BLOG DE JOSÉ ANTONIO DONCEL DOMÍNGUEZ (I.E.S. LUIS CHAMIZO, DON BENITO, BADAJOZ)

miércoles, 9 de mayo de 2012

Auschwitz: imágenes de ayer y de hoy

La entrada a Auschwitz II (Birkenau), con su torre central y su línea de
 ferrocarril se ha convertido en un auténtico símbolo del Holocausto.

Nada más llegar al poder en 1933, el nazismo inició la construcción de campos de concentración donde recluir a los disidentes políticos (especialmente socialistas y comunistas), a los miembros de otras razas susceptibles de eliminación (judíos, gitanos, etc.), a los testigos de Jehová y a los homosexuales, todos ellos perfectamente identificados con un sistema de marcado. El primero de ellos fue Dachau, surgido en 1933, al que le seguirían otros cuyos nombres han quedado marcados en nuestros subsconcientes como sinónimos de barbarie: Sachsenhausen, Buchenwald, Mauthasen o Neuengamme. Después de 1939, iniciada la guerra y con las nuevas necesidades de reclusión que suponían las enormes comunidades judías de los países del Este o los prisioneros de guerra, surgirán los nuevos campos de exterminio, entre los que destacó un nombre por encima de cualquier otro: AUSCHWITZ.


EL COMPLEJO DE AUSCHWITZ

Auschwitz era el mayor complejo de campos de concentración creados por la Alemania nazi. Fundado en 1940 a 50 kilómetros de Cracovia, en las cercanías del pueblo de Oswiecim, se encontraba cerca de la frontera de Alemania y en territorio polaco anexionado por el III Reich. En todo el complejo los prisioneros eran utilizados para trabajos forzados, pero uno de los campos (Birkenau) fue durante buena parte de su existencia, un enorme campo de exterminio. Dirigido hasta finales de 1943 por Rudolf Hoss, le sucedió en el cargo Arthur Liebehenschel y a partir de mayo de 1944 Richard Baer. Los tres campos que conformaban el complejo eran Auschwitz I, el núcleo orginario que servía como centro administrativo del conjunto del complejo (en él estuvieron recluidos sobre todo intelectuales polacos y prisioneros soviéticos), Auschwitz II (Birkenau) un enorme campo de exterminio nacido en octubre de 1941 en el que murieron  más de un millón de personas, especialmente judíos, y Auschwitz III (Monowitz) concebido como un campo de trabajo para la empresa IG. Farben, una industria química alemana asentada en las proximidades.


Visita de Himmler a Auschwitz III  (Monowitz).
Instalaciones industriales de la  I.G. Farben, próximas a Auschwitz
Entrada de Aschwitz I. En el letrero se lee "El trabajo os hace libres".

Barracones de Auschwitz II (Birkenau)
Vista aérea de Auschwitz III (Birkenau)
PULSAR AQUÍ PARA VER IMÁGENES EN 3D  DE AUSCHWITZ II (BIRKENAU)


