BLOG DE JOSÉ ANTONIO DONCEL DOMÍNGUEZ (I.E.S. TORRENTE BALLESTER, MIAJADAS, CÁCERES)

jueves, 17 de mayo de 2012

Espartaco: La rebelión de los esclavos frente a Roma

Espartaco en la película de Stanley  Kubrick,
representado por el actor kirk Douglas.

Espartaco alcanzó en la época contemporánea el carácter de mito. Sin embargo, el esclavo rebelde que dirigió una revuelta contra Roma fue un personaje real, que el movimiento obrero en el siglo XIX y XX convirtió en un ejemplo a seguir. Para Marx su lucha fue el prototipo de la lucha de clases en la época Antigua o esclavista. Así lo recogió Lenin en el siglo XX, y en general los partidos de ideología comunista lo ensalzaron como un héroe revolucionario. De hecho, los comunistas alemanes de Rosa Luxemburgo se autodenominaron liga Espartaco. Más tarde la célebre película "Espartaco" de Stanley kubrick, una obra maestra del cine histórico, que adaptaba el libro de Howard Fast, recreó de forma memorable al lider esclavo y contribuyó al mito. En esta entrada haremos referencias a la película y trataremos de discernir la verdadera historia de Espartaco más allá del cine.
La mayoría de los autores romanos, Plutarco, Apiano o Floro hablan de Espartaco como un esclavo de origen tracio que se formó como gladiador en la escuela de Capua, al sur de Roma. Pero no sabemos mucho más de su origen y su vida. Según Plutarco estaba completamente helenizado (había aceptado la cultura grecolatina) y había renunciado a sus raíces bárbaras (extranjeras). Según Apiano combatió a los romanos y una vez apresado fue vendido como esclavo y comprado por un traficante de gladiadores de Capua que lo convirtió en mirmillón, uno de los tipos de gladiadores más populares en el circo romano.


Pintura romana representando un combate de gladiadores.
El luchador de la izquierda es un mirmillón.
Típico gladiador mirmillón.





Escultura realizada en el siglo XIX
por Vincenzo Vela que representa
a Espartaco.
Espartaco se convirtió más tarde en el protagonista de la mayor rebelión de esclavos de la época, que sin embargo, no fue la ùnica, ya que 65 años antes habían acontecido las "revueltas serviles" de Aristónico en Asia (132-130 a.c.) y Euno en Sicilia (136-132 a.c.). Sin embargo, la de Espartaco en Italia resultó mucho más peligrosa, no solo por su proximidad a Roma, sino porque su foco inicial se situó entre gladiadores, hombres fuertes y duros adiestrados en el combate y el uso de las armas y acostumbrados a la contienda, sin miedo a morir. Heredados de los etruscos, los combates de gladiadores habían formado parte durante siglos de rituales funerarios en los que se homenajeaba a los difuntos. A partir del 105 a.c. la popularidad aumentó enormemente y el Estado empezó a costear un espectáculo anual (antes dependían solo de financiación privada). Hasta entonces habían participado no solo esclavos sino también legionarios y soldados que querían homenajear al difunto. La participación en la lucha de gladiadores era fuente de prestigio y valorada socialmente, permitiendo a los esclavos incluso comprar la libertad, lo que compensaba los riesgos.
La creciente popularización conllevó la secularización (pérdida de su carácter religioso), así como la reducción del prestigio de los gladiadores. El espectador busca el simple espectáculo violento y sangriento y el gladiador se juega la vida ante ciudadanos ociosos que no muestran respeto por su labor y solo buscan sangre. Posiblemente esta situación de desprestigio, embrutecimiento y decadencia estaría en la base de la rebelión de los gladiadores.


Fotograma de la película "Espartaco" de Kubrick. Espartaco se enfrenta
 a Drava en lucha a muerte para diversión de unos patricios romanos.

El desarrollo real de la rebelión tiene bastante que ver con lo narrado en la película "Espartaco" de Kubrick, aunque existen diferencias que vamos a reseñar.
Como bien señala el film, la revuelta se produce en la escuela de gladiadores de Léntulo Batiato en Capua. La película nos sitúa en la cocina el foco inicial del levantamiento, como en realidad ocurrió. La razón está en que los gladiadores combatían y se entrenaban con armas de madera o sin filo y solo recibían armas reales en la arena, justo antes del combate. Se evitaban pérdidas por heridas y accidentes o por reyertas mortales surgidas a partir de los problemas de convivencia y la rivalidad entre gladiadores. Por el contrario, en la cocina había instrumentos cortantes de los que podían hacer buen uso.
El control de la escuela no les fue difícil y los supervivientes de la refriega, menos de 100 gladiadores, huyeron hacia el Vesubio y encontraron refugio en los bosques de sus laderas. La sublevación pronto fue recogiendo miles de esclavos, con frecuencia simples campesinos que se le fueron uniendo, hasta alcanzar entre 40.000 y 70.000 miembros.

