BLOG DE JOSÉ ANTONIO DONCEL DOMÍNGUEZ (I.E.S. TORRENTE BALLESTER, MIAJADAS, CÁCERES)

lunes, 13 de agosto de 2012

La muerte de los zares de Rusia: Nicolás II y su familia ejecutados por los bolcheviques.

La propaganda bolchevique muestra a Lenin limpiando
el mundo de "basura", religiosos, burgueses y monarcas
 entre ellos.

En la noche del 17 de julio de 1918, guardias bolcheviques disparaban sobre la familia real de los Romanov. Con su ejecución se cerraba un nuevo capítulo de la revolución de octubre, iniciada meses antes y que había conducido a los comunistas al poder. Tras la victoria de los bolcheviques se iniciaba una brutal guerra civil que enfrentó al nuevo poder y al conglomerado de fuerzas que se oponían a él. Por todos lados, desde Siberia a Ucrania, anarquistas, mencheviques, socialrevolucionarios y sobre todo los viejos defensores del zarismo, se alzaban en armas contra el nuevo régimen.


LOS ROMANOV EN ÉPOCA DE CAMBIOS

En 1613, con Miguel I de Rusia, había accedido al poder la dinastía de los Romanov. En siglos sucesivos se sucedieron monarcas de distinta talla entre los que destacaron algunos como Pedro I el Grande, fundador de San Petersburgo, auténtico artífice de la Rusia moderna. Cuando en 1894 muere Alejandro III, su hijo Nicolás II, que a la postre sería el último Romanov. Era un hombre tímido al que agradaban los deportes y la vida militar, por la que sentía especial devoción: los galones, el honor y el resto de la parafernalia propia del cuerpo le seducían. Buen conocedor de idiomas, especialmente inglés, era tímido y de poco carácter, algo que le sería muy perjudicial en las nuevas situaciones a las que se tendría que enfrentar en el futuro inmediato. No estaba preparado para gobernar un país, carecía de formación política, desconocía las relaciones internacionales y no tenía ni idea de como se gestionaba un enorme imperio. Pronto aparecieron las intrigas en la corte y sus tíos trataron de dominarlo e influenciar en su gobierno. Poco después se casaría con Alix von Hesse, que tomaría el nombre de Alejandra Fyodorovna al convertirse a la Iglesia Ortodoxa. Se querían y respetaban. Ella tenía un fuerte carácter y resultaba altiva y arrogante, y le aconsejó tomar las riendas y acabar con las manipulaciones de su entorno. Tuvieron 4 hijas -Olga, Tatiana, María y Anastasia- todas seguidas de un año, y al final un anhelado heredero, el zarevich Alexis Nikoláievich, enfermizo y débil, auténtica debilidad del matrimonio. Pero la Rusia del nuevo siglo estaba llena de cambios, vivía el surgimiento de un proceso acelerado de industrialización y urbanización, nuevos grupos sociales e ideologías se extendían y la monarquía absoluta del zar se veía cada día más superada por los nuevos tiempos. Nicolás II, más bien corto de entendederas, fiel a la defensa de la monarquía tradicional como siempre la había conocido y débil de carácter, no supo interpretar los cambios y ver la nueva realidad.


La familia real  Romanov: los zares, el zarevich y las grandes duquesas.