LA LLEGADA

"Mil quinientas personas viajamos en tren durante varios días, y sus correspondientes noches. Cada vagón lo abarrotaban 80 personas tumbadas encima de su equipaje (...) Todos creíamos y anhelábamos, que nuestro destino sería una fábrica de municiones donde, simplemente, se nos obligaría a trabajos forzados (...) De repente, de la garganta de los pasajeros se escapó un grito angustiado: ¡Hay una señal que dice Auschwitz! Al oírlo todos se sintieron paralizados, horrorizados, ese nombre evocaba las más terribles atrocidades: cámaras de gas, hornos crematorios  el exterminio (...)" ("El hombre en busca de sentido". Viktor Frankl).
Durante años, cientos de trenes llegaron a Auschwitz cargados de judíos procedentes de toda Europa, especialmente polacos y húngaros, pero también franceses, holandeses, griegos, checos, eslovacos y de otros países. Los deportados desconocían su destino y que les esperaba la muerte, creían que iban a un lugar en el que realizarían trabajos de diversos tipos. El traslado masivo se realizaba con trenes de vagones de ganado, donde se hacinaban cientos de seres humanos sin apenas aberturas al exterior, sin acceso a agua ni alimentos durante todo el viaje. Muchos morían, sobre todo si el desplazamiento era largo. Iban a pie y sin un lugar para hacer sus necesidades. Los trenes iban atestados y siempre volvían vacíos, lo que pronto llamó la atención de casi todo el mundo, especialmente de los habitantes de los pueblos cercanos.
Al llegar a Auschwitz, los prisioneros bajaban de los vagones y era obligados por los guardianes SS a formar enormes filas, estos los amedrentaban y vejaban en medio del ladrido de sus perros enfurecidos. Debían entonces abandonar sus equipajes, que eran recogidos y llevados al bloque "Kanadá", donde serían saqueados de todo tipo de objetos de valor. Después, las columnas de hombres y mujeres (separados en columnas) eran sometidas a una terrible selección, había que determinar quienes no eran aptos para trabajar (débiles, enfermos, niños pequeños, mujeres con niños, ancianos, disminuidos), que serían eliminados rápidamente y conducidos a las cámaras de gas. El resto, adultos útiles como mano de obra forzada, se consideraban aptos, se les tatuaba un número en el antebrazo y se les registraba. Entonces eran desinfectados, rapados y sometidos a frías duchas, después se les entregaba un uniforme de prisionero con las clásicas rallas azules y un abrigo para el invierno, aunque a los prisioneros rusos se les permitió el uso de sus uniformes, como modo de ahorro a partir de 1943.
Pasaban entonces los presos a un bloque especial de cuarentena donde esperaban incluso semanas hasta obtener su destino o labor en el campo. El trato era brutal y algunos eran asesinados, torturados o apaleados por placer. Aquel que no tenía una función o trabajo no vivía mucho en Auschwitz.
"Nos ordenaron dejar nuestras pertenencias y formar filas, unas de hombres y otras de mujeres (...) La fila de hombres estaba encabezada por un general uniformado e impoluto que con un juego de dedo iba señalando que dirección debían tomar determinados presos, un amigo dijo que me irguiera y tomara la apariencia de estar sano, pues la fila de la derecha era fatal (...) el oficial del dedo juguetón me señaló el pasillo de la izquierda mientras que a mi amigo le señaló el de la derecha (...) Al cabo del rato pregunté a un conocido de barracón que había pasado con mi amigo, este me preguntó si le habían hecho ir por el pasillo de la derecha, a lo cual afirmé, mi compañero se asomó por una estrecha ventana y señaló una chimenea lejana de la cual salía un humo negruzco, tu amigo ya está en el cielo (...) tardé un poco en darme cuenta de que mi amigo fue uno de los miles de desafortunados que perecieron nada más salir del tren en los crematorios y las duchas de gas (...)"  ("El hombre en busca de sentido". Viktor Frankl)


Trenes en Birkenau, al fondo la torre de entrada . Los SS organizan a los
 recien llegados.
Los SS crean dos columnas, una de mujeres, otra de hombres, para proceder
 a su posterior selección.
Varones judíos señalados con la estrella  recien bajados de los trenes
Mujeres y niños organizados en columna tras bajar del tren. 
La ropa y otros enseres de los presos era almacenada.

