BLOG DE JOSÉ ANTONIO DONCEL DOMÍNGUEZ (I.E.S. LUIS CHAMIZO, DON BENITO, BADAJOZ)

martes, 14 de junio de 2022

La independencia de Ucrania entre 1917 y 1921. Historia de Ucrania y Rusia (parte III)

Manifestación a favor de la Rada Central en Kiev (1917). Fuente: thereaderwiki.com

Ucrania entra en el siglo XX fragmentada en dos, repartida desde las llamadas Particiones de Polonia a finales del siglo XVIII. Por un lado, el Imperio ruso, que con Catalina II llegará a controlar la Ucrania oriental y central, incluida buena parte de Volinia, por otro lado, el Imperio austrohúgaro, que pondrá bajo su control una parte importante de la Ucrania occidental, incluyendo la ciudad de Lvov/Lviv (transcarpatia, Bukovina y Galitzia). Aprovechando la crisis en la que se ven envueltos los dos grandes imperios durante la Primera Guerra Mundial, uno derrotado finalmente y el otro sumergido en un intenso proceso revolucionario, una parte del pueblo ucraniano intentará caminar hacia la independencia. En el contexto de la Primera Guerra Mundial, Ucrania se ve sumergida en una etapa de intensa inestabilidad, marcada por un constante enfrentamiento bélico entre múltiples partes, que se conoce de forma general como Guerra de Independencia de Ucrania. El conflicto se prolongó entre 1917 y 1921, y estuvo asociado al desarrollo de la Guerra Civil Rusa, de la que formó parte. En dicha guerra civil, los bolcheviques se impusieron finalmente a todos sus enemigos en 1921, y buena parte de Ucrania se incorporó a la nueva Unión Soviética, creada en 1922, bajo la denominación de República Socialista Soviética de Ucrania. Mientras, la Ucrania más occidental era repartida entre la nueva Polonia (incorporaba los territorios de Galitzia y Volinia), Rumanía (se anexionaba la Bukovina ucraniana, además de Besarabia, que incluía los territorios de la actual Moldavia y algunos territorios de la actual Ucrania) y Checoslovaquia, país surgido de la Primera Guerra Mundial, que se anexionaba transcarpatia.

Fuente: elaboración propia.


En la llamada Guerra de Independencia Ucraniana (1917-21) convergieron los más diversos actores, internacionales y nacionales, en el marco de un auténtico galimatías bélico y político, un caos total que permitió a Ucrania proclamar su independencia. En Ucrania lucharon los nacionalistas ucranianos, los anarquistas del Ejército Negro de Majnó, los bolcheviques del Ejército Rojo, los zaristas del Ejército de Voluntarios Blanco Ruso, las fuerzas de la Segunda República Polaca y las potencias centrales (Alemania y Austrohungría), interviniendo además los ejércitos de potencias aliadas como Rumanía y Francia.
El socialista Kerensky, como ministro de Defensa,
arenga a las tropas rusas en el frente. F.:
Iniciada la Primera Guerra Mundial, en 1914 los rusos realizaron importantes avances militares, lo que les permitió incorporar amplios territorios del Imperio Austrohúngaro, básicamente las zonas pobladas por ucranianos: la Galitzia ucraniana (este de Galitzia) y Volinia. Sin embargo, a partir de 1915, las contraofensivas de los imperios centrales llevaron al Imperio ruso a encadenar sucesivas derrotas y perder dichos territorios. Para 1917 Rusia había cedido gran parte de los estados bálticos, Polonia y casi toda Ucrania occidental (con la excepción del área de Ternopil). En dicho contexto de retroceso territorial y sucesivas derrotas militares, estalló en febrero de 1917 la Revolución en Petrogrado. El zar abdicó, creándose un nuevo Gobierno Provisional Ruso, que bajo el control del Partido Kadete Libertal y con apoyo socialista, abogaba por una República democrática y liberal al estilo occidental, manteniendo el respeto a la propiedad privada. Mientras, crecían y se consolidaban como poder alternativo los soviets o asambleas obreras, con el Soviet de Petrogrado al frente, donde los bolcheviques comunistas se habían hecho fuertes, defendiendo la "Dictadura del proletariado" y abogando por una revolución de carácter socialista que acabara con la propiedad privada. Pero el nuevo Gobierno Provisional tomó una decisión que terminó siendo determinante para su futuro: decidió continuar la guerra contra Alemania y Austro-hungría, a pesar del rechazo de la población y la indisciplina generalizada de la tropa en el frente. Y precisamente, la mayor ofensiva rusa del momento, protagonizada por el general Brusilov y realizada en el verano de 1917, se realizó en tierras de la Ucrania occidental, en las zonas de Lutsk y Lvov.

Soldados rusos en junio de 1917. Rusia estaba preparando la ofensiva del general Brusilov.
Fuente: today-in-wwi.tumblr.com

Frente oriental de la I Guerra Mundial entre 1914 y 1916. Fuente: revistacredencial.com