Nicolás II tardó en considerar la necesidad de cambios democráticos y cuando los aceptó -se desarrollaron elecciones y se puso en marcha una Duma o parlamento- se vió forzado a ello por las circunstancias y nunca tuvo un verdadero espíritu democrático. Despreció el potencial y las posibilidades de los emergentes movimientos sociales y en particular del movimiento obrero. Cuando llegó el momento,  recurrió a la guerra del modo más clásico: en 1905 jugó la carta de la guerra para ganar proyección internacional y calmar los ánimos en la política interna. Pero jugar esa carta era muy peligroso, porque una victoria reforzaría su autoridad y relajaría los conflictos, pero una derrota los agudizaría. Y así ocurrió, la humillante derrota frente a Japón precipitó los acontecimientos de la revolución de 1905, un aviso a navegantes del que no supo sacar conclusiones.
En 1914, durante la Primera Guerra Mundial, Nicolás II volvía a jugar la carta de la guerra, cometiendo un grave error porque el país no estaba preparado para el conflicto. En auxilio de Serbia entró en guerra contra las potencias centrales -primero Austro-Hungría y después Alemania-. Pero sus errores continuaron durante el conflicto y cuando se sucedieron la derrotas, depuso al ministro de la defensa y asumió el mando directo de los ejércitos. La consecuencia era evidente: a partir de ese momento las derrotas le salpicarían directamente, como así fue. Obvió los consejos de sus más allegados porque le gustaba la vida militar, adoraba los uniformes y estaba orgulloso de sus galones de coronel, esa era una oportunidad como ninguna otra de participar en el juego de la guerra de verdad. Pero aún hubo más errores: en la retaguardia, con el zar en el frente, la zarina se convirtió en la máxima autoridad, pero bajo el control del estrafalario Rasputín, un monje místico de fuerte carisma que había conseguido el favor de la reina gracias a sus capacidades para mejorar la enfermedad del zarevich. Rasputín era un perturbado y la zarina no era una persona querida por las masas, lejana y clasista, no tenía nada que ver con su pueblo. En medio de esa situación, se suceden desde principios de 1917 los motines, las manifestaciones y las huelgas obreras. Estalla la revolución en febrero y el zar abdica en su hermano menor, el Gran duque Miguel, cuyo reinado solo dura 24 horas. El nuevo monarca cede de inmediato el poder a un Gobierno provisional, presidido por Lvov y formado por liberales y socialdemócratas, que pretendía instaurar un régimen liberal y parlamentario.


El zar  Nicolás II y su hijo Alexis.
Los zares y su primogénito Alexis.



Procesión religiosa con la participación de la familia real. La monarquía y
 la Iglesia Ortodoxa Rusa estaban íntimamente ligadas.

Rasputín con la zarina y sus hijos.
Rasputín

EL GOBIERNO PROVISIONAL BUSCA UNA SALIDA

La familia imperial es retenida en el palacio Tsarkoye Selo, a las afueras de Petrogrado (San Petersburgo). Una especie de cárcel dorada, una antigua residencia campestre de Catalina la Grande, donde la famlia encuentra reposo y tranquilidad en medio de las enormes convulsiones de la época.
Pero el gobierno provisional, presidido ahora por el socialista Kerensky, quiere quitárselos de encima a toda costa pues pueden ser un foco enormes de problemas, imposibilitando la consolidación del nuevo régimen. Por un lado, son un germen de la contrarrevolución y base sobre la que se podrían reorganizar los defensores del viejo régimen, por otro lado, son objeto de animadversión por los más radicales, especialmente los bolcheviques, que controlan los soviets y para los que también son un símbolo, en este caso a destruir. Es evidente que su presencia solo agudiza las tensiones y altera los ánimos.
En dicha situación el gobierno provisional ruso propone a Inglaterra acoger a la familia real. Tal propuesta entraba dentro de lo lógico si teníamos en cuenta los fuertes lazos familiares y afectivos que unían a las dos dinastías. Nicolas II y Jorge V, rey de Inglaterra, eran amigos y primo hermanos, y la zarina era nieta de la reina Victoria. Los Romanov habían estado muchas veces en Inglaterra, donde además habían pasado períodos de vacaciones. El gobierno inglés de Lloyd George no era muy proclive y no amaba a la monarquía rusa, pero había que mimar al nuevo gobierno ruso para que siguiera la guerra con Alemania y pareció proclive a aceptar la situación. Pero la opinión publica inglesa no tenía mucha estima por los autócratas rusos y la izquierda celebraba cada vez más la caida del zar y la revolución. No había duda de que traerlos podía tener repercusiones para Inglaterra y su monarquía. Jorge V y el gobierno británico se echaron finalmente atrás.
Ante las dificultades para enviarlos al extranjero, Kerensky trata de eliminarlos de la escena revolucionaria y conduce a la familia real hasta Siberia. Resulta curioso que el zar termine donde tradicionalmente enviaba a sus adversarios políticos, con frecuencia desterrados a Siberia, como así le ocurrió al propio Lenin. Se les envió a Tobolsk, una ciudad relativamente no muy alejada, en la Siberia occidental más cercana a los Urales. Allí llegaron en agosto de 1917 el zar Nicolás II, la zarina Alejandra, el zarevich Alexis, las cuatro grandes duquesas y un séquito importante formado por un ayudante de campo, un médico, un preceptor, un marinero guardaspaldas del zarevich y varios sirvientes. Fueron instalados en un palacio con todas las comodidades, aunque debieron ser momentos duros para unas personas que habían estado acostumbradas a algo más que el lujo y la comodidad,  habían detentado el poder absoluto durante siglos y ahora se veían retenidas contra su voluntad por sus enemigos políticos.

