BLOG DE JOSÉ ANTONIO DONCEL DOMÍNGUEZ (I.E.S. LUIS CHAMIZO, DON BENITO, BADAJOZ)

jueves, 23 de febrero de 2012

La guerra y el protectorado español en Marruecos en el primer tercio del siglo XIX

La Primera Bandera de la Legión con su comandante D. Francisco Franco
 en primer término. Noviembre de 1920.

Perdido el imperio ultramarino tras el desastre de 1898, España trató de rehacer un nuevo imperio colonial en Africa, y en las primeras décadas del siglo XX se hizo con el control del llamado Sáhara occidental y el enclave de Sidi Ifini. Sin embargo, la clave de su expansión colonial fue el norte de Marruecos donde se desarrolló una guerra que terminó convirtiéndose en un grave problema para la estabilidad del país. En la expansión de España en Marruecos convergieron unos intereses contrapuestos:
- España trató de participar en el reparto de Africa, del que se estaban beneficiando muchas potencias  como Inglaterra, Francia, Alemania o Bélgica. Se intentaba así recuperar un lugar entre las potencias europeas y el prestigio nacional perdido en 1898.
- Se pretendía frenar la expansión de Francia, la gran potencia de la zona que controlaba buena parte del Magreb.
- Proteger la presencia española en Ceuta y Melilla, frente a la creciente hostilidad de las tribus rifeñas y el expansionismo francés.
- Aunque durante algún tiempo hubo interés por las explotaciones de hierro, el valor económico de la zona siempre fue bastante escaso, en contraposición con la difícil orografía montañosa y el carácter belicoso de las tribus o cabilas locales, opuestas a cualquier control colonial.
- Otro de los intereses que confluyen es el del ejército, que veía una oportunidad de recuperar su prestigio y el protagonismo perdido tras el desastre del 98. La expansión colonial era vista además como un medio de ascenso rápido en el escalafón por los llamados militares africanistas.
- En contra de la aventura colonialista estaba el creciente antimilitarismo existente en parte de la opinión pública, refrendado por los republicanos y el movimiento obrero. Este antimilitarismo popular se debía a que los estragos de la guerra los sufrian los pobres. Hasta el establecimiento del servicio militar obligatorio en 1912, los que tenían dinero se podían librar de la incorporación a filas mediante el pago de una cuota demasiado elevada para las posibilidades económicas de las clases bajas.




Tras la Conferencia Internacional de Algeciras en 1906 -celebrada para resolver el conflicto sobre Marruecos planteado entre Francia y Alemania-, España obtuvo el reconocimiento definitivo de sus derechos sobre el norte de África. Se asignó una zona de influencia para Francia y otra para España cuya ocupación empezó en febrero de 1909 bajo el gobierno de Maura, firme defensor del control colonial del norte de Marruecos. El avance y consolidación del poder español fue siempre lento. En julio los rifeños atacaron una linea de ferrocarril cercana a Melilla matando a cuatro trabajadores españoles y Maura decidió reforzar militarmente la zona. A finales del mes se producía la matanza del Barranco del Lobo, en la que los bereberes provocaron 1.000 bajas en el ejército español.
El error de Maura fue movilizar reservistas catalanes casados lo que agudizó el clima de tensión social. Los anarquistas y socialistas convocaron entonces una huelga general, mientras el gobierno prohibía la prensa obrera y multiplicaba las detenciones.
En Barcelona, puerto donde debían embarcar las tropas, comenzó la huelga y las manifestaciones. La autoridad militar proclamó el estado de guerra, lo que desató una oleada de violencia callejera durante casi una semana -del 26 al 31de julio-. Durante la llamada  "Semana Trágica" la población reaccionó levantando barricadas en las calles e incendiando iglesias y conventos.
El 31 de julio, restablecido el orden, se emprendió una dura represión: más de mil detenciones y la ejecución de cinco penas de muerte, entre ellas la del pedagogo anarquista Ferrer i Guardia, que levantó una ola de protesta internacional que provocó la dismisión del presidente del gobierno, el conservador Maura.

Los incendios de conventos e iglesias fueron frecuentes en Barcelona
durante la Semana Trágica

Barricada en las calles de Barcelona durante la Semana Trágica


En este VIDEO podemos ver el desarrollo de la guerra en Marruecos durante la primera década del siglo XX y como la deriva militar desemboca en los violentos sucesos de la Semana Trágica:

video


Unos años después, el Tratado Hispano francés de 1912 va a convertir las zonas de influencia de ambos países en Marruecos en un protectorado compartido. Francia reconoce formalmente el norte de Marruecos como territorio español, estableciéndose el protectorado español con capital en Tetuán. La parte española era más pobre y problemática que la francesa, y de hecho la resistencia de los marroquíes a la ocupación hizo que se enviaran refuerzos: En 1913 había en el Marruecos español 50.000 soldados.
La impopularidad de la guerra, los costes y dificultades encontradas y la falta de interés económico de la zona hizo que los avances fueran lentos y vacilantes. A ello habría que añadir la división en el ejército entre el sector "africanista" -que se podía beneficiar de los ascensos por mérito de guerra- y el sector "juntistas" que coincidía con las Juntas militares de defensa en el rechazo de ese sistema de promoción.
Durante la Primera Guerra Mundial el protectorado estuvo en calma. España dejó de ocupar terrritorios para evitar tensiones con otras potencias europeas. Pero acabado el conflicto las acciones militares para controlar el territorio se reinician. En la parte occidental, con base en Ceuta y Tetuán, desde 1919 el general Dámaso Berenguer -nombrado Alto Comisario español en Marruecos- inicia los avances de forma lenta y firme. Su prudencia e inteligencia permitió de esta forma el control efectivo de la zona.
En 1920 se creaba un cuerpo de elite para enfrentarse a la creciente dureza del combate en la guerra del Rif. Se trataba de sustituir a las tropas de reemplazo, así se bajaba el clamor popular por las bajas producidas a la vez que se aumentaba la operatividad y efectividad del ejército. Fundado por Jose Millán Astray como Tercio de Extranjeros -más tarde conocida como la Legión- encuadraba a españoles y extranjeros que voluntariamente se alistaban para luchar en Marruecos, participando en la guerra entre 1920 y 1927.

