgano del régimen nazi para dominación de la industria editorial-, jefe del Reich para la Prensa del Partido y director de la Eher Verlang, la compañía editora del partido nazi y encargada de publicar libros, revistas y periódicos. Ella editaba las obras de Goebbels o el Mein Kampf de Hitler, y también los principales periódicos del partido, convertidos en pura prensa propagandística. Nos referimos al Völkischer Beobachter, "El observador popular", el periódico oficial del NSDAP, autodenominado "Diario de combate del Movimiento Nacionalsocialista de Alemania", o al Illustrierter Beobachter, un periódico diario ilustrado con fotografías y fotomontajes que cubría los actos de los líderes nazis. Ambos periódicos crecieron con el nazismo, por eso cuando se fundaron en los primeros años 20, su tirada no superaba unos miles de ejemplares, mientras en el año 1944 estaba por encima del millón y medio.

El Volkischer Beobachter era el periódico oficial del partido nazi.
                 
El Illustrierter Beobachter mostraba
la evolución de la guerra en imágenes.
Las fotografías del Führer inundaban
las páginas del Illustrierter Beobachter.

Ejemplo paradigmático del uso de la prensa como medio propagandístico es el periodico semanal Der Stürmer, "El atacante", que se publicó entre 1923 y 1945, centrado en la difusión de propaganda antijudía y en convencer a los alemanes de la maldad de los hebreos. Su crecimiento fue paralelo al del partido nazi y si en 1927 tan solo tenía una tirada de 27.000 ejemplares, en 1935 alcanzaba los 480.000. Su antisemitismo visceral era evidente en sus conocidas caricaturas y dibujos satíricos que atacaban y menospreciaban a los judíos y en el lema que había en la parte inferior de cada portada "Los judíos son nuestra desgracia".

La frase inferior del Der Sturmer senten-
ciaba "Los judíos son nuestra desgracia"

Las caricaturas del Der Sturmer mostra-
ban a los judíos como seres despreciables.


EL CINE COMO MEDIO DE PROPAGANDA: LA OBRA DE LINE RIEFENSTAHL.
      
El periodo entreguerras, entre 1919 y la llegada de los nazis en 1933, fue el periodo de mayor creación artistica de Alemania en muchos ámbitos, también en el cine. En el seno del cine alemán se desarrolló una corriente expresionista que produjo un gran número de obras maestras. Pero tal explosión creadora termina con el ascenso de los nazis al poder. Muchos de los cineastas escogen el camino del exilio, bien por sus ideas políticas, bien porque la censura limitaba su capacidad de creación. Es el caso de Murnau, Billy Wilder, Ernest Lubitsch, Josef Von Stemberg, Fred Zinneman, Douglas Sirk o Fritz Lang. La mayoría huyó a Estados Unidos, incorporándose a la industria de Hollywood. 
Todo esto no implicó que el nazismo diera de lado al cine, al contrario, tanto Hitler como Goebbels habían comprendido desde muy pronto su enorme capacidad para la transmisión de ideas y llegar a los ciudadanos. Con el objetivo de llevar estas intenciones a la práctica el cine alemán pasará en estos años de ser privado a estar enteramente controlado por el régimen, de forma que grandes productoras como la UFA son adquiridas por el Estado y convertidas en un engranaje más de la maquinaria propagandística nazi.
Sin embargo, esto no supuso el predominio del cine de propaganda, lo que hubiera saturado y expulsado de las salas al alemán medio, los nazis mostraron su inteligencia permitiendo el desarrollo y predominio de un cine de evasión y entretenimiento, con historias sencillas y comerciales demandadas por el pueblo. Sin embargo, ese cine debía transmitir también los valores y principios de la nueva Alemania, aunque nunca de manera explícita. Y es que el reglamento cinematográfico de febrero de 1934, no solo había introducido la censura previa, sino que obliaba a que las películas fueran realizadas por productores de raza aria y reflejan el espíritu y los valores nazis. 
El predominio del cine de evasión no impidió que hubiera una producción puramente propagandística, un cine claramente ideologizado al servicio de los intereses nazis, nos referimos a los noticiarios y documentales de guerra, que nos mostraban los avances y logros del régimen, la evolución de la guerra y las victorias del ejército alemán. Junto a estas proyecciones se hallaban películas con un carácter a veces documental  y claramente propagandístico. Es el caso, en 1940, de películas marcadamente antisemitas, como El judío Juss, film de carácter histórico, o El judío eterno, con un carácter más documental, que muestran un antijudaísmo muy agresivo, construyendo un enemigo, un judío malvado, egoísta y parásito, que solo encuentra felicidad en el dinero, siempre en abierto contraste con el prototipo de alemán, honesto y trabajador.