Palacio de Tobolsk donde fue recluído el zar y su famlia.
El zar y personal de su séquito trabajando en el campo. Tobolsk.


El zarevich y tres de sus hermanas tomando el sol. Tobolsk.

El zar y su hijo trabajando durante su estancia en Tobolsk.

La famillia real tomando el sol.

Los zares y su hijo.




Las grandes duquesas Anastasia y Tatiana en Tobolsk.

El zar y una de sus hijas en Tobolsk. Un guardián detrás.


LOS BOLCHEVIQUES EN EL PODER. LOS ZARES EJECUTADOS

El zarevich en Tobolsk, convaleciente tras una caída.
Unos meses después las cosas se tuercen mucho más para la familia Romanov. En octubre, tres meses después, tenía lugar la segunda revolución, aquella que conduce a los bolcheviques al poder al grito legendario de "¡Todo el poder a los Soviets! Se crea un gobierno de comisarios del pueblo encabezado por Lenin y a principios de 1918, tras las elecciones a la Asamblea Constituyente, se proclama la dictadura del proletariado. Era previsible que los bolcheviques ajustarían cuentas, como así ocurrió. La familia real todavía permanece unos meses en Tobolsk, en cada vez peores condiciones, sin el trato esquixito anterior, pero sin sufrir maltrato alguno -a no ser que algún insulto que otro y gestos de desprecio por parte de los guardianes pueda ser considerado como tal-. Pero Rusia se ve envuelta de inmediato en una guerra civil entre la contrarrevolución y los bolcheviques, los blancos y los rojos. Ante el avance de los ejércitos blancos por Siberia, Lenin decide trasladar a la familia real en abril de 1918 y envía al comisario Yakovlev para traérselos a Moscú. No estaba claro que iban a hacer con ellos, pero el poder de los bolcheviques estaba muy deteriorado y los territorios bajo su control eran cada vez más reducidos. El viaje lo realizan solo los zares y su hija María, porque por entonces el zarevich no se encontraba en condiciones de viajar, debido a su delicada salud, agudizada por los efectos de una caída.  Sin embargo, se produce un cambio de planes y se decide poner a los prisioneros bajo el control del Soviet de los Urales, de forma que el 30 de abril los prisioneros se quedan en Ekaterimburgo, la gran ciudad de los Urales.
Son entonces encerrados en la casa Ipatiev, una residencia burguesa, en donde pronto se les uniria el resto de la familia. De su vigilancia se encargan milicianos de la Cheka, la policía política bolchevique, que ejecutan al ayudante de campo y al marinero. Por el contrario, el preceptor de origen suizo y otros miembros de la servidumbre son liberados. Con ellos se quedan los más fieles, el doctor Botkin, el cocinero, la doncella de la zarina y un criado de confianza del zar.

Casa Ipatiev en Ekaterinburg. Allí condujeron los bolcheviques a la
familia real, allí vivieron sus últimos días y  fueron ejecutados.