Profesor Mykhailo Hrushevsky, jefe de la Rada
Central. Fuente: istpravda.com.ua
Este contexto de democratización en Rusia alentó a muchos pueblos del inmenso imperio a buscar una autonomía y en algunos casos la autodeterminación. En relación con esto, en marzo se declara en Kiev la República Popular de Ucrania, concebida como una realidad autónoma dentro de Rusia y dirigida por la llamada Rada o Consejo Central, en la que dominaban las tendencias socialistas y con grandes vínculos con el Gobierno Provisional Ruso. Dirigida inicialmente por el historiador Myjailo Grushevsky, defendía la autonomía nacional territorial de los ucranianos como parte de una Rusia federal y democrática. Los apoyos a la Rada crecieron rápidamente y el nacionalismo ucraniano se vio beneficiado por el desmoronamiento del Imperio ruso y la creciente incertidumbre e inestabilidad que la revolución y la guerra habían traído, con deserciones e indisciplina generalizada en el ejército ruso. La situación se hacía aún más compleja con la insurrección de los anarquistas del Ejército Negro de Nestor Majnó, que se habían hecho fuertes en el sureste de Ucrania, y la creciente influencia de los bolcheviques en el este, en zonas como Jarkov y el Donbás, en las que protagonizaban continuas revueltas y huelgas, especialmente en la cuenca industrial y minera de Donetsk.
En este contexto, y ante la inacción del Gobierno Provisional Ruso, que ignoraba las demandas de autonomía ucraniana, la Rada Central lanzó en junio de 1917 la Primera Universal, en la que se proclamaba la autonomía de Ucrania dentro de Rusia, creándose unos días después un gobierno o Secretaría General encabezado por Volodímir Vinnichenko. Los intentos de negociación con el gobierno ruso no condujeron a nada y el 16 de julio la Rada Central cedió ante el gobierno ruso y adoptó la Segunda Universal, en la que renunciaba a la autonomía hasta que se convocara la Asamblea Constituyente de toda Rusia, que se esperaba para principios de 1918. Tal cesión fue rechazada de plano por los sectores más nacionalistas de la sociedad ucraniana y las tensiones nacionalistas fueron creciendo.
El 7 de noviembre de 1917 triunfaba la revolución comunista en Petrogrado y los bolcheviques deponían al Gobierno Provisional Ruso. Surgía entonces un nuevo gobierno, el Consejo de Comisarios del Pueblo, dirigido por Vladimir Ilich Ulianov, Lenin, líder indiscutible de los bolcheviques. Éstos intentaron controlar Ucrania y tomar el poder en Kiev, pero no lo consiguieron y el 20 de noviembre la Rada Central adoptó la Tercera Universal, en la que se proclamaba la República Popular de Ucrania dentro de la República Rusa, se buscaba una autonomía dentro de una federación de pueblos iguales y libres. La Rada inició entonces un ambicioso programa de reformas sociales e inició por su cuenta conversaciones de paz para la retirada de Ucrania de la Primera Guerra Mundial.
Anuncio de la Tercera Universal de la Rada Central de Ucrania en la Plaza de Santa Sofía de Kiev. 20 de noviembre de 1917. En el centro están Symon Petliura, Mykhailo Hrushevsky, Volodymir Vynnychenko. Fuente: istpravda.com.ua
El 25 de noviembre de 1917 se celebraron las esperadas elecciones a la Asamblea Constituyente Rusa en las que vencieron los socialrevolucionarios, con un apoyo masivo en el campo, quedando en segundo lugar los bolcheviques, con el respaldo mayoritario de los obreros de las ciudades industriales. En Ucrania el peso de los bolcheviques era considerablemente menor al de otras regiones del Imperio: habían vencido los socialrevolucionarios ucranianos, mientras otras agrupaciones de carácter ucraniano y nacionalista se llevaban buena parte de los votos que restaban, siendo los bolcheviques una clara minoría. A nivel estatal, la estrategia bolchevique era clara, priorizar los soviets como órganos representativos del pueblo en contraposición a una Asamblea constituyente en la que no tenían mayoría. Así lo habían evidenciado a través del lema de octubre, con el que habían llegado al poder: "Todo el poder a los Soviet". Por otro lado, el carácter mayoritario de los socialrevolucionarios era matizable, ya que hay que tener en cuenta en su victoria a los socialrevolucionarios de las nacionalidades (entre los que destacaban los socialrevolucionarios ucranianos), que tenían una línea independiente, y los socialrevolucionarios de izquierdas, próximos a las tesis bolcheviques y que en principio colaboraron con ellos. Finalmente, el 19 de enero la Asamblea constituyente fue disuelta por los bolcheviques en el poder.
Desde el principio, la actitud de los bolcheviques resultó abiertamente hostil a la República Popular de Ucrania y la autoridad de la Rada Central. Ante el fracaso de su intento de hacerse con el control de Kiev y de utilizar el Congreso de los Soviets de Ucrania para suplantar el poder de la Rada Central, el gobierno comunista de Petrogrado lanzó un ultimátum, rechazado por la Rada, lo que desembocó en una intervención militar directa. El 22 de diciembre de 1917 las tropas de la Guardia Roja, dirigidas por Vladímir Antónov-Ovséyenko, tomaban Járkov y creaban en la ciudad un Congreso de los Soviets de Ucrania alternativo, proclamando la República Popular Soviética de Ucrania, con capital en Járkov, que había de gozar de autonomía dentro de la Rusia Soviética. El nuevo gobierno emitió un manifiesto de derrocamiento de la Rada Central, mientras el 7 de enero un ejército bolchevique atacaba Kiev. Es en este contexto, y ante la hostilidad bolchevique, cuando la Rada Central adoptó la Cuarta Universal (22 de enero de 1918), proclamando la independencia de la República Popular de Ucrania y pidiendo al pueblo ucraniano que luchara contra sus enemigos, en lo que era una alusión directa al gobierno comunista de Petrogrado. La Rada Central dejó claro a la comunidad internacional que mantendría relaciones internacionales independientes de Rusia y en enero de 1918 la delegación ucraniana se incorporaba a las conversaciones de paz de Brest-Litovsk junto a las potencias centrales y el régimen bolchevique. Los ucranianos querían tener la voz cantante en todo lo relacionado con la paz en el frente ucraniano, así como discutir la incorporación a la República Popular de Ucrania de los territorios occidentales históricamente bajo control del Imperio austrohúngaro (Galitzia, Bukovina y Transcarpatia).

Las delegaciones alemana, rusa y ucraniana reunidas en Brest-Litovsk. Fuente: istpravda.com.ua