Cartel de la película antisemita El judío eterno.

En esta órbita propagandística estaba la obra de una íncreible directora, Line Liefenstahl, una mujer muy vinculada a determinados personajes del nazismo como Albert Speer o Rudolf Hess. Liefenstahl fue de las pocas cineastas que no se exilió y que puso todo su enorme talento al servicio del nuevo régimen, que le recompensó con todos los medios técnicos, económicos y humanos para realizar los proyectos encomendados.
Así pudo realizar dos grandes obras maestras del cine, El triunfo de la voluntad y Olympia. Ambas son películas impactantes llenas de alardes ténicos, a la vez que servían a los intereses propagandisticos del régimen. El triunfo de la voluntad se centra en la Convención del Partido celebrada en Munich en 1934, Hitler la eligió para dirigir el film documental porque le habían impresionado algunos de sus trabajos previos. El documental muestra a las masas nazis fundiéndose en una única voluntad con el Fúhrer, que evidencia su enorme capacidad como orador, su fuerte personalidad y su carisma entre las masas que le escuchan. La película exalta la figura del Führer hasta el paroxismo, masas fanatizadas y enfervorizadas que lo reverencian con su silencio respetuoso cuando habla o lo aclaman cuando llega el momento, mostrados como un todo, como una masa única, en grandes planos. Esas escenas se mezclan con primeros planos de individuos que vemos de cerca, generalmente jóvenes y satisfechos. Esa combinación y el montaje excelente favorece el dinamismo de las escenas. Se trata posiblemente del mejor documental de propaganda política de la historia y sentó las bases para la filmación de eventos masivos en la posteridad. Y junto al líder y las masas todo el estilo fascista, su iconografía y simbología: svásticas, banderas, estandartes, desfiles militares. Hoy resulta inquietante, por su exaltación del nazismo, pero también seduce desde el principio hasta el final y muestra la enorme capacidad de movilización del Partido Nacionalsocialista. De hecho, en 1935 la película fue un fenómeno de masas.
En Olimpia, Liefenstahl filma por primera vez en la historia unos juegos olímpicos, los juegos de 1936, celebrados en Alemania y que se convirtieron en una exaltación del nazismo. Elabora un gran documental, esta vez al servicio de la reivindicación de las capacidades físicas y la perfección de la raza aria, fomentando además el orgullo nacional por el éxito en las olimpiadas de 1936.

Cartel publicitario de la película
 El triunfo de la Voluntad.
Cartel publicitario de la película Olympia.


Line Liefenstahl en pleno trabajo de dirección.
La cámara de Liefenstahl graba a un miembro
de las juventudes nazis en un plano corto.






















El triunfo de la voluntad está repleta de imponentes escenas de masas.

La directora de cine Line Riefenstahl flanqueada por
  Joseph Goebbels y Adolf Hitler.

El primer vídeo nos muestra un momento estelar de El triunfo de la voluntad, donde podemos observar al Führer en toda su plenitud, ante una multitud de jóvenes absortos ante la absorbente oratoria de su caudillo. El segundo vídeo nos muestra a Hitler realizando un encendido discurso ante una muchedumbre durante una concentración nocturna.