En julio el desenlace se acerca, miembros del Soviet de los Urales viajan a Moscú asustados por la proximidad de la legión checoslovaca, entonces del lado de los ejércitos blancos zaristas. Estos avanzaban desde Siberia con rapidez y se acercaban peligrosamente a Ekaterimburgo, por lo que Lenin y Sverdlov, responsable de interior, tras consultar al Soviet Central, deciden ejecutar a los Romanov. Convergen varias razones, era evidente que los blancos podían rescatar al zar y eso sería terrible para la revolución, en segundo lugar, mantener con vida a los miembros de la familia imperial era dejarles un estandarte viviente a los blancos, como afirmaría más tarde Trotsky en sus Diarios.
El segundo jefe de la Cheka de los Urales, Yakov Yurosky, era el responsable de la custodia de la casa Ypatiev y él mismo se encargará posteriormente de la ejecución. El 17 de julio de 1918, con un pelotón de soldados, la mayoría no rusos, letones y húngaros, Yurosky actuará durante la media noche. Despiertan a la familia, les ordenan vestirse y hacer el equipaje como si fueran a ser trasladados. Todo el día se habían oído los disparos cercanos de las tropas blancas. Son todos conducidos al sótano: los zares, los criados, el doctor, las hijas y el zarevich. Algunos hombres se niegan a participar, pero poco después unos doce guardias armados con pistolas y fusiles con bayonetas penetran en la habitación y acribillan a balazos a las once personas. Cada uno tenía un objetivo sobre el que disparar, evitando así mucha sangre y aumentando la rapidez, pero a pesar de todo el zarevich debe ser rematado con un disparo en la cabeza por el propio Yurosky, y una criada sobrevive, siendo perseguida por la habitación y pasada por la bayoneta. Más soprendente es el hecho de que las grandes duquesas no murieran de inmediato, la razón es que llevaban los corsés muy ceñidos y llenos de joyas, por lo que hicieron de chaleco antibalas. Tienen que ser rematadas con bayonetas y machetes.
Los bolcheviques tenían órdenes de no dejar pruebas, pero en un principio las cosas no se hicieron bien. El comisario militar Ermakov se encargó de hacer desaparecer los cuerpos. Se los llevó a las minas de Vert Isetsk, para ocultarlas en un pozo abandonado, pero sus hombres se enborrachan y al saquear los cuerpos descubren las joyas. En esas condiciones lanzan los cuerpos a una sima poco profunda sin tan siquiera utilizar palas.Yurovsky se encarga entonces de la misión y se deshace de los inútiles, pero se equivoca al lanzar unas granadas para derrumbar las rocas sobre los cuerpos, lo único que consiguió es despedazarlos. A la noche siguiente sacará los restos y se los llevará, conciente de que se había extendido el rumor por la zona de su abandono en las minas. El camión se le estropea y decide actuar con ácidos y petróleo para quemar los cuerpos y hacerlos irreconocibles. No es fácil, porque dicho proceso requiere su tiempo. Al zarevich y una gran duquesa los entierra en el bosque y el resto cerca de un puente.
El comunicado que sentencia la vida de los zares quedó para la posteridad:
"Decisión del Presidium del Consejo de Diputados, Obreros, Campesinos y Guardias Rojos de los Urales:
En vista del hecho de que bandas checoslovacas amenazan la capital roja de los Urales, Ekaterimburgo, que el verdugo coronado podía escapar al tribunal del pueblo (un complot de la Guardia Blanca para llevarse a toda la familia imperial acaba de ser descubierto) el Presidium del Comité Divisional, cumpliendo con la voluntad del pueblo, ha decidido que el ex zar Nicolás Romanov, culpable ante el pueblo de innumerables crímenes sangrientos, sea fusilado.
La decisión del Presidium del Comité Divisional se llevó a cabo en la noche entre el 16 y 17 de julio".


Yakov Yurosky  se encargó de la ejecución de la familia real y la desaparición
 de los cuerpos.

Sótano donde fue ejecutada la familia Romanov.

Recreación pictórica de la muerte del zar y su familia.

EL MISTERIO DE LA MUERTE Y SU RESOLUCIÓN FINAL

Los responsables de la ejecución no hicieron bien su cometido. La causa fue una mezcla de incompetencia y de premura, por la cercanía de los ejércitos blancos. No debemos olvidar que la guerra civil rusa en esa época era un caos enorme, con frentes nada definidos, con un ejército rojo todavía bastante caótico, con poca disciplina y organización. A pesar de todo, cuando los blancos tomaron Ekaterimburgo -lo mantuvieron durante dos años- realizaron diversas investigaciones, como las que condujeron al juez Sokolov a establecer con precisión lo sucedido, aunque en ningún momento encontró la localización exacta de los cadáveres. Eso permitió el nacimiento de todo tipo de especulaciones, surgiendo leyendas en torno al paradero de los zares y su familia. Para muchos no habían muerto y un montón de farsantes en los años sucesivos pretendieron suplantar al zarevich o a las grandes duquesas. Locos y estafadores buscaron protagonismo o fueron detrás de la enorme fortuna que los Romanov tenían en bancos europeos. La pretendiente más famosa fue la que contribuyó a construir el mito de Anastasia, una mujer conocida como Anna Anderson. Después se supo que se trataba de una obrera polaca, Franziska Schanzkowski, que durante décadas mantuvo su postura y convenció a algunos parientes y antiguos cortesanos de los zares. La leyenda de la princesa viva llegó más tarde a la gran pantalla y alimentó, gracias al cine, la imaginación de generaciones enteras de todo el mundo.