Tratado de Brest-Litovsk. F.: historia.nationalgeographic.com.es
El 9 de febrero de 1918, la República Popular de Ucrania firmaba un Tratado de paz en Brest -Litovsk por separado con las potencias centrales. Estas la reconocían como un estado independiente y le prometía ayuda en su guerra contra la Rusia soviética. A cambio, Ucrania renunciaba a los territorios occidentales, históricamente bajo control austrohúngaro, y se comprometía a aportar importantes suministros a Alemania y Austro-hungría, no olvidemos que la estepa ucraniana es un inmenso granero agrícola. El apoyo alemán resultaría importante a partir de entonces, aunque siempre sujeto a los propios intereses germanos. En una situación de extrema volatilidad, los bolcheviques tomaban Kiev a comienzos de febrero de 1918, pero el 2 de marzo el ejército alemán recuperaba la ciudad y la Rada Central volvía a Kiev. Sin embargo, los alemanes tenían otros planes para Ucrania y terminaron por apoyar la causa de un antiguo general imperial, Pavló Skoropadski, un cosaco muy conservador y de familia terrateniente, decididamente hostil a la Rada Central y sus tendencias socialistas. 
El hetman Skoropadsky el kaiser Wilhelm.
Fuente: commons.wikimedia.org
El objetivo era convertir a Ucrania en una especie de protectorado alemán, acabando con las políticas reformistas y sociales de la Rada y devolviendo la propiedad de la tierra a los terratenientes. En mayo de 1918, con apoyo alemán, Skoropadski derrocaba la Rada Central y acababa con la República Popular Ucraniana, lo que suponía la instauración de las tradiciones cosacas en la formación del estado, el hetmanato, así como las tradiciones políticas autoritarias del Imperio ruso. El nuevo poder contó con el apoyo alemán y de las clases más conservadoras de la sociedad ucraniana (militares, terratenientes, etc.), buscando además la aproximación a los ejércitos blancos del general zarista Denikin, que se había hecho fuerte en las regiones vecinas del Don y el Kuban, al este de Ucrania. 
Pero la situación cambia con la derrota final de los imperios centrales en noviembre de 1918, lo que estimula un levantamiento nacionalista cuyo cabecilla militar será Simon Petliura. El hetman Pavló Skoropadski aguantaría todavía un mes en el poder antes de ser depuesto, a la vez que los rebeldes entraban en Kiev. Firmado el armisticio de la Gran Guerra con la consiguiente rendición de Alemania, el gran sostén del régimen de Skoropadski había desaparecido, lo que permitió la restauración de la República Popular de Ucrania, aunque solo formalmente, porque el 13 de noviembre el poder quedó en manos de un Directorio no elegido, con 5 miembros encabezados por Volodímir Vinnichenko. Las fuerzas militares leales al Directorio estarían bajo la autoridad de Simon Petliura, aunque resultaban una amalgama de diferentes grupos casi independientes, bajo el control de variopintos señores de la guerra. El nuevo poder trató de ganarse el apoyo popular y campesino con una política de entrega de tierras y represión de los terratenientes y se enfrentó a las fuerzas de la República Socialista Soviética de Ucrania, apoyada por Moscú. Sin embargo, el nuevo gobierno se fue debilitando pronto por la división interna, la escasa aplicación de sus políticas sociales y agrarias, lo que le restó apoyo popular, así como el descontrol y falta de cohesión de sus fuerzas militares. Eso permitió a los bolcheviques tomar la capital en febrero de 1919, mientras el Directorio se refugiaba en el oeste del país. Pero el poder bolchevique resultó del todo efímero, debido al imparable avance del Ejército de Voluntarios Blanco del general zarista Denikin a lo largo del verano. El tener un enemigo común, los comunistas bolcheviques, no unió a las dos fuerzas, pues el nacionalismo ruso de Denikin era incompatible con el nacionalismo ucraniano de Petliura. La consecuencia resultó obvia, ambas fuerzas, zaristas rusos y nacionalistas ucranianos, se declararon la guerra. Pero los ejércitos blancos de Denikin tenían en esos momentos las de ganar, su avance resultaba imparable y después de conquistar gran parte de Ucrania, en otoño se lanzaban hacia el norte en dirección a Moscú, lo que pondría en serios aprietos al gobierno bolchevique.

El ejército rojo bolchevique entra en Kiev en 1919. Fuente: trotskyistplatform.com

Sin embargo, el Ejército de Voluntarios del general blanco Denikin pronto se mostró demasiado débil para controlar tan extensos territorios. Si en las zonas de Rusia que ocupó no se ganó el apoyo campesino, en Ucrania menos aún, lo que le impidió afianzar su poder en las zonas ocupadas. A la represión sobre los campesinos y la devolución de la tierra a los terratenientes, en Ucrania se unió una política activa de represión nacional, con la prohibición del idioma ucraniano y la persecución de la intelectualidad ucraniana, así como la intensa violencia sobre la gran población judía ucraniana, con la puesta en marcha de brutales progroms o matanzas, que enraizaban en el profundo antisemitismo tradicional del Imperio ruso.
La situación militar y política de la Ucrania de la época resultaba, como hemos podido ver, extremadamente compleja. A la guerra entre el nacionalismo ucraniano, que había proclamado la República Popular de Ucrania, y el poder central bolchevique, había que unir el enfrentamiento de los bolcheviques contra los zaristas de Denikin, y todo ello en el contexto del final de Primera Guerra Mundial, con unas potencias centrales (Alemania y Austro-hungría) que mantuvieron su influencia hasta finales de 1918. Pero esta situación se complicaba aún más con el surgimiento en octubre de 1918 de la República Popular de Ucrania Occidental, dirigida por Yevguén Petrushévich, que se extendía por los territorios ucranianos bajo dominio histórico del Imperio austrohúngrao, que con el final de la guerra había entrado en descomposición hasta su desaparición total. En enero de 1919, la República Popular de Ucrania y la República Popular de Ucrania Occidental, se fusionaron en un solo estado a partir del Acta de Unificación de Ucrania, también conocida como Acta o Ley Zluky. En el nuevo estado, Galitzia se convertía en una región autonóma dentro de la Ucrania unificada, aunque en realidad, la unión resultó ser más formal que real, pues la república occidental, que estaba mejor organizada, mantuvo su propio ejército y estructura administrativa.
La situación se complicaba aún más con la aparición en escena del nuevo estado polaco, surgido del colapso de los imperios centrales y la debilidad del Imperio ruso tras la Revolución Rusa. La nueva Polonia independiente mostrará enorme interés por los territorios de la Ucrania occidental, históricamente muy vinculados a Polonia y donde existía una amplia minoría polaca, mayoritaria en las grandes ciudades como Lvov (Lviv en ucraniano). Se inicia así la que se dio en llamar como Guerra polaco-ucraniana. Aunque en febrero de 1919 los ucranianos sitiaron Lvov, en julio las contraofensivas polacas les permitieron controlar amplios territorios de la Ucrania occidental, incluida buena parte de la región de Galitzia. A pesar de todo ello, Petliura y el Directorio se fue acercando a los polacos con la intención última de frenar el avance bolchevique, mientras las potencias de la Entente, con Francia y Gran Bretaña a la cabeza, aceptaban el avance polaco por la misma razón. Esta realidad estratégica condenó a la Ucrania occidental, que irreversiblemente terminó bajo ocupación polaca.