LA VIDA EN EL CAMPO: REPRESIÓN Y MUERTE

La selección de presos tras llegar a Auschwitz no decide en realidad entre la vida y la muerte, sino tan solo el momento de morir. A los elegidos les esperan duras jornadas de trabajo y unas deplorables condiciones de vida que les conducirían tarde o temprano al agotamiento físico. Es lo que las SS llamaba "exterminio por trabajo". Trabajaban en las industrias cercanas como mano de obra esclava, alquilados o vendidos a las empresas a cambio de  dinero (IG Farben, Metall Union, Siemens ) o en la construcción y reparación de infraestructuras (vías, edificios, carreteras, etc.).
Los presos se hacinaban en los barracones con escasa ventilación y luz. Su número por barracón dependía del total de presos del campo. En Auschwitz I los presos estaban en bloques de ladrillo, en Birkenau había barracones de ladrillo y de madera, con dos habitaciones (una para el kapo y otra como almacén para el pan), dentro paredes divisorias con literas de tres camastros. Cuando había muchos presos dormían 45 personas en vez de 15 en cada litera. A veces los camastros estaban cubiertos de paja, otras con sacos rellenos de paja o viruta. Había algunas mantas raidas y sucias. En los barracones no existían instalaciones sanitarias, y en medio de la suciedad y olores, las ratas campaban a sus anchas. Hacían sus necesidades en letrinas primitivas y desprotegidas, saturadas y malolientes. La humedad y el frío minaban la salud. Muy pocas veces se podían bañar: cuando tenìan la oportunidad, eran conducidos a empujones y desnudos a los baños.  
La alimentación era escasísima, y para conseguirla había que cumplir largas y estenuantes colas. Por su escasez, los últimos se solían quedar sin comer. A las 4 de la madrugada los Kapos los levantaban con los pitidos de sus silbatos. Tomaban entonces algo de café o té. Se hacía entonces un recuento y pasaban revista una vez puestos en filas. Se dirigían depués a sus trabajos, con jornadas agotadoras de 11 horas. Comían en un breve descanso alguna sopa de peladuras de patatas o patatas. Al volver por la noche se les pasaba revista, si había fugas las filas se prolongaban varias horas como castigo. Por la noche comían algo de pan con embutido o mantequilla y a las 9 horas estaba prohibido salir de los barracones bajo pena de muerte.
Eran condiciones higiénicas, alimenticias y de trabajo catastróficas que permitían la extensión de enfermedades que causaban una enorme mortandad, convirtiéndose en otro método de exterminio. Las enfermedades más extendidas eran el tifus, la disentería, la malaria, la tuberculosis, la caquexia o debilitamiento general por agotamiento, la anemia y las infecciones provocadas en el trabajo y no tratadas. Los médicos periódicamente selccionaban a los enfermeos para la cámara de gas y dejar así espacio para un nuevo prisionero más apto.
El trato inhumano inflingido por los guardas y kapos incluía los crueles castigos disciplinarios, palizas, privación de comida, azotes, celdas de castigo tan estrechas que solo se podía estar de pie, lo que propiciaba un ambiente de terror permanete que destruía a los presos. En una jerarquía de prisioneros los que ocupaban el escalafón más bajo eran los judíos, aunque también había decenas de miles de gitanos y de soldados rusos, así como presos políticos polacos, igualmente maltratados. Eran continuos los asesinatos públicos ejemplarizantes para mantener a raya a los prisioneros: fusilamientos, horca, latigazos en el potro o la "estaca", donde el prisionero era atado con las manos por la espalda y colgado de vigas, postes o árboles hasta su muerte. El asesinato por diversión o capricho también era parte del terror infringido a los prisioneros. Los SS disponían con total libertad de la vida de los presos y si se aburrían podían matar sin compasión. A veces mezclaban órdenes contradictorias y así tener un pretexto para el asesinato, esto provocaba terror en los supervivientes.
Al cabo de tres a seis meses el preso solía estar al final de sus fuerzas. Si no moría o se suicidaba -lanzándose contra las alambradas electrificadaso o buscando el disparo de los guardas-, era clasificado como no apto para el trabajo en una selección posterior. Entonces era asesinado en la cámara de gas. A veces sino se llegaba al cupo de asesinados diarios, se escogía un barracón y se eleminaba a todos sus inquilinos. Solo el que conseguía un puesto en la administración del campo, en la enfermería o en la cocina, o los kapos, tenía alguna posibilidad de sobrevivir.
Cuando el exterminio se autorizó y se generalizó, y para ahorrar munición, se utilizaron en Auschwitz inyecciones de fenol al corazón, pero pronto, a partir de 1941, se optó por el uso de gas Zyklon-B, probado con éxito en el campo de Buchenwald. Los cuerpos se llevaban a fosas comunes o se realizaban cremaciones al aire libre. Finalmente se construyeron cuatro grandes cámaras de gas. En la primavera de 1943 ya funcionaban a pleno rendimiento dos de ellas y en 1944 las cuatro superaron todas las previsiones alcanzando las 8.000 víctimas diarias, que después eran incineradas en hornos crematorios contruidos al efecto. En ese momento se alcanzó el punto más álgido de llegada de trenes cargados de judíos a Auschwitz.
Encargados del funcionamiento de las cámaras de gas y los crematorios estaban unidades de trabajo formadas por presos y denominadas Soderkommandos. Si éstos no aceptaban la tarea eran asesinados. Su posición era terrible, debían llevar a los prisioneros -a veces familiares o amigos- a la cámara de gas, retirar los cuerpos y registrarlos para buscar objetos de valor, después incinerarlos en los hornos crematorios. Si revelaban a los presos la función de las cámaras eran ajusticiados, a veces incinerados vivos. Vivían aislados del resto y cada tres o cuatro meses eran eliminados y sustituidos por otro nuevo grupo.
Otros presos encontraron una muerte si cabe más cruel a manos de los médicos de las SS. Éstos además de ocuparse de la selección de presos aptos y supervisar las tortunas o ejecuciones, realizaban en el bloque 10 de Auschwitz  pruebas y ensayos con seres humanos vivos. Algunos presos se convirtieron en cobayas en la investigación de tratamientos o medicamentos, o en experimentos destinados a la procreación de la raza aria y su pureza. En este ámbito destacó la brutalidad de Joseph Mengele, que trabajaba sobre estudios genéticos y escogía a mujeres embarzadas de los trenes, niños y menores gemelos, discapacitados y enanos a fin de investigar. Llegó a abrir en canal a presos en vida o inyectar mercurio en fetos.
"Pronto ibas entendiendo y sumergiéndote en la situación y adoptando palabras utilizadas en el campo, una de ellas que merece destacar era la expresión: Tirarse contra las alambradas, esta expresión significaba el suicidio ya que las verjas estaban electrificadas y lanzarse contra ellas era la autodestrucción. Yo como preso estuve tentado a realizar este último acto, sin embargo como tarde o temprano todos teníamos la certeza de nuestro fin, decidí que el destino era el que tomara esa decisión (...) Lo cierto es que doy gracias a que no me suicidara, pues fui uno de los pocos supervivientes de esta enorme tragedia llamada Holocausto". ("El hombre en busca de sentido". Viktor Frankl).