La factoría Disney también recurrió al mito
 de Anastasia en una de sus películas.
El clásico de Hollywood de Anastasia
con Ingrid Berman y Yul Brynner.


Ekaterimburgo fue reconquistada por los bolcheviques y la guerra civil terminó con el triunfo de éstos. Con la consolidación definitiva del régimen comunista la casa Ipatiev se convirtió en el Museo de la Venganza de los Trabajadores. Después Stalin en 1932 lo cerró y el lugar se destinó a servicios burocráticos del Partido Comunista, hasta que las autoridades soviéticas decidieron destruirlo en 1977. Lo más curioso es que el Secretario General del Partido Comunista en la región, el que ejecutó tal decisión, era entonces Boris Yeltsin, más tarde primer presidente de la nueva Federación de Rusia poscomunista. Por esas fechas un geólogo, alexander Advonin, y su amigo, el escritor y cineasta Geli Ryabov, encontraron los cuerpos de los zares. Habían conseguido el libro del juez Sokolov donde éste dejaba constancia de sus investigaciones y que había sido prohibido en la U.R.S.S., pero además habían podido acceder al documento clave, el informe secreto que de la matanza redactó Yakov Yurovsky para la cúpula del Partido. Gracias a esta información localizaron el enterramiento colectivo en 1979 pero volvieron a enterrar los restos porque no podían hacer público su hallazgo, no en vano, el régimen comunista seguía plenamente vigente.
Tras la caida de la Unión Soviética, Advonin y Ryabov declaran haber localizado los restos. Rusia recuperaba entonces su historia, su bandera, y reaparecía con fuerza la Iglesia Ortodoxa. En 1991, con Boris Yeltsin en el poder como Presidente de la nueva Federación Rusa, se creaba una comisión y se exhumaban los cadáveres. Se efectuan entonces, todo tipo de pruebas, incluidas la de ADN, e  intervienen laboratorios de Estados Unidos y el Reino Unido que certifican que los restos son los del zar, la zarina, tres de las hijas y sus sirvientes. Faltan los cuerpos de la gran duquesa Maria y del zarevich Alexis.


Cráneos de la familia Romanov

Se realizaron con todo el boato unos funerales de Estado, aunque la Iglesia Ortodoxa no aceptó en ese momento los hechos y los cuestiona., por eso en la ceremonia celebrada en la catedral de San Petersburgo no se pronuncian sus nombres. Dos años despuès, en agosto del 2000, la Iglesia los da definitivamente por fallecidos y los canoniza como martires de la fe a manos del comunismo: "por su resignación y docilidad frente al martirio". Refrendaba así lo que con anterioridad, en 1981, la Iglesia Ortodoxa Rusa en el exilio ya había hecho. Desde 1998 sus restos reposan en la cripta imperial de la Catedral de San Pedro y San Pablo de San Petersburgo, en el lugar donde yacen tradicionalmente los zares de Rusia.
En agosto de 2007 se localizan los cadáveres que faltaban y en el mes de abril del 2008 se obtienen pruebas genéticas realizadas por laboratorios americanos que así lo corroboran.