Simon petilura en kiev en mayo de 1920 con tropas ucranianas. Fuente: neweasterneurope.eu 

S. Petliura y el general polaco Edward Rydz-Smigly
 durante la ofensiva sobre Kiev en 1920. F.:wikipedia
A principios de 1920, el ejército zarista de Denikin se hundió, iniciando una retirada en desbandada que le hizo perder todos los territorios conquistados en Ucrania. Se produjo entonces un rápido avance bolchevique hacia el sur, hacia Ucrania, que Peltiura solo pudo frenar gracias al apoyo polaco, en virtud de un pacto con Jósef Pilsudski, el líder nacionalista polaco. El 21 de abril de 1920 se firmaba la alianza polaco-ucraniana en el Tratado de Varsovia. En mayo los ejércitos polacos y ucranianos desbordaron a las defensas soviéticas y tomaron kiev. Ucrania se veía así envuelta de lleno en la Guerra polaco-soviética que se desarrolló entre 1919 y 1921 y que se suele considerar el último capítulo de la Guerra Civil Rusa. El nacionalismo polaco pretendía con su ofensiva hacia el este consolidar su proceso de independencia con la creación de una Gran Polonia que incorporara al nuevo estado amplios territorios de Bielorrusia y Ucrania occidental. Pero a partir de mayo, los soviéticos pasaron a la ofensiva y avanzaron con rapidez hacia Varsovia, recuperando Kiev y avanzando sobre Lvov. En julio, la caballería roja bolchevique estaba a punto de tomar Varsovia, pero en una especie de "acordeón" militar, los polacos se sobrepusieron y pasaron de nuevo a la ofensiva en septiembre y octubre. En octubre de 1920, los soviéticos pidieron la paz y se produjo un alto el fuego. El Tratado de Riga sancionó definitivamente la paz en marzo de 1921 entre la segunda República de Polonia y la Rusia soviética. Con él se derogaba el anterior Tratado de Varsovia de abril de 1920, que había creado la alianza polaco-ucraniana. Los nacionalistas ucranianos de Petliura no fueron invitados y los territorios que habían formado parte de la Ucrania independiente en los años anteriores fueron repartidos entre polacos y soviéticos. Polonia se quedaba con la mayoría de Ucrania occidental (Volinia y Galitzia), mientras la Ucrania central y oriental quedaba en manos rusas. La región occidental de transcarpatia quedaba en manos de la recién nacida Checoslovaquia y Bukoviana pasaba a control rumano. La situación se convertía en un mazazo mortal y definitivo para la República Popular de Ucrania, que desaparecía, emparedada como en otros momentos de la historia entre las potencias vecinas. Se habían definido las nuevas fronteras de Europa oriental durante el periodo entreguerras y en el nuevo mapa no había sitio para una Ucrania independiente.

Europa oriental tras el Tratado de Utrecht. Ucrania no existía como estado independiente. F.: wikipedia.org

Composición étnica de la Polonia surgida tras la I Guerra Mundial. F.: elordenmundial.com

La siguiente SECUENCIA DE MAPAS nos permite comprender mejor la evolución del complejo proceso independentista ucraniano desarrollado entre 1917 y 1921. Fuente: es-academic.com

Fuente: es-academic.com

Fuente: es-academic.com

Fuente: es-academic.com
Fuente: es-academic.com

Fuente: es-academic.com

Fuente: es-academic.com

Fuente: es-academic.com

Fuente: es-academic.com


viernes, 8 de abril de 2022

Renacimiento cultural ucraniano y represión imperial en el siglo XIX. Historia de Ucrania y Rusia (Parte II).


"Iglesia en Kiev". Obra pictórica del Taras Sevchenko, el gran bardo del nacionalismo ucraniano. Fuente: boverijuancarlospintores.blogspot.com


Fuente: Wikipedia
Como ya hemos desarrollado en la entrada anterior, "Historia de Ucrania y Rusia (Parte I). Desde los orígenes hasta el siglo XVIII", el Imperio ruso llegó a controlar buena parte de la actual Ucrania durante el reinado de Catalina II la Grande, sometiendo definitivamente al Hetmanato cosaco en 1864 e incorporando enormes territorios occidentales arrebatados a una Polonia que, a finales del siglo XVIII, es despedazada y repartida entre Prusia, Austria y Rusia (Particiones de Polonia entre 1772 y 1795). Se iniciaba entonces un intenso proceso de rusificación, que ya se había puesto en marcha en las zonas orientales y centrales de Ucrania a principios del siglo, con el reinado de Pedro el Grande. 

La Eneida de Ivan Kotliarevski
Sin embargo, algo se empieza a mover con la llegada del nuevo siglo. Si el siglo XIX es el "Siglo de Oro" de la literatura rusa, es también el del renacimiento cultural ucraniano. Como en tantos pueblos de Europa y de la misma España, el romanticismo y el nacionalismo permitieron el desarrollo de amplios movimientos culturales y políticos, que reivindicaron la cultura propia y especialmente la lengua como elemento distintivo e identitario. Será así como una lengua denostada por la autoridad imperial y despreciada por las propias élites ucranianas, empiece a dejar de ser considerada una lengua de simples siervos y campesinos, un simple dialecto del ruso, para ser utilizada en la literatura y revalorizada por una élite intelectual. 

Aunque la primera obra escrita en ucraniano moderno había surgido en 1789, la Eneida de Ivan Kotliarevski, será el siglo XIX el que abrirá el camino a los cambios. La fundación de universidades como las de Kiev y Járkov a principios de la centuria iba a favorecer el nacimiento de círculos intelectuales que comenzarían a escribir en ucraniano e iniciarían el proceso de normativización gramatical del idioma. Como en muchos lugares de Europa, se extendía igualmente el interés por el folclore y la cultura popular, apareciendo las primeras Historias de Ucrania.