El crecimiento rápido de la rebelión solo fue posible por la conjunción de varios factores: por un lado los rebeldes encontraron cohesión interna y alcanzaron cierto nivel de organización, dirigidos además por líderes con carisma como Espartaco o Crixo, que eran además gladiadores duchos en el manejo de las armas. Por otro lado, las circunstancias les fueron favorables, ya que Roma se encontraba especialmente débil, envuelta como estaba en lejanas campañas militares (en Hispania contra Sertorio y frente a Mitrídates en el Ponto) y por tanto en la Península de Italia no había legiones. Le favoreció además la actitud arrogante de los romanos, el Senado despreció la capacidad militar de los esclavos y no utilizó tropas bien formadas para acabar con ella hasta mucho tiempo después. Se ve muy bien en la película de Kubrick a través de la actitud del pretor Clodio Grabo, enviado inicialmente para destruir el ejército de esclavos, que ni siquiera fortificó el campamento -algo inusual en los romanos- y fue derrotado con sus tres mil soldados. Luchar contra esclavos era un "trabajo sucio" que ningún general romano quería, y cuando se hicieron cargo de ello lo hicieron con desgana y desprecio al enemigo, por ello después se sucedieron continuas derrotas de los romanos y se produjo el saqueo de buena parte de las ciudades de Campania. Entonces llegó el momento de continuar hacia el norte y en Mutina volvieron a derrotar a los romanos de Casio. Parecía que su objetivo era salir de Italia a travesando los alpes, pero no lo hicieron, no sabemos bien porqué: o bien cambiaron de opinión o nunca lo pretendieron. Quizás el objetivo fuera conquistar la ciudad de Roma, como según el autor Salustio pretendía Crixo, el otro líder de la rebelión, mucho más agresivo e impulsivo, que lideraba a los esclavos galos y germanos. Pero Espartaco sabía que era cuestión de tiempo que las legiones romanas lo derrotaran, de forma que tenía que buscar una salida. Volvieron otra vez hacia el sur, hacia la punta de la "bota italiana", derrotando de nuevo a los romanos en varias ocasiones. Desde Calabria pretendieron pasar a Sicilia y para ello trataron de contactar con los piratas cilicios. Estos incumplieron su promesa y dejaron en la estacada a Espartaco, que se vería atrapado pronto en el extremo sur de Italia sin posiblidad de escapar.

Lawrence Oliver en el personaje de M. L. Craso
Marco Licinio Craso

Para entonces, a finales del 72 a.c., el Senado romano se había tomado en serio la rebelión, ya que la propia Roma corría el riesgo de ser asaltada y saqueada. Se preparó una campaña en toda regla al mando de Marco Licinio Craso, un rico y ambicioso aristócrata, con 8 legiones que encuadraban a 40.000 legionarios, tropas profesionales y bien formadas. Craso impuso una severa disciplina y preparó la campaña con esmero porque despreciaba a Espartaco pero no lo minusvaloraba. Intentó cercarlo en Calabria (ver mapa) con un muro de 60 km desde el mar Tirreno al mar Jónico. Sin embargo, Espartaco consiguió cruzar por una zona derribando la muralla, aunque sucesivas derrotas lo condujeron y encajonaron en Apulia, el tacón de la bota, en dirección al puerto de Brindisium. Para entonces Craso le seguía con determinación, mientras Pompeyo le atacaba desde el sur con sus tropas venidas de Hispania, al igual que Lúculo, que había vuelto de Asia y había desembarcado en Brindisium. En total los romanos había reunido una fuerza formidable de 20 legiones con un total de 120.000 soldados. Espartaco murió en la contienda, pero su cuerpo no fue encontrado, eso agrandó su leyenda. La mayoría de los supervivientes, más de 6.000, fueron crucificados (era frecuente crucificar a los esclavos) y expuestos en las vías de acceso a Roma, sobre todo en la vía Apia, lo que buscaba servir de advertencia a los demás. Incluso después de la derrota, Roma demostró la poca consideración respecto a los esclavos y el escaso valor de las guerras contra ellos, conocidas como "bellum servile", y a Craso no le fueron concedidos los honores del triunfo.


Más de seis mil esclavos son crucificados como escarmiento tras su derrota.
Lienzo de Feodor A. Bronnikov (1827-1902)

Fotograma de la película "Espartaco". Los esclavos supervivientes son
crucificados en la vía Apia en un final lleno de dramatismo y buen cine.


Son muchas las dudas sobre lo que realmente aconteció. Sabemos poco de su origen y su vida y desconocemos casi todo de su trágico final. En general la película se ajusta al personaje histórico, aunque en algunas cuestiones entra en abierta contradicción con lo que conocemos. En ella se muestran los profundos deseos de escapar de Italia de los esclavos, pero el itinerario que siguió la rebelión nos ofrece serias dudas al respecto (de sur a norte y de norte a sur), de hecho muchos esclavos no eran tracios, galos o germánicos, sino itálicos que probablemente no tenían mucha intención de salir del Imperio. La película muestra además a Espartaco como líder indiscutible, algo a todas luces cuestionable porque Crixo y Enomao, ambos celtas, también eran cabecillas que compartían el mando, de hecho entre ellos hubo disensiones y a mediados del 72 a.c. Crixo se separó del ejército esclavo con un numeroso grupo de esclavos celtas que finalmente fueron exterminados. Por otra parte, el Espartaco del cine está idealizado y adaptado a nuestras formas y comportamientos contemporáneos: no era tan humanista y solidario como lo mostraba la película y de hecho obligó a muchos prisioneros a luchar como gladiadores para la diversión de su ejército o como homenaje fúnebre en el entierro de Crixo.
Sirva como colofón a lo comentado esta maravillosa escena de "Espartaco", con la que el maestro Stanley Kubrick mostraba la exasperación de los romanos al no encontrar a Espartaco y el respeto de los esclavos hacia su líder, al que no dejaron autodelatarse para evitar la crucifixión final de sus seguidores.


                               

1 comentario:

  1. Estupendo articulo, Jose Antonio.

    Para los que ya tenemos titantos, Espartaco siempre será Kirk Douglas. Sensacional película. De las de antes. De las que han hecho del cine un Arte.

    De todas formas, Que pena que no se haya hecho una gran película sobre Viriato, que es mucho más nuestro!!!

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