Los zares y su familia convertidos en santos.
La tumba de la familia real







En este video  podemos ver representados muchos de los detalles más relevantes del final de la familia Romanov:

                                

                   



LA VERDADERA DIMENSIÓN DE LA TRAGEDIA

Hoy es fácil juzgar desde nuestro punto de vista y no hacerlo teniendo en cuenta el contexto hitórico en que se produjeron los acontecimientos. Definir el hecho de la ejecución de la familia Romanov como "una salvajada propia de comunistas sedientos de sangre", algo hoy frecuente, es cuando menos un exceso con fuerte connotación ideológica. Algunos esgrimen que se asesinó también a niños, sin embargo, un primogénito de 14 años, por muy pusilánime que fuera, era a efectos reales ya un hombre, cuando menos un adolescente, desde luego no un niño. La más pequeña de las princesas tenía 17 años. Los criados más fieles pagaron con la vida su lealtad pero el resto fue liberado, salvo los soldados. Se trataba de una brutal guerra civil no de un cuento de hadas.  Murieron 3 millones de personas, muchos de hambre, muchos niños. Este capítulo no es ni mucho menos el más trágico de la Revolución Rusa, aunque sea de especial relevancia. En medio de la mayor de las tragedias, del terror casi oriental de aquella guerra, la muerte de esos tiranos, sus hijos adolescentes y sus lacayos, no suponía ningún problema de conciencia para nadie y menos para unos bolcheviques que habían sufrido la represión del viejo régimen en primera persona. 
Es verdad que no hubo proceso judicial y que no fueron condenados a muerte por un juez, ni tampoco éste mando su ejecución, pero también que el régimen bolchevique estaba acosado por sus enemigos y en dicho contexto de asedio exterior e interior, no sabía muy bien que hacer con ellos: quitárselos de en medio resultaba lo más lógico en su intento de eliminar iconos y referencias para sus enemigos, y por tanto en su pretensión de ganar la guerra y poder sobrevivir como régimen. No se trataba, pues, de matar por matar como buenos perros de presa.
Durante muchos años la revolución en general, la rusa en particular, gozo de cierto prestigio, y las atrocidades del régimen sovietico staliniano fueron justificadas por muchos. Hoy, en sentido inverso y sin miramientos, se ajustan las cuentas con la historia de la Revolucion Rusa y sus protagonistas, sobre todo, por parte de una corriente de opinión tan conservadora como llena de perjuicios.
Quizás más escandaloso -que no más trágico- que la muerte de los zares en aquel contexto histórico, sería el hecho de que en pleno siglo XXI una iglesia cristiana -la ortodoxa- canonice a semejantes tiranos, aunque curiosamente no a los fieles lacayos que con ellos murieron. El concilio ortodoxo que canonizó a la familia real entera explicaba en el comunicado con el que terminamos, las razones de su canonización. Juzgar vosotros mismos estas palabras, que se refieren, no lo olvidemos, a personas que odiaban la democracia, elitistas y autoritarias, que deportaban a sus enemigos politicos, que condujeron a su pueblo a varias guerras con cientos de miles de muertos, que permitieron la miseria endémica del pueblo ruso:
"El último monarca ortodoxo ruso y los miembros de su familia se nos presentan como personas que buscaron con sinceridad encarnar en su propia vida las profesiones del Evangelio. En los sufrimientos que soportó con paciencia y resignación, la familia del zar desde su detención y su muerte como mártir en Ekaterimburgo (en los Urales), el 17 de julio de 1918, brilla la luz todopoderosa de la fe de Cristo".


15 comentarios:

  1. Nadie tiene derecho a quitarle la vida a otra persona.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Nadie tiene derecho tampoco a despreciar al prójimo, a humillarlo, a esclavizarlo. Lo que si hay derecho es a no sentir ninguna pena por la muerte de determinadas personas,hablamos de los zares, por las que algunos tenemos derecho a sentir el más profundo de los desprecios. Gracias por tu comentario.

      Eliminar
    2. apoyo tu cimentario palabras simples pero muy siertas.

      Eliminar
  2. Completamente de acuerdo, pero el asesinar al Autócrata y a su familia no hizo mejores personas a los bolcheviques que perpetraron el crimen y al régimen que gobernó Rusia hasta 1991. En cualquier caso seguramente la desaparición del zar fue lo mejor para Rusia, a la larga, eso sí.