Taras Shevchenko. Retrato de Ivan Kramskoi.
Fuente: hmong.es 
En 1840, Tarás Shevchenko (1814-61), pintor, escultor y escritor, publica su primera colección de poesía, Kobzar, escrita en ucraniano y que se convertirá en una de las grandes referencias literarias de la nación ucraniana hasta la actualidad. Aunque también escribió en ruso, su obra en ucraniano es un referente. Miembro de la Hermandad de Cirilo y Metodio, sociedad secreta que aspiraba a amplias reformas en el Imperio ruso, sufrió la represión y el destierro. A dicha Hermandad pertenecía también Nikolay Kostomarov, que publicó revistas como Osnova y era conocido por su Historia de Ucrania y su intenso trabajo etnográfico como folclorista. La labor de estos personajes resultó fundamental, contribuyendo a forjar una emergente consciencia nacional que se proyectó en años sucesivos en el surgimiento de asociaciones culturales o hromadá y la aparición de escuelas dominicales en las que se utilizaba la lengua ucraniana, en oposición a la educación formal desarrollada por la administración imperial rusa que se cursaba en su totalidad en ucraniano. Toda esta actividad cultural permitió el surgimiento y crecimiento de un sentimiento nacionalista que, cada vez más, fue generando una fuerte desconfianza en las autoridades imperiales, que lo entendían como un desafío. Hasta entonces la identidad ucraniana nunca había sido de gran preocupación para los rusos, que se referían a Ucrania como la "Pequeña Rusia". Todo ello desembocó en una política cada vez más represiva a nivel cultural que se agudizó con la sublevación polaca en el llamado Levantamiento de Enero de 1863, que ejemplificaba a la perfección el aumento creciente de las tensiones separatistas dentro del Imperio ruso. Muchos activistas ucranianos fueron arrestados y numerosas publicaciones cerradas, mientras se cerraban las hromadá y las escuelas dominicales. El proceso culmina con la publicación del ukaz o edicto de Ems, emitido por Alejandro II en 1876, que vetaba de forma expresa en el Imperio ruso y en el ámbito público el uso de la lengua ucraniana, que denominaba el dialecto de la Pequeña Rusia, prohibiendo su uso en textos de cualquier tipo, así como la importación desde el extranjero de publicaciones en ucraniano. Tampoco era posible la representación de obras de teatro y la enseñanza escolar y universitaria en dicho idioma. Numerosos intelectuales tuvieron que coger el camino del exilio y la vida cultural ucraniana quedó congelada. Con el tiempo y bajo el reinado de Alejandro III, las disposiciones restrictivas del ukaz de Ems fueron suavizadas, lo que permitió que se publicaran libros y se representaran obras de teatro en ucraniano. Sin embargo, y de forma inexorable, la cultura rusa se establecía cada vez más como la dominante en la Ucrania bajo control del Imperio ruso, mientras el sentimiento nacionalista quedaba reducido a una minoría cuya capacidad de penetración en la población era reducida, proyectándose en la actividad de organizaciones como la Hermandad Trarasivtsi, surgida en 1891, que aglutinaba a los partidarios de una autonomía nacional.

Alejandro II de Rusia. Fuente: Getty images


La evolución de los acontecimientos fue diferente en la parte más occidental de la actual Ucrania, que incluía la mitad oeste de la región histórica de Galitzia, la región de transcarpatia (Ruthenia), el norte de Bucovina, territorios que quedaron bajo control austrohúngaro en 1772, tras la desmembración del estado polaco en las llamadas Particiones de Polonia. La región de Galitzia había sido una región que históricamente, y desde el medievo, había permanecido bajo control de Polonia, lo que se evidenciaba en la existencia de una gran pluralidad étnica y una marcada influencia cultural polaca. La parte occidental de la región estaba poblada mayoritariamente por polacos (hoy pertenece a Polonia), pero en la zona oriental existía una mayoría ucraniana, aunque con importantes minorías polaca, húngara y alemana. En el siglo XIX, el Imperio austrohúngaro se mostró como un estado más permisivo con las culturas e idiomas nativos de lo que lo fue el Imperio ruso, permitiendo su uso en las escuelas de enseñanza primaria. No ocurría lo mismo con los centros universitarios, como la universidad de Lemberg (Lviv en ucraniano o Lwow en polaco), que se había convertido en el gran centro cultural de la región ya desde la época de dominio polaco. Tras la destrucción del estado polaco, la universidad sufrió un proceso de germanización que cristalizó en la institucionalización del alemán como su idioma oficial. La oposición a tal proceso culminó durante el periodo revolucionario de 1848, que supuso el estallido de las aspiraciones nacionalistas en toda Europa y particularmente en el Imperio austrohúngaro. En respuesta a la actitud de los estudiantes que desafían a la autoridad y reclaman la polonización de la universidad, las autoridades imperiales intervinieron militarmente, permaneciendo la universidad cerrada hasta 1850. Sin embargo, las reclamaciones estudiantiles no cayeron en saco roto, en las décadas sucesivas el polaco y el ucraniano pasaron a ser lenguas oficiales en la universidad de Lemberg (Lviv).

Fuente: elaboración propia.


Iván Yakovych Frankó. Fuente: Wikipedia
Sería en esa época, en el último cuarto del siglo XIX, cuando cursaría sus estudios universitarios en Lemberg (Lviv) el que se había de convertir en uno de los grandes referentes del nacionalismo cultural y político ucraniano, Iván Yakovych Frankó. Un intelectual en la dimensión total de la palabra, que desarrolló su obra en las últimas décadas del s. XIX y las primeras del s. XX. Fue dramaturgo, poeta y prosista, filósofo e historiador, lingüista y folklorista, activista político y periodista, además de una incansable traductor. Tradujo al ucraniano las obras de los principales escritores de la literatura universal, desde el alemán Goethe al inglés Shakespeare, del francés Víctor Hugo al ruso Dostoyevski, incluyendo los grandes clásicos de la literatura castellana como Lope de Vega, Calderón de la Barca o Cervantes. Su papel fue muy destacado en cuanto al proceso de normalización y uniformización lingüística de la lengua ucraniana, así como en la consolidación del lenguaje científico ucraniano. Hoy es una de las grandes referencias intelectuales del nacionalismo ucraniano.

Lviv es conocida como "La ciudad de los mil nombres": Lviv en ucraniano, Lvov en ruso, Lwow en polaco Lemberg en alemán o Leópolis en español. Bellísima ciudad patrimonio de la Humanidad, fue el centro neurálgico de la Galitzia histórica y hoy capital cultural de Ucrania.


sábado, 19 de marzo de 2022

Historia de Ucrania y Rusia. Parte I. Desde los orígenes hasta el siglo XVIII

Monumento a Bogdán Jmelnytsky, héroe del nacionalismo ucraniano, en Kiev. Fuente: istockphoto


La historia de Ucrania es tan compleja como su realidad actual, y se quiera o no, ha estado  indiscutiblemente ligada a la de Rusia. Conocida históricamente por los rusos como la "Pequeña Rusia", navegó durante siglos entre gigantes: al este la Rusia Imperial, de la que fue parte esencial y fundacional, al oeste Polonia y Austro-hungría, que controlaron durante mucho tiempo sus regiones occidentales. Y entre ambas influencias y dominios, sin embargo, Ucrania nunca dejó de tener su identidad propia, una identidad que por otro lado resulta muy compleja, pues son grandes las diferencias entre sus territorios, lo que deriva de una evolución histórica muy diferente: el este, rusófono y mucho más vinculado cultural e históricamente Rusia, el oeste más nacionalista y ligado históricamente a Austro-hungría o Polonia. Un país convertido históricamente en una conflictiva frontera entre occidente y oriente, una frontera cuyos límites se están dirimiendo de forma sangrienta en la guerra ruso-ucraniana de 2022.