   

  

sábado, 27 de octubre de 2012

El fascismo y su ideología en el periodo Entreguerras

La inconfundible imagen de Hitler, con la esvástica al fondo.
Siguiendo al profesor Santos Juliá, el fascismo no debe ser confundido con las dictaduras conservadoras y militares que, como la del general Franco, proliferaron en Europa durante el siglo XX. Estas pudieron en determinados momentos copiar muchos de sus ingredientes, sus simbologías, sus contenidos ideológicos, sus métodos y estilo, los principios de organización de su estado y su estructura económica, pero nunca llegaron a ser regímenes totalitarios ni fascistas. El fascismo no es una violencia desde arriba sino un movimiento de masas, que trata de movilizarlas -y no aplacarlas- y se define revolucionario. En este sentido, su acceso al poder no se producirá a través de un golpe de estado, sino a través del desarrollo de organizaciones que le den el apoyo de las masas. Y cuando esté en el poder seguirá movilizándolas con intensidad, tratando de ejercer un control total sobre el conjunto de la sociedad. Estaríamos ante un clásico totalitarismo, diferenciado de los simples autoritarismos que también proliferaron en Europa durante el periodo de entreguerras (ver mapa).

 EXPANSIÓN DE LA DICTADURA EN LA EUROPA DE ENTREGUERRAS

Las causas de la llegada y extensión de los fascismos son múltiples y justifican otra nueva entrada futura, aunque las encontramos sintetizadas en este pequeño video. Este fragmento documental de corta duración nos resume en imágenes las razones que explican el surgimiento del fascismo y sus bases doctrinales:

                                       


TOTALITARISMO Y REPRESIÓN

Se trata de un sistema político dictatorial que ejerce un control total sobre el conjunto de los ámbitos de la sociedad, estructurando una férrea dictadura a partir de un partido único, una organización política de ideología fascista (Partido Nacionalsocialista alemán y Partido Nacional Fascista en Italia, en España y durante la II república la Falange Española de las Jons). Un partido de masas que encuadra a la población y la moviliza continuamente, que se funde con el Estado, con el que termina confundiéndose. Se trata de un partido fuertemente jerarquizado, en cuyo punto más alto de poder se encuentra el gran líder, el guía de la nación ("Duce" en italiano , "Führer" en alemán, "Caudillo" en español). El culto a la personalidad del gran líder lo llena todo, desde la escuela a los edificios de la administración, desde las calles a las empresas, de los medios de comunicación de masas a los medios de transportes. La figura del líder se hace onmipresente. Ese liderazgo incontestable es el de Hitler en la Alemania nazi, el de Mussolini en la Italia fascista o el que ejercía José Antonio Primo de Rivera entre los falangistas españoles.

La figura  idealizada del "Duce" con Roma al fondo.
 Exaltación de Hitler como el "Führer".
El liderazgo de J.A. Primo de Rivera era
 indiscutible en el falangismo español




















La negación del individualismo conduce a un ciudadano que estará sometido al poder del Estado y absorvido por la Nación. Se eliminan todas las libertades individuales defendidas por el liberalismo y que sustentaban los régimenes democráticos: libertad de expresión, de prensa, de religión, de asociación, de reunión, etc. Se produce por el contrario un control brutal de la opinión pública, que pretende la creación de una sociedad de pensamiento único donde la disensión no tiene cabida. Esto se consigue, por un lado, con un férrea censura, que supone la prohibición de la expresión de cualquier idea ajena al régimen, opuesta o diferente a la ideología fascista. Por otro lado, se manufactura opinión a través de una sistemática propaganda, buscando la publicidad de los principios e ideas del fascismo y de la grandeza de su líder. Todo ello a través de un estricto control de los clásicos medios de comunicación de masas de la época como la prensa y la radio, pero también de los más novedosos como el cinematógrafo -un ejemplo son los documentales de Line Riefenstahl- En este sentido, prestan especial importancia a la educación y el adoctrinamiento de los más jóvenes, en un intento de mantener vivo el régimen en el futuro, siendo llamativo el encuadramiento masivo de la juventud a través de organizaciones propias de carácter fascista.