En 1920 Millán Astray y Francisco Franco asisten a la primera jura de
 bandera del Tercio de Extranjeros, después la Legión.


Uniformes de la Legión

La violencia y la tortura son parte de la guerra en Africa, no solo de los
 rifeños, también de los legionarios, entre cuyos hábitos estaba cortar las
 cabezas de sus enemigos.

Todo parecia indicar que la pacificación y ocupación llegaría al Protectorado sin grandes problemas. Pero en la parte oriental, donde se encontraba Melilla, las cosas fueron diferentes. Allí el general Silvestre, encargado de la comandancia de Melilla, trató de avanzar hacia el interior del Rif y ocupar los territorios intermedios entre las dos zonas, en torno a la bahía de Alhucemas. Este área estaba bajo el control de las cabilas rifeñas dirgidas por el caudillo nacionalista Abd el-krim, que se negaba a someterse a cualquier poder extranjero. A partir de julio de 1921, el general Silvestre inició una campaña que desde Melilla le llevó a extender el control español hacia el corazón del Rif, sin haber protegido suficientemente la retaguardia ni haber asegurado los abastecimientos. Buscaba una victoria definitiva y corrió riesgos excesivos e imprudentes.


El general Silvestre en Marruecos

Abd El-Krim

Rifeños
Entre 1919 y 1921 el general Silvestre duplicó el territorio controlado por los españoles entorno a Melilla pero asumiendo muchos riesgos. Las tropas españolas estaban muy dispersas y en un frente muy amplio, con un número de posiciones muy elevado y dificilmente defendibles, y además con graves problemas de aprovisionamiento. Cuando los rifeños, liderados por Abd el-krim, atacaron el puesto de annual se produjo una desbandada de las tropas españolas, que perdieron en unos veinte días todo el territorio ocupado en los últimos años. Los soldados españoles, bisoños y sin preparación militar, desmotivados y desconocedores del terreno, fueron presa del pánico en medio de una total desorganización. Los rifeños llegaron a las mísmas puertas de Melilla y todo el ejército español en el Marruecos oriental fue aniquilado: 13.000 muertos, entre ellos el propio general Silvestre.


Batalla de Annual

Cuando los españoles recuperan la posición de Monte Arruit, la situación
es dantesca. Los cádaveres  todavía estaban esparcidos por el terreno
(arriba y abajo).



El puesto de Monte Arruit antes y después del ataque 
Dibujo satírico sobre el desastre de annual

La llegada de refuerzos permitió la recuperación del territorio perdido, eso sí, a costa de un elevado gasto militar y la presencia de un enorme contingente de tropas. Pero la mayor consecuencia fue, a parte de evidenciarse la deficiente organización del ejército, la enorme crisis política que se desató. El impacto del desastre de annual se pareció a la conmoción de 1898, y la opinión pública y la prensa lanzó graves críticas contra el gobierno y el ejército, apoyadas en el parlamento por la oposición socialista y republicana. Como consecuencia el gobierno cayó.
También se inició un proceso parlamentario encaminado a aclarar las reponsabilidades militares y políticas de lo ocurrido en Annual. A tal efecto se nombró una comisión en el congreso encargada de elaborar un informe sobre los sucedido que debía presentarse a las Cortes. Este informe, conocido como el Expediente Picasso, provocó fuertes degbates en las Cortes, y contó con la oposición del ejército, que quería frenar el asunto puesto que de él podían derivarse responsabilidades en los altos mandos militares y llegar a implicar  al propio rey, amigo de Silvestre y defensor de una política expansionista en Africa.
Así la cuestión de Marruecos se convirtió en un factor de crisis politica, y el debate en torno a las responsabilidades fue un elemento decisivo que llevó a los militares a optar por una posición de fuerza. Por eso el expediente no llegó nunca a las Cortes, ya que días antes de la fecha prevista para su discursión se produjo el golpe de Estado de Primo de Rivera y el inicio de la dictadura.

Alfonso XIII y el general Primo de Rivera

La dictadura heredaba un conflicto impopular, que dividía a los mismos militares entre los africanistas  defensores de la lucha y los que optaban por volverse a casa. Durante la primera etapa de la dictadura, el conflicto marroquí centró el interés de Primo de Rivera, que asumió personalmente el Alto Comisariado de Marruecos en 1924. Pero no fue la iniciativa del dictador la que acabó con la guerra, sino la imprudencia del dirigente rifeño Abd el-Krim que cometió el error táctico de atacar a los franceses en 1925. Esto favoreció que a partir de ese año se iniciara una política de colaboración con Francia que incluyó una acción militar coordinada. Fruto de esa colaboración fue el desembarco de Alhucemas (1925), que se saldó con gran éxito. Tras varias derrotas, Abd el-krim se rindió, entregándose al ejército francés al año siguiente. A partir de 1927, las tropas españolas dieron por concluida la ocupación efectiva de todo el Protectorado y su pacificación definitiva.

Desembarco de Alhucemas

Finalizamos la entrada con este VIDEO donde se analizan los acontecimientos que se sucedieron entre el desastre de Annual, que hizo tambalearse el poder colonial español en el norte de África, y el desembarco de Alhucemas, que supuso la pacificación definitiva de Marruecos.

video

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