Rusia y Ucrania en la Edad Media: orígenes compartidos

Rusos, ucranianos y bielorrusos son pueblos con un mismo orígen. En las tierras boscosas y pantanosas que se ubican entre las fronteras actuales de Rusia, Bielorrusia y Ucrania, se localizaban ya las primeras tribus eslavas orientales en torno al 600 d.c., que con el tiempo extendieron sus zonas de influencia en todas direcciones: en el norte avanzaron hacia el Mar Báltico y entraron en contacto con los pueblos vikingos, en el este se extendieron hacia las grandes llanuras de la actual Rusia y conectaron con los pueblos de origen fino-ugro (de los que proceden por ejemplo los finlandeses, los estonios o los húngaros), en el sur ocuparon los territorios de la actual Ucrania, entrando en contacto con la cultura griega representada por Bizancio, mientras hacia el sureste, en las estepas del río Don y el Volga, conectaban con los jázaros, pueblo túrquico asentado en las estepas bajas del Volga.

Territorios poblados por las tribus eslavas orientales en el siglo VIII d.c. Fuente:es-academic.com

Invitación de los varegos. Riúrik y sus hermanos Truvor y Sineo llegan a Ládoga (1909), obra de Víktor Vasnetsov. Fuente: es.rbth.com


La irrupción de los vikingos o varegos resultaría determinante en la historia de los eslavos orientales. Con fama de grandes guerreros y saqueadores empedernidos, también eran activos comerciantes que recorrieron las costas bálticas, entrando en contacto con los eslavos. Remontaron los ríos hacia el este y el sur y llegaron al Mar Negro y al Mar Caspio. El jefe varego Riúrik fundó algunos asentamientos en la región fría y boscosa de Novgorod, cercana al Mar Báltico. Riúrik terminó convirtiéndose en príncipe de Novgorod a mediados del siglo IX. Más tarde, el avance de los vikingos hacia el sur les llevó a dominar los territorios de la actual Ucrania central, donde nacería el primer estado eslavo oriental, la Rus de kiev, a finales del siglo IX. Un estado que se convirtió pronto en el eje central del intenso comercio de esclavos, pieles y otros productos que se deaarrollaba entre el norte de Europa y Bizancio. Considerado por el nacionalismo ucraniano como el origen de Ucrania, es visto también por el pueblo ruso como la cuna de su nación, y desde luego, con mayor base aún. Y es que, aunque la Rus de Kiev tuviera por centro la actual capital de Ucrania, kiev; su territorio se extendía enormemente hacia el norte, abarcando desde Bielorrusia hasta el Báltico ruso y la región de Novgorod, ocupando igualmente buena parte de los territorios centrales de la actual Rusia europea, incluida la región donde tiempo después, en el siglo XII, se fundaría la ciudad de Moscú.

Territorio ocupado por la Rus de Kiev y principados en los que se dividió en el s. XII. F.: Wikipedia

 La Rus de Kiev se fue cristianizando en la segunda mitad del siglo X, bajo la influencia del mundo bizantino, desarrollándose en su seno la variante eslava del cristianismo ortodoxo. Este proceso culminó con el bautismo oficial y público del príncipe Vladimir I en el 980 d.c. Durante el siglo XI, el desarrollo económico y cultural de la Rus fue intenso, pero a partir del siglo XII entró en una lenta decadencia por la presión de los pueblos túrquicos de las estepas y el declive del Imperio bizantino. El comercio en la zona se redujo, afectando al papel del Rus como centro de las rutas comerciales que unían Bizancio y el norte de Europa, lo que desembocó en su desmembramiento en varios principados: Novgorod, Chernigov, Smolensk, Vladimir-Suzdal, Volinia, etc. 

El bautizo del Santo Príncipe Vladimir, por Viktor Vasnetsov (1890). Fuente: bbc.com


La división interna favoreció el creciente ímpetu invasor de los mongoles, que terminaron por arrasar y dominar la Rus de Kiev en el siglo XIII. En 1240 Kiev era destruida y nunca se recuperó: más de la mitad de la población fue exterminada y muchos huyeron hacia el norte. Los mongoles se quedaron y conformaron en la zona un nuevo estado, la llamada Horda de Oro, que ocupaba amplios territorios de las actuales Rusia, Ucrania y Kazajstán. Con el tiempo, y conforme avanzara el delive del imperio mogol, la zona occidental de la Rus sería incorporada a la Unión polaco-lituana, una unión personal entre ambos estados que se produjo a finales del siglo XIV, en 1386.  Al margen de la invasión mongola quedarían los territorios norteños y fríos del principado de Novgorod, que prosperó ligado al comercio con alemanes y suecos. Los mongoles sí invadieron la región de Suzdal, donde se hallaba la por entonces pequeña población de Moscú, que tras ser saqueada y arrasada, se recuperaría y terminaría por convertirse en la capital del Principado de Moscovia, germen de la futura Rusia.

A finales del siglo XIII, los territorios del principado de Vladimir-Suzdal terminaron convirtiéndose en en el Principado de Moscú o Moscovia. Durante el siglo XIV, su influencia y poder fue creciendo como un estado vasallo de los mongoles, desarrollando una intensa política de expansión territorial, pero también buscando un aumento de su influencia cultural y religiosa. Si en el 1299 el metropolitano Máximo de Kiev se había trasladado de Kiev a Vladimir; en 1325, con Iván I como príncipe de Moscú, el metropolitano Pedro de Kiev se desplazaba de Vladimir a Moscú. Se completaba así, en el marco territorial de la antigua Rus, el paso del poder religioso desde Kiev hasta Moscú. Ambos personajes ostentaban por entonces el título de metropolitanos de Kiev y de toda la Rus.

Imperio mongol en el siglo XIII. Fuente: Pinterest


Iván III el Grande. Fuente: alchetron.com
Este proceso de crecimiento y expansión del principado de Moscú, culminaría con la llegada al poder de Iván III el Grande en la segunda mitad del siglo XV, que conquista Novgorod y derrota a los mongoles de la Horda de Oro, avanzado también hacia el sur, hacia los valles del Don y el Donetz. La consolidación definitiva del principado se produciría con Iván IV el Terrible, conocido por su crueldad, que gobernaría durante buena parte del siglo XVI y establecería el zarato ruso. Rusia vencía entonces a los tártaros, pueblos túrquicos y musulmanes, herederos de los mongoles, que habían creado los kanatos tártaros de Kazán, Astracán o Siberia. Con Iván el terrible, la parte más oriental de la actual Ucrania quedó bajo control ruso, mientras las regiones del oeste y el centro, incluida la región de Kiev, permanecían bajo el dominio de la Unión polaco-lituana, que en esas zonas había llenado el vacío dejado por los mongoles. Al sur mantenían su hegemonía los herederos de los mongoles, nos referimos al Kanato tártaro de Crimea, que se extendía por la península de dicho nombre y el entorno del Mar Azov, y que perduraría aún varios siglos.