El uso de la radio como medio de propaganda
 fue una realidad durante el régimen nazi.
La juventud al servicio del Führer.
Jóvenes del Movimiento Juvenil femenino nazi.

Los niños no escapaban al control ideológico y la movilización continua.

A esto habría que añadir la represión sobre la sociedad, con la prohibición del resto de partidos y sindicatos y la persecución ejercida sobre los opositores a través de organizaciones que generan terror sobre el disidente y ejercen la violencia contra él: el desarrollo de una policía política (la Gestapo alemana o la OVRA italiana) y la existencia de unos grupos paramilitares que ejercen la violencia en las calles (los "camisas negras" o Squadristi italianos y los "camisas pardas" alemanes de las SA.).

Cartel propagandístico de las S.A. nazis

Los camisas pardas  (S.A.) desfilan en la puerta de Brandemburgo de Berlín.


"Camisas negras" italianos posan ante la cámara en un aerodrómo.

NACIONALISMO RADICAL Y RACISMO

Defensa a ultranza del orgullo patriótico y las grandezas de la Nación, que conduce al odio nacionalista y al revanchismo respecto a otras potencias  (el caso paradigmático es la actitud de Alemania frente a Francia). Se aplica una "concepción organicista" de la nación: los individuos son parte de la nación como las células forman parte del cuerpo humano. De igual manera que las células no pueden subsistir individualizadas y por separado, y solo tienen sentido como parte del cuerpo humano, los individuos no tienen sentido por sí solos, y tan solo pueden vivir como partes de la nación. En este sentido la Historia se reconstruye y se pone al servicio de esa idea de nación, convertida así en un arma ideológica importante.

El ultranacionalismo del falangismo español
se condensa en el grito de "arriba España".
El falangismo español defendía una
España unitaria frente a las autonomías
 de la II  República.









"Un pueblo, un imperio, un caudillo". Sobre el
mapa de Alemania la figura del Führer. 

Vinculado al nacionalismo existe un racismo agresivo, ya que uno de los elementos constitutivos y definidores de la nación es la raza. Defienden el principio de superioridad de unas razas sobre otras. En ocasiones esa visión tiene un sentido más cultural, una raza ligada a una civilización o cultura superior, en otras, un sentido mucho más biológico, como ocurre con el nazismo y su exaltación de la raza aria o germana, con características físicas y psíquicas casi perfectas. Como raza superior, necesita un "espacio vital", un territorio extenso que satisfaga sus necesidades -justificación del expansionismo territorial y las políticas imperialistas-. Aplican los principios de Darwin a las sociedades humanas -"Darwinismo social"-, defendiendo las leyes de la selección natural y la ley del más fuerte: la raza o nación mas fuerte se impondrá y dominará a las demás. En este sentido, el nazismo centró su atención en los judíos, cuya discriminación se sancionaba en las Leyes de Nuremberg (1935) y que terminaba siendo considerada una raza a extinguir, siendo perseguidos y eliminados sistemáticamente en lo que se dió en llamar "La Solución Final". El precedente o punto de partida fue "La noche de los cristales rotos", que supuso la quema de sinagogas y la destrucción de tiendas, casas y todo tipo de propiedades pertenecientes a la comunidad judía, así como la posterior detención de decenas de miles de judíos. La culminación de tal proceso fue la puesta en marcha de los campos de exterminio, que como Auschwitz funcionaron en la Europa ocupada durante la Segunda Guerra Mundial.

Cartel de la película antisemita "El judío eterno".

Con la llegada de los nazis al poder la presión sobre los judíos aumenta.
 Las tiendas judías son marcadas con pintadas.