Trabajos forzados en Auschwitz III (Monowitz)
Trabajos forzados en la construcción de infraestructuras dentro del campo.
Presos de Auschwitz trabajando en un taller fabril.

Prisioneros de guerra rusos utilizados como mano de obra esclava.
Barracones de mujeres en Auschwitz
Presa con distintivo y numeración sobre el
uniforme de rayas.
Presos en deplorable estado físico.
Los hombres se hacinaban en las literas de los barracones.
Presos desnudos formados delante del barracón.  Su estado físico demuestra
  sus escasas posibilidades de sobrevivir.
Preso muerto en las alambradas electrificadas.
"La Estaca" mezcla tortura y ejecución. Los presos mueren
 colgados ante la vigilancia y desprecio del guardián de las SS.
Niños de Auschwitz, utilizados en experimentos médicos.
La única cámara de gas de Auschwitz que no fue destruida.
Hornos crematorios de Auschwitz con restos humanos en su interior.

En este VIDEO, supervivientes del Holocausto narran las duras condiciones de vida y el maltrato continuo a que fueron sometidos durante su internamiento en el campo de Auschwitz.



LOS GUARDIAS

El complejo de Auswichtz estaba bajo el control de las SS (Schutzstaffel o "escuadras de defensa"), una organización militar del III Reich con funciones politicas, policiales y de seguridad que realizó además una labor penitenciaria a través de la administración y vigilancia de los campos de concentración como Auschwitz. Surgidas como guardia personal de Adolf Hitler, las SS crecieron bajo la dirección de Heinrich Himmler hasta convertirse en una poderosa organización que sería la punta de lanza de la Solución Final al "problema judío". En Auschwitz sirvieron 6.500 miembros de las SS realizando toda clase de tareas destinadas al funcionamiento y vigilancia de los campos. La existencia de un campo femenino en Birkenau implicó la existencia también de más de 200 mujeres SS (Aufseherin).
Junto a ellos, existía la figura del kapo, estos eran presos al servicio de los SS que ejercían todo tipo de funciones inferiores para el  funcionamiento del campo, incluidas labores de vigilancia y represión sobre el resto de los presos. Su brutalidad era manifiesta, y a cambio recibían ciertos privilegios, que incluían una mejor alimentación y por tanto mayor esperanza de supervivencia.
"Los barracones estaban compuestos por 80 presos, los cuales dormían en literas de tres pisos y en cada piso dormían nueve presos en un espacio adecuado para dos. Cada litera constaba de dos mantas ajadas y sucias por los orines y las heces de otros presos (...) En cada barracón había un Kapo, preso el cual obtenía beneficios para maltratar a los compañeros. Estos beneficios eran más comida, cigarrillos y trabajos en el interior del campo".

Hombres y mujeres de las SS del campo de Auschwitz en un
 momento de diversión.
Guardia de las SS
De izquierda a derecha, Richard Baer, Josef Menguele y el
director del campo, Rudolf Hoss.