Extensión del zarato ruso durante el reinado de Ivan IV el Terrible: Fuente: historiaparanodormiranhell.blogspot.com








La época moderna: el Hetmanato cosaco y la Rusia imperial

Bogdán Jmelnytsky. F.: biografiasyvidas.com
En el siglo XVII y en lucha contra polacos y lituanos, surgiría en Ucrania un estado independiente, el Hetmanato cosaco, que se extendería por las regiones centrales de lo que hoy es Ucrania. La Unión polaco-lituana se había convertido en 1569 en la República de las Dos Naciones o Mancomunidad de Polonia-Lituania, producto de la fusión definitiva del Reino de Polonia y el Gran Ducado de Lituania. Bajo su control se hallaría buena parte de la actual Ucrania. Sin embargo, la rebelión de Bogdán Jmelnytsky consiguió segregar amplios territorios de la Ucrania central y crear en 1648 un estado independiente, el Hetmanato, cuyo primer Hetman sería el propio Jmelnytsky, líder cosaco. El nuevo estado se apoyaba en los pueblos cosacos asentados en las estepas del Dnieper, en Zaporozhia. Los cosacos eran comunidades de pueblos túrquicos eslavizados, que se desarrollaron en las estepas del sur de Rusia, desde el centro de Ucrania hasta las llanuras del Don y el Volga. Grandes guerreros y soberbios jinetes, mantuvieron su identidad hasta la mitad del siglo XX, prestando servicios militares como mercenarios y guerreros para distintos estados. Apoyado en la capacidad militar de los cosacos, Bogdán Jmelnytsky consiguió consolidar el nuevo estado, articulando una nueva administración civil y militar a partir de una élite de oficiales cosacos y nobles rutenios y ucranianos. El nuevo estado siguió utilizando inicialmente la moneda polaca y el idioma polaco en la administración, pero a partir de 1667 el lenguaje popular, el ucraniano, empezó a usarse también en documentos oficiales, dando lugar al ucraniano moderno. 

En 1648 surge el Hetmanato cosaco en el corazón de Ucrania, independizándose de la Mancomunidad polaco-lituana. Fuente: es-academic.com

Hetmanato cosaco. Fuente: alsurdeunhorizonte.com

Para entonces, el nuevo estado se encontraba ya totalmente bajo la órbita de Moscú. Presionados por los tártaros de Crimea al sur y por los polacos por el este, Jmelnitsky buscó muy pronto la protección de Rusia, firmando el Tratado de Pereyáslav en 1654, por el que los cosacos de Ucrania juraban fidelidad al zar ruso. Este tratado es un motivo continuo de controversia nacionalista: mientras los nacionalistas ucranianos sostienen que se trató de un simple acuerdo militar, el nacionalismo ruso lo entiende como la incorporación de Ucrania al proyecto paneslavo de configuración de Rusia. Tras un intento posterior de acercamiento a polacos y lituanos, el hijo de Bogdán Jmelnitsky, Yuri, como hetman, firma un Segundo Tratado de Peryáslav en 1659, que limitó definitivamente la autonomía cosaca y convirtió el hetmanato en un estado autónomo dentro del estado ruso.

Para siempre con Moscú. Para siempre con el pueblo ruso. Pintura de Mikhailo Jmelko. Este cuadro es una representación de la firma del tratado de Pereyaslav. Fuente: 14milimetros.com

Pedro I el Grande. Fuente: biografiasyvidas.com
Rusia, convertida en zarato en el siglo XVI, durante el reinado de Iván el Terrible, era por entonces un rei
no cada vez más poderoso, gobernado por la dinastía Romanov desde 1613. Parejo a su fortalecimiento, el reino iba aumentando la presión y el control sobre los territorios que dominaba, algo que se hizo cada vez más evidente en el caso del protectorado que ejercía sobre Ucrania. Esta situación se agudizó con el ascenso al trono de Pedro I el Grande como zar de Rusia en 1682. Pedro I inicia un proceso de transformación del zarato en un gran imperio, occidentaliza y moderniza el país, extendiendo el poder de Rusia por los cuatro puntos cardinales: se enfrentó en el sur a los turcos, al este con los polacos y al norte con los suecos. Rusia se enfrentó a la Suecia de Carlos XII en el contexto de la Gran Guerra del Norte (1700-1721) y la derrotó definitivamente en la batalla de Poltava (1709), en las llanuras ucranianas, convirtiéndose de esta forma en la nueva potencia dominante del norte de Europa. Aprovechando los apoyos que durante su campaña en Rusia había encontrado Carlos XII en algunos sectores de los cosacos ucranianos (seguidores del hetman Mazepa), Pedro I redujó la autonomía del Hetmanato, cuyo poder se volvió casi nominal, y estableció la gobernación de kiev. Se iniciaba en ese momento la lenta pero inexorable rusificación de Ucrania, en el contexto de una Rusia que en 1721, y bajo el reinado de Pedro I el Grande, se transformaba en un Imperio, en tanto que San Petersburgo, la ciudad que el mismo zar había fundado en 1703 en el Mar Báltico, se convertía en su capital.

Movimientos militares en la Gran Guerra del Norte. Fuente: Wikipedia

Europa a mediados del siglo XVIII

Emperatriz rusa Catalina II (1729-1796), del pintor
 ruso-ucraniano Dmitry Levitzky . Fuente: Getty images
Desde entonces, el fortalecimiento y expansión del Imperio ruso, iría en detrimento 
de la autonomía de los ucranianos, lo que se hizo especialmente evidente con la llegada en la segunda mitad del siglo XVIII al trono de la zarina Catalina II la Grande, con la que Rusia iba a alcanzar su máximo poder, iniciándose una nueva época de expansión, que le llevaría a desplazar sus fronteras hacia el oeste. Catalina acabó definitivamente con los restos de la autonomía del Hetmanato Cosaco, incorporándolo al Imperio ruso en 1764. Los cosacos de Zaporozhia fueron destruidos y derrotados definitivamente en 1775. En esos mismos años, Catalina II completaba su avance hacia el oeste, que le llevaría a tomar los territorios orientales de Polonia, poblados en su mayoría por bielorrusos y ucranianos ortodoxos, unificando así definitivamente los territorios de la antigua Rus de Kiev. Se iniciaba entonces un proceso de rusificación en dichos territorios, antes polonizados intensamente, donde hasta entonces el idioma oficial había sido el polaco, mientras el ucraniano o el bielorruso se utilizaban solo en el ámbito doméstico. 

Este avance hacia el oeste durante el reinado de Catalina II, deriva de la puesta en marcha de un proceso de desmantelamiento del estado polaco que se dio en llamar las Particiones de Polonia y que supuso el reparto del enorme territorio de la República de las Dos Naciones entre las nuevas potencias que le rodeaban, Rusia, Austria y Prusia. Este reparto afectó directamente al pueblo ucraniano: en los tres repartos la Rusia de Catalina fue avanzando progresivamente hacia el oeste, primero en 1772, después en 1793 y finalmente en 1795, cuando el Imperio ruso situó su frontera definitiva en el río Bug y ocupó los territorios de la actual Bielorrusia y amplias regiones ucranianas al oeste kiev, zonas donde también existían entonces, no ahora, importantes contingentes de población polaca. Sin embargo, en la primera partición, la de 1772, la región de Galitzia, con capital en Lvov (Lviv en ucraniano) y parte integrante de la actual Ucrania, pasaba al dominio del Imperio austrohúngaro, lo que marcaría una evolución histórica muy diferente. Aún hoy es la parte más occidentalizada de Ucrania, y aunque entonces poblada mayoritariamente por ucranianos, existían importantes minorías de ascendencia polaca, húngara, alemana o rumana (todavía hoy existe una minoría húngara y rumana en zonas fronterizas).

Mapa que nos muestra las llamadas Particiones de Polonia. Fuente: wikipedia


En las zonas de Ucrania bajo control ruso, la mayoría del territorio, se intensificó el proceso de rusificación y el idioma ucraniano fue menospreciado, considerado por el poder imperial como un simple dialecto del ruso. Se prohibió su uso y se impuso el ruso como única lengua en el sistema educativo. Como ocurrió con la lengua de muchos otros pueblos de Europa, fue desdeñada como un idioma poco sofisticado, propio del ámbito rural, una lengua de campesinos y gentes muy humildes. El estado propició además la conversión de la población ucraniana a la religión ortodoxa (no olvidemos que parte de los habitantes de la Ucrania occidental eran católicos, incluida la población que seguía los ritos de las iglesias católicas orientales).

El proceso de expansión territorial emprendido por Catalina II culminaría también con la extensión hacia el sur y la conquista de Crimea en 1783, tras derrotar al decadente Imperio otomano. Se trataba de un territorio poblado por los tártaros de Crimea, un pueblo túrquico y musulmán, cuya historia había tenido muy poco que ver con la del resto de la actual Ucrania. Tras la caída de los mongoles de la Horda de Oro, surgieron kanatos túrquicos que más tarde desaparecieron ante el empuje de los eslavos. El único que perduró en el tiempo, desde el siglo XV al XVIII, fue el kanato de Crimea, que se extendía por la península del mismo nombre y la costa sur de la actual Ucrania, y que en el siglo XVIII era un estado vasallo de los turcos otomanos. Con la anexión de Crimea al Imperio ruso, se funda la mítica ciudad de Sebastopol, que se convertiría en el gran puerto comercial y militar de Rusia en el Mar Negro, mientras colonos alemanes, búlgaros y sobre todo rusos llegaban a la península. Así pues, Crimea nunca fue parte histórica de Ucrania, ni antes de su anexión al Imperio ruso, ni después (fue cedida por Krushev en 1956 de manera gratuita y caprichosa a la República Socialista Soviética de Ucrania), lo que aclara mucho respecto a la legitimidad de la invasión rusa de Crimea en 2014. 

El Kanato de Crimea en 1600. Fuente. Wikipedia.

El kanato de Crimea en 1774, tras la derrota turca ante el Imperio ruso. Fuente: Wikiwand

Conclusión final 

Como se ha podido comprobar, la historia medieval y moderna de Ucrania resulta muy compleja y en su desarrollo encontramos muchas de las bases de la problemática actual y del conflicto militar entre Rusia y Ucrania de 2022. La historia de Ucrania estuvo desde sus comienzos profundamente ligada a la de Rusia, con la que tuvo una relación tan intensa como, en ocasiones, conflictiva. Por otro lado, otra evidencia es que la evolución histórica de la Ucrania occidental y de la oriental no fue la misma hasta el siglo XVIII, como tampoco lo fue durante el siglo XIX y la primera mitad del XX. Como hemos visto, la Ucrania del oeste estuvo durante mucho tiempo bajo el dominio y el influjo polaco, lo que durante la época moderna expuso a sus élites y habitantes a la influencia del Renacimiento y la Contrarreforma. Esta influencia de la cultura occidental sería aún mayor en la región de Galitzia, que como hemos visto, pasaba al imperio de los Habsburgo en 1772, permaneciendo en él hasta la desmembración del Imperio con el fin de la Primera Guerra Mundial. Tras la guerra, dicha región quedaría en manos polacas de nuevo, pasando algunas zonas a formar parte de Checoslovaquia y Rumanía, hasta que tras la Segunda Guerra Mundial pasaron a dominio soviético. De esta forma, esa parte occidental de Ucrania quedó históricamente mucho más al margen de la influencia rusa y de su huella cultural, algo que se evidencia en la religión, pues muchos de sus habitantes actuales son miembros de las iglesias uniatas o iglesias católicas orientales, sobre todo de la Iglesia greco-católica ucraniana, y en la zona de transcarpatia de la Iglesia grecocatólica de rutenia (ambas reconocen el papado de Roma). Las diferencias culturales son también evidentes en el idioma, que en regiones orientales como el Dombass o Jarkov es predominantemente ruso, mientras en las regiones occidentales la mayoría de la población solo habla ucraniano. Fue allí donde prendería el nacionalismo ucraniano en el siglo XIX, comenzando muchos de sus habitantes a autodenominarse ucranianos para diferenciarse de los rusos. 

Evolución de Rusia entre el siglo XIV y el XVIII. Se puede ver como se va ocupando casi todo
 el territorio de la actual Ucrania. A finales del siglo XVIII, tan solo permanece la parte más
 occidental al margen de la expansión del Imperio ruso. Fuente: elaboración propia.