La humillación pública de judíos era una tónica general en las calles de
 Alemania durante el régimen nazi.

Tras La noche de los cristales rotos, judíos portando la estrella de David
 son deportados a los campos de concentración ante el escarnio público.


EL ESTILO FASCISTA Y LA EXALTACIÓN DE LA VIOLENCIA

Se desarrolla un "estilo fascista", toda una estética, una simbología, que se basaba en la exaltación de la violencia, en la defensa de la guerra como recurso, en el militarismo más agresivo. Los hombres se hacen en la lucha, de esta forma la violencia se convierte en símbolo de la hombría y la virilidad. Prueba de estas ideas son la creación de ejércitos poderosos y de grupos paramilitares ("camisas negras" italianas y "camisas pardas" y escuadras de las SS en Alemania) que ejercían la violencia en las calles. Estos grupos son un ejemplo máximo de esa estética que además gusta de los uniformes, de las concentraciones de masas y los discursos solemnes y multitudinarios, la profusión de banderas, los cantos masivos, así como la exaltación de la obediencia en el contexto de una disciplina férrea. Una simbología muy explícita que podemos observar en los brazos elevados con la mano alzada y extendida hacia delante, en las águilas de corte imperial, en la cruz gamada nazi, los lictores italianos o el yugo y las flechas falangistas. Un estilo que se proyecta en el desprecio de la razón y las herencias culturales, ejemplificadas en las hogueras de libros y la reconstrucción ideal de la historia -que ya hemos comentado- puesta al servicio de las grandezas de la patria y la raza.

Escudo nazi: el águila imperial portando la cruz gamada.

La esvástica nazi, las fasces o haz de lictores italianos o el yugo y las flechas falangistas

"La lealtad al Führer". La obediciencia ciega de las SS simbolizaba
 la actitud de la nación hacia su führer.

Multitudinario mitín de Mussolini en Roma.
Cada año el Partido nazi se reunía en Nuremberg. En el campo Zeppelin
tenían lugar enormes concentraciones, presididas por Hitler.
Las concentraciones nazis en Nuremberg estaban marcadas por su
carácter masivo y una iconografía muy cuidada (ver video inferior).
                         

Profusión de Banderas en un desfile nazi.

Desfile de tropas del ejército alemán por las calles de Varsovia,
 tras la ocupación de Polonia (1939).

Miembros de las Juventudes nazis alimentan una hoguera con libros
 rechazados por la ideología del régimen fascista.

LA ECONOMÍA FASCISTA

El fascismo defiende un modelo económico de carácter capitalista basado en la defensa de la propiedad privada, aunque matizado por un fuerte control e intervencionismo del Estado. Con dicha intervención se busca, por un lado, la autarquía, pretendiendo que el país se autoabastezca de todo lo que necesita, sin necesidad de importarlo del exterior. Por otro lado, el Estado impulsa políticas de empleo con el objetivo de reducir el paro a través de la promoción de las obras públicas y el crecimiento de la industria armamentística, gracias al rearme militar puesto en marcha. Estas políticas, que eliminaron el paro, explican en parte el fuerte apoyo social recibido por los fascismos en el periodo entreguerras.


"Empleo, libertad y pan"
"Empleo y pan"



















La industria armamentística absorvió parte del paro existente en la
Alemania nazi. En la foto factoría de la empresa Krupp.

En este sentido, se desarrolla una política de expansionismo militar y político de corte imperialista, con dos objetivos: primero la justificación de los enormes gastos en armamento, segundo la búsqueda de materias primas y fuentes energéticas que permitieran la viabilidad de una economía autárquica. Ese expansionismo terminó conduciendo irreversiblemente al enfrentamiento con otras potencias, como se evidencia en el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial.














Arriba: Las tropas nazis entran en Austria durante el "Anchluss"o anexión.
Derecha: Cartel reivindicando la expansión italiana en Etiopía (África).