El FINAL

A mediados de enero de 1945, las fuerzas soviéticas se acercaban a Auschwitz y las SS iniciaron la evacuación del campo y los subcampos cercanos. Se asesinó a miles de presos y 60.000 fueron obligados a marchar en varias direcciones, especialmente hacia el oeste. Fue una de las más importantes "marchas de la muerte" iniciadas desde los campos de concentración al final de la guerra. Agotadoras marchas, donde se fusilaba a todo aquel que se rezagaba o que no podía continuar. Durante estas marchas los prisioneros padecieron frio, hambre y las inclemencias del tiempo. Más de 15000 prisioneros murieron en estas marchas. Al llegar a su destino eran embarcados en trnes que los conducia a otros campos del centro de alemania (Buchenwald,G ross-Rossen, Sachsenhausen, Dachau, etc.),. Durante días y sin comida ni agua muchos murieron en el viaje.
Cuando los soviéticos entraron en el complejo de Auschwitz, en enero de 1945, encontraron un panorama absolutamente desolador con 7.000 presos, la mayoría enfermos y moribundos. 
Se estima que por lo menos 1,3 millones de personas fueron deportadas a Auschwitz entre 1940 y 1945, la mayoría, 1,1 millones murió asesinado o producto de las pésimas condiciones de vida y trabajo. La inmensa mayoría eran judíos de toda Europa, sobre todo polacos y húngaros,  pero también había 150.000 soldados rusos, más de 20.000 gitanos y más de 100.000 presos políticos polacos.
Terminada la guerra, los soviéticos detuvieron a la mayoría del personal del complejo que fueron juzgados por las autoridades rusas o entregados a la justicia de Polonia. El comandante del campo, Rudolf Hoss fue capturado por los británicos y enviado a Polonia, donde fue juzgado y ejecutado en la horca en las mismas instalaciones de Auschwitz en diciembre de 1947. En total 750 miembros de las SS serían juzgados y algunos ejecutados a raíz del Primer Juicio de Auschwitz, y los dos más que le siguieron en los años sesenta y setenta.

Presos de Auschwitz en una de las marchas de la muerte que se iniciaron
a raíz del acercamiento de  las tropas soviéticas.
El alborozo y alegria de los presos al recibir a los liberadores del
 campo de Auschwitz.
Soldados soviéticos junto a presos de Auschwitz 
Presos de Auschwitz tras la liberación.
Niños supervivientes de Auschwitz. Pulsar AQUÍ para ver video.
Cuando entraron los soviéticos en Auschwitz, encontraron muchos
cadáveres,antes de irse los nazis eliminaron apresuradamente a muchospresos.

Auschwitz tras la liberación. Restos humanos acumulados para su
incineración o inhumación.
Ejecución de Rudolf Hoss en la horca en el mismo campo de Auschwitz.


EL PRESENTE DE AUSCHWITZ

Hoy Auschwitz es uno de los grandes centros turísiticos de Polonia y ha sido declarado por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad. Más de un millón y medio de personas lo visitan cada año, especialmente en verano, y cientos de vuelos charter llegan a la cercana Cracovia desde todas partes del mundo (Europa, Estados Unidos, Israel sobre todo). Para muchos tal masificación supone la vanalización de la muerte, convertida en un gran espectáculo en el que miles de personas realizan conmpulsivamente fotografías de recuerdo.Que cientos de personas inunden aquellos espacios aparece de esta forma como una profanación del necesario duelo. Muchos sociológos encuentran una explicación a la atracción de estos lugares para el turismo de masas: te recuerda lo privilegiado que eres cuando rememoras tanto horror. La gente siente alivio, se siente feliz de que no les tocara a ellos, y además saben que cuando quieran pueden salir y regresar a la seguridad de sus propias vidas. Ese turismo masivo además no ayuda a la conservación de unas instalaciones que empiezan a estar en serio peligro de deterioro. Los barracones, construidos con ladrillo rojo y vigas de madera, se levantaron con rapidez y sin intención de que perdurasen, porque sus habitantes iban a ser exterminados. Ahora se vienen abajo por el paso del tiempo.
Por otro lado, hay que entender la importancia de Auschwitz en la conservación de la memoria al ser un testimonio visual poderoso de los crímenes allí cometidos y sobre todo su papel en la concienciación de los hombres frente a los horrores del fascismo y la guerra. En este sentido, Auschwitz es un antídoto frente a la barbarie: aquel que lo visita queda marcado e impactado para siempre, porque uno llega a hacerse a la idea del horror vivido allí. Visto así, la llegada masiva de turistas es positiva y salvar Auschwitz se torna una necesidad, no en vano es el gran testimonio del Holocausto. No quedan restos de Treblinca, Kulmhof, Sobibor o Belzec, los otros campos de exterminios fueron destruidos por los nazis con la pretensión de ocultar sus crímenes. Sin embargo, Auschwitz, el mayor de ellos, mantiene en pie sus estructuras originales. Los alemanes hicieron estallar las cámaras de gas y quemaron algunos almacenes al acercarse el ejército rojo. pero su retirada fue apresurada y caótica, y no consiguieron destruirlo todo. 
Algunas compañeras, profesoras del I.E.S. G. Torrente Ballester, viajaron al sur de Polonia este invierno y visitaron Auschwitz. Tuvieron mala suerte y sufrieron una ola durísima de frío y nieve con mínimas en torno a los 20º bajo cero. Sin embargo, eso les permitió ver el campo de exterminio en la mayor de las soledades, y lejos de la masificación reinante en otras épocas. El ambiente gélido les permitió igualmente hacerse una idea de la dureza de las condiciones de los presos allí recluidos. Visitaron el campo cuatro días después de cumplirse el 67º aniversario de la liberación de Auschwitz. Justo ese día había muerto Kazimierz Smolen, el que durante 35 años fue director del museo y recinto de Auschwitz (entre 1955 y 1990). Smolen fue además preso y superviviente del campo de exterminio. Emocionante coincidencia que simboliza la victoria de la vida ante la barbarie. Esta anécdota me la comentó mi compañera Inma, a la que le doy las gracias por las fotos que me cedió:


Alguien había dejado una flor en torre de entrada de Birkenau
. Al fondo la vía de los trenes de la muerte de
Auschwitz Birkenau
La Entrada de Auschwitz I con la célebre frase "El trabajo os hará libres"
Protesis de los presos  
La horca donde fue ajusticiado Rudolf Hoess, jefe del Campo
Edificios, alambrada y torre de vigilancia (Auschwitz I)

Señal de advertencia de la alambrada electrificada
Lata de Zyklon B usado para gasear y exterminar a los presos
Placa en ladino, redactada por judíos sefardíes, en el monumento a las
víctimas  en Auschwitz II Birkenau. Los españoles la entendemos sin problemas.
Interior de barracón. Literas de presos.


MI VISITA A AUSCHWITZ

Después de muchos años cierro finalmente esta entrada. En julio de 2023 visité el campo de Auschwitz con mi familia. Una aspiración desde mi adolescencia que por variadas razones no pude cumplir antes. Deambulé por los distintos campos, me estremecí en la entrada de Birkenau, admiré estupefacto el letrero que corona la entrada a Auschwitz I, salí impresionado del horno crematorio que aún se conserva y pasee mi mirada compungida ante las maletas, el cabello y tantas pertenencias que el museo de Auschwitz atesora de los presos que allí murieron. Hice de guía para mi mujer y mis hijas que asombradas asistían a las explicaciones, eso sí, rodeadas de una marea de turistas, que no llegaron a bloquear del todo la intensa emoción. Ya por entonces, mi necesidad de visitar el campo era menor, hacía muchos años que mi empatía hacia el sufrimiento del pueblo judío se había ido mermando y mi sueño diluyendo. Me había costado digerir la represión brutal que años atrás se había hecho de las intifadas palestinas, la limpieza étnica en curso en Cisjordania o los ataques continuos al gueto, sí, gueto de Gaza. Pero siempre pensé que aquellas personas, que sufrieron tanto en el pasado, producto de la intolerancia y brutalidad más absoluta, no tenían la culpa de lo que hoy hacían sus descendientes. Además, aún quedan en el seno de la comunidad judía personas como el doctor Finkelstein, al que animo a todos a conocer, personas buenas y decentes, que no olvidan lo que hicieron a su familia (su gente murió exterminada en Treblinka), pero no utilizan tal drama como justificación para asesinar y destruir en la actualidad. Finkelstein lo ha perdido casi todo, también su puesto en la universidad, por atreverse a enfrentarse a la maquinaria propagandística sionista y denunciar la barbarie israelí. Por gente como él, me sentí obligado a cumplir mi antiguo sueño y viajar a Auschwitz. Hoy no lo haría. Más de 60.000 personas han muerto en Gaza (si contamos los enterrados en los escombros), la mitad niños, para que el sueño del sionismo actual, mucho más mesiánico y religioso que el del siglo XX, se haga realidad. Cuando escucho hablar de la idea judía de "pueblo elegido" se me viene a la mente el concepto nazi de "raza aria"; cuando escucho el concepto judío de "gran Israel", me recuerda al principio nazi de "espacio vital"; cuando veo la Gaza de hoy, veo el gueto de Varsovia de antaño; cuando veo su total destrucción en la última guerra; veo la entrada de las SS en el gueto para su evacuación hacia los campos de exterminio; cuando veo la resistencia valiente de las milicias palestinas a la ocupación, veo a los comandos judíos que valientemente lucharon en la insurrección del gueto, también escondidos en alcantarillas subterráneas y escombros. La inmensa mayoría de los habitantes del gueto de Varsovia no había nacido allí, se les concentró en el gueto después de una limpieza étnica que limpió Polonia de judíos, una vez que esta había sido conquistada por el ejército alemán; igualmente, la inmensa mayoría de los gazatíes de cierta edad tampoco han nacido allí, la mayoría llegaron allí huyendo de la limpieza étnica, que décadas atrás les arrebató sus casas y tierras en lo que hoy es Israel. Ya no iría a Auschwitz, por respeto a los casi 30.000 niños asesinados en Gaza en 2024, cuya candidez e ingenuidad, cuya mirada, no pueden ser muy diferentes de la de aquellos niños de los que hemos hablado en esta entrada del blog, aquellos niños que al bajar de los trenes que llegaban a Birkenau, después de largo y penoso viaje, caminaban atolondrados, hambrientos y cansados junto a sus madres, conducidos sin saberlo a la muerte en las cámaras de gas. Hoy los veo en el rostro de esos niños palestinos, sucios y enfermos, que se arrastran por el terregal de Gaza con sus madres y hermanos, entre escombros, huyendo de las bombas del ejército de Israel. Hay veces que la vida y la historia le da al ser humano una brutal lección, pero también hay veces que el hombre entiende esa lección de manera equivocada. La lección que el pueblo judío (no todos pero si la mayoría) sacó de su terrible pasado fue que la única forma de no volver a ser víctima, es convertirse en un cruel verdugo. Lo siento por él, pero lo siento especialmente por sus víctimas, las valientes gentes de Palestina. 