    ResponderEliminar
  3. y tu crees q eso fue justicia??? si es cierto que por culpa de las malas decisiones del Zar causaron hambruna y una mala vida en el pueblo Ruso pero NADIE TIENE EL DERECHO DE QUITARLE LA VIDA A ALGUIEN, y si bien como tu dices que no eran niños pero si HUMANOS y nadie merece por muy mala persona que fuera de morir asi a sangre fria es algo que yo no comparto, solo imaginate ni siquiera les dieron el derecho de ser juzgados, yo se que va a sonar muy raro pero ponte en el lugar de ellos te imaginas que fuera tu familia la estuviera en su lugar y ser asesinados asi no se pero a mi parecer eso fue ASESINATO INJUSTO no una liberacion del pueblo que les costaba solo desterrarlos si igual no era como que el zar iba a querer volver a ocupar el trono ya que a el no le gustaba la idea porque el mismo dijo que no tenia caracter como para gobernar y para mi eso era mas personal por LENIN (O COMO SE LLAME) porque a el lo mandaron al exilio, bien dicen que la venganza envenena el alma, creo que ya me extendi mucho y pues este es mi punto de vista de esta tragica historia

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No he mencionado en ningún caso y de forma explícita que apruebe la ejecución del zar. Solo he mostrado y seguiré mostrando mientras viva mi más profundo desprecio por personas con él, y también he mostrado y seguiré mostrando que no siento en modo alguno pena por la muerte de humanos como él y su familia.

      Eliminar
  4. lo que pasa que el zarisno fue cruel con el pueblo ruzo.en un ocacion en que el pueblo se aglutino para pedir mejor nivel de vida entre otras cosas y los recibieron a balazos cuando el pueblo estava desarmado.y los zares vivian en la opulencia y la abundancia.no habia mas remedio que desacerse de ellos.hablan de asesinatos no fue mas que un acto de justicia por demas necesario.si vamos a la historia nos daremos cuenta de que es asi.

    ResponderEliminar
  5. pienso que hubo mucha violencia y maltrato por parte del zar ,pero su familia no tiene la culpa de sus actos es x eso que me parece injusto el asesinato de los familiares,

    ResponderEliminar
  6. Los Romanov hisieron mucha maldad al pueblo ruso deberiamos leyer la historia para ver si despues nos conpadecemos de ellos.

    ResponderEliminar
  7. Todo es relativo y depende de todo un contexto politico social en que se produjo el hecho. Pero matar a un asesino o un autocrata o simplemente una mala persona solo por serlo sin derecho a juzgamiento es un hecho igual de condenable que el hecho por el cual se lo juzga y nos pone en la misma situacion de culpabilildad en que se encuentra el condenado. Aqui no solo murio gente que fue responsable de un gobierno que llevo a un pueblo a padecer sino que ademas se mato a toda su desendencia, personas que jamas habian gobernado , que no habian tomado parte en decisioines politicas y por lo tanto se cometio una crueldad e injusticia. Puede o no darnos pena, podemos permanecer inmutables ante semejante barbarie pero no podemos dejar de reconocer que fue un hecho terrible e impiadoso.

    ResponderEliminar
  8. Realmente profesor usted ha echado luz a esta historia.Es verdad...no es un cuento de hadas,es el resultado de años de opresión al pueblo ruso,no justifico de ninguna forma la matanza,sobre todo si imagino la desesperación que sintieron al morir de tal forma,siempre me apasionó la historia de los Romanov,Gracias por el post,es el mas completo de todos!! saludos!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pues como tu lo muestras quiero pensar que si tu llegas a cometer un crimen,
      tu y toda tu familia tendran que pagarlo. disculpame pero asi no es esto, lo que
      haya hecho el Zar, no tienen por que pagarlo sus hijos. ahi Lennin cometio un crimen
      y lo estara pagando por la eternidad.

      Eliminar
  9. como me gustaria que eso mismo pasara pero a qui en méxico con todos los expresidentes

    ResponderEliminar
  10. El criterio que hay que tomar es que fue un crimen político, porque convenía al triunfo de la revolución bolchevique, que de otra manera se vería amenazada por la contrarrevolución de los Blancos. Es como el crimen de Julio César a manos de los republicanos, que le quitan la vida para pretender salvar a la república o más recientemente como la ejecución del presidente Libio Khadafi, por quien por cierto nadie protestó. Ese y no otro es el quid del asunto.

    ResponderEliminar