Igualmente se actúa sobre el marco de relaciones laborales, y para acabar con los conflictos laborales y entre clases se opta por la destrucción del movimiento obrero y la ilegalización de los sindicatos marxistas y anarquistas. Como contrapartida se crea un sistema corporativo, en el que los obreros y empresarios se verían agrupados en unas mismas asociaciones ("Frentes de Trabajo" en Alemania y "Corporaciones" en Italia) que se estructurarían por sectores económicos, sustituyendo a los sindicatos obreros y las patronales de empresarios. En cada corporación, obreros, empresarios y representantes del Estado, acordarían los salarios y las condiciones de trabajo.


La clase trabajadora, agrícola o industrial,
se encuadraba en los Frentes de Trabajo.
 ("Arbeitsfront").
En los Frentes de trabajo se agrupaban los
trabajadores por ramas productivas.











EL RECHAZO FRONTAL A LAS IDEOLOGÍAS IMPERANTES

El fascismo supone un rechazo frontal de las dos ideologías más importantes del periodo entreguerras, el liberalismo y el comunismo. Las rechaza en su conjunto, aunque entre sus propios principios ideológicos recoge retazos de una y otra, realizando una increíble mezcla marcada por una formidable contradicción, simbolizada en el mismo término de nacionalsocialismo, nombre que recibía el fascismo alemán:
- Se definen a sí mismo como defensores de la nación, ultranacionalistas y defensores de la propiedad privada y el orden, recogiendo parte del legado del capitalismo burgués vigente, pero a la vez rechazan el liberalismo de la burguesía al considerar que fomenta la división de la nación, al dividir al pueblo en numerosos partidos y sindicatos. Además se le considera débil y cobarde, incapaz de enfrentarse al enemigo comunista y conseguir imponer el necesario orden y seguridad. Se definen inicialmente como anticapitalistas rechazando el gran capitalismo financiero, relacionado con la usura y la especulación (propio de judíos), pero defienden la laboriosidad y el carácter emprendedor del buen empresario. Ese anticapitalismo inicial se fue mitigando, pues para alcanzar el poder necesitarion el apoyo de la alta burguesía que los vió como un freno al comunismo. Una vez en el gobierno ambos se fundieron en una gran alianza.
- Por otro lado, se definen como revolucionarios, defensores de la igualdad entre clases y los derechos de la clase obrera, pero rechazan visceralmente el comunismo y el socialismo, repudian el movimiento obrero y sus organizaciones, percibido como el mayor enemigo de la Humanidad. El comunismo era considerado como opuesto a la civilización, al negar la propiedad privada, y como opuesto a la nación, por su antinacionalismo y su internacionalismo (al anteponer la lealtad de clase a la lealtad a la patria) dividiendo a la nación a través de la lucha de clases. Además, con frecuencia el comunismo y el bolchevismo se confundían con el judaísmo, como partes de un mismo todo.

"Una batalla por Alemania". El enemigo
 es el comunismo y la revolución.
"El bolchevismo sin su careta".
























Terminamos esta entrada con un impresionante VÍDEO, que condensa en sí mismo buena parte de lo aquí tratado. Se recoge el discurso de Hitler ante las juventudes nacionalsocialistas durante el Congreso de Nuremberg de 1934. La ideología nazi fluye a través de las palabras del Führer, que exalta el patriotismo y la obediencia de los jóvenes alemanes. El culto a la personalidad, la intensa movilización de las masas, la estética y estilo fascista son plasmados magistralmente en este fragmento de "El triunfo de la Voluntad", el sobrecogedor documental de la cineasta LENI RIEFENSTAHL, una impactante película encomendada a la directora alemana por el régimen nazi con el objetivo propagandístico de exaltar los valores y principios del nacionalsocialismo. Adjunto el video, aunque puede profundizarse en el trabajo de Riefenstahl en la próxima entrada de este blog, que llevara por título "La propaganda nazi y los medios de comunicación de masas".