SIRVA ESTA ENTRADA DE HOMENAJE AL PUEBLO DE PALESTINA, EN GAZA,  CISJORDANIA Y EN LA DIÁSPORA DE JORDANIA, LÍBANO, SIRIA Y TANTOS LUGARES... Y SOBRE TODO A SUS NIÑOS, LOS MÁS VALIENTES DEL MUNDO.

jueves, 29 de marzo de 2012

La aviación y marina de guerra durante la Primera Guerra Mundial. Armamento de la Gran Guerra (Parte II)


Postal patriótica alemana de la I Guerra Mundial

La Gran Guerra supone, por un lado, el desarrollo de nuevos campos para la pugna militar como la aviación, y por otro, la evolución y desarrollo de otros ámbitos bélicos tradicionales como la guerra naval.
Cuando empieza la Primera Guerra Mundial, la aviación había dado ya sus primeros pasos hacía una década, con el desarrollo de los primeros aviones por los hermanos Wright en Estados Unidos. Desde entonces la evolución de las aeronaves había sido muy grande, aunque todavía quedaba mucho por mejorar al inicio del conflicto bélico. A pesar de todo, y desde un principio, los distintos ejércitos comprendieron el potencial de la aviación que se utilizará en misiones de observación y reconocimiento, de ataque y defensa. Los dirigibles Zeppelin, diseñados por el militar alemán Ferdinand von Zeppelin, juegan un papel importante en los inicios de la guerra en misiones sobre todo de observación, pero también en bombardeos de la retaguardia, y de hecho, con el inicio de la guerra, en el verano de 1914, los alemanes recurren a ellos para bombardear las ciudades de Bélgica. A partir de 1915 son utilizados contra los ingleses en incursiones que llegaron al su cenit en 1915 y que incluyeron el bombardeo de Londres.

Zeppelin germano en el cielo de Londres.

Con el tiempo surgieron los aviones de combate en todos los ejércitos contendientes, que se fueron perfeccionando a lo largo del conflicto y ganando protagonismo, aunque nunca jugaron un papel determinante. Su momento llegaría durante la Segunda Guerra Mundial, y antes en la guerra civil española, en la que se produjeron los primeros bombardeos sistemáticos sobre la población civil y las zonas urbanas. Ello derivaba de la poca autonomía de los biplanos, su escasa estabilidad y su incapacidad para cargar peso, lo que limitaba sus posibilidades en misiones de bombardeo, por lo que no fueron un arma decisiva que marcara la diferencia.
La aviación tuvo una evolución tecnológica rapidísima a lo largo del conflicto. Al principio a duras penas cargaban un piloto, después se pudo añadir un pasajero adicional. Los motores ganaron potencia y mejoraron la aerodinámica, duplicando su velocidad, de 100 km/h a más de 200 km/h. Al principio se utilizaban como arma de espionaje y reconocimiento, pero al encontrarse con frecuencia con el enemigo se le fue incorporando armamento, una ametralladora, que posibilitó las batallas de cazas en el cielo. En esas batallas aéreas despuntaron pilotos que se convirtieron en legendarios. El más famoso de todos fue Manfred von Richthofen, más conocido como Barón Rojo, que abatió en su trayectoria 80 aviones enemigos antes de ser derribado al final de la guerra, en 1918. El avión preferido del Baron Rojo fue el Fokker Dr.1, ágil y aerodinámico, pero menos veloz que el inglés Sopwith Camel, que alcanzaba 190 km/h y que fue considerado el mejor caza de la Primera Guerra Mundial. Los avances en la aviación propiciaron también la creación de defensas antiaéreas, con cañones y ametralladoras que desde tierra pretendían derribar los aparatos y aeronaves que surcaban los cielos.


El avión alemán Fokker Dr.1. Uno de los aviones clásicos de la Gran Guerra.

El Fokker Dr.1 alemán visto desde diversas perspectivas.


El Sopwith Camel  es considerado el mejor caza de la Gran Guerra.

El Sopwith Camel en la pista de despegue.

Manfred von Richthofen

Combate de cazas durante la I Guerra Mundial. El Barón Rojo pintó su avión
  de dicho color, lo que dio el apodo.

                                   y

Servidores de una ametralladora antiárea en París.

Hidroaviones germanos.

El poder naval de las grandes flotas también se multiplica en el mar y las innovaciones surgidas en la navegación se aplican a la marina de guerra. Los años previos a la Gran Guerra es la edad dorada de los grandes trasatlánticos, auténticos símbolos del desarrollo tecnológico en los transportes. En el ámbito militar, los barcos que marcan la pauta en la guerra de superficie serán los acorazados, buques de vapor de gran tonelaje y blindaje con metal, dotados con cañones de grueso calibre, capaces de lanzar grandes proyectiles explosivos a una distancia de más de 15 km. El punto de partida es la construcción en 1906 del acorazado británico HMS Dreadnought, que ya no consumía carbón sino petróleo y que alcanzaba las 17.000 toneladas de desplazamiento. Era rápido y  fuertemente artillado. La mayoría de los países empezaron desde ese momento a construir naves similares que fueron conocidas con ese nombre.
Menor importancia tuvieron los cruceros de batalla, cuyo casco era más ligero y con menor blindaje, siendo más veloces pero más vulnerables que los acorazados. Surgen también los destructores, con la misión de proteger los grandes buques de la amenaza de submarinos y barcos torpederos, y al final del conflicto el portaaviones, un buque llamado a ser determinante en la Segunda Guerra Mundial.

Acorazado británico HMS Dreadnoght.

Convoy de acorazados británicos.

Crucero germano SMS Emden con su tripulación en cubierta.

En superficie el dominio abrumador e incontestable fue de las flotas aliadas, especialmente de la Royal Navy británica, y así se vio en el desarrollo de un fuerte bloqueo sobre las potencias centrales, tanto en el Mar del Norte como en el Mediterráneo, que pretendía y en buena parte lo consiguió, aislar y estrangular las economías de las potencias centrales. Como reacción, y consciente de su incapacidad para plantar cara a las flotas aliadas, especialmente después de la batalla de Jutlandia, los alemanes dedicaron sus mayores esfuerzos a desarrollar una gran flota de submarinos que asestó duros golpes a las flotas de superficie y trató de abrir el cerco aliado. Dotada de la mejor tecnología de la época, los U-boote, como se conocía a los submarinos alemanes, golpearon con dureza a la navegación comercial y militar aliada durante la batalla del Atlántico, tratando de estrangular las comunicaciones aliadas e interrumpir los suministros procedentes de Estados Unidos a través del océano. Los U-boote fueron los responsables del hundimiento del RMS Lusitania -tratado en una entrada de este blog-, provocando un desastre naval y a la postre la excusa para la entrada de Estados Unidos en guerra. El diseño y la estructura de los U-boote eran los de un barco sumergible más que un submarino propiamente dicho, navegaban en superficie y solo se sumergían ocasionalmente para el ataque, que realizaban con el lanzamiento de torpedos. Aun así submarinos como el U-64 se convirtieron en m´quinas de gran precisión y eficacia , orgullo de la Marina Imperial Alemana, la Kaiserliche Marine.
Al final de la guerra la efectividad de los ataques submarinos se redujo con el desarrollo de cargas de profundidad -explosivos lanzados desde los barcos y que explotaban a determinada profundidad-, campos de minas o mecanismos de detección submarina, así como el desarrollo de convoyes escoltados por naves de guerra que defendían a los barcos comerciales de los ataques enemigos.

Tripulación sobre un submarino UC-1  alemán
Interior de un submarino U-boote alemán.

Este video muestra bien lo que supuso el submarino en el desarrollo de la guerra naval durante la Primera Guerra